30 de abril de 2013

Miseria y compañía

AYER ha llegado a casa Miseria y compañía, que recoge hechos de 2004. Supongo que en dos o tres días estará en las librerías.
¿Qué podré deciros de él, amig*s míos? 
No cambiaremos, y la ilusión es la cuerda sin la cual no da vueltas el mundo, nuestra peonza, nuestra pobreza.
Estos son algunos detalles exactos: tiene esta entrega 402 páginas, y las imágenes de la cubierta son dos radiografías de mi calcaño, tobillo, tibia y peroné rotos en un mal paso de 2004 y apuntalados desde entonces con ocho clavos, una larga aguja y una malla metálica (de ese infortunio se habla en este tomo, junto a otros hechos no tan torcidos), desmintiendo a aquellos que le reprochan a uno la falta de intimidad en esas páginas. Eso sin contar  con que "probablemente no haya habido nunca escritor alguno con tanto futurismo dentro", tal y como se declara en la solapa del libro.
Nada más, sino que deseo que encuentres larga y corta esta nueva entrega.


29 de abril de 2013

Siempre es tiempo para hablar de Pla

A Josep Pla, pese a los esfuerzos de tantas gentes, editoriales e instituciones, no se le quitará nunca la fama de escritor de minorías, lo que es en mi opinión también una gran suerte, porque con ello el lector que llegue de nuevas a su obra se llevará una grandísima alegría, y el descubrimiento le hará preguntarse: “¿Y cómo es que un escritor tan bueno apenas circula y apenas se le lee y, en el fondo, apenas se le estima?”. Ocurre algo parecido con Azorín o con Cunqueiro, autores además de extensa obra, como Pla. Eso, en cierto modo, contra lo que podemos pensar incluso aquellas personas a las que nos gustaría que se leyera más a Pla, a Azorín o a Cunqueiro, redunda en beneficio suyo, ya que no dejan de ser nunca en cierto modo una tierra virgen a la que sentimos llegar siempre por primera vez, sin el estorbo de los lugares comunes ni esas adehrencias antipáticas que se les van pegando a todas las obras de circulación masiva. Podemos por ello seguir hablando de él en voz baja, sin temor a malbaratarlo.

Para hablar de Pla en el último Salón del Libro de París fuimos convocados el señor Castellet, el señor Cercas y uno mismo, con ocasión de una nueva traducción de su famoso Cuaderno gris, pero aquello fue todo menos voz baja: flanqueados por los alaridos de un grupo belga de rock (aunque parecía más bien un grupo de rock belga) y un mago ruso al que se le morían las palomas antes de sacarlas de la manga, fue cada uno de nosotros hablando como pudo su garganta a un no menos reducido público francés.

El cuaderno gris es un libro publicado en la vejez de su autor, quien quiso hacerlo pasar por un diario de juventud, quiero decir que Pla, que desdeñaba las novelas, sucumbió a la tentación de novelarse a sí mismo. Es una rara mezcla de realidad y ficción, como acaso les suceda siempre a las grandes obras, mestizas por naturaleza. Cuando hace algunos años dijo uno que la literatura de Pla merecería haber perdido la guerra, estaba señalando con ello el modo en que se le discriminaba a su autor por haberla ganado, lo que llevó al Gobierno catalán, de paso, ya en la democracia, a negarle la famosa Cruz de San Jorge, distinción con la que, por otra parte, Pla se hubiera liado uno de sus atávicos  cigarrillos de picadura.

¿Qué encontrarán los lectores franceses en Pla?, nos preguntábamos. Desde luego a un afrancesado amante de Montaigne y de Proust, de Léautaud y de Stendhal, escritor este tan alejado de la Francia y de los franceses como para pedir que en su tumba se escribiera su nombre en italiano. Se encontrarán también los franceses a uno de los escritores más sutiles e irónicos, líricos y vagamente sentimentales que ha dado Cataluña, por lo que puede que se llamen a engaño creyendo que Pla es, en efecto, un escritor catalán. Tampoco es un escritor español. Por no ser, no es ni siquiera un escritor francés; le faltan para ser francés, español o catalán el chovinismo y la exaltación nacional, nacionalista. En ese sentido, qué duda cabe, el stendhaliano Pla es un catalán, un español y un francés mejorado. 
         [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 28 de abril de 2013]

28 de abril de 2013

Nombres

EN alguna de las libretas de hule negro andan un montón de nombres reales que no los superaría ninguna ficción, ni siquiera de Galdós, encabezados por Plácido Domingo (cantante de ópera y amante de la zarzuela), Máximo Cuervo (Director General de Prisiones en los primeros años del franquismo), y Armando Guerra (aquel publicista que escribió un tratado político al que tituló De re bellum). No los encuentro. 
La biografía reciente de Carrillo de Paul Preston nos recordaba otro gran nombre, el del camarada Amaro Rosal (en realidad Amaro del Rosal), y ayer en la Feria de libros viejos, se tropezó uno con un libro de este Heleno Saña, aún más significativo por figurar al frente de ese tratado. Porque es cierto que el título de un libro o el nombre de una persona y aun el de una bestia (qué bien puesto aquel Platero) no son nada, pero cuántas veces el nombre parece condicionarnos si no la vida, sí nuestra novela, esa que arrastramos con nosotros por dondequiera vamos.


27 de abril de 2013

Una foto y una gacetilla

HASTA hace unos años el pregón de la Feria de Libros viejos y de ocasión se hacía acompañar de una banda de música, vestida con uniforme de gala. La banda era de pocos y virtuosos maestros, por lo que tenía el aspecto de ser el mismo Ejército de Salvación, en acto de servicio. Cuando alcanzaba el presupuesto, ponían al lado unos maceros, o en su defecto, un par de guardias con casco plateado muy pomposo al que remataba un copete de plumas blancas. Aquello tenía carácter. Aunque los alcaldes fueran idiotas solían estar presentes y a cuenta de los libros viejos y los tiempos de antaño se ponían de lo más poéticos y dejaban aquello perdido de suspiros, que se pegaban a los zapatos como papeles de caramelo.
Pero nada es lo que era. La alcaldesa se quedó donde suela quedarse esa señora, el último de los maceros finó poco después del último verdugo y los de la banda tocan ahora, por separado, en el metro, según nos dijeron. Por la crisis.
Los únicos que en España tienen dinero todavía son los militares. Del Cuartel del Estado Mayor del Ejército, sito en el Palacio de Buenavista, próximo a Cibeles, salieron ayer estos mozos vestidos de soldaditos de plomo. En un primer momento se creyó que habían acudido para oír el pregón, pero se largaron en cuanto el semáforo se puso en verde, según Abelardo Linares, a dar un golpe de Estado. Puede ser. No obstante, no tenemos noticia de ello todavía, aunque en fuentes bien informadas se teme que todo se andará. Habrían salido ganando quedándose a oír el magnífico pregón del escritor Félix de Azúa, quien supo estar no sólo a la altura de las circunstancias, sino mucho más arriba, augurando al libro viejo un gran futuro toda vez que en unos pocos años dejará de imprimirse en papel.
Entre el público, algunos bibliófilos habituales, cada día más viejos y acabados; dos o tres poetas sin oficio ni beneficio; la ilustre comitiva; algunos curiosos y desocupados en cuyos rostros asomaba el alma rusa y un reconocido carterista que responde al nombre de "Calambres", quien aprovechando la natural alegría reinante  se hizo con la cartera de la Excelentísima Señora Margarita González González, Secretraria General Técnica del Cuerpo de Archiveros y Documentalistas de la Comunidad de Madrid, dependiente de la Consejería de Empleo, Turismo y Cultura y presente en el acto en representación de la Consejera Ana Isabel Mariño, de baja por faringitis. Según la policía a quien fue denunciado el hecho, el modus operandi de "Calambres" le lleva a quedarse el dinero y, por consideración a sus víctimas, abandonar la cartera en algún banco de la zona, bien a la vista, por lo que se ruega a quien encuentre la cartera de la Excelentísima Secretaria General Técnica, la devuelva al guardia más cercano. (El pobrecito hablador)

X, X, X, X, X, X, X y X en la Plaza de la Cibeles. Madrid, 26 de abril de 2013




26 de abril de 2013

Universo Fortuny

EN 1980 Guillermo de Osma publicó, en inglés, el libro que es antecedente del que ayer presentó en el Museo del Prado, Mariano Fortuny, arte, ciencia y diseño (Ollero y Ramos, madrid, 2013), y en 1988 montó una exposición en Madrid, de cuyo catálogo me ocupé yo. El que acaba de ver la luz es, pues, decantación de más de treinta años de investigaciones y pesquisas en torno a esa figura que fascinó a tantos contemporáneos suyos (guiados por Proust, en gran medida). 
Al volver ahora sobre esas páginas, reescritas o nuevas, hemos vuelto a sentir el deslumbramiento de un universo que tuvo en Venecia su epicentro. Osma lo reconstruye con la mirada de un arqueólogo, cuyo trabajo minucioso en su despacho conserva la pasión de las jornadas al aire libre, de donde proceden sus descubrimientos.
De las telas de Fortuny, cuyos diseños se siguen estampando cien años después, a sus célebres lámparas, pasando por sus pinturas, colecciones, inventos y decoraciones que ha ordenado aquí tipográficamente Alfonso Meléndez, todo en Fortuny nos habla de alguien que supo interpretar como nadie el misterio de esa ciudad, Venecia, que a punto siempre de hundirse en la laguna, parece resurgir de ella, como el Ave Fénix vestida con los plumajes suntuosos del ave del paraíso.


Mariano Fortuny a finales de los años 30, y en 1940

25 de abril de 2013

De vuelta

EN vuestro honor enciendo
el candelabro
de las luciérnagas.

* * *

Qué más da vino o sake.
Con la alegría
no recuerdan su nombre.

* * *

El infinito azul
se ha desplegado
en el papel de arroz.

* * *

Que nadie nos moleste
mientras contáis.
Tú, sol, guarda silencio.


Fotos: Guillermo Trapiello. Seto (Mar de Japón). 22 de abril de 2013

24 de abril de 2013

Lo breve, si junto, dos veces breve

SE hablaba aquí el otro día de los aforismos publicados en elcuaderno, revista gijonesa. Eran en realidad el adelanto del libro que acaba de aparecer, interesante desde muchos puntos de vista (el solvente estudio de José Ramón González sobre la aforística española, las noticias críticas que preceden a cada autor, la selección de aforismos y, para el conjunto del libro, la impecable elegancia tipográfica con la que ha sido editado). 
Siendo un libro muy recomendable (hay aforismos suficientes como para contentar a muchos) y a pesar de que echa uno de menos los de algunos autores que los han cultivado por extenso y muy bien (se me vienen a la memoria en primer lugar los nombres de José Luis García Martín o Felipe Benítez Reyes) y el de otros que aunque no tanto, por su forma de escribir los tienen por arrobas en sus escritos (es el caso de un agudo y brillante Fernando Savater o del irónico y no menos brillante Félix de Azúa), me veo obligado, por lo que a mí hace, a un breve comentario sobre mi inclusión en él.
El autor de la antología ha hecho (si me está permitido decir algo así a mí) una buena selección de El arca de las palabras, que es a su vez un libro, como bien dice él, de pie forzado, puesto que nació de glosar las palabras de un diccionario a lo largo de un año. Ciertamente la forma que tienen todas las entradas de ese libro mío guardan mucha relación con los aforismos (aunque no sólo: algunas pocas tienen que ver con las greguerías, otras son breves poemas en prosa o pequeños esbozos de memorias), pero el hecho de que todas ellas formen parte de un contexto, hasta el punto de que muchas de ellas no se entenderían sin las que les preceden, hace que se pierda ese sentido primero que tuvieron.
Le doy la razón al autor, a quien no conozco y al que agradezco de paso sus elogios: El arca de las palabras es un libro que antes pronto que tarde podría todo él antologarse, dada su extensión, pero sabiendo que en ese proceso el conjunto, de raíz poética, perderá lo que mantenía unidas esos miles de hojillas: el tronco y ramaje de la narratividad. 
Claro que siempre podrá venir alguien diciendo que más se perdió en Cuba, y tendría razón, pero sin estos zurcidos nuestros, la vida se parecería mucho más a la soleta de un viejo calcetín.

Pensar lo breve. Aforística española de entresiglos Antología (1980-2012). Estudio y selección de José Ramón González. Ediciones Trea, Gijón, 2013. 335 páginas.

23 de abril de 2013

Hoy

COMPARECE hoy aquí este raro impreso (regalo de Rafael Morales). Dos pliegos en gran folio sin coser, más portada (dibujada con sofisticación popular por Jesús Mier) y contra. El interior a imagen y semejanza de las revistas de JRJ (tipos ibarra), lo que tratándose de poemas de Jorge Guillén no deja de tener su aquel ("Tuya es la aurora, Jesús. / Mira cómo luce el sol / En un cielo de orange-juice", leemos aquí, y aunque no llega a aquel "Si vas a Londres / no te atolondres", no está tampoco mal). Cuidaron de la edición los poetas Francisco Pino y José María Luelmo, a quienes Guillén dedica esos poemas de Clamor que se imprimieron en Valladolid en una tirada de setentaicinco ejemplares. De esas pequeños asuntos hablará uno hoy a los alumnos de literatura de la Universidad Autónoma de Madrid. Algunos se preguntarán para qué hablar de papeles viejos a unos jóvenes que los mirarán acaso como miramos los papiros del Mar Muerto. Pero lo cierto es que los papeles viejos le dicen algo a todo el mundo, igual que las caracolas a quien quiera oír en ellas el mar, y lo dicen en una lengua universal, la que hablan las olas.


Jorge Guillén, Del amanecer y el despertar. Inicial por y para la poesía, Valladolid, 1956.

22 de abril de 2013

No queda otra

O la Iglesia cambia o desaparece, no queda otra. Al menos de Occidente. La noticia de que están a la venta seiscientos templos en la República Federal alemana le deja a uno pensativo. Ya habíamos visto en los últimos tiempos conventos, colegiatas, catedrales convertidos en salas de exposiciones o de conciertos. En Alemania han dado un paso más poniendo a la venta sus templos y capillas por la deserción de la feligresía o dispersión de la grey. Tanto la iglesia luterana como la católica pierden al año más de cien mil fieles cada una, lo que hace inviables muchos de estos recintos sagrados, convertidos ya en restaurantes,  centros comerciales o discotecas, es decir lugares donde probablemente se cometan algunos de los pecados capitales contra los que tiempo atrás se predicaba desde sus púlpitos. Y al paso que van las iglesias, lo estamos viendo, estas quedarán vinculadas únicamente al ramo de hostelería (comuniones, bodas y bautizos) o a los servicios funerarios. Fuera de esto los hombres y mujeres occidentales parecen precisar cada vez menos de Dios y de la mediación de sus sacerdotes. Por eso la elección de Bergoglio como papa ha sido, y acaso nunca mejor dicho, providencial.

¿Quién es este papa de nombre franciscano? Un jesuita. Los jesuitas tuvieron en el pasado, hasta fecha relativamente reciente, mala fama y dieron origen a un adjetivo terrible: jesuítico. En la actualidad el compromiso de muchos de ellos con los pobres y su solvencia intelectual cuenta con la simpatía de muchos que ni siquiera son católicos, entre los que me cuento. El estilo y el lenguaje de este papa es además de lo menos jesuítico. En sus  primeras  comparecencias ha dicho: “Las mortajas no tienen bolsillos” y “los curas, como pastores, han de oler un poco más a oveja”.  

La primera frase, atinadísima y de poeta vanguardista (parece una greguería), es una advertencia contra la codicia que parece regir nuestro mundo moderno. La segunda, casi humorística, reclama de los curas menos cuento. En una entrevista reciente hemos visto al filósofo italiano Giorgio Agamben, autor de “Alta pobreza”, reflexionar sobre la necesidad de encontrar un modelo nuevo, una alternativa a este capitalismo no por exhausto menos cruel: “Como se sabe, los franciscanos emprendieron su lucha contra el derecho de propiedad, haciendo uso de las cosas, no sólo sin ser propietarios, sino incluso sin ningún derecho de uso. Se trataba de reivindicar la posibilidad de una vida fuera del derecho”. En otras palabras, según Agamben “deberíamos pensar un concepto de forma de vida distinto de todos los conceptos de forma de vida que hemos pensado hasta ahora”. Agamben, igual que todos nosotros, ha visto cómo “el capitalismo es una religión, y los bancos son sus templos, pero no metafóricamente”, después de que “el dinero [se ha convertido] no en un instrumento destinado a ciertos fines, sino en un dios, [dando lugar] a una nueva religión monstruosa, totalmente irracional. La única solución europea es salir de este templo bancario”. Y desde luego que Agamben no propone salir de ese templo para volver a los otros, sino una sociedad en la que todos pudiéramos vivir un día sin templos, para lo que alguien como el papa Francisco podría ser, sí, providencial.
    [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 21 de abril de 2013]

21 de abril de 2013

De un día para otro

DE un día para otro se ha presentado la primavera. Que la primavera en el campo viene de cara siempre, es cosa sabida. Pero en la ciudad se mete un poco pegada a las paredes, como los conspiradores, de ahí que los versos de Machado vuelvan cada año a ser exactísimos: la primavera ha venido, nadie sabe cómo ha sido.

Arriba: Glicino (Padilla esquina Castelló). Abajo: Árboles del amor (Almirante). 19 de abril de 2013

20 de abril de 2013

Sueño y verdad

SI tanto le ha gustado a uno siempre el título de este libro, España, sueño y verdad, y, claro, lo que contiene, es porque su autora, María Zambrano, pone en el mismo nivel lo soñado y la verdad, como si la verdad incumbiera por igual a la ficción (El Quijote, Fortunata, Niebla, de los que se ocupa en él) y a lo real. Sí, la progenie del sueño y la verdad es lo verdadero, instancia superior donde remitimos los frutos más depurados de la razón y la imaginación humanas.
Y así, tomándolo de Zambrano, lo puso uno al frente de esa obra de la que se han publicado los dos primeros volúmenes, aunque no en orden cronológico: Las armas y las letras y Los nietos del Cid, a falta de Los modernos de antaño (el dedicado a las vanguardias) y La paz y la palabra (sobre la literatura que siguió a la guerra, dentro y fuera de España).
Por el sueño y la verdad trabajó ese crítico, Guillermo de Torre, de quien Domingo Ródenas ha preparado una antología para la "Obra fundamental" de la Fundación Santander, que presentamos en el más ultraísta de los escenarios (lo que fue la caja fuerte de un banco, sede hoy del Instituto Cervantes de la calle Alcalá) el propio Ródenas, Darío Villanueva y yo mismo. 
Ha titulado Rodenas esta antología De la aventura al orden y ha puesto al frente un gran prólogo, acaso uno de los mejores trabajos que puedan leerse hoy sobre ese crítico que todo lo leyó con entusiasmo, olvidando a menudo que de algunas cosas al menos había que escribir con escepticismo. Dejemos a un lado las aventuras torrésicas (JRJ habló de su Literaturas europeas de vanguardia como de una "especie de Guía de ferrocarriles de estaciones abolidas o inexistentes") y quedémonos con el ordenado Torres (el que reivindica Ródenas muy oportunamente) que hizo por la cultura y literatura en español lo que muy pocos, al frente de  una  editorial tan decisiva como Losada o impulsando otra más modesta, pero no menos ejemplar, esta colección de El puente (bautizada así por Ridruejo), donde apareció Sueño y verdad
Sueño de unificar las dos Españas (la colección publicó escritores de España y del exilio), y verdad de un empeño que llevaron a cabo siempre españoles de una tercera España, silenciados a menudo por ello por las otras dos, como este Guillermo de Torre.




19 de abril de 2013

El amigo Nigel

HA sido ayer un día tristísimo: de Escocia nos llegó la noticia de la muerte del amigo Nigel Dennis. Se ha ido con la mayor discreción, como vivió. A ninguno de nosotros, sus amigos, había dicho, propiamente, que la enfermedad que ha acabado con su vida en unos meses era tan grave, hasta que hace una semana se despedía por carta de Cuca Gaya, y en cierto modo, a través de ella, de todos: "No puedo centrarme en nada y no puedo pensar (...) Siento mucho apartarme de ti así".
No hace un año se publicaban en este almanaque unas líneas sobre él y su último libro.  En el diario El País se publican hoy estas otras, bajo el título "Nigel Dennis, hispanista, un aristócrata de intemperie":


No conozco a nadie que habiendo tratado a Nigel Dennis, aun de modo somero, no tuviera de él una opinión sin mácula. Digámoslo ya, entes de que el presente nos lance de nuevo al ruido de la vida: Nigel Dennis (Londres, 1949 - Saint Andrews, 16 de abril de 2013) fue, en todos los sentidos, intelectual, humano y personal, eso que Juan Ramón Jiménez llamó “aristócrata de intemperie”, “el hombre en que se unen –unión suma– un cultivo profundo del ser interior y un convencimiento de la sencillez natural del vivir”. Y así vivió una vida que hoy sabemos demasiado corta, dedicada al estudio de la literatura española más luminosa, que amó y difundió en universidades de países boreales y cielos encapotados con admirable ecuanimidad y un humor británico supremo. Fue acaso uno de los primeros en comprender, muy joven aún, que la reconciliación nacional pasaba antes o al mismo tiempo por una reconciliación literaria, y así le debemos dos de los mejores estudios que se le hayan dedicado nunca a Bergamín, amigo al que dilucidó de modo reiterado, y a Giménez Caballero, el rojo y el negro, consciente, por supuesto, de que en el rojo y el negro españoles se llegó hartas veces al castaño oscuro. Al estudio de estos dos vanguardistas heterodoxos les siguió el de muchos otros escritores e intelectuales de aquel tiempo de anteguerra, de guerra y de posguerra, que conoció como pocos, Díaz Fernández, Gómez de la Serna, Max Aub o Ramón Gaya, de quien preparaba en la actualidad el segundo tomo de sus obras completas. Estaba trabajando en él a distancia con Isabel Verdejo, viuda del pintor, y a ella le envió hace unos días desde Escocia las pruebas de imprenta y una carta de dos o tres líneas en la que él, que nunca confesó su enfermedad sino por elipsis, admitió no tener ya fuerzas para trabajar, sabiendo que ella se despediría en su nombre de todos nosotros, sus amigos, como sólo se despiden los sires en una obra de Shakespeare: “Siento mucho apartarme de ti así”. Se diría que pedía disculpas por las molestias que pueda traer consigo su muerte prematura. Así era él,  y eso fue todo.

A diferencia de tantos colegas hispanistas, convencidos de saber de los españoles más y mejor que los propios aborígenes, Nigel Dennis jamás quiso sentar cátedra de nada, cosa rarísima en un catedrático, habiéndolo sido él, por añadidura, de los más finos y en las mejores universidades del mundo: en el momento de su muerte era catedrático de Literatura Española en la elitista universidad de Saint Andrews, alma mater del príncipe Guillermo, y recientemente la de Cambridge, donde se doctoró, le había ofrecido un puesto docente.

Pues se diría que estaba en eso, en su estudio, principalmente de los escritores de la generación de “los difíciles”, averiguando cosas sustanciales: cómo la poesía y el arte mejoran la vida y cómo pueden salvarla, quiero decir, cómo podemos ser mejores, más fuertes y delicados, asuntos con los que raramente puede nadie hacer una carrera académica. “Toda la desdicha del hombre procede de no saber quedarse tranquilo en casa”, es una cita de Pascal que puso al frente del último de sus libros, una recopilación de escritos sobre Ramón Gaya, que presentó él mismo en Murcia no hace un año. Parece que lo estoy viendo, distinguido, inteligente, con la frente de un rey y la sonrisa de un estoico que no renunció ni a uno solo de los nobles goces de esta vida, diciéndose, diciéndonos estas palabras de Unamuno: “Obra como si hubieses de morir mañana, y si nos estuviese reservada la nada, haz que la nada sea una injusticia”.

Nigel Dennis en casa de Ramón Gaya, Madrid, 23 de mayo de 2012


18 de abril de 2013

Imprenta moderna

IMPRENTA moderna fue el nombre que rotuló muchos de los talleres tipográficos desde comienzos del siglo XX, si acaso no desde finales del XIX, y eso en todos los rincones de España, a menudo en los burgos más arcaicos y góticos imaginables. Siempre hay una modernidad a punto. Lo gracioso es que muchos de aquellos obradores tipográficos, encontrándose anticuados con el paso del tiempo, cambiaron de nombre, porque si algo se suele quedar viejo es la modernidad, por lo mismo que decimos que moda es todo lo que se pasa de moda.
Aquí van las pequeñas viñetas anunciadas ayer, encontradas en una imprenta de Trujillo, Cáceres, junto a la cubierta de uno de los libros de La Veleta, que decoró una de ellas, a la espera las otras de su salida al mundo.

Arriba: Libreta de los bocetos de La Veleta. Abajo: Cubierta de El perfecto pescador de caña, de Izaak Walton, La Veleta, 2000



17 de abril de 2013

Tipografía franco-española

ESTA es exactamente la clase de cubierta que explica bien lo que uno ha querido decir cuando hablaba de tipografía de pobre o de las imprentas provinciales. No es posible mayor sobriedad ni tipográfica (una tinta sobre un papel corriente) ni tampoco mayor finura: en pocos libros se verán los ecos de la tipografía romántica adentrándose en el jardín de la tipografía modernista. Yo la encuentro modernísima, como hecha ayer.
La viñeta que adorna la cubierta formaba parte de una familia frecuente en los chibaletes decimonónicos, golondrinas, monos, gatos, lechuzas, niños, y con ellas se adornaba toda clase de escritos (papel de cartas, folletos comerciales, recordatorios). Mañana se traerán aquí unas cuantas que imprimí en una tarjeta de visita hace muchos años, que pertenecían a una imprenta de Trujillo que ni siquiera sé si existe aún. 
La de este libro en octavo, un cazador y un perro, parece guardar poca relación con el contenido, y sin embargo no deja de recordar el carácter venatorio y predatorio de muchos donjuanes. Me gusta tanto, que de haberla tenido a mano la habría puesto uno al frente de El perfecto pescador de caña, de Walton, que salió en La Veleta; en esta se veía a un pescador fumando una pipa y sentado, con su caña, proveniente también de las cajas trujillanas.




16 de abril de 2013

Se calientan ellos solos

AYER Alfonso Meléndez, siempre fino, me envió este enlace para que me solazara un poco el lunes.
Y es cosa sabida que el Quijote ha llevado la locura a muchos, tanto o más que los libros de caballerías a don Quijote. 
Yo he conocido a uno que vino a traerme un voluminoso tratado donde probaba que el Quijote no era sino un libro escrito en clave contra la Compañía de Jesús, y otros con teorías tan peregrinas que habrían merecido ser falsadas, por lo bonitas. 
Pero acaso ninguno gana a este bendito Jordi Bilveny, que no se para en barras, y después de dejar muy demostrado años atrás que Cristóbal Colón era catalán, haciendo rabiar al benemérito erudito gallego que recientemente dejó sentada de una vez por todas la cuna del descubridor en Betanzos (¡qué poco duran los tronos!), ha llegado ahora a una conclusión que no dudamos pondrá patas arriba la filología: el Quijote es traducción de una obra catalana de Joan Miquel Servent. Claro que como no hay fiesta sin octava, de paso Jordi Bilveny (¡y tan joven!)  nos recuerda que el Lazarillo fue igualmente obra catalana de un valenciano, Juan de Timoneda.
Y en estas estamos. Habrá quien crea que tales frenesís son fruto del nacionalismo exacerbado. No lo comparto: recuérdese que de Cataluña han venido los últimos cincuenta años las páginas más hermosas y sagaces sobre el Quijote y Cervantes, y se las debemos a Martín de Riquer, quien suele decir, como acaba de recordarme su amigo Jaume Vallcorba: "Pronto nos sonaremos con las orejas". 
Por lo que yo entiendo, esto tiene que ver más con aquella célebre canción asturiana o bilbaína, siempre que Bilveny no diga que se trata en realidad de una sardana camuflada, en cuyo caso no hay más que hablar

                                           Pa calentar las mulleres
                                           ya no hace falta carbón (bis),
                                           se calienten ellas solas
                                           viendo jugar al balón.
                                           
                                           Viendo jugar al balón
                                            también me caliento yo,
                                            etc.

Muñecas rusas en una tienda de la rue Bonaparte de París, marzo de 2013

15 de abril de 2013

Todo lo ignoramos entre todos

NO se puede generalizar, pero la base del éxito del demagogo suele estar en las generalizaciones caramelizadas en el halago.  Un conocido columnista compartía con unos colegas hace años algo que, aseguraba, le había proporcionado a él magníficos resultados: “De vez en cuando hay que dar grandes bombos a colectivos públicos y controvertidos: médicos, jueces, funcionarios, sin olvidar, claro, a las mujeres [qué tuvieran para ese hombre de “colectivo público y controvertido” las mujeres es cosa que se me escapa]... Alguno de esos artículos pueden repertoriarse cada dos o tres años, por ejemplo el de los maestros y profesores; el sufrido cuerpo de enseñantes, al ser muy leído [?], lo agradece mucho, y pagará el favor comprando nuestros libros”. 

La verdad no suele ser escandalosa ni amiga del escándalo, y por esa razón no sabe uno cómo abordar una noticia que debería haber paralizado nuestro país. La recojo tal y como apareció en los periódicos: “El 86% de los aspirantes a una plaza docente en Madrid no pasó la prueba de conocimientos. El test incluía preguntas que deben responder alumnos de doce años. ¿Por qué provincias pasan los ríos Duero, Ebro y Guadalquivir? Apenas el 2% de aspirantes respondió correctamente. ¿Cuál es el equivalente en gramos a dos kilogramos y 30 gramos. El 93% no supo trasladar esta unidad de medidas. El 86% de los 14.110 aspirantes suspendió la prueba)”.

Con muchas de las respuestas de l*s aspirantes, plagadas de faltas de ortografía y rayanas en el surrealismo, reímos por no llorar (para algunos el Ebro, el Duero y el Guadalquivir pasan por Madrid, y hubo quien, al pedírsele la definición de “escrúpulo”, escribió: “Atardecer”; y de “disertación”: “Dividir una cosa en partes más pequeñas”). Pasado ese primer momento de desconcierto hilarante, nos preguntamos sumidos en el mayor abatimiento: ¿qué hemos hecho mal para que haya sucedido esto? Nos resulta difícil comprender que alguien que ama su trabajo muestre tanta inopia, tanta desidia, tanto descuido en él. ¿Imaginamos lo que sería un cirujano que confundiera el bazo con el hígado? Sí, no podemos generalizar, pero el 86% está más cerca del 100% que del 50%, justo medio. “Todo lo sabemos entre todos” son palabras de Giner de los Ríos que se han recordado aquí alguna otra vez. Él y sus amigos de la Institución Libre de Enseñanza revolucionaron la enseñanza en España mediante el amor al conocimiento y la libertad de cátedra. Pedían mucho a sus maestros a cambio de casi nada, porque poco más podían ofrecerles que un sueldo mísero (“pasar más hambre que un maestro de escuela”, se decía): sacrificio, dedicación, delicadeza, paciencia, estudio fueron cualidades de los institucionistas que acaso no hubieran podido  llevar a cabo su misión sin una firme vocación docente. Esa que no parece adornar a los aspirantes a maestros ni acaso a quienes dieron por buena su preparación permitiéndoles presentarse a esos exámenes ni a una sociedad que ante tal fracaso se encoge de hombros, indiferente a la suerte que espera a nuestros niñ*s y que parece decir incluso jactanciosa: “Todo lo ignoramos entre todos, ¿y qué?”.
     [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 14 de abril de 2013]

14 de abril de 2013

Salir en bragas

PARA mí no es más que un cartel del Teatro Infanta Isabel, ese lóbrego bostezo de la calle Barquillo por delante del cual lleva uno pasando de largo treintaicinco años.
Del cartel no se sabe qué llama más la atención: el título (para mí incomprensible: ¿quiere sugerir acaso "Sóbala"?), el que la función lleve ¡10 temporadas!, esa mujer anafrodisiaca o el reclamo, en amarillo sobre rojo. Este último nos lleva a pensar en el audaz mundo de la publicidad, excitado y enardecido a menudo por su propia Brainstorming, pues resulta patente que es esa temeraria e imprudente aclaración, "salgo en bragas", la que acabará por disuadir al más valiente. Y claro que no se nos escapa en tal aviso la solapada crítica a esta sociedad epiléptica que necesita reclamos escandalosos para mover a la gente, pero a la gente no hay que moverla o movilizarla a golpe de descargas más o menos eléctricas ("sustos baratos" los llamaba Gaya), sino persuadirla para que se quede en casa, sosegada y en silencio, leyendo, por ejemplo, un buen libro.


13 de abril de 2013

Lo lejano

NOS gusta mirar fotografías del pasado, aunque no sepamos con exactitud de dónde son ni de qué tiempo. Acaso por ello mismo nos resultan más fascinantes. Esta, encontrada hace años en el Rastro, representa a unos turistas en algún país del Norte de África, tal vez en Egipto. El hecho de que ni siquiera sea nítida parece redoblar la poesía en que nos llega envuelta esa escena, tal y como entendía el aura Benjamin,  como la "irrepetible aparición de una lejanía".
El misterio que envuelve a esas figuras, desaparecidas de la faz de la tierra hace ya mucho, es grandísimo. Nos decimos: apenas son ya otra cosa que las sombras que vemos en primer plano. Cuánto silencio, qué extraña quietud. Se diría que en cuanto se suban a esos camellos desaparecerán de este mundo, atravesando el desierto como si fuese la laguna Estigia. Y algo de la gravedad de ese minuto nos alcanza en lo más hondo, tal y como sintió el pintor ruso Iliá Repin: "Lo lejano es lo íntimo".


12 de abril de 2013

Desde Hakone

EL Gobierno de Japón ha desplegado lanzaderas antimisiles en las calles de Tokio ante las amenazas del norcoreano Kim Jong Tercero, mientras nuestros dos jóvenes pasean por Tokio inadvertidos, felices, sin deshacer su abrazo. Es la historia del mundo. Siempre hay un pájaro que canta al otro lado del muro, el olor del jazmín cruza sin trabas la alambrada. 
Sin trabas nos llega esta imagen del Fuji. Para ellos el monte desplegó su cumbre, como una bandera, a modo de bienvenida; también las nubes.

Hakone, Monte Fuji. 10 de abril de 2013.



11 de abril de 2013

En pequeñas dosis (y 2)

DECÍAMOS ayer que el aforismo era un atajo y también la navaja de Ockham. En tal sentido no es ocioso añadir que un aforismo es la línea más corta entre estos dos puntos: la poesía y la prosa. Y que en un aforismo ha de arder más de una llama, como en aquel famoso candelabro de los siete brazos con el que Cansinos-Assens entró en el vasto castillo de la literatura.
Completamos aquí, pues, la selección de la selección de elcuaderno, con algunos aforismos memorables, sin ir más lejos este primero: 

ESCRIBIR lo que no se sabe de la mejor manera que se sepa. (Carlos Pujol)
* * *
A fuerza de adelantarse a todas las vanguardias uno puede acabar pasándose al enemigo. (C.P.)
* * *
TODA virtud sólo es auténtica cuando se esconde. La mujer del César no sólo ha de ser buena, tampoco ha de parecerlo. (Eugenio Trías)
* * *
SI no hay salidas hacia afuera: hacia adentro. (Andrés Ortiz-Osés)
* * *
EL ingenio es una trampa en la que están deseando caer todos los tontos. (Enrique Baltanás)
* * *
LOS relojes de arena deberían serlo de ceniza. (E.B.)
* * *
NO ser hombre de una sola idea: de demasiadas, tampoco. (E.B.)
* * *
TODO lo que no es inocencia es ignorancia. (José Luis Gallero)
* * *
EL silencio es un plagio del universo. (Rafael Martín)
* * *
DESCALZO, uno crece a su altura. (Carlos Marzal)
* * *
ESTAR muerto de miedo no es lo contrario de estar vivo de milagro, es lo mismo. (José Mateos)
* * *
DIOS es tan humilde que ni siquiera existe. (Rafael González Verdugo)
* * *
QUIEN se engaña a sí mismo miente a todo el mundo. (R.G.V.)
* * *
MUCHO más sentido tiene un hombre sin Dios que un  Dios sin hombre. (Camilo de Ory; y  recordar a este propósito el aforismo de JRJ citado ayer aquí)
* * *
LOS finales infelices son menos finales. (C. de O.)
* * *
EL futuro ensaya en la memoria. (Andrés Newman)
* * *
CUÁNTO debemos crecer para pasar inadvertidos. (Erika Martínez)

Calle de los Rosales, París, 24 de marzo de 2013

10 de abril de 2013

En pequeñas dosis (1)

QUE los aforismos sean pensamiento en dosis pequeñas, no quiere decir que sean insuficientes ni pequeños. Al contrario, cada aforismo debería ser, en el terreno del pensamiento, una navaja de Ockham. El aforismo, si no es un atajo, no lleva a ninguna parte, aunque con frecuencia tampoco acabe de llegar nunca. 
Breve: la muy cuidada tipográficamente revista elcuaderno, de gijón, acaba de dedicar unas páginas al aforismo español contemporáneo. Cincuenta autores de cada uno de los cuales se publican cinco aforismos. Van a continuación algunos escogidos; mañana el resto:

EN el estanque de la tradición croan muchas ranas perezosas. (Cristóbal Serra)
* * *
EL narcisismo empaña los espejos. (Carlos Edmundo de Ory)
* * *
SI Dios no existe no se lo perdono (C.E. de O.; este recuerda el de JRJ: "Si Dios existe, yo soy inmortal; Si no soy inmortal, Dios no existe. Váyase lo uno lo por otro")
* * *
LA imaginación, una esponja del infinito. (C.E. de O.)
* * *
PARA serlo del todo, los padres tienen que estar muertos. (Vicente Núñez)
* * *
O eres más de uno o no eres ninguno. (Antonio Fernández Molina)
* * *
LO más sospechoso de las soluciones es que se encuentran siempre que se quiere. (Rafael Sánchez Ferlosio)
* * *
(DÍAS) Los días felices los pone allí el recuerdo. Por eso son tan tristes. (R.S.F.)
* * *
EL origen de la niebla está en el pensamiento. (Rafael Pérez Estrada)

Abacería de la Calle de los Campillos, París, 26 de marzo de 2013





9 de abril de 2013

Una guía

ACABA de publicarse Madrid 1936-1939. Una guía de la capital en guerra, de Fernando Cohnen (Ediciones La Librería, Madrid, 2013). 
No está en mi propósito hablar de este interesante libro en el que, dicho sea de paso, no he visto por ningún lado rastros del extraordinario Madrid-Moscú de Carlos García-Alix, antecedente claro del de Cohnen, quien debería acaso aficionarse a reconocer los préstamos.
Únicamente hablaré del prólogo, obra del sindicalista Nicolás Sartorius. 
Dice este no estar de acuerdo "ni mucho menos, con la actual tendencia de algunos autores de establecer una especie de equidistancia entre ambos bandos respecto a los desmanes que cometieron o lo que es lo mismo, considerar que como se perpetraron barbaridades en ambos lados, todos fueron igualmente culpables y, en consecuencia, la razón estuvo entre aquellos que se mantuvieron neutrales y no quisieron participar en tamaño desastre. La que se ha venido en llamar la tercera España, es decir la que se quitó de en medio cuando comenzaron las hostilidades..."
Vamos de acuerdo: los bandos no son equiparables, sólo los asesinos y quienes amparaban o alentaban sus crímenes. En ese sentido el papel y las responsabilidades de Pemán alentando los asesinatos en la retaguardia no son muy diferentes de las de Rafael Alberti y la redacción de El Mono Azul, que aquél dirigía, jaleando los paseos y la "limpieza" revolucionaria. Que yo sepa ni uno ni otro pidieron perdón a las víctimas ni asumieron sus responsabilidades. Uno, porque ganó la guerra; el otro, porque la perdió.
Y no se sabe de dónde se ha sacado Sartorius que los que apoyaron la tercera España fueron los que "se quitaron de en medio". ¿Quiénes? ¿Cernuda, Ramón J. Sénder, Barea, Rosa Chacel, Chaves Nogales, Clara Campoamor, Juan Ramón Jiménez, los brigadistas intelectuales que se pasearon por la retaguardia y se fueron a las pocas semanas, los participantes del Congreso de Intelectuales Antifascistas?
Insiste Sartorius también en la tesis de Viñas, Preston y otros historiadores: no son equiparables los asesinatos de uno y otro bando por ser los de los sublevados "una sistemática eliminación" propiciada desde el alto mando, o sea "desde el poder", mientras que los de los republicanos "no contaron con el apoyo o el aval de las autoridades legítimamente elegidas". Dejando a un lado la creación de los "tribunales populares", una especie de patentes de corso para la "justicia revolucionaria" timbradas por el Gobierno, tiene razón Sartorius: el "poder" republicano no pudo avalar la represión en la retaguardia... porque no era tal poder: el gobierno legítimamente constituido fue deslegitimado por las fuerzas revolucionarias (Cnt-Fai, Pce, facciones radicales del Poe, incontrolados), el "verdadero poder" (no sólo en el caso de las checas que mantuvieron abiertas los partidos políticos de izquierda, sino en el de la represión de los poumistas, víctimas a un tiempo de fascistas y comunistas, estos últimos, sí, "verdadero poder" de la República).
Pero acaso el tono ligero de ese prólogo, o si se prefiere, el calado que la ficción ha hecho en la memoria de las gentes, lo da esta frase de Sartorius, a propósito de Casa Manolo, una tasca de la calle Jovellanos, "frecuentada durante la guerra por políticos y literatos, entre los más fieles Pablo Neruda". "Durante la guerra" a Neruda no debió de darle mucho tiempo de frecuentarla, porque como es sabido dejó Madrid a los pocos días de empezada, cuando cayeron las primeras bombas, dejando desamparado el consulado de Chile en manos de Morla Lynch, que salvó la vida de miles de madrileños. O sea, que fue también uno de los que "se quitaron de en medio". 
Sólo una aclaración más: en el libro que prologa no se dice jamás que Neruda frecuentara "durante la guerra" esa taberna; eso sólo se debe a la fantasía de Sartorius, que leyó lo que quería leer, acaso lo que llevaba impreso en su "memoria histórica", sin duda para contribuir así con su granito de arena a la gloria del poeta chileno y a la épica, porque "la ficción" sigue trabajando por su cuenta, al margen de la realidad.


Manifestación del 1º de mayo de 1936. Gran Vía Madrid (foto cortesía de C.G.-Alix para Las Armas y las Letras, 2010.

8 de abril de 2013

Disparadero español. Tres maneras de no decir lo mismo

HABLAMOS una lengua que nos permite matices sutiles. La persona habituada a ellos los percibirá de inmediato. En la frase “hemos llegado hasta aquí” advertirá el grado de esperanza que hay  tanto como el recuerdo al camino, seguramente no fácil, que hubimos de recorrer hasta encontrarnos en este punto, algo parecido a esto: “ciertamente lo hemos pasado mal, hemos trabajado, sufrido, peleado, pero nada ni nadie ha conseguido detenernos ni acabar con nosotros, y aquí estamos, aquí seguiremos y, si hemos llegado hasta aquí, nadie tampoco va a detenernos ahora, seguiremos trabajando, peleando, sufriendo, porque la meta que nos hemos señalado merece la pena y todos los esfuerzos, trabajos y penalidades”. Es por tanto una frase esperanzadora, todo lo contrario de esta: “hasta aquí hemos llegado”. Son las mismas palabras en otro orden, pero qué distinto lo que significan.

Es lo que dijo una gran cantidad de españoles en torno al 15M, hartos de muchos males que aquejaban a este país y que parecían arrastrarse de muy lejos. ¿Será necesario hacer la lista? Banqueros que se llevaron, primero, los ahorros de millones de gentes modetas y a continuación volatilizaron los fondos no menos millonarios con los que el Estado quiso socorrerlos; políticos corruptos en todas las bandas, ancha y estrecha, analógicos y digitales; empresarios defraudadores a cuatro manos, como músicos virtuosos; ladrones por todas partes que recuerdan el título de aquella tragedia de Rojas Zorrilla (Del rey abajo, ninguno), solo que al revés; curas y obispos, ruidosos y escandaleros en cuestiones que no atañen sino a la conciencia de cada cual, callados ahora ante la corrupción y el latrocinio de aquellos que más los favorecen, callados, digo, como... Yo mismo he estado a punto ahora de dejarme llevar por la indignación, y emplear la mala palabra, a tal extremo nos lleva el ver cómo se ha abusado de nuestra buena fe, de nuestro trabajo, de nuestra inmejorable disposición para apencar con males que otros han provocado, no nosotros, haciendo sacrificios colosales (reducción de salarios, paro, recortes en sanidad o enseñanza, empobrecimiento general de la población) que no parecen estar dando el menor resultado, pese a las reiteradas palinodias de nuestros gobernantes. Extenuante. De modo que si en “hemos llegado hasta aquí” alienta aún la esperanza, alegre por definición, en “hasta aquí hemos llegado” nos abruma la desesperación, siempre tenebrosa: nadie sabe adónde puede llegar una multitud desesperada. Y así estamos, viviendo todos entre una y otra frase, entre la esperanza y la desesperación continuas. Pero cuando creíamos que nos habituaríamos a este estado de cosas, el lenguaje quiere llevarnos un poco más lejos, y sin cambiar apenas una palabra, formula nuestro estado de ánimo de modo más radical y terminante.

Ese es el punto en el que la gente puede llegar a decir: puesto que “hemos llegado hasta aquí” y nadie se dio por aludido cuando dijimos “hasta aquí hemos llegado”, se acabó todo, basta de comprensión y paños calientes, basta de este degüello: “hasta ahí podíamos llegar”. Es el peligroso punto que Bergamín tituló con tanta maestría como irresponsabilidad: Disparadero español.
       [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 7 de abril de 2013]

7 de abril de 2013

Había pensado

HABÍA pensado dejar descansar a los lectores de este almanaque los domingos, pero al no advertirlo, ha habido en el mundo un clamor popular (que diría LMÁnson) de gentes que vienen preguntando a lo largo del día, al no hallar aquí la hoja correspondiente, si había sucedido algo que lo hubiese estorbado. Nada, amig*s. Pero en vista de ello, volveremos a la costumbre, y aun con retraso, sirvan estas líneas, un aforismo y una foto, en un día en que leo (esquela de Bigas Luna) esto del poeta Joan Brossa: "El silenci és l'original, les paraules són la cópia".
* * *
EL primer arranque surrealista de los tiempos modernos fue, a mi modo de ver, llamar a alguien “Toro sentado”.

Autorretrato de los barcos, chez Alice. Paris, 25 de marzo de 2013



6 de abril de 2013

La línea 6

                                                                                                       Para Monika y JMBonet

EN la línea 6, que va de Nation a Étoile, entre las estaciones Bir-Hakheim y Passy, el metro cruza el Sena. Lo hace en unos segundos, menos aún de lo que tarda en recorrer una gota de lluvia el cristal del vagón. Luego, si acaso, quedará una imagen del color de los recuerdos, que no es ni el blanco y negro de las leyendas ni el resplandor de las candilejas, sino más bien ese lugar incierto donde los paseantes permanecen parados como la torre Eiffel, y en el que la torre Eiffel se aleja lenta, inevitablemente como esos paseantes.

París, 23 de marzo de 2013

5 de abril de 2013

Señalar con el dedo

"FEIJÓO cree que la difusión de las fotos [en las que se le ve con un contrabandista y narcotraficante, amigo suyo cuando era ya lo uno y lo otro] busca truncar su carrera". Desde luego, no pensaría Feijóo que difundiéndolas se buscaba promoverle al premio Nobel. Si los políticos están tan desacreditados es precisamente por querer pasar las obviedades más grandes como cogitaciones meditadísimas. Hace un rato, otra política, la ministra Ana Pastor, por lo demás una señora bastante sensata cuando habla, dejó de serlo hace unas horas cuando, saliendo en defensa de Feijóo, compañero suyo de Partido y amigo, declaraba en la radio que este, "le conozco y sé que es una persona honorable", le merecía todo el respeto, al tiempo que denunciaba como intolerable esa manera de "señalar con el dedo". ¿Con qué, si no, hemos de señalar? Para eso está el dedo (los periódicos, los fotógrafos, la policía, los inspectores de hacienda o de trabajo, los jueces): para señalar. Si no se señala, ¿quién repararía en las fechorías y trapacerías solapadas, en las ocultas, de Bárcenas, de los duques, del rey, de los bandidos? No, no está mal señalar con el dedo; está mal el señalar mal; pero señalar bien, ¿va a estar mal? Es lo primero que aprende a hacer un niño, después de hablar, decir: "mira", llevando su ojo en la punta del dedo. Y el gobierno: "La imputación [de la infanta Cristina] no beneficia a la marca España". Gran cogitación también. Uno, que es y se siente España, no se ve perjudicado por esa imputación. ¿No sería más apropiado hablar de la marca Borbón o de la marca monarquía? Porque España sin reyes sigue siendo la marca España, pero este rey y sus sucesores, sin España, se quedarían sólo en ciudadanos borbones, sin que con ello estemos pidiendo aquí la república (y recordar aquí aquello de que "se puede llevar una corbata fea, pero sabiéndolo").
En fin, se ve que por contagio de los políticos acaba uno también repitiendo las mayores obviedades.

Las Viñas, 3 de abril de 2013. (Nota sobre las fotografías: no tienen que ver nada con el texto al que acompañan, si siquiera un alegórico "cuando el río suena, agua lleva"; vienen aquí como otra obviedad más: la primavera)

4 de abril de 2013

La quilma

HACE unos días mi madre, noventa años, envío a sus nietos, como acostumbra, un pequeño paquete con golosinas y otras vituallas leonesas. En el envío incluyó tres pañitos y una nota en la que aclara que la tela provenía de una quilma de su abuelo, por tanto mi bisabuelo, en la que su mujer (mi bisabuela), que había lavado e hilado el lino con el que ella misma tejió esa tela, había bordado también en ella sus iniciales, AT (llevo su mismo nombre y apellido), con el fin de que se distinguiera de otras quilmas cuando estuviese en el molino. Que la quilma haya llegado hasta hoy no tiene ningún misterio, si se conoce a mi madre. Convencida de que a estas alturas de su vida y del mundo será poco probable que la quilma vuelva a ningún molino, se decidió a descoser sus costuras y trocearla en mantelitos a los que ha añadido esas puntillas y en los que ha bordado esos pájaros y hojas verdes, casi cubistas: "La quilma; para que sirva de reposacabezas o lo que queráis". Como no le gusta tirar nada, en la nota incluyó unos hilos blancos: "Con estos hilos mi abuela cosió el cierre del saco por arriba; los laterales me costó trabajo cortar puntada por puntada. En La Vega a mí me tocó arrancar un año lino. Todos estos hilos son de lino".
Hay en todo ello una poesía... inconsútil: el tiempo que se ha conservado aquella quilma en un armario, testigo de un tiempo remoto, extraño; los hilos blancos de las costuras; esas dos iniciales alcanzando las mías; las viñetas bordadas; el recuerdo de una vida en la que las cosas eran sagradas, como el pan... 
El pan... Recuerdo que todos lo besábamos, niños y adultos, cuando por accidente se caía al suelo, antes de dejarlo de nuevo en la mesa.

Laura Trapiello, paño bordado. León, 2013