30 de abril de 2012

Baroja solo, puro Baroja

LE preguntaron a André Gide quién era el mejor poeta francés del siglo XIX, y Gide respondió: “Hélas, Victor Hugo!”. Quien mejor ha traducido la palabra hélas en ese contexto fue Carlos Pujol: “Victor Hugo, ¡qué le vamos a hacer!”. Si nos preguntaran quién fue el mejor novelista español del siglo XX, diríamos sin dudarlo: Baroja, qué le vamos a hacer, aun gustándonos otros tanto como él.  De Baroja acaba de publicarse una gran biografía de José-Carlos Mainer. Escribir una biografía no es difícil, basta seguir la vida del biografiado, ser perseverante y tener un poco de suerte en los hallazgos. Escribir una biografía de Baroja, sin embargo, es entrar en un campo de minas. Por un lado porque Baroja no tuvo mucha vida (no suele tenerla quien escribe cien libros) y porque la poca que tuvo la contó ya él cincuenta veces, y su hermano y su hermana y sus sobrinos, y dos docenas de biógrafos incondicionales en versiones más o menos inducidas por el propio Baroja. Cierto que este cuenta también con algunas biografías extraoficiales, fallidas en parte porque se han fijado maliciosamente en su vida y no en su obra. Se dirá que tratándose de una biografía, ¿de qué se va a hablar, si no de vida? En el caso de Baroja eso es así a medias. En Baroja vida y obra son siamesas inoperables: tienen en común un solo cerebro y un solo corazón. Y eso es lo que ha visto Mainer muy bien, de modo que al hilo de acontecimientos personales (magníficos los capítulos últimos, los de sus postrimerías, desde la guerra), nos ha ido contando los libros de nuestro novelista y muchos de los de sus contemporáneos. Creo que nadie en España estaba más capacitado ni tenía más lecturas que él para acometer esa empresa ni nadie hubiera salido tan airoso.

Baroja, ha dicho uno alguna vez, es, como escritor de partida, el mejor. Escritores de llegada son Unamuno y Azorín, y de partida y de llegada al mismo tiempo sólo unos pocos: Cervantes o Galdós, por ejemplo. Pero Baroja tiene virtudes propias, irrepetibles en nuestra literatura como compañero insobornable: solitario, errante, partidario de Stendhal y de Epicuro, individualista tanto como sociable, un poco egoísta, desde luego, y un poco cerril y extravagante, pero también alguien a quien no embaucarán las tonterías circuladas, sentimental sin dejar de ser, eso jamás,  pudoroso, y desde luego, lo que gusta tanto en la juventud: alguien con un gran repertorio de ideas originales, aunque algunas de estas las encontremos un tanto caprichosas. En otras, en cambio, qué agudeza, qué largura. ¡Y qué alma de poeta puro la suya mirando un arrabal de Madrid o siguiendo las huellas de un conspirador! ¡Cuánto humor, y qué fino, cuando se olvida de la pose feroce! 

Mainer, sí, ha escrito un gran libro. Sabemos que lo es, porque después de leerlo le entran a uno deseos vehementes de buscar los de Baroja, el gran antirretórico en un país de retóricos. Él nos hizo y nos hará revivir, mitificándolos, episodios de nuestra propia juventud perdida. A él le debemos y le deberemos siempre la enseñanza de que el pasado no es mejor que el presente, pero sí un poco más hospitalario.
      [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 29 de abril de 2012]

29 de abril de 2012

Corte y confección (coda a Olimpia de Gouges)

SE publicaba aquí hace unas semanas el artículo que antes apareció en el Magazine de La Vanguardia, comentado hoy en ese mismo periódico por Ángeles Caso, y del que las líneas que siguen deben considerarse coda.
El feminismo más consciente apela desde hace años a las cuotas como sistema eficaz para lograr la igualdad o, al menos, combatir la desigualdad. No obstante, cuando se ha de elegir, por cuota, a alguna mujer, en la Rae, por ejemplo, no suelen reconocer los méritos indiscutibles de esas mujeres inteligentes y combativas que lograron que tal sistema haya sido tomado en consideración, sino a aquellas otras cortadas y confeccionadas a imagen y semejanza de los varones que las eligen o conforme a la idea que estos tienen de ellas. Lo chistoso, es un decir, es que estas señoras, una vez admitidas en esa institución, o en cualquier otra, se apresuran a manifestar su más firme oposición a cualquier política de cuotas, y a partir de ese momento se avendrán complacientes con las iniciativas de los varones, sea en la elección de nuevas miembros, sea en la firma de manifiestos que nos siguen hablando, con olímpico paternalismo, de "violencia doméstica" al tiempo que desaconsejan corregir lenguajes sexistas. De todo lo cual cabe inferir, habría dicho Juan de Mairena, lupa mulier mulieri, o sea, aquello que el feminismo ha combatido tanto como el machismo.

Mercado de brocanteurs y anticuarios. Siracusa, 13 de abril de 2012

28 de abril de 2012

Entre miedo y asco

TUVO el traslado de los restos de José Antonio mucho de coro de zarzuela. Samuel Ros hizo con todo ello un libro y ayer, en la Feria de libros viejos de Recoletos, apareció cierto dossier artesanal confeccionado por uno de los jefes de ruta, concretamente el de la centuria que sacó de Alicante el cuerpo del falangista para llevarlo a El Escorial: jalones, firmas de los jefes de Falange por cuyos pueblos pasaba la caravana fúnebre, fotografías efectistas con las antorchas en medio de la noche, brazaletes, instantáneas de la agencia Cifra de sánchezmazas, fernándezcuestas y demás jerarcas. En una de ellas, se ve a Franco sonriente, feliz, orondo, mientras espera a la puerta del Monasterio, como el novio de la muerte, la llegada de los despojos de la novia. Y, por si había dudas de la raíz de ese Movimiento, este parche que el enterrador llevaba cosido a la camisa azul que tú bordaste en rojo ayer y que, al dejarlo atrás, nos proporcionó muy grande alivio .  


















Eugenio Montes, Rafael Sánchez Mazas y Raimundo Fernández Cuesta, por Dmitri Kessel, en El Escorial, 1953. Cortesía de JMBonet, que la encontró en los archivos de Life en la red.

27 de abril de 2012

Un corrector inteligente (díselo a todos)

COMO quien pone derecho un cuadro de la pared, nuestra vida necesita de periódicas rectificaciones. Todos nos torcemos un poco y nos torcemos solos, sin que nadie nos toque.
* * *
“VIVIR sin ruido consuela de vivir sin gloria”. Jean Dolent citado por Odilon Redon. Lo único que he sacado de los diarios de éste.
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LA jet set vive permanentemente con jet lag. Y así no pueden pretender arreglar el mundo.
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MÁS sobre la intimidad: “Karinthi pensaba “ya que no puedo decírselo a nadie / se lo diré a todos””. (Leído en los Diarios (1984-1989) de Sándor Márai. Lo único que saqué de ellos.)
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MALLARMÉ: el corrector automático de mi procesador de textos lo cambió por Macramé [“Tejido hecho con nudos más o menos complicados, que se asemeja al encaje de bolillos”, Drae]. Un corrector inteligente.

Exvoto popular en el que se ve a un sacristán apuñalando a unas monjas, de las cuales una, sor María, sobrevivió por la intercesión milagrosa de Jesús, quedando las demás de la mano de Dios. Museo de Taormina. 14 de abril de 2012

26 de abril de 2012

Casi una leyenda (un librito de fútbol)

HAN querido los hados, no pudieron ser otros, que este libro, Una insolencia de Marcos Abal, llegara justamente el día después de que el Barça quedase eliminado de la Copa de Campeones. No sabe uno nada de fútbol ni ha puesto los pies en un estadio, ni ha visto, por tanto, un partido en directo. Me admiran quienes, viendo la tele, se anticipan a los cambios de jugadores: "Tiene que salir Fulano por Mengano", antes de que entre, en efecto, Mengano. Esa anticipación tiene para uno mucho de magia. De modo que, sí, no sabe uno nada de fútbol, pero sí algo de literatura, y este librito, una especie de apología del Barça, es algo, mucho más que un librito sobre el Barça. Es un libro sobre la infancia y la memoria, y hay en él algo, mucho de poesía. Habla de fútbol porque de algo hay que hablar en los libros, pero lo de menos es el fútbol. La prueba es que uno, que no sabe nada de fútbol y mucho menos del Barça (no cree uno en la religión verdadera que es el Madrid, no va a creer en la falsa), lo ha leído en un rato, sin poder apartar la vista de él, fascinado. Sentía que mi vista corría sobre los renglones de las letras, de un lado para otro, trazando sobre la página líneas y perfectas triangulaciones. Todo en el libro es un ubi sunt, un qué se hicieron, la brillante metáfora de algo que se perdió para siempre en nuestra memoria y que, recordado, se engrandece como leyenda. No digo más aquí. Supongo que no le será sencillo encontrarlo a quien se le haya despertado la curiosidad o el interés leyendo esta entrada. A nosotros nos cayó del cielo, como una pelota que viniese de muy lejos. Estamos, pues, en posesión del esférico (el fútbol es probablemente donde hoy encontremos más retórica, esa clase de retórica que habla de arietes, cancerberos y jugadores que "serán duda", mas duda enamorada estamos tentados de añadir, finta esta última que le brindó a uno el título de uno de los tomos próximos de Salón de pasos perdidos: Seré duda), pero no será fácil que perdamos tal esférico, pues al contrario que en el fútbol, donde el jugador ha de desprenderse de la pelota si quiere marcar gol, a los que nos gustan los libros buenos nos gusta poco desprendernos de ellos.

Marcos Abal, Una insolencia. Hooligans ilustrados. Libros del K.O., S.L.L., 2012

25 de abril de 2012

Historia abscondita

“¡HISTORIA abscondita!  (historia escondida). Todo gran hombre posee una fuerza de efectos retroactivos: Gracias a él toda historia se pone de nuevo en la balanza y miles de secretos saldrán arrastrándose de sus escondrijos –hasta alcanzar su sol. No se puede prever todo lo que será historia alguna vez. ¡Tal vez el pasado sigue todavía esencialmente sin descubrir! ¡Necesita aún tantas fuerzas retroactivas!”. 
Cuando citamos tal o cual pasaje de un autor célebre no buscamos en él un guardaespaldas ni alguien que sepa defendernos de los ataques de nuestros contemporáneos, ni siquiera una dama de compañía, ya que sentimos que los viajes intelectuales más importantes, como aprender a andar en bicicleta, hemos de realizarlos solos. Ni siquiera nos lleva a ello el impulso narcisista de mostrarle al mundo no ya la afinidad de nuestro pensamiento con el de ese autor o, más ridículo aún, el de ese autor, por lo general muerto hace siglos, con nosotros. No. Nos lo tropezamos en nuestro camino por casualidad, y celebramos en ello... el azar, el confirmar que todos los hombres, geniales o no, tienen en común, al margen de sus hallazgos, el impulso de buscar la verdad incluso en ese lugar, el pasado, en el que muchas veces antes estuvimos buscando sin hallar nada. 
Y, claro, también cuando ve uno expresado mucho mejor de lo que hubiese sospechado ideas torpemente esbozadas por él antes, como cuando, unas páginas más adelante leemos, en ese mismo libro (La gaya ciencia), a propósito del epígrafe "Los explosivos", algo que cuadra a la perfección con la determinación de los jóvenes españoles de 1936: "Cuando se considera en qué medida la fuerza de los hombres jóvenes necesita estallar, no sorprende verlos decidirse por este o aquel asunto de un modo tan poco selectivo y tan grosero: porque lo que les excita no es el asunto como tal, sino la visión del ardor existente en torno a una cosa y, por así decirlo, la visión de la mecha encendida. De ahí que los seductores más sutiles sean expertos en dejar entrever la explosión, prescindiendo de las razones del asunto: ¡nadie se gana la simpatía de estos barriles de pólvora con razones!".

El Rastro. 22 de abril de 2012.

24 de abril de 2012

Desequilibros estables.

TANTO como las propias imágenes, es fundamental cómo se nos presentan estas. Lo sabían bien los surrealistas y la lección la aprendió magistralmente en sus libros el fotógrafo Cartier-Bresson. La misma instantánea colocada al lado de esta o aquella otra, la modifica y se modifica así misma, creando una realidad nueva. 
Proceden estas dos de un encuentro reciente con los restos del archivo de la Embajada de los EEUU en Madrid, 1971, según se hace constar en el sello del dorso: Usis Photo Lab. Aparecieron en la misma carpeta. El azar había hecho su trabajo. La primera corresponde al "Obelisco roto", obra del artista minimalista Barnett Newman, para la capilla de Houston, (Tejas), que contiene 14 grandes pinturas de Mark Rothko y que fue diseñada para todos los cultos. La de al lado no es nada, una escena cotidiana, el segundo que dura un desequilibro fijado para la eternidad.


23 de abril de 2012

Páginas de respeto

¿POR qué las pantallas de los ordenadores, en cuanto entramos en internet, se nos llenan  de letras, casi todas feas? Han logrado hacer de internet algo muy parecido a los carteles de los saldos de unos grandes almacenes. Se diría que todo lo que aparece allí vale la mitad de lo que vale, no tanto porque casi todo se nos dé gratis, como porque es tratado como mercancía estropeada o de desecho, tanto sea una biografía de Kant como un puesto de hamburguesas on line. Todo está, diríamos, hecho picadillo. Únicamente, en mi modesta opinión de tipógrafo aficionado,  las camisetas de los ciclistas profesionales y las vallas publicitarias que anuncian chalets adosados en una urbanización aún inexistente en mitad de la nada lo superan en horror vacui. En definitiva: a veces tiene uno la sensación de que navegar por internet es, al mismo tiempo, navegar por el espacio teniendo que esquivar toda la basura variopinta que flota orbitada. Y no nos referimos ahora a la porquería moral (insultos, calumnias, insidias y falsedades que se circulan a diario de una manera decidida), sino a ese otro amontonamiento propio casi siempre de mentes desidiosas,  inopes o atolondradas, que no tienen criterios estéticos y que lo mismo les da esta letra que aquella, esta foto y en este tamaño que en aquel otro, o estos o los otros colores... Les parece que lo importante es decir las cosas, desentendiéndose del modo en que las decimos y desoyendo aquel consejo de JRJ que hemos citado tanto: “En edición diferente los libros dicen cosa distinta”. 

Cuando murió Steve Jobs se circuló un discurso suyo en el que confesaba que decidió dedicarse a los ordenadores cuando advirtió lo feas que eran las letras en todos ellos. Para entonces ya había visto yo cierto vídeo-parodia: la diferencia entre la caja de un ordenador de Microsoft y otra de Apple. Se ve en el primer caso una caja con todos sus lados vacíos y a la que sucesiva, profusa e implacablemente iban añadiendo toda clase de eslóganes, informaciones técnicas, precio, oferta, rebaja y fotografías del contenido hasta que no quedaba un solo centímetro sin ocupar. Por sus seis lados.  Acto seguido llegaba el momento de Apple. Nos mostraban la caja por todos lados. Como el mago que enseña la chistera para que se vea que no habrá truco. La caja era negra, naturalmente. Pasaba el tiempo y la caja seguía igual, hasta que de pronto como el golpe de un tampón, aparecía en uno de los lados la conocida manzana. Blanca. Nada más. Ni siquiera una letra. No hacía falta, conscientes de que no necesitaban añadir más.

Venimos de un mundo en el que los libros tenían todos al comienzo unas llamadas páginas de respeto, en blanco, que eran como una cortesía del editor, una pausa diríamos, transición del mundo exterior al mundo que se nos iba a ofrecer en letra impresa.  Internet es un gran adelanto, desde luego, pero distamos mucho aún del refinamiento de nuestros viejos tipógrafos. Necesitamos otro Jobs que ordene, limpie y elimine todo el ruido y el feísmo que se ha apoderado de internet, alguien que nos dé las páginas de respeto que pongan un poco de sosiego a esta corea psicodélica que se ha apoderado de las pantallas de nuestros ordenadores, alguien que los convierta en lo que han sido hasta hoy los libros, que nos serene, no que nos enerve.
        [ Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 22 de abril de 2012]

22 de abril de 2012

Sólo los happy few (la parejita)

CODA de la entrada del otro día (Arte mutante). Como su pendant, diríamos, la parejita.
De la divertida historia que cuenta Àlex Figueras, retengamos el final, propio del hombre contemporáneo: 
Si todos tenemos un duchamp en el lavabo, sólo los happy few pueden tener un pollock en el despacho. 
Durante los años sesenta y setenta del siglo pasado (un siglo que enunciado así parece tan banal como el siglo XVIII) se generalizó la frase mordaz que trataba de ridiculizar cierto arte moderno, principalmente abstracto. Ante un cuadro de Tàpies o de Miró alguien proclamaba: "Eso lo hace mi niño".
Hoy podemos asegurar que los niños ya no hacen eso, pero si lo hacen, lo hacen mucho mejor. 



21 de abril de 2012

La pureza del día

SALÍAMOS de viaje hace dos semana hacia Sicilia, la otra Extremadura. Durante el tiempo que duró esta grata errancia fue uno subiendo los asientos cada día allí donde nos sorprendía la medianoche. Este se quedó accidentalmente encasquillado. Va a deshora pero no a destiempo, porque la primavera ha vuelto.
¿Podría encontrarse mejor símbolo de la resurrección que la de ese viejo cerezo, nuestro y de todos, de todos y de ninguno, al despuntar el día? 
Abren En otra casa, último precioso libro de Antonio Moreno, como suyo, estos versos de Claudio Rodríguez: “¡Oíd cómo hemos tenido día tras día tanta pureza al lado nuestro, en casa, y hemos seguido sordos!”. 
Pero nos quedamos álalos cuando la pureza del día se anuncia de este modo.

Cerezo. Las Viñas, 6 de abril de 2012.


20 de abril de 2012

Don José

SE exponen estos días en la calle Amor de Dios de Madrid unas cuantas pinturas de Solana. Cada cierto tiempo aparecen obras suyas aquí y allá, por lo general en la galería Leandro Navarro que ha sido durante muchos años albacea sentimental, negocios aparte, de nuestro pintor. Entre ellas estas inéditas, al menos para uno, "Mujeres de la casa del arrabal". La reproducción no da en absoluto idea de la atmósfera de irrealidad y misterio en los que viven esas cuatro figuras ni el aire de anguladas "señoritas de Aviñón", acaso por haber sido pintadas por Solana al pastel, técnica en principio tan ajena a su temperamento. Al natural todas ellas parecen viejas muñecas de porcelana, así lo sugiere la palidez estucada de su piel, su estatismo, la incomunicación que parece existir entre unas y otras. Como Velázquez, pintor de corte, se acercó humanísimo a los enanos y bufones del palacio, fue Solana, retratando a las mujeres del arrabal, pintor de vida, devolviéndoles la dignidad que les había sido arrebatada a sus cuerpos por razón del triste oficio que las dejó en el arroyo: en pocas figuras de la pintura española encontraremos tanta nobleza y majestad como en las putas de Solana. Él siempre se citó con ellas en ese momento supremo de la espera, en sus burdeles o en las esquinas de la calle, en el instante en el que cada uno de nosotros, estando solo, es mejor de lo que podría ser en compañía. Lo supieron ellas y así se lo reconocieron siempre, llamándole con verdadera devoción Don José. Nos contó este detalle Isabel Sosa, viuda del librero de viejo Valdor, amigo del pintor y a quien fue a parar, muerto este, buena parte de su testamentaría. 

José Gutiérrez-Solana, Mujeres de la casa del arrabal, hacia 1931-1934. Dibujo al pastel.

19 de abril de 2012

Agua para unas lilas

AYER un lector de este almanaque dejó un comentario a una entrada de hace un año que acaso valga la pena recordar. De no ser así, quedaría sepultado. Su comentario es escueto: "Juani, Eufrasia y Luisa, una de ellas vive en Burgos y las otras dos en Baeza. Quizás en los próximos días sepa algo del autor [de la fotografía]". Lo firma el responsable de un blog, ebaeza.com. ¿Cómo agradecérselo? Apenas son tres nombres, pero se diría que hoy los trozos rotos del mundo, juntándose un año después, vuelven a tener forma de una vasija, y que podrá la vasija contener toda el agua del mundo, su alegría.

PD del 23 de abril. Y como no podía ser de otro modo en día tan cervantino, esta nota llegada hoy, de la hija de una de estas niñas:

"Hola buenas tardes. Soy hija de Juani, la niña que está en primera plana con el semblante serio. Esta foto ha llegado a mis manos gracias a una prima mia y de ebaeza.com. Estoy absolutamente emocionada y mi madre no os quiero ni contar. Resulta que la semana pasada mi madre comentaba con mi padre, que se acordaba que unos extranjeros la echaron una foto porque les hacia gracia la cara de pecas que tenia mi madre. Esa foto se la dieron a mi madre y luego pasado el tiempo, nunca supo más de ella. De como llegó esa foto al rastro de Madrid.....una incognita. Solo sé que mi madre deseó volver a tener esa foto(un imposible) y hoy, ha sido posible. Cuando se ha enterado no se lo podia creer y yo estoy absolutamente emocionada de saber esta preciosa historia. Me gustaría saber quien tienen esa foto y poder hablar con ellos. Muchas gracias por haber rescatado del tiempo esta preciosa historia".
Lo dicho en mi comentario: espero su dirección y le enviaré las copias. En la mía, encontrada en el Rastro, como casi todo lo que encuentra un poeta de viejo como yo, está escrita en el reverso, con caligrafía que podría ser inglesa o alemana (todo un tratado, reconocer el origen de una persona por su caligrafía; en España inconfundible la de las mujeres que pasaron por el Sagrado Corazón y otros colegios de monjas), está escrita, decía, la palabra "Baeza", lo que nos hizo pensar que la persona que lo escribió no era de aquel pueblo ni conocía a las niñas, sino alguien sólo de paso.



18 de abril de 2012

Dos postrimerías

A muy pocos metros uno del otro, estos dos objetos se conservan en el museo de Ortigia. 
El primero es un fragmento de un gran escudo en piedra mármol, orlado con el toisón de oro y una leyenda que traducida dice más o menos: "Pase lo que pase siempre en línea recta". Ni la cultura ni la curiosidad le dan a uno para saber a qué linaje pertenecía ni qué quiere decir el anagrama que estampa el fondo con esa AT. 
El segundo era una tosca caja de madera de unos 40 centímetros de larga por unos 30 de ancha y otros 30 de honda, aproximadamente, como una caja de muñecas, pero con muertos. Representa la forma de enterramiento durante una peste, y es obra realizada en cera y atribuida al tremebundo artista siciliano Gaetano Giulio Zumbo, del siglo XVIII. Si la primera fotografía se obtuvo sin problemas, la de la zambra, hecha por Sergio Barcellona, sólo fue posible tras unas obsequiosas cuanto elípticas conversaciones a media voz entre este y diferentes celadores del museo, en el más puro estilo siciliano. 
La relación entre ambas viene sugerida por esa suspensión del vellocino y del cadáver que debiera hacernos pensar a todos en la inestabilidad de los asuntos humanos. La segunda, qué duda cabe, le habría entusiasmado a nuestro José Gutiérrez-Solana, principalmente en lo tocante a la gusanera y a los lagartos y escorpiones que se pasean por el osario. Y de la primera ¿qué vamos a decir? Ni la vida está escrita en línea recta ni el toisón pasa de ser otro despojo flácido. 
Lo único recto aquí es el camino que va de una imagen a otra.


17 de abril de 2012

De la noche a la mañana

NOS esperaba la noticia del accidente del Rey en un safari. Sucede siempre que llegamos del extranjero, y le sucede a todo el mundo: lo familiar del país contrasta con lo extraño que este nos resulta. Y en este caso concreto, más aún, dado el secretismo con que se le ha favorecido siempre a ese hombre. De la noche a la mañana todo el mundo, incluidos los periodistas (y algunos de modo ponderado), ha empezado a circular en público lo que borboteaba y borboneaba a fuego lento desde hace años. Sólo los políticos de los dos partidos mayoritarios y los seres queridos del monarca siguen interpretando sus viejos papeles, fingiendo bajo la carpa del circo, y más o menos tronados todos ellos, que no saben lo que sabemos, obligándonos a todos a fingir que no sabemos lo que ellos saben mejor por supuesto que nosotros. ¿Y qué decir de las hipérboles a que se ven obligados los medios de comunicación oficiales como tve? Cuánto recuerdan a aquellos atajos que los censores del franquismo dispusieron en el doblaje de Mogambo, encontrando preferible un incesto a un adulterio (y aprovechando que el Pisuerga pasa por Botsuana: nada tan estúpido como matar por diversión a un elefante). Se nos ha dicho que la Reina no quiso adelantar su vuelta de Atenas para visitar a su marido al conocer que la cosa no iba a pasar de una operación rutinaria (¿qué es, al fin y al cabo, una cadera rota?), pero en cambio todos disimulan ante el hecho de que su visita al accidentado durara sólo ¡15 minutos!, teniendo en cuenta que también se nos ha dicho que el Rey ya se levanta, camina, ve la televisión y lee los periódicos. En fin. Lo decíamos aquí hace unos meses: es de suponer que en la Zarzuela y en la Clínica San José tengan claro que la única cosa en la que suelen ponerse de acuerdo los españoles de izquierdas y de derechas es en mandar al exilio a sus reyes cada cierto tiempo. La abdicación, a medio camino entre la gaseosa y el champán, parece hoy por hoy la única salida más o menos razonable, si no quieren, claro, que España se vuelva republicana de la noche a la mañana, como suele suceder. 

Fragmento de sepultura renacentista rota por la cadera. Villa Palagonia, Bagheria (11 de abril de 2012)



16 de abril de 2012

Elogio de la excepción

ESTE Magazine acompaña los domingos al diario La Vanguardia de Barcelona, pero también a otros muchos diarios españoles. Escribir en él desde hace diecisiete años le impide a uno por decoro, y ya lo siento, elogiarlo como merece, pero no manifestar la contrariedad que experimento al no encontrar algunos días en nuestro kiosco habitual de Madrid el ejemplar de La Vanguardia que nos disputamos desde tiempos inmemoriales otro vanguardista y yo. Alguna vez ha estado uno tentado de apostarse al acecho, descubrir a mi competidor y proponerle un arreglo: usted lunes, miércoles y viernes, y yo martes, jueves y sábados, y los domingos, alternos.  Pero lo va dejando uno y cada cierto tiempo se encuentra con la rasposa noticia de que el periódico ha desaparecido. Recurre uno entonces a una treta. Camino unos trescientos metros hasta un kiosco próximo bien surtido. A pesar de que en este debe de haber igualmente un número indeterminado de vanguardistas que han arrasado con las existencias para cuando llego yo, los domingos suelen quedarles algunos periódicos de provincias, entre ellos La Nueva España, de Asturias, al que también suplementa este Magazine.

Lo cierto es que le gustan a uno, y mucho, los periódicos locales. En ese kiosco los hay de todas partes, andaluces, vascos, castellanos y, sobre todo, gallegos, muchos periódicos gallegos, acaso porque los oriundos de Galicia cultivan como pocos la saudade y necesitan mantenerse unidos a su aldea por el cordón umbilical de sus reporteros. Se llevaría uno a casa todos estos periódicos mal llamados provincianos, porque sus pequeñas historias son a menudo más universales que las que restallan en las primeras páginas de los periódicos cosmopolitas que tienen en el montón de al lado, esos The New York Times o Frankfurter Allgemeine Zeitung  que le dejan a uno helado. ¡Cuánta novedad, en cambio, en los viejos periódicos españoles, incluso los atrasados! A LNE le debe uno, por ejemplo, la novela de Wenceslao Roces, un oscuro personaje de la guerra civil, y en LNE ha leído uno hace unas semanas la página de García Martín, uno de sus colaboradores. En ella se incluían algunos aforismos. Copio los que me gustan en una libreta: “Para gustar a mucha gente hace falta menos que para gustar a unos pocos”. “Un poeta malo es menos malo que un poeta mediocre”. “Quien se contenta con poco, vale poco”. “Ningún problema lo es de verdad si puede ser resuelto”, y, sobre todo, estos dos: “Un amor que acaba es un amor que nunca ha comenzado” y “Una historia que termina bien es una historia que aún no ha terminado”.

Me gusta hallar mi ejemplar de La Vanguardia en el kiosco, cierto, y no hacerlo le desquicia a uno de una manera infantil. No es posible un mundo bien hecho sin rutinas, me digo para justificar mi furia irracional y cómica. Pero el mundo tampoco es tolerable sin excepciones. Y la excepción hizo que leyera esa página de aforismos fuera del tiempo, y que esté escribiendo ahora la mía con el ánimo jovial, sin importarme saber si llegaré a tiempo o no de comprar el periódico donde va a publicarse, porque tú te me habrás adelantado, colega vanguardista, hypocrite lecteur, mon semblable, mon frère.
    [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 15 de abril de 2012]

14 de abril de 2012

Arte mutante

RECOGIDO de un periódico hace días. En un artículo sobre la gripe mutante. Le hizo pensar a uno en tantas cosas de arte contemporáneo. Alguien retrata unos virus (como los que muestra la fotografía o los del 98, bacilos vivos cien años después), y es moderno. Retrata a un semejante buscándole el parecido como el pintor de virus buscaba el parecido de los virus, y será tachado de costumbrista, si no de algo peor. 
Estos son especialmente bonitos, para estampado de una tela o la camisa de un libro.

13 de abril de 2012

Bayaderas

EN el Rastro lo más frecuente es encontrar papeles y trastos que no valen gran cosa, pero sí resultan impagables, en cambio, el modo en que se presentan, los vínculos que parecen traer del más allá. Así estas dos fotografías originales, guardadas en una ajada carpetilla azul. ¿Se trata de la misma mujer, la de cuerpo de ánfora y la anciana que posa ante el infinito de unos olivos? ¿Hubo, hay, una línea que lleva de una a otra? En ese punto, recoge uno con gratitud lo que la vida ha querido acercarle esa mañana y se lo lleva consigo, confiado en que otra mañana, acaso próxima, se levantará y el más allá le habrá traído el más acá de esas mujeres, quiero decir, su novela ya escrita.




12 de abril de 2012

Un figurín, un figurante

PUEDE verse estos días en Madrid una exposición dedicada a los Ballets rusos y el furor que causaron allá por donde fueron. Reyes, magnates y aristócratas organizaban en su honor recepciones, entusiasmados todos ellos de comprender tan fácilmente la palabra nuevo, siendo tan rancios.  
El figurín, que comparece aquí, podía estar expuesto en una de las vitrinas suntuosas de aquella exposición. Pero lo cierto es que llegó al Rastro por su propio pie hace unas semanas, Dios sabe desde dónde, acaso en una tournée aún más interminable que la de los propios ballets de Diaghilev.  Para cruzar la frontera que separa lo innominado de lo prestigioso, le habría hecho falta acaso sólo un contexto diferente, haber aparecido mezclado, por ejemplo, entre los papeles de alguno de los que participaron en aquella copiosa mogiganga de musicantes. Pues lo que aprenden bien todos los papeles sin pedigrí como este, en cuanto se asoman a los arrabales humildes del Rastro, es que como boceto vale cualquier cosa, igual que todos valemos lo mismo como figurantes. Por no hablar del aprecio que muestran a menudo los artistas por sus bocetos y obras malogradas, conservándolas con mayor cuidado que aquellas otras que, dándolas por acabadas, las lanzan a El gran teatro del mundo.

Boceto de un figurín mozartiano para una obra desconocida

De viaje en Zaragoza de Sicilia

No resulta sencillo llevar este almanaque estando en Zaragoza de Sicilia. Se irán subiendo las entradas cuando se pueda. Disculpas por las síncopas horarias y saludos. Andrea Straccia.

11 de abril de 2012

Pero entonces, ¿por qué escribo?

RECORDABA Leopardi, a quien tanto quería Nietzsche, cómo sintió que la vida se le había ido leyendo libros. Y nos recuerda hoy Nietzsche las razones por las que acaso se le está yendo, escribiéndolos. 
La pregunta se la hace Nietzsche, en La gaya ciencia o La ciencia jovial. Y él mismo se responde en este diálogo al modo de los de Sócrates.: 
"A: No soy de los que piensan con la pluma mojada en la mano. Y mucho menos de los que se entregan por completo a sus pasiones ante el tintero abierto, sentados en su silla y absortos frente al papel. Yo me irrito y me avergüenzo de todo lo que escribo. Escribir es para mí una necesidad –incluso hablando en metáfora me resulta desagradable. B: ¿Entonces por qué escribes? A: Bueno, amigo mío, para serte franco, no he descubierto hasta ahora ningún otro medio de librarme de mis pensamientos. B: Y, ¿por qué quieres librarte de ellos? A: ¿Por qué quiero? ¿Acaso quiero? Simplemente debo hacerlo. B: ¡Basta! ¡Basta!"
Eso, basta, aunque tampoco se nos despintan las últimas palabras de Teofrasto, recogidas, compartidas y glosadas igualmente por Leopardi en otro lugar de sus opúsculos morales: "Vivid felices y abandonad los estudios que requieren mucha fatiga, aunque reporten mucha fama". ¿Cómo obraremos entonces? Tratar de hacerlo todo sin esfuerzo, si no a la ligera, si a la buena de Dios, y a ser posible sin pensar en la fama. Sólo así la vida podrá resultarnos soportable, provechosa.

Palacio de los Leopardi en Recanati. Biblioteca.

Por algún tiempo (de Leopardi y los pájaros)

LA vida está llena de coincidencias que, como poco, nos asombran, quiero decir, que ponen en nuestra frente la sombra de lo inexplicable. Nos hablaba Abelardo Linares a unos amigos de cierto libro de Leopardi, traducido por Ciro Bayo. El libro es raro y poco visto. Ni siquiera había uno oído hablar de él. Dos días después, en el Rastro, nos tropezamos con un ejemplar de ese libro, en perfecto estado. 
En él incluye Bayo un fragmento de las obras morales. No recordaba haberlo leído nunca ni lo he encontrado en ninguna otra traducción, de las que se han hecho en estos últimos cien años.
Es un "Elogio de los pájaros".
Para los pajareros transcribo aquí el comienzo y el final de este pequeño y bellísimo opúsculo en la traducción del Ciro Bayo, el lazarillo español.
“Amelio, filósofo solitario, estando una mañana de primavera a la sombra de una su casa de campo, embelesado por los cantos de los pájaros campestres, diose a escucharlos y a pensar; y dejando la lectura, tomó la pluma y acto continuo, escribió lo que sigue:
Los pájaros son naturalmente las más alegres criaturas del mundo. No digo esto porque te alegran siempre que los veas o que los oigas, sino porque lo son en sí; quiero decir, que sienten la alegría y la dicha más que los otros animales. (…) Cantan por cada placer y contento que tienen, y cuanto mayor sea uno y otro, mayor es el vigor y la afinación con que cantan. Y cantando buena parte del tiempo, hay que deducir que, por lo general, están de buen humor, y que gozan.
Hase notado también, que en sus amores cantan mejor y más que nunca.  (…) Es notorio que con día sereno y plácido, cantan más que otro oscuro y variable; y que enmudecen con la tempestad o por cualquier temor que les agita, aunque librado todo esto, aparecen cantando y jugando unos con otros. Vese también que acostumbran cantar al despertarse cada mañana, ya sea por el gozo que les infunde el nuevo día, ya por el placer común a todos los animales de sentirse rehechos y confortados por el sueño”…
Sigue Leopardi algunas páginas más hablando de los pájaros como alguien que acaso sólo ha tenido en ellos compañía verdadera, “lo que no es de extrañar, siendo el hombre infelicísimo”. Habla de ellos como de verdaderos semejantes, cuyo corazón no ofrece para él ningún secreto, hasta concluir el no menos infelicísimo autor de “El pájaro solitario” de este modo:
“Finalmente, tal como Anacreonte deseaba transformarse en espejo para ser mirado continuamente de aquella que amaba, o enagua para cubrirla, o en ungüento para ungirla, o en agua para lavarla, o en banda que se arrollase a su cintura, o en perla para ser llevada al cuello, o en calzado que al menos ella le oprimiese con el pie, así yo querría convertirme por algún tiempo en pájaro, para saborear el contento y alegría de su vida”.
Y así quedamos ahora, saboreando el contento y alegría de la vida de alguien que, como Leopardi, supo que la vida estaba más allá de los libros.


10 de abril de 2012

Don Quijote en Sheridan

"MOLINOS harineros de Sheridan, en el estado de Wyoming", leemos en el reverso de esta fotografía que circuló hace cincuenta años la agencia de noticias ligada a la Embajada de Estados Unidos en España y emergida hace unas semanas en el Rastro de Madrid.
Advertimos en los edificios industriales en ruinas (viejos humeros de caleras o de fábricas de ladrillos abandonadas, explotaciones mineras inmovilizadas por el óxido, estaciones de ferrocarril comidas por las zarzas) advertimos, decía, una poesía poderosa, imagen de la devastación del tiempo. Pero cuánta más poesía en esos mismos edificios, como en estos molinos de Sheridan, en los tiempos de su plenitud, con su vida real, animada, de gentes que entraban y salían de ellos cada cual con su noticia, monumentales y egregias fortalezas, castillos del progreso que esperaban acaso la llegada de alguien que respondiera al nombre de don Quijote, un don Quijote de allí, medio vagabundo, que viajaba en trenes de mercancías y bebía whisky de una bolsa de papel.

9 de abril de 2012

Lo primero que se les ocurre

LO mejor de esta crisis es que todo el mundo se para a pensar un poco, y la primera conclusión a la que hemos llegado es que el Estado no es un Dios providente con fondos inagotables. En los sistemas teocráticos en los que Dios tiene vara alta, se deja a la caridad todo aquello que sus ministros, ayatolás, clérigos y demás sacristanes han decidido que no es de justicia. Por paradójico que parezca, nuestro Estado democrático se parece cada vez más a uno teocrático en el que muchos ya no pueden vivir conforme a sus derechos, y tienen que hacerlo por caridad. Según la Constitución los españoles tienen derecho a un trabajo y a un salario justo, pero ese derecho no se respeta, y los parados que han agotado el subsidio de desempleo tienen que entregarse a la caridad de los parientes y a menudo a la picaresca.

Y a esta, a la picaresca, queríamos llegar. Por picaresca no entendemos, claro, a los que roban el dinero de los Ere andaluces o en los Gurtel, latrocinios famosos. Hablamos de ese operario que nos arregla un grifo o nos pinta la casa, de la asistenta a la que contratamos por horas  o del médico al que pagamos en dinero negro en su consulta. Todos viajamos por las mismas carreteras, todos queremos una sanidad y una enseñanza públicas gratuitas y a todos nos parecería una villanía desasistir a las personas dependientes. Pero lo cierto es que no siempre tributamos ni contribuimos como debiéramos a esos servicios públicos que consideramos un derecho. Si no se es abiertamente un cínico, las razones para no tributar suelen ser por lo general... razonables. Unas veces pensamos que ya hemos tributado mucho en esta vida, otras que deberían tributar los que tienen mucho más que nosotros y no lo hacen, y otras, en fin, que tampoco es tan grave distraer cien o doscientos eurillos de nada. O sea, que al final todos consideramos que el Estado es no sólo providente, sino munificente y con fondos inagotables.

Hasta que llega una crisis como esta. Entonces los políticos empiezan a buscar incautos que paguen lo que nadie quiere pagar. En Madrid han puesto tantos radares y parquímetros, que la única posibilidad de volver a casa sin que te hayan multado es dejar el coche en un garaje. Sí, lo mejor de la crisis  es que la gente piensa... y lo peor, que piensa lo primero que se le ocurre. ¿Es posible que el copago sea el único modo de garantizar la sanidad pública? No lo sé, pero le hace sonreír a uno que eso sea lo primero que se les haya ocurrido. Se preguntaba hace poco Felipe Benítez Reyes por qué los políticos que defienden el copago sanitario y a los que pagamos también nosotros, no asumían el copago de la gasolina de sus coches oficiales. ¿Y si atajaran el fraude fiscal y a la Seguridad Social o la economía sumergida, suprimieran las subvenciones a los partidos y sindicatos, tributaran más las grandes fortunas, racionalizaran los empleos de la Administración, persiguieran a quienes cobrando el subsidio de desempleo siguen trabajando o revisaran los conciertos económicos con la Iglesia? Ha oído uno decir que nada de todo esto es sencillo. Es posible. Pero seguro que eso es mejor que vivir en un estado teocrático sin derechos a expensas de la caridad, que también nos exime de los deberes.
       [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 8 de abril de 2012]

8 de abril de 2012

Respuestas en diferido

HACE unos meses vinieron dos amigos a hacerle a uno una entrevista de cierta extensión. Se trataba de responder a unas preguntas que yo desconocía de antemano, como en unas oposiciones. Les dije que no era bueno repentizando. Tampoco encontraba gran interés en realizar cabriolas ni saltos mortales delante del lector. Añadí que tratándose de una entrevista sobre asuntos literarios, sería mejor pensar las respuestas un poco para no dar cualquier cosa por buena. Convinimos en que me pasarían las preguntas y las respondería. Lo hicimos así a lo largo de un par de semanas, pero cuando el director de la revista donde iba a aparecer se enteró, fulminó la entrevista y se negó a publicarla. Se ve que a ese hombre no le interesaban las respuestas, sino la posibilidad de verle a uno dar un traspiés y romperse la cabeza. Quizás fuese de esos periodistas a los que les parece más vivo un hombre cuando se quita la vida, a ser posible en directo, que cuanto trata de salir del paso como puede.
A uno no le importa responder cuestionarios, pero le gusta hacerlo tranquilamente, y corregirlos, desde luego. Incluso recordar humorado, mientras, las razones por las cuales Julio Camba no concedía entrevistas a nadie: "Joven, lo que le voy a contar a usted hoy, lo cuento yo mañana en mi artículo, y lo cobro yo".
Hace unas semanas Julio Memba, de la revista Tiempo, me envió este cuestionario. Le pregunté si cuando se publicara podía remitirme algún ejemplar de la revista. Me dijo que sí, pero se conoce que la crisis se ha agravado desde entonces: "El reportaje sobre los blogs literarios aparece publicado en el número de Tiempo que está ahora mismo en los quioscos. Siento no poder mandarte ningún ejemplar, pero yo tampoco tengo" –se lamenta–. "La semana que viene se colgará en la Red y también te enviaré el enlace. Muchas gracias por tu colaboración".
Hoy los quioscos de España están cerrados, de modo que no puede uno comprobar tampoco si las respuestas van tal cual se las envié o no. Las pongo aquí, con alguna adición y alguna corrección. Aunque reconozco que las correcciones habría estado bien que hubiesen sido de mayor calado y las respuestas algo mejores. Se ve también que está uno en decadencia, lo mismo en directo que en diferido.

¿Podemos decir que Hemeroflexia ha venido a sustituir a tus diarios?
No lo creo. El lector atento de Hemeroflexia acaso haya percibido algunas diferencias sustanciales. La primera es su periodicidad. Hemeroflexia aparece a diario, hasta hoy, sin faltar día. La principal, no obstante, atañe al tono y naturaleza de los asientos. En Hemeroflexia ni hay intimidad ni hay ficción, como ocurre en Salón de pasos perdidos, una novela en marcha basada precisamente en la intimidad de sus protagonistas. En el blog uno no es más que un vendedor ambulante de almanaques, como aquel del que habla Leopardi. 

Sorprende la puntualidad con la que acudes a la cita con tus lectores. No es frecuente que el autor publique indefectiblemente un post diario...
Yo mismo estoy sorprendido de esa puntualidad que tiene que ver, supongo, en parte al menos, con alguna endorfina, la satisfacción del deber cumplido tanto como el de intentar la obra bien hecha. Saber que la puntualidad y la regularidad serán apreciadas por personas que también acuden puntual y regularmente a su encuentro. Nuestro pequeño mundo de autor y lectores como un reloj no ya mecánico, sino de sol, quiero decir, el único reloj que ni atrasa ni adelanta. La única ficción: persuadirnos de que el mundo, al menos en nuestra microscópica parte, está bien orbitado. Dicho esto, yo también encuentro muy extraña esa puntualidad, porque no soy puntual con nada, o llego demasiado tarde o me voy antes de tiempo del lugar de los hechos. En definitiva, un desplazado. Esa es la definición de flâneur que daba Benjamin, se diría que pensando en gentes como el autor y los lectores de este almanaque.

La literatura raramente es una actividad con ánimo de lucro. Pero la que publica en los blogs, con frecuencia, no recibe ningún emolumento. ¿Crees que ésa  es la causa de que haya meses en que elblogger sólo publica dos o tres entradas? Muchas menos, en cualquier caso, de los que sus lectores quisieran.
El dinero nunca es razón suficiente. Pero es condición necesaria para que puedan hacerse las obras. El trabajo de un escritor ha de pagarse. Poco o mucho. Sin embargo en el momento en que vivimos del todo gratis en internet, en el que tengo unos cuantos libros pirateados en la red permanentemente y en el que siempre habría gente que dijera, por qué pagar por algo que puedo darme gratis o pirateado... en este momento, esto es, al menos para alguien con medios tan modestos como los míos, poco viable. De momento se gana uno la vida con otras obras, y no me planteo si es o no gratis, sólo si lo que hace está o no bien desde mi punto de vista. Desearía contar, no obstante, como hacían los músicos del siglo XVIII con los suscriptores de sus partituras, con un puñado de lectores que hicieran posible este proyecto. Si un escritor no puede vivir de su trabajo tendrá que vivir de los mecenas, un solo mecenas que pone mucho, como en el siglo XVII, el de la miseria española, o de muchos, como en los tiempos de la caridad actual, no menos míseros.

¿Echas en falta la impresión tradicional en papel cuando publicas un post?
Sí. Pero eso, por suerte, tendría remedio. Algún día podría publicarse una selección en papel. Aunque de un modo modesto, algo que fuese atractivo desde un punto de vista tipográfico, y diferente al blog.

¿Crees que los Blogs acabarán sustituyendo a las revistas de creación literaria?
No tengo la menor duda, al menos la inmensa mayoría de las que conocemos. Pero no por el papel, sino porque tienen un carácter únicamente instrumental: informativo, periódico, comercial... Las revistas de creación seguirán como hasta hoy. Cosa de pocos para pocos. Los happy few, que decía Stendhal. Pero suplementos de periódicos, periódicos incluso y demás, revistas de derecho, de literatura o de filosofía acabarán en una tableta. Y si algo en ellas nos interesa, cada cual lo imprimirá. Claro que estas profecías no sirven de nada, porque las cosas acaban siendo siempre de otra manera a como las habíamos pensado. Se lleva diciendo que vamos a ver el fin de los periódicos en papel, y ese fin se está haciendo esperar en algunos casos.

7 de abril de 2012

El virus del 98 (gran cosecha)

PERDEMOS a menudo mucho tiempo en las bobadas de los escritores como para perderlo además en las de los críticos. Pero esta es llamativa. Si no se dan nombres ahora, es para no perder más tiempo. De hecho nos gusta coincidir con esa critiquesa cuando afirma que "estamos demasiado ocupados protegiéndonos del impacto como para andarnos con tonterías". Por impacto entiende ella leer poemas que sólo nos hacen "contar sílabas o exclamar ¡mira, una metáfora!". Comprende uno que contar sílabas puede ser una tontería, pero tampoco hay tantas metáforas buenas como para no exclamar, si nos hallamos ante una de estas, por ejemplo con la de la cueva de Platón o con la de la paloma de Kant, como para no exclamar, decía, ¡una metáfora, por allí resopla!". La bobada a la que nos referíamos, de todos modos, no era esa, sino esta, a propósito de los poemas de uno de ahora al que le han dado un premio, y de quien asegura que está inmunizado "contra virus como la generación del 98 (sic), que ha castrado a la poesía española, condenándola a cien años de soledad sin segunda oportunidad en esta tierra (...) poesía española que es una isla rodeada de Machado por todas partes", asegurándonos que este poeta de ahora escribe por fortuna "en el español de Borges, no en el de Unamuno". En fin. Pese a que todo el mundo sabe que algunos de los mejores  sonetos de Quevedo los escribió Unamuno, por lo mismo que alguno de los mejores de Unamuno los escribió Borges, alguien debería leer el libro de ese del que habla la critiquesa, y que según ella va a vacunar a toda la poesía española contra "virus como la generación del 98", y contarnos qué tal. Pero en serio. Por si la vacuna da alergia. Si una de las mayores bobadas es de por sí infectarse con esa clase de virus, hacerlo por una vacuna en mal estado tiene que ser además muy, pero que muy deletéreo.


Ectoplasma informalista de sobao pasiego. Desayuno en Las Viñas, 5 de abril de 2012.

6 de abril de 2012

Un crepúsculo

TIENE gran prestigio la conversación frente a una chimenea, pero no es menos misteriosa y sugestiva la hora solitaria junto al fuego, oyendo el crepitar de las llamas y, a veces, como una recompensa, el inesperado sonido de los tizones al desprenderse del tronco que arde. Quien haya estado cerca del fuego muchas horas solo sabrá que ese sonido es semejante al de unos cristales muy finos y tallados, de lámparas que lloraran o de copas que brindaran con nosotros por el silencio.

Las Viñas, 5 de abril de 2012

5 de abril de 2012

El árbol que florece

DE Minima Moralia (Reflexiones desde la vida dañada), de Th. W. Adorno. Tuvo ella que leerlo en voz alta, para cerciorarse de que era exactamente lo que había leído: "Hasta el árbol que florece miente en el instante en que se percibe su florecer sin la sombra del espanto; hasta la más inocente admiración por lo bello se convierte en excusa de la ignominia de la existencia". Después la lectora añadió: "Yo diría que esto es a lo que Nietzsche se refirió cuando dijo que jamás levantaría un falso testimonio contra la vida". Por suerte, al florecer se le olvida todo el espanto, si lo hubo, pues cuanto nace, nace sobre el olvido. Así sucede en cada primavera, así sucederá cuando cada uno de nosotros seamos parte de ese espanto que es todo lo que no forma parte de la vida. Y no hay mayor verdad que esta.

Cerezo. Las Viñas, 4 de abril de 2012

4 de abril de 2012

Hacia la catástrofe, pero sin prisa

SI uno tuviese el empuje y el talento de fundar una secta, como Pitágoras, obligaría a los sectarios con esta regla: de vez en cuando hay que perder a propósito alguna cosa (un libro, un amigo, una ciudad, un amor), pues al buscarla hallaremos libros, amigos, ciudades, amores que ni siquiera recordábamos haber tenido, y en el rencuentro alegrías inesperadas, las más gratas y lígrimas.
* * *
NO le gustaba el cuadro en absoluto. Se enteró de que lo codiciaba un museo. Corrió a comprarlo, y lo colgó en su casa en lugar eminente.
* * *
“UN diagnóstico: si continuamos así, vamos hacia la catástrofe”, se lee en uno de los epígrafes de la entrevista con un filósofo llamado Edgar Morin que publica un periódico. Aunque no continuemos así, iremos hacia la catástrofe: de uno en uno, tarde o temprano. Claro que trataremos de que sea sin prisa.

Las Viñas, niebla, lluvia y pájaro. 3 de abril de 2012


3 de abril de 2012

Bilbao en gris (3 estampas eviternas)

"BILBAO en gris nos hace pensar en lo transitorio que se lleva la vorágine; en lo eviterno, que ha tenido comienzo y no tendrá fin; en lo eterno, que no ha comenzado y que no acabará", leemos a la puerta de la Biblioteca Municipal, antigua sociedad de El Sitio. La frase, de Azorín, han debido de colocarla allí no hace muchos años. Azorín, siempre sutil y luminoso, en su plata discreta, empavonada. Lo es esa distinción entre lo eviterno y lo eterno, tan propia de él. Precisamente en un lugar en el que hasta hace no mucho los mozos de aquella villa se divertían tirando la cabeza dorada de Unamuno a la ría, de donde emergió siempre como por magia. Hasta hoy, que mira desde lo alto de una columna a sus paisanos más eviterna que nunca. 
Estampas bilbaínas: ría, torre y veleta, placa de El Sitio y Museo