30 de noviembre de 2012

El río del recuerdo

POCOS momentos tan esperados y prometedores, en la vida de un lector, como ese en el que toma en sus manos un libro ya leído y disfrutado con el propósito de volver a leerlo. Si la anterior relectura queda lejos en el tiempo, en las expectativas de goce se larva el temor o la desconfianza: ¿Y si de ese reencuentro nace una decepción? ¿No habría sido mejor conservar el recuerdo de aquella primera vez? Por el contrario, si el libro ha sido revisitado otras veces, y en ellas confirmada y aun acrecentada nuestra admiración, entonces el impulso de leerlo de nuevo se parece mucho al de emprender un viaje hacia una ciudad bien conocida por nosotros y querida o al encuentro con un viejo e insustituible amigo. Pero sucede incluso en estos casos, con ciudades que creemos conocer bien o con amigos con los que hemos compartido tantas cosas, que nos sorprende algo en ellos que habíamos olvidado o en lo que jamás habíamos reparado, y que nos los engrandece aún más si cabe.
Y así ha venido a ocurrir esta tarde cuando se disponía uno a releer Desde el amanecer, mencionado el otro día en una conversación y habiéndose despertado en ella el deseo de "darnos una vuelta" por él, sin saber aún si podríamos releerlo completo o sólo pasar unas horas, así ha ocurrido, decía, con la cita que puso al frente de estas páginas admirables su autora, Rosa Chacel. 
Son dos versos de Unamuno, lo que me lleva a recordar que fue precisamente Unamuno quien le llevó a uno hasta Rosa Chacel, o más exactamente al revés, quien hizo que Rosa Chacel marcara una mañana de hace casi trentaicinco años el teléfono de esta casa. ¿Y cómo siendo estos dos versos tan extraordinarios no los conocía o no los recordaba? Podría haberlos olvidado en Rosa Chacel, pero tendría que haberlos recordado por Unamuno. Sin duda: las cosas importantes se revelan, se nos entregan cuando ellas quieren, no cuando queremos nosotros:
                     
                       El río del recuerdo
                       va del mar a la fuente.

Y así, la tarde está salvada.

Calleja. Las Viñas, 30 de octubre de 2012



29 de noviembre de 2012

Una, grande y libre

EN una de las reboticas que se formaron la noche de las elecciones catalanas en, creo, tve, un opinativo, sin duda aliviado por los resultados, aludió a Artur Mas y a su proyecto de hacer de Cataluña "una, grande y libre". La indignación de uno de sus colegas, acaso catalanista, que vio en esa alusión algo intolerable, fue instantánea y vidriosa: "Te estás pasando". El otro quiso ser magnánimo en la victoria, quiero decir en la derrota de Mas, y le replicó animoso que no se apesarase, porque esa expresión, "una, grande y libre", ya sólo la comprendían los viejos como ellos.
Es posible que a Madrid, ay Madrid, sólo llegaran de la campaña catalana palabras ya sin fuerza, como olas exhaustas a una playa, pero incluso en el eco lejano de las de Mas no resultaba difícil escuchar el "Cataluña, una grande y libre", o así sonaba el reverbero tanto si era Agamenón quien lo recogía, o su porquero.
Decía Pla que lo más triste en política es hacer el ridículo, pero qué duda cabe que sería injusto no reconocer a Mas el efecto benéfico de la que podría parecer una charlotada (por cierto, la última vez que oyó uno esta anticuada y expresiva palabra fue, precisamente, a Jordi Pujol): hoy por hoy, los españoles, y entre estos muchos catalanes, sin duda, están más unidos que hace tres meses, gustosos de seguir juntos en este camino, frente a quienes quisieron sacarlos de él no tanto por considerarse ellos mejores, que también, como por considerar menos a todos los demás. 
Y aquí seguimos en una España que está hoy por suerte igual de lejos de aquella que proclamó en su día el "una, grande y libre", y un poco menos cerca de esa Cataluña una, grande y libre.
Pacto sinalagmático (detalle)

28 de noviembre de 2012

La gran salud

FUE Tomás Segovia quien resolvió mejor que nadie un secular problema en la traducción del célebre monólogo de Hamlet. Su propuesta, tras siglos de "ser o no ser, esa es la cuestión" o "la pregunta" o, incluso, oh, "la opción", dejó resueltas la cuestión, la pregunta y la opción diríamos que como "el huevo de Colón" de las traducciones: "Ser o no ser, de eso se trata".
A ello nos ha llevado el hilo de las cartas de Van Gogh, a las que uno vuelve en los momentos hamletianos que todos atravesamos: "La vida no es larga para nadie", le dice Vicent a Theo en abril de 1885, "se trata únicamente de hacer algo con ella". En efecto, de eso se trata.
Y parecería que estuviésemos oyendo a nuestros buenos amigos Ángeles Franco y su marido Jesús Culebras, médicos, pues se proclama en esta frase un verdadero canto a la vida, "la gran salud" de la que hablaba Nietzsche. Y por si quedaban dudas, un año antes, 1884, el propio Vincent las había despejado todas, confirmando así la tesis del último biógrafo del pintor, quien sostiene que éste no se suicidó, sino que murió del disparo fortuito de dos amigos, que jugaban con un arma y a los que Vicent quiso encubrir: "Si yo muriera –me resignaría llegado el caso, aunque no haría nada deliberado para llegar a ello– te encontrarías encaramado a un esqueleto, y un esqueleto constituye un punto de apoyo muy intestable", dirá Vicent con un humor también muy hamletiano, y muy de estos bonísimos amigos nuestros.


Ventana. Siracusa, 14 de abril de 2012

27 de noviembre de 2012

Una restitución

CUANDO maquetábamos el Álbum de Cernuda de la Residencia de Estudiantes, se encontró uno con las dos fotos que se reproducen aquí (un viaje de las Misiones Pedagógicas a Alcolea, Toledo, en 1935) y un pie que estaba, a mi modo de ver, equivocado. En ambas aparecían, desde luego, Luis Cernuda y María Zambrano, pero su acompañante no era Alfonso Rodríguez Aldave, como proponían los responsables del álbum, sino Leopoldo Panero. No hubo modo de convencerlos, pues aducían que no les constaba que Leopoldo Panero hubiese formado parte de esas Misiones ni existía prueba documental alguna de ello. De hecho el nombre de Panero tampoco figura en el monumental e imprescindible catálogo que se dedicó a las Misiones en 2007, donde sí consta una lista exhaustiva de los misioneros. Creo igualmente que a James Valender, escrupuloso en todos los detalles por lo demás, tampoco le hacía demasiada gracia "invitar" o regalar a un poeta como Panero, de dudoso pedigrí según él, un poco de pasado honroso. Ni siquiera le convenció el hecho de que nosotros hubiéramos oído a Ramón Gaya citar como uno de ellos a Panero, en cuya casa de Astorga hicieron incluso parada y fonda en uno de sus periplos con las Misiones. 
Al fin ha encontrado uno la foto publicada con su verdadero pie en un tomo recién aparecido en León, El siglo de Crémer. Un viaje por la literatura leonesa contemporánea, de Ernesto Escapa, abundante en informaciones y fotografías, entre ellas esta otra también, de los hermanos Panero, que a buen seguro habría persuadido a nuestros buenos amigos James Valender y Luis Muñoz de haberla podido ver en 2002, cuando se publicó aquel álbum, canónico ya en la bibliografía cernudiana.


26 de noviembre de 2012

Una España sin carabineros


BAROJA soñó, al menos en el papel, que es donde sueñan los hombres melancólicos y sentimentales como él, con crear una república del Bidasoa, cuyo lema fuese el de “un país limpio, agradable, sin moscas, sin frailes y sin carabineros”.  Ese es el sueño de todo hombre ilustrado, y si le hubiesen dado a Baroja el poder absoluto durante unos minutos, habría dispuesto a la entrada de su república este cartel: “Si buscas aquí moscas, frailes o carabineros, date la vuelta”.

En 1982 comenzó este Magazine y hace ya dieciocho años que escribe uno en él cada semana, sin haber faltado ni una sola a la cita. En todo este tiempo han sucedido cosas importantes en la vida de todos nosotros y en la del país: han muerto seres queridos y nacido otros, muchos hemos dejado de ser jóvenes y  algunos de los que hoy nos leen no habían nacido cuando empezamos a hacerlo. ¿Y el país? También ha cambiado. Mucho. Si estuviese en nuestra mano el poder absoluto y pudiéramos resucitar a alguien muerto en 1974 o 1981 y traerlo a 2012, no lo reconocería, y tampoco el mundo: sólo internet le dejaría mudo de asombro y admiración, y ese es el sentido de la pregunta que se le hace hoy a uno para esta página: “¿En qué aspecto cree que ha mejorado la sociedad desde 1982?”.

Puede parecer una pregunta que requiere una larga respuesta, y sin embargo esta no podría ser más breve: al fin hemos dejado atrás en España a los carabineros. Sí, se vivía atenazado por ellos. Al despertarnos no sabía nadie si ese día se nos iba a dar un golpe de Estado, obra de militares profesionales, o si los militares aficionados vascos iban a sembrar la calle con nuestros cadáveres. Recuerda uno aquellos primeros años ochenta como una pesadilla. Limitaba nuestra vida entonces por el norte con unos gudaris mesiánicos y sanguinarios que se llevaron por delante cientos de víctimas inocentes, y por el sur, con militares cerriles que parecían seguir viniendo del Ejército africano que se sublevó en 1936, acantonados para caer en cualquier momento sobre millones de víctimas inocentes. Lo habían intentado estos un año antes, avasallando el Congreso. En cuanto a los otros, han intentado avasallar la democracia hasta ayer como quien dice. Los mílites acabaron comprendiendo que el pueblo español ya no les secundaba, y unos a la fuerza y otros por convicción, se fueron haciendo a la idea de que su tiempo había pasado. Los gudaris carlistas-leninistas siguen convencidos de que acabarán implantando su república particular del Bidasoa que, a diferencia de la de Baroja, sería poco agradable y sí, en cambio, abundante en moscas, curas y carabineros. Ese ha sido, a mi modo de ver, el gran avance en estos últimos años. Hemos logrado construir una sociedad civil en la que los carabineros, profesionales o aficionados, están en segundo plano, por más que unos pocos quieran, ilusionados y mesiánicos, traerlos de nuevo al primero. En cuanto al resto del sueño barojiano, España también iba mejorando. Claro que viendo cómo avanza la pobreza,  no sería raro que las moscas se rearmaran,  y no acaba de avizorarse el día en que la Iglesia y el Estado rompan al fin su Concordato, dejando a cada cual vivir en paz su espiritualidad sin imponérsela a los demás.
   [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 25 de noviembre de 2012]

25 de noviembre de 2012

A vueltas con Unamuno


PODRÍA decirse que esta (*) no es una biografía al uso. Es un ensayo biográfico que tiene gran interés, desde luego, pero no es una biografía, como podría dar a entender su título. Tampoco creo que su autor, Jon Juaristi, quisiera escribir una biografía de Unamuno. Baroja y Machado, confiesa en las primeras páginas, le resultan más próximos y simpáticos, pese a lo cual son muchas las cosas que le atraen de don Miguel, entre las cuales el haber nacido ambos en Bilbao no es la menor.
Digamos que las dificultades de abordar un libro sobre Unamuno son profusas y extensas, porque Unamuno es, como sabe bien Juaristi, mucho Unamuno, a lo largo y a lo ancho, a lo alto y a lo hondo, en toda clase de terreno, fragoso y desértico, ameno, feraz o pedregoso. De hecho Juaristi reconoce que la biografía de Unamuno ya estaba escrita: “Hoy por hoy el mejor y más fundamentado estudio sobre la vida de Unamuno”, nos dice, es el reciente, 2009, de Colette y Jean-Claude Rabaté (lo que no le ha impedido enmendarles la plana cuantas veces los cita, que no son pocas). Pero a mi modo de ver la principal dificultad para escribir una biografía de Unamuno es esta: ya la escribió el propio Unamuno. No hay nadie que haya escrito tanto de sí mismo: más de doce mil páginas de sus obras completas (veinticuatro mil, si las contamos en octavo), en las que hay miles de artículos, miles de poemas, cientos de ensayos, docenas de relatos, diarios, recuerdos, decenas de novelas, discursos, intervenciones, entrevistas y diez, veinte, treinta mil cartas. Y diríamos que en todas y cada una de esas páginas Unamuno escribe de sí mismo de una u otra manera pero siempre con naturalidad, como quien habla, y nos pone al tanto del momento que está atravesando, de lo que piensa, siente o le preocupa, de lo que sueña o teme, de a quien ve o no quiere ver, de lo que le dicen o le molesta o le deben, de las confidencias a su mujer y a sus hijos, enternecedoras casi siempre… Todo en alguien que es por añadidura cambiante y paradójico en las ideas, reservado y atronador, y en los afectos, efusivo y tímido sin dejar nunca de ejercer en el lector un efecto hipnótico. Por todo ello la única biografía de Unamuno posible sería acaso una a escala 1/1, como aquel mapa borgiano.
¿Y cómo es este libro?  Juaristi nos presenta al Unamuno político, al filólogo y al agitador alrededor, o principalmente, de los tres grandes momentos públicos de su personaje: el socialista y nacionalista vasco, primero, el del destierro luego y, por último, el de la guerra civil. O sea, más del Unamuno histórico que del Unamuno intrahistórico, por usar sus palabras.
El primero de estos tres Unamunos, el de sus orígenes vascos, Juaristi lo conoce al dedillo, sin duda como nadie, acaso lo mejor de su libro. Este fue el Unamuno de En torno al casticismo, en opinión de Juaristi el primer gran ensayo español en el sentido moderno del término. Del Unamuno de Fuerteventura y París, Juaristi nos desgrana su novelesca peripecia,  y por último,  en el de la guerra y el célebre episodio con Millán Astray, Juaristi, sigue a biógrafos anteriores, y sugiere que El resentimiento trágico de la vida no serían notas para un libro futuro sobre la guerra civil, sino un poema épico, al modo de La Tierra Baldía de Eliot.
Juaristi ha preferido, por lo demás, orillar al Unamuno íntimo, al poeta (apenas le dedica dos líneas), al padre, incluso al marido (y resulta tal vez una pequeña licencia ocuparse más de una irrelevante y chiflada espontánea que acosó con sus delirios amorosos a Unamuno que de su mujer Concha, figura crucial en su vida). Acercarse a Unamuno es, pues, sobre todo comprender su tono, inconfundible, personalísimo, original. Se lo decía Unamuno desde su exilio parisino a su hija Salomé: “De la misma fuente de donde brotan esas efusiones y por el mismo manantial, brotan las imprecaciones a la canalla que está degradando y envileciendo a España”. Ese Unamuno completo, agónico, silencioso y energuménico (también), becqueriano y quevedesco, fue el que adaptó de una manera originalísima el eterno retorno nietzscheano a su ideal de vida: conducirse de un modo tal, que la improbable eternidad pudiera ser reflejo de una vida mortal intachable y plena: “Obra de modo que merezcas a tu propio juicio y a juicio de los demás la eternidad, que te hagas insustituible, que no merezcas morir”, dice en el Del sentimiento trágico de la vida. Esto fue lo que admiraron en él los mejores de su tiempo, de Machado a JRJ. De ello habló María Zambrano en memorable ensayo.
El personaje histórico, activo y descomunal que a tantas caricaturas ha dado lugar y al que Juaristi dedica su ensayo biográfico es inseparable del personaje atribulado, lírico e intrahistórico. Y hace bien Juaristi en no ahorrarse ninguna de las pequeñas o grandes extravagancias y defectos de don Miguel en su excelente ensayo, porque aún nos agiganta más su figura arrastrándonos a la relectura de tantas páginas memorables de Unamuno, actuales y sagacísimas.  
  [Publicado en Babelia, El País, el 24 de noviembre de 2012]

(*) Jon Juaristi, Miguel de Unamuno. Taurus, 2012.









24 de noviembre de 2012

Lo que queda

AYER se traía aquí un fragmento de una carta de Van Gogh, y hoy va otro de otra, escrita unos meses después, enero de 1885, y también dirigida a Theo. 
No atraviesan los hermanos una buena época entre ellos, discuten, se lanzan agrios reproches, se incomprenden, pese a lo cual siguen tratando asuntos de intimidad artística como en sus mejores tiempos:

"Hay que contemplar la naturaleza mucho y durante mucho tiempo para llegar a la convicción de que lo más atrayente que han pintado los grandes maestros está basado en la vida, en la realidad. Una base de sólida poesía, que siempre ha existido, algo demostrado por los hechos y que, si se busca con suficiente profundidad, puede encontrarse.
Lo que queda del pasado, permanece".

El subrayado, del propio Van Gogh, deshace lo que podría ser una tautología, pues de lo que él habla es de aquello permanente de la vida, de la realidad, que forma también parte del pasado, modificándolo incluso, como un buen hijo hace mejor a su padre.







23 de noviembre de 2012

El molino ya no está

EN el inagotable pozo artesiano que son las cartas de Vincent Van Gogh, uno de los grandes monumentos del ser humano, uno de sus pilares más firmes, como el tajamar que parte en dos las corrientes más enfurecidas de la existencia, esta línea que incluyó a modo de epígrafe en la carta que le escribe a Theo en 1884:

    El molino ya no está, pero el viento sigue allí.

¿No cabe en esas pocas palabras toda la poesía elegíaca del mundo? Recuerda al mar que el ángel quería meter en el hoyo de la playa de Cartago, en presencia de Agustín. Pero hay algo en ella, además, que excede lo elegíaco, una como alegría vangothiana, la proclamación de que lo que permanece, la vida, se sobrepone al pasado, sin borrarlo. Pues es evidente que el molino sigue, vive, en el recuerdo del pintor. Y ahora, en nosotros.


Van Gogh, Molino de Montmartre, 1886

22 de noviembre de 2012

Charadas y otras cosas

PRESENTAMOS anteayer en el Círculo de Lectores de Madrid la periodista Pepa Fernández, la filóloga y actriz Eva Hache y yo mismo uno de los libros más raros y divertidos que puedan imaginarse. Es uno de esos libros que se acogen al estatuto de enseñar divirtiendo y divertir enseñando. Lo hicimos junto al director del proyecto y de la Fundeu, Joaquín Müller, el editor del libro Miguel Águilar y un nutrido público que contaba con la presencia del director de la Rae y algunos secuaces más de la secular corporación.
¿Y de que va este Compendio Ilustrado y azaroso de todo lo que quiso saber sobre la lengua castellana? Se parece mucho a un vademécum con indicaciones, recomendaciones, aclaraciones y preceptos para que los periodistas (de ahí lo de Fundación del Español Urgente) hagan un uso correcto de la lengua castellana en sus escritos, pero está intercalado de otras cien curiosidades que recuerdan mucho a aquellas Misceláneas de Míster Scott, de feliz memoria. Decirles sólo que se lee como se ve una película de Charlot, con la sonrisa en los labios.
Cuatro muestras, tutía, que usamos en la frase "no hay tutía", no tiene que ver con tía ninguna, sino con cierto remedio árabe; en Cuba tienen cuarenta palabras para designar el órgano sexual masculino (imprescindibles, vienen todas) y en centrifugados ninguna de sus trece letras se repite. Por no mencionar cipridofobia, presentada entre otras muchas fobias, como la aversión a las enfermedades venéreas, arcano que acaso nos remita a una inquietante y terrorífica cipridofilia.


21 de noviembre de 2012

Cita, que algo queda

LA cita de un texto, literaria o erudita, como recreación de la misma o como fuente o como principio de autoridad, no deja de ser un modo de reciclaje. La tradición trabaja en nosotros de ese modo. Tras años de abundancia, incluso de despilfarro, vivimos en la cultura del aprovechamiento y reutilización de los recursos. En la vida práctica es la cultura, hoy por hoy, de muchos jóvenes, preocupados con un planeta que camina exhausto: no tiran nada y aun lo recogen de los basureros, precavidos y en muchos casos ilusionados con la idea de poder hacer con lo viejo algo nuevo. Paradójicamente esos mismos jóvenes muestran a menudo, sin embargo, un manifiesto desdén, si no hostilidad, por las fuentes y tradiciones más lejanas, si hablamos de literatura o de arte. Pero esa es otra historia. Quedémonos con el vídeo que el fotógrafo Paco Gómez nos envía con esta carta, y con la sonrisa que conseguirá arrancarte:

"Amigos todos,
 Con un presupuesto de diez sobres de cromos de fútbol en sobornos hemos hecho este vídeo para Creciclando que lanzamos hoy con la pretensión de que tenga la mayor viralidad posible.
Estaría muy agradecido si lo vierais y lo difundierais entre vuestros contactos de mail, facebook y twiter.
Para el que no lo sepa, Creciclando es una web de intercambio de cosas de niños. Le das una segunda vida a lo que ya no usas y consigues otras cosas a cambio. 
Para que Creciclando crezca  necesitamos una difusión extrema.
 Si no lo hacéis por mí, hacerlo por Leo que es el protagonista del vídeo y hoy cumple 7 años.
Gracias a todos".

Fotograma del vídeo Creciclando, de Paco Gómez: 

19 de noviembre de 2012

La vida misma

EL milagro de la realidad se cifra en estas pequeñas cosas, como la que aparece en la imagen. En medio de la miseria, sin contaminarse de ella pero sin darle la espalda, brilla luminoso algo que nos recuerda que la poesía es posible no sólo después de Auschwitz, sino que es aún más necesaria en Auschwitz. Y que la realidad es la que mejor compone

El Rastro, 18 de noviembre de 2012

El peligro amarillo llegó a Valencia


Louis-Ferdinand Céline, tras colaborar con el régimen de Vichy, pasó sus últimos años convencido de que los chinos invadirían París por Meudon, el arrabal donde él vivía. Han pasado cincuenta años desde entonces y hay chinos en todos los rincones de Europa, incluso en los más remotos, suficientes como para formar un ejército, pero no han llegado, como suponía Céline, bajo el redoble de los tambores y el estrépito de la caballería motorizada, sino con el paso quedo que gusta a los mercaderes. Llegan a las ciudades, apenas se mezclan con los nativos, se dedican día y noche a sus negocios y los que no la necesitan, ni siquiera se molestan en aprender la lengua del lugar. Son, podríamos decir, lo más parecido a algunos judíos del siglo XVI, y si estos vivían en sus viejos guetos silenciosos y orillados, aquellos lo hacen en sus chinatowns estridentes y ruidosos, pero en uno y otro caso, reacios a participar en la vida política, social o cultural de sus países de adopción.

Ejemplo de esta laboriosidad y discreción china era, hasta hace unas semanas, el señor Gao Ping. La organización criminal de contrabando y blanqueo de dinero del señor Ping ha quedado al descubierto tras las investigaciones de la policía española, como ha quedado también al descubierto en las páginas del NYTimes la trama de tráfico de influencias del primer ministro chino, el señor Wen Jiabao, que habría controlado activos por valor de dos mil millones de euros.

Todo lo que sea trama suena a novela, porque las novelas necesitan eso, tramas, para serlo. La novela del señor Jiabao la conoceremos o no, tal como van las cosas en China, pero de las tramas de señor Ping ya vamos conociendo algo más. Sabemos, por ejemplo, que aprovechaba el arte contemporáneo en sus operaciones de blanqueo, porque con poco o con nada se blanquea mucho. El arte vale lo que quiere alguien que valga, principalmente el necio que no ha aprendido aún a distinguir entre valor y precio. Y es en este punto en el que son necesarias algunas figuras, siquiera como comparsas. Una de las comparsas del señor Ping, hemos sabido, ha sido la directora del Ivam, el museo de arte moderno valenciano, la señora Consuelo Císcar, que ha dado, como era de temer, algunas explicaciones a la prensa, al tiempo que los periódicos difundían una foto suya en compañía del señor Ping en la que se la ve feroz, vestida de leopardo y con una melena leonada de color valenciano: “Cuando compro no sé si el galerista es traficante”, se excusó, sin recordar que eso mismo es lo que suelen decirles los peristas a la policía, y por esa razón la señora Císcar quiso explicarlo: “En una carnicería no sé, si en vez de matar animales, matan personas”. ¿Se refería a los famosos rollitos de primavera? En todo caso, los expertos han dicho que comprar  al doble de su valor un lote de 61 obras a un galerista ful y sin prestigio como Ping, es extraño. Como descubrir haciendo carrera artística en China a su hijo Rafael Blazquez Císcar, que firma sus obras como Rablaci (este nom de guerre no es propio ni de las novelas malas), también. Lo bastante al menos como para encargarle el caso a los guardias Chamorro y Bevilacqua.
    [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 18 de noviembre de 2012]

18 de noviembre de 2012

Luis de Luis

LA literatura le ha traído a uno algunos buenos amigos. Uno de los más singulares es, y esto desde hace casi veinte años,  Luis de Luis. Tras una tenaz investigación, según confesó luego, se había hecho con mi teléfono, y acaso para que no lo tomara por loco, se presentó como marido de Aurora Bautista, la actriz recientemente desaparecida. Le oía hablar apenas con un hilo de voz, pausadamente y con un marcado acento cubano. Acababa de leer Las vidas de Miguel de Cervantes y quería hacerme un regalo como agradecimiento, confesó, por su lectura. El desarrollo informático por entonces no estaba en pañales, cierto, pero tampoco tan pulido como ahora, y poseer una copia digital del Quijote podía ser considerado un bien precioso. De hecho, no existían en el mercado ni en ninguna parte copias de ese ni de ningún otro libro, y Luis de Luis, por devoción a esa novela, se había tomado la molestia de ir copiándola poco a poco en su ordenador, como un discreto Pierre Menard, mientras su mujer, "la voz más bonita del mundo" recuerda aún, se lo dictaba a veces. Me hizo llegar, pues, aquella copia del Quijote en diez o doce pequeños disquetes que conservo como recuerdo, aunque hace ya años me deshiciera del equipo que podía leerlos.
Anteayer volvimos a vernos. Lo hacemos de vez en cuando. Su vida es una de las más azarosas que conozco y daría para una novela, aunque él la tiene por corriente y nunca le ha oído uno presumir de avatares. Algunos de esos lances lo sacaron de su isla natal, Cuba, en tiempos de la revolución ("Fidel y yo tenemos los mismos años") y lo trajeron a Europa después de haber vivido en los Estados Unidos, en los que desempeñó uno de los negocios más raros y lucrativos que pueda imaginarse: el de la cordelería. Pero quédese la vida de Luis de Luis, el hombre afable y tranquilo, amante de Cervantes y de Galdós (cuando acabó de componer el Quijote, procedió con parecido tesón  con Fortunata y Jacinta, que me regaló igualmente) para otro momento.
Ayer mirando los libros de su biblioteca, se cayó de uno de ellos esta curiosa fotografía, que me regaló. En el dorso se lee: "Marín fotógrafo. San Sebastián" y no sé qué momento recoge. Quizá algún lector lo sepa y quiera aclarárnoslo. Sólo decir que me gustó como metáfora de la vida la de ese hombre que atraviesa, a pie, con una bicicleta en la mano, una calle señorial alfombrada de escombros y cascotes. 

Sindi Alonso, lectora de este almanaque, nos ha remitido estas líneas: "Me recuerda las casas frente a la Playa de la Zurriola en San Sebastián. El estado desastroso del asfalto podría deberse a una gran batida del mar, inundando la ciudad y arrastrando de paso piedras, o quizás a las consecuencias de la Guerra Civil".

17 de noviembre de 2012

Cartolina postale

JUNTO a la foto que se publicó ayer, o en la misma caja al menos, estaba esta otra, una postal comprada hace ocho años en el rastro de Padua. Sé que fue allí, sé que fue entonces no por mi buena memoria, sino porque se ha encontrado uno el dato en las páginas de Miseria y compañía que corrijo estos días. 
Fue tomada la foto en una manifestación fascista, de eso no hay duda. Así lo declaran algunos de los lábaros con el haz y el hacha. Y acaso durante la marcha sobre Roma, por el atuendo de los manifestantes, muchos de ellos con camisa negra: sombreros, gorras y corbatas de lazo todavía muy pegados al comienzo del siglo.
Si me ha parecido oportuno traerla hoy aquí ha sido por recordárselo a uno las estimaciones del Gobierno en la manifestación celebrada en Madrid el día de la huelga general, cuyos integrantes cifró en unos treinta mil con indecible aplomo.
Aquí les brindo esta postal. Sirvió durante años en Italia para aprender a contar. Como un ábaco demoscópico, podríamos decir. Si se era del Partido Fascista salían 1.157.234. Si eras del Pci, 35. No fallaba. 




16 de noviembre de 2012

De Salamanca

BUSCANDO una foto que ilustrara el asiento de ayer, encontré esta entre los papeles viejos que va metiendo uno en cajas, velando su resurrección. Es la albúmina de un fotógrafo del XIX (quizá algún lector nos diga el nombre de su autor, pues probablemente haya sido editada en alguno de esos libros que se han publicado aquí en tiempos de bonanza). Siento no saber darla ni a mayor tamaño ni con la nitidez que aparece en el original, pero baste decir que se ven en esta orilla a muchas lavanderas, y más aún en la otra, haciendo su colada en el agua de un Tormes que imaginamos cristalino.
Fue la Salamanca que conoció don Miguel, en la que nació por segunda vez a esa vida inmortal que quería para sí, igual allí que aquí, paseos por la vieja carretera de Zamora y por la orilla del Tormes, tertulias con sus amigos en el casino y muchas horas de soledad y estudio en una casa llena de niños y de mujeres, soñando incluso por debajo del sueño.
Y creo que si tanto nos gusta la Salamanca de Unamuno o Unamuno en Salamanca, es por verle a alguien que decidió hacerse hijo de una madre habiendo nacido ya de otra, su Bilbao, y sin renunciar a ninguna de las dos, con parecido y entrañado amor por ambas.

Salamanca.

15 de noviembre de 2012

De Unamuno

LEÍA estos días el magnífico epistolario del destierro de Unamuno, preparado por el matrimonio Rabaté y publicado por la Universidad de Salamanca, y allí encontramos un bellísimo poema en una carta que le dirige a Bergamín desde Hendaya en 1926. El poema es una premonición de su muerte, cosa que no tiene nada de especial, porque Unamuno pasó su vida premonizándola en las más diversas circunstancias y momentos. La particularidad de este poema es que se ajusta bastante a lo que sucedió en realidad el día 31 de diciembre de 1936, aquel ataque de su cansado corazón en una mesa con brasero, y que es bellísimo, como digo.
Cuando lo busqué en cierta antología que hice de la poesía de Unamuno, dando por hecho que estaría, no lo hallé, como tampoco ninguno otro del Romancero del destierro, el libro al que pertenece y que se cita profusamente en mi prólogo. Qué ocurrió, por qué no está entre los elegidos ni otros de aquel libro, que siempre me gustó muchísimo, es un misterio. Nada recuerdo, porque de esa antología hace más de veinticinco años. Ha llegado, pues, el momento de reeditarla, ampliándola con ese y algún otro poema encontrado o redescubierto.
Aquí va el de esa carta y aun deberían ir otros del mismo libro, que con tal motivo he vuelto a leer, como si fuese nuevo. Y nuevo es.

Se acerca ya tu hora, mi corazón casero;
invierno de tu vida al amor del brasero
    sentado sentirás,
y tierno derretirse el recuerdo rendido
embalsamando al alma con alma de olvido,
    de siempre y de jamás.
Y pasará tu vida, mi alma, mi vida,
sombra de nubecilla en la mar adormida
    de la loca razón;
al fin despertarás por debajo del sueño
sin llegar a gustar la carne de tu empeño
    cansado corazón!

Y concluir diciendo que en el paradójico Unamuno morir sentado en una mesa camilla con brasero fue, en aquella Salamanca copada por falangistas y legionarios, lo más parecido a morir en los medios, de pie, como los toros bravos, aunque no sabemos si a don Miguel, tan antitaurino, le gustaría esta imagen.


Menorca, 2 de junio de 2012. Foto: Rafael Trapiello





14 de noviembre de 2012

Servicios mínimos ( y más de última hora)

EN este almanaque uno no es asalariado ni siquiera de sí mismo, puesto que se lo da gratis a sí y gratis es también para los que pasan por él, de modo que difícilmente podría hacer huelga de nada. Ahora, nadie le impedirá a uno ponerse del lado de los que hoy van a ella. Hay razones sobradas. Los patronos, banqueros, gubernamentales, pequeños comerciantes, esquiroles, desengañados, desencantados y escépticos dirán que con estas huelgas no se consigue nada más que empeorar nuestra situación. ¿Más? ¿No se han detenido los desahucios? ¿Se les ocurrió hacerlo en primera instancia a los bancos, a los gobernantes, a los políticos?
Aquí no puede uno hacer huelga, pues, pero nadie tampoco podrá impedir que aproveche los servicios mínimos para animar a hacerla a quienes puedan secundarla.

(Añadido a las 18:02. Si es verdad que el Pp ha cuantificado el coste de la jornada en 4.000 millones "que podrían destinarse al gasto social" o que el equivalente de las pérdidas equivale "al 80% de los desahucios", no están diciendo, como alguien ha podido suponer, llamándose a engaño, que ese dinero podría salir de las pérdidas de los patronos, sino de los salarios. En otras palabras: le están diciendo a la clase trabajadora que los problemas sociales se arreglarían si la gente trabajara gratis y entregara sus salarios para esas mejoras. Si no es así, el Pp y los patronos deberían ser más claros y decir: "No vayan a la huelga, trabajen, y nuestras ganancias de un día, las que dejaríamos de percibir si hicieran huelga, las entregaremos íntegras para evitar desahucios o para destinarlas a gastos sociales)

(Añadido a las 20:04 http://rafaeltrapiello.blogspot.com.es/2012/11/tramo08.html)

(Añadido a las 20:06. Ningún día ha estado uno más activo en este almanaque. Será la huelga)

(Añadido a las 20:06. El hecho de que los manifestantes hayan calibrado en un millón el número de asistentes a la manifestación de Madrid, no le da derecho al Gobierno a decir que eran... ¡treinta mil! Eso es, sencillamente, una desvergüenza. Saben de su mentira no sólo los que han estado allí. Basta ver las imágenes de la televisión, de su televisión) 


13 de noviembre, 2012

13 de noviembre de 2012

La atención

EL cuervo llegó el otro día al fbook de M. Hoy, del dominio de Carlos García-Alix, esta pintura de Julius Olson Nordfeldt, que nos recordó a otra de Ma Yuan. Esta se la mostró un día Ramón Gaya al amigo José Luis Escartín. Dejemos que sea este quien lo cuente: "Me iba enseñando un libro de pintura japonesa, pasando las hojas, y al llegar a la reproducción del pescador de Ma Yuan me dijo: «Fíjate, el tema de ésta es la atención». En el libro recuerdo que también había cosas de Sengai, que le hacían gracia por la frescura de los dibujos, que son casi como caricaturas, sin ninguna solemnidad, pero hechas por alguienLo de la atención convierte al pescador en un meditador, que como en el zen, consigue  durante ese instante que el observador desaparezca absorbido por lo que observa, identificado con ello".
Pues la atención es, para un artista, pese a la penumbra o niebla en la que a menudo se sostiene, condición necesaria para esa aparición cegadora tan súbita como fugaz a la que llamamos revelación y que a menudo, justamente debido a nuestra distracción, muerde el anzuelo, lo suelta y se va, dejándonos de vacío, dejándonos su vacío.



12 de noviembre de 2012

Barcelona, 1957

ASÍ, Barcelona 1957, se titula este libro del fotógrafo Leopoldo Pomés. Se publica medio siglo después de cuando tenía que haberse publicado. La peripecia de su “descubrimiento” la cuenta Juan Manuel Bonet en un prólogo fascinante que es a la vez novela y pequeño laberinto. Quien lo tenía que haber editado hace cincuenta y cinco años, el señor Seix, socio del señor Barral, lo vetó porque era a su entender un libro de fotos demasiado sombrío: “No salen jardines”, dijo. El libro con­tie­ne,­­ en efecto, fotografías som­brías, pero también bellísimas. A menudo las más sombrías son las más hermosas. Dice Pomés en un coloquio que mantiene en esas mismas páginas con Eduardo Mendoza que Barcelona le gustaba mucho como ciudad porque, algunos días, tenía una luz especial que no dejaba sombras. Pese a no haber sombras en sus fotos ni ser en especial tenebrista, la Barcelona que sale es una ciudad sombría que se parece mucho a la España  negra de entonces. De hecho aquella España y aquella Cataluña se parecen mucho. Uno, francamente, no sabría ponerlas rostro propio. Hace años Bonet y yo hicimos una exposición de otro fotógrafo excepcional, Francesc Català-Roca. Fotos suyas de los años cincuenta de Madrid y Barcelona. Algunas cuesta distinguirlas, sobre todo cuando salen en ellas personas: miraban de la misma manera, desde los mismos abismos. Parecen decirnos, como Baudelaire: “hipócrita espectador, mi semejante, hermano mío”.

Algunos de esos abismos aparecen también en las fotos de Pomés, como en otros grandes fotógrafos de la época, Colom, Forcano, Miserachs, Masats: monjas, mujeres de la vida, policías de la secreta y soplones, burgueses orondos, la celestina y su señuelo (lo parecen la mujer de la portada y la que acaso sólo es su hija), dificultad y pobreza por todas partes... A los niños de pantalón corto, por ejemplo, se les ve las rodillas como si fueran puños, porque el hambre empieza siempre a descararse por las rodillas.

Dicen Pomés y Mendoza que aquella Barcelona de 1957 ha desparecido. Qué sé yo. A mí me parece que aquella Barcelona está más cerca de 2012 que, por ejemplo, de 1714. Hace un mes vimos mi mujer y yo en la playa de la Barceloneta, a las cinco de la tarde, una escena de aquelarre: media docena de viejas decrépitas y deformes sentadas en la arena en toples. Jugaban a las cartas mientras una de ellas, fumando un cigarrillo y pintada como una pupila de burdel, miraba de pie con unas ubres tan escurridas que le llegaban hasta su vientre hinchado. No se ocultaba, parecía querer exhibir con insolencia los tristes pingajos de la vida. Era una escena salida de Goya o de Solana y si hubiese sido fotógrafo y hubiese hecho una foto de aquella escena, todo el mundo habría dicho: eso ya no existe, es un montaje. Pomés nos ha dado una Barcelona que tal vez no existía... hasta ayer, hasta que se ha publicado este libro excepcional. A partir de ahora habremos de recurrir a sus fotos para reconstruir aquel tiempo que, contra lo que puede pensarse, no fue peor ni mejor que otros tiempos, como tantos tiempos más. Y así lo vio también Carlos Pujol en su Barcelona y sus vidas (La Veleta, 2010), un libro del que no se ha hablado en ninguna parte, acaso por ser uno de los mejores que se hayan escrito sobre esta ciudad en el último medio siglo. Eso sí, en castellano.
       [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 11 de noviembre de 2012]


Leopoldo Pomés, Barcelona, 1957. La Fábrica, 2012



11 de noviembre de 2012

Los amigos de Homero

El amigo Félix Ovejero leyó este artículo espléndido, aparecido en La Nación de Buenos Aires, y le comentó a su autor, su amigo Alejandro Katz, que sus tesis coincidían con las de Ayer no más. Katz le respondió que ya tenía noticias de esa novela por su amigo Fernando Savater, de visita esos días en Buenos Aires. El amigo Félix nos enlazó al texto de su amigo Katz, donde se cita al amigo Homero. Y uno, que ha dicho tantas veces que todo lo sabemos entre todos, querría agradecerle a Katz, a quien no conoce, ese su escrito, abrochado oportunamente por palabras del amigo Aquiles que, de haberlas recordado, no habría dudado uno en poner al frente de su novela leonesa: "Dejemos en paz el pasado por mucho que nos aflija. Yo depongo mi ira, pues no puede ser justo estar siempre enojado" (Ilíada, XIX). 
Y así vamos nosotros los solitarios cerrando los círculos de la amistad gracias a triangulaciones azarosas.

Cuervo de Kawanabe Kyosai, 1831. Se posó ayer en el Fbook de Miriam, y ella me lo envió a mi ordenador,  triangulándolo con Guillermo, el japonés de la familia.

10 de noviembre de 2012

Atrofia

DEJEMOS de lado los muertos y sufrimientos que están tras de la hoz y el martillo, y vengamos a una cuestión de retórica. 
¿Qué porquería de hoz es esta que figura en las banderas y escudos comunistas chinos? ¿Dónde se ha visto una hoz así? Ha ido perdiendo su mango, reducido a muñón o bola, amanerándose hasta quedar en una representación tan alejada de las hoces de verdad, como el comunismo real ha quedado alejado de los ideales que se propuso defender e implantar en todo el mundo, sirviéndose precisamente de millones de hoces, menos prácticas que las guadañas, pero más eficaces a la hora de segar vidas humanas. Aunque la realidad nos desmentiría, pues esta hoz atrofiada, de bola o muñón, aún parece haberse llevado por delante más vidas e ideales que la otra. No hay más que ver el cinismo con el que su secretario general acaba de denunciar la corrupción como la lacra que puede acabar con el comunismo y el Partido, y eso precisamente él, el hombre cuya familia ha sido acusada por el NYTimes de haber amasado una fortuna de dos mil millones de dólares.
Y qué manía en los partidos de ideología totalitaria con pinchar, machacar, cortar, segar: yugos y flechas en el fascismo español; cruz esvástica o hélice para segar cabezas en el nacionalsocialismo alemán; hachas en el fascismo italiano y en Eta y hoces y martillos en los comunistas. De ahí que los publicistas comunistas hayan tratado de disimular lo cortante de la hoz con esa pelota o pomo, tal de una puerta: les están diciendo a los chinos que la entrada al mundo de la corrupción sólo podrá hacerse a través de la puerta del Partido y a todos los demás que el mango de la hoz es suave de llevar, o sea, el comunismo de rostro humano.

Último congreso del Pc chino, noviembre de 2012.

9 de noviembre de 2012

Dos cartas (y 2)

Y a esta segunda carta poco se puede añadir, sino que iba en ella toda la angustia de un hombre que privado de libertad sabe que puede ser privado de la vida en cualquier momento, como vería que sucedía a cada paso y a menudo del modo más cruel y arbitrario, y que ha de expresar todo lo que siente y la injusticia de su caso sin serle permitido usar todas las palabras a las que tenía derecho. Así que esta carta se parece a muchas de las miles que se escribían entonces en España desde las cárceles, pero tiene, como todas las demás, algo único y singular: que está arrancada a una vida real que setentaidós años después late todavía entre nosotros, gracias a todos los detalles exactos y al sentimiento que su autor puso en ella, ese "como V. ve tengo dos puertas y por ninguna salgo" que parece haber sido escrito por el mismo Miguel de Cervantes. 
Y llamar la atención de que fue escrita el Día de los Inocentes.
Va transcrita literalmente.

"Hoy 28-12-1940
Sr. Don Venancio Linaza
León

Mi querido amigo Don Venancio:
Empiezo por darle las más expresivas gracias por las dos entregas que me ha hecho las cuales me han dado la vida pues esto es una verdadera tragedia de hambre, y el que no tiene es algo horrible, asi que si puede hacerme otra entrega se lo agradeceré infinitamente y el dia que yo salga todo se saldará, Pues V. ya me conoce bien.
Al mismo tiempo he de agradecerle pero infinitamente mas que las pesetas, es que V. intervenga activamente hasta lograr mi libertad y poder reintegrarme a mi hogar.
La Comision de Revision de Penas de León me ha dejado en seis años justos y por tanto ya tenia que haberme puesto en libertad atenuada el Auditor de Valladolid, y no lo estoy por carecer de una persona que se interese por mi, y acudo a V. por que a mi no se me oculta su valia y ademas ya sabe en la estima que yo siempre le he tenido.
Ademas de la libertad atenuada tengo un expediente de indulto particular que se inicio desde el año 938 y en el mes de Julio pasado ha certificado este Director de esta Prision sobre mi conducta que ha sido intachable y por lo tanto nada debe faltar á este expediente de indulto, nada mas que la firma; asi que como V. ve tengo dos puertas y por ninguna salgo.
Don Miguel Diez Canseco es hombre de gran influencia, y además pertenece a la Comision de Revision de Penas y se positivamente que lleva gran amistad con el Director General de Prisiones Sr. Maximo Cuervo, y V. como tambien es amigo del Sr. Canseco creo que debieran hecharme una mano hasta lograrlo definitivamente.
Creo que el golpe se debe de dar primeramente con el Auditor de Valladolid para salir por la atenuada, que yo creo sea lo mas rapido.
En cuanto al expediente de indulto ya le digo que todo esta tramitado y favorablemente y tiene que estar en Madrid á la firma, pero de esto tambien se puede enterar en la Auditoria de Valladolid.
Asi que en brazos de V. quedo esperando la libertad.
Tambien le agradeceria mucho me escribiera a las siguientes señas
Calle Santa Marta nº 19 Astorga
Estoy enterado de que V marcha muy bien con las minas, y como V. sabe me he alegrado mucho y sabe le deseo muchas prosperidades en el negocio que bien merecido lo tiene.
Nada mas termino felicitandole las pascuas asi como buena salida y entrada de año nuevo con toda su familia y mientras reciba el mas fuerte abrazo de su gran amigo
Marcelino
Yo estoy en la Prision Central de Astorga Aglomeracion nº 10".

Original de la carta del recluso Marcelino, escrita sobre el papel timbrado obligatorio en las prisiones.



8 de noviembre de 2012

Dos cartas (1)

COMO acaso sepan los lectores de este almanaque, raramente se traen aquí cartas particulares. Confío en no ser indiscreto publicando ahora esta de un remitente para mí desconocido, pero que trae hasta nosotros ecos cervantinos, galdosianos. Sólo hubiese querido velar los elogios que se contienen en ella, y lo habría hecho de no haber sido estos precisamente los que motivaron el escribirla y enviarla a la editorial Destino, de donde se la han remitido a uno:

"Málaga, 15 de octubre de 2012.
Acabo de terminar de leer su novela Ayer no más y no he podido reprimir el deseo de ponerle unas letras para felicitarle y agradecerle su trabajo.
Me imagino que son más los que le escriben para quejarse  o protestar, que los que lo hacemos para decir que su libro nos ha gustado. Pero eso no quiere decir que seamos menos, sino que es más fácil coger la pluma cuando uno se siente ultrajado o enfadado, que cuando, simplemente, está satisfecho.
Aunque nací en León hace 63 años, he vivido casi toda mi vida lejos. Sin embargo, mis abuelos, uno asturiano y otro vasco, pasaron allí la guerra civil, y allí se conocieron y se casaron mis padres.
Estoy convencido, como usted, que casi todo el mundo miente cuando habla de la guerra civil. Unas veces para protegerse, otras para justificarse. Y también de que el interés por esa etapa de la historia que ha producido muchos más libros en castellano que la de Lepanto, las dos Carlistas, las de Cuna y Filipinas y las dos terribles Guerras Mundiales, acabará con nosotros, pues a nuestros hijos la Guerra Civil les suena tan lejana como la de Corea.
Quiero, al mismo tiempo que le felicito por su novela, enviarle un documento sencillo y humilde en el que no se percibe más que la realidad de aquellos momentos. Es una carta de agradecimiento a mi abuelo Venancio que mi padre conservó entre los muchos de aquella época que le tocó vivir: primero como soldado-gudari movilizado por el Ejército Vasco y luego como enfermero en el Ejército llamado Nacional, después de cambiar de bando.
La razón de enviarle este humilde documento, es que en ella, se menciona al señor Canseco (Don Miguel Díez Canseco) que curiosamente coincide con el apellido del protagonista –de los protagonistas, padre e hijo– de su novela.
Difícilmente las novelas se parecen tanto a la realidad.
Un saludo, E.L.I.". 
                             (Continuará mañana con la publicación de la carta que adjunta)


Zamboas. Las Viñas, 30 de octubre de 2012


7 de noviembre de 2012

¿Cómo pudo ocurrir?

ACABA de publicarse La guerra civil. ¿Cómo pudo ocurrir?, de Julián Marías, (Ed. Fórcola) un breve ensayo de 1980 que apareció parcialmente en 1985 y que sólo ahora ve la luz como librito exento. Es, por tanto, algo que se escribió casi cincuenta años después de la guerra, en la que Marías era un soldado de veintidós años al servicio de la República en labores de traductor, periodista y escritor en ciernes.
Las cosas que dice en él no son, no podrían ser, las que Marías pensara o dijera en 1936, aunque ya entonces, según nos confiesa, las pensaba clara, netamente. En cualquier caso no son las que dijo ni las que hubiera podido decir entonces, pues, como él mismo recuerda, por mucho menos lo habrían eliminado. 
Nos habla en su escrito de la imposibilidad de esa tercera España, la suya propia, que sucumbió a "la frivolidad" de las dos minorías revolucionarias empeñadas en liquidarla. Y aunque dude uno de la exactitud de su diagnóstico ("La guerra fue consecuencia de una ingente frivolidad. Ésta me parece la palabra decisiva. Los políticos españoles, apenas sin excepción, la mayor parte de las figuras representativas de la Iglesia, un número crecidísimo de los que se consideraban «intelectuales» (y desde luego de los periodistas), la mayor parte de los económicamente poderosos (banqueros, empresarios y grandes empresarios), los dirigentes de sindicatos se dedicaron a jugar con las materias más graves, sin el menor sentido de la responsabilidad, sin imaginar las consecuencias de lo que hacían, decían u omitían"), aunque dude uno de ese diagnóstico que desaprobarían por frívolo la mayor parte de los protagonistas incursos en sus respectivas revoluciones, no podemos estar más de acuerdo cuando dice que "la inmensa mayoría de lo que se escribió en ambas zonas [durante la guerra] fue literalmente vergonzoso. Es alentador, pero infinitamente penoso, leer lo que escribieron muchos que tenían pretensiones de intelectuales, literatos, profesores, eclesiásticos, hombres de leyes. Hubo excepciones, sin duda, de decoro literario, nobleza, generosidad y valentía; pero no pasaron de excepciones".
Estando de acuerdo con él, habría estado bien que tratándose de excepciones Julián Marías las hubiese nombrado, aunque seguramente él no pudiera ser una de ellas, por edad y por las razones también aducidas en su escrito, habrían durado muy poco en cualquiera de los dos bandos. 
Y sí, tiene razón en que muchos "jugaron con las materias más graves", pero eso hay que entenderlo a la luz de la doctrina de su querido Ortega y Gasset, de quien los jóvenes aprendieron que el signo de los tiempos era el espíritu sportivo con el que había que hacer sobre todo la revolución, llevándose por delante a todo aquel que no estuviese de acuerdo con ella, fuese cual fuese esa revolución.
En fin, si dijimos, al hablar de Chaves Nogales y su decisivo prólogo en A sangre y fuego (1937), que uno de los méritos de este, no pequeño, fue la temprana fecha en que lo escribió, a diferencia de tantos que con el tiempo fueron corrigiendo o enmendando el tiro de sus observaciones, y no siempre de manera oportunista (pensemos en Ridruejo), bienvenido sea este librito de Julián Marías que viene a sumarse a aquellos que se escribieron y publicaron cincuenta años antes, el propio Chaves, Clara Campoamor, José Castillejo o Gaziel, quien dijo, él sí, en 1944, y a propósito de Ortega y Gasset y de cuantos intelectuales trataron de "nadar y guardar la ropa. Pronto supe que iban ubicándose silenciosamente y a hurtadillas en la facción que más les convenía (...) Ahora me parece que se ve con nitidez la absoluta necesidad de esa tercera España. Como nadie se ha preocupado seriamente por prepararla, los españoles de hoy siguen obsesionados con las otras dos, las causantes de la catástrofe".


Banderas. El Rastro, 14 de septiembre de 2012


6 de noviembre de 2012

Confesiones inconfesables

RECORDÁBAMOS ayer la frase de Tolstoi sobre los críticos, pero no querríamos que nadie se diera por aludido. Y recordábamos también que a nuestros críticos y reseñistas les debemos sobre todo gratitud, porque como decía Unamuno, lo importante es que hablen de nosotros, aunque sea bien, y ay del día en que ni siquiera lo hagan mal, sin olvidar, por supuesto a aquellos pocos críticos inteligentes que al margen del trato que nos dieran o le dieran a otros, nos ayudaron a entender mejor la literatura, la nuestra y la de los demás.
Aunque no ha leído uno ninguno de sus estudios académicos, que doy por doctísimos, no siente uno por Ricardo Senabre ni frío ni calor como crítico de novelas contemporáneas Seguramente sería un crítico que pasaría desapercibido, ya que es de los que en ese terreno no se le conoce una sola idea original, pero tiene el prurito de afear y corregir las que en su opinión son incorrecciones o abusos del autor reseñado, y ahí pierde su discreción, pues a menudo sus observaciones no pasan de ser pequeñas chorradas o irrelevancias que suele presentar como pruebas de su gran sagacidad.
En las reseñas que ha escrito de mis novelas, que le agradezco, siempre le ha arrimado a uno esos sus bienintencionados réspices y siempre se ha quedado uno con ganas de rebatírselos, aunque sólo fuese por pasar un poco el rato.
"Novela interesante y bien planteada –esperable en un autor de tan caudalosa obra como Trapiello–, Ayer no más sólo ofrece pequeños deslices", ha dicho de la última. 
Malicio en ese "sólo" su decepción, como si hubiese deseado que hubiese uno "ofrecido" algunos más, como los que enumera: "algún tópico expresivo («frente surcada por extensas y profundas arrugas», pág 37); «desaparecido como por ensalmo», p. 50), una construcción sintáctica inadmisible («ni siquiera se dignaba a preguntarle», p. 104) y algún despiste: un lugareño lleva «un pantalón de franela azul que arrastraba los fondillos por el suelo y en el que desaparecían dos piernas como palitroques y unas nalgas escuálidas» (p- 52), detalles de imposible perfección si el pantalón se tiene puesto". 
No sé, cualquiera, menos Ricardo Senabre, sabe que las obras de los clásicos están llenas de tópicos expresivos y construcciones sintácticas inadmisibles. Sin salirse de su crítica, el mismo Senabre emplea algunos tópicos: "toca un tema de indudable actualidad", "razones inconfesables, que acabarán descubriéndose". Las obras de los clásicos están llenas de tópicos y construcciones sintácticas inadmisibles, como se ve, empezando por Cervantes y acabando por Senabre, que desde luego se achantará ante Unamuno, de quien prepara sus obras completas, cuando don Miguel escribe cosas como esta: "me están haciéndome avergonzarme de ser español". Pero acaso lo que le deja a uno pensativo es lo que ese buen hombre llama despiste, pues, sí, todo el mundo puede llegar a saber si las piernas de alguien son palitroques y sus nalgas escuálidas sin necesidad, afortunadamente, de quitarle el pantalón, como cualquiera puede saber lo que hay en la cabeza de Senabre sin abrírsela para mirar dentro.
En fin, puede creerme Ricardo Senabre que me divierten sus observaciones, y ya que va de confesiones inconfesables, también le agradezco en esta ocasión que escribiera de Ayer no más, aunque haya sido bien.

Instantánea que no guarda ninguna relación con la lectura de las reseñas de  Ricardo Senabre ni tampoco con sus clases en la Universidad de Salamanca, como cabría imaginar y podría dar a entender la Torre Eiffel.
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