31 de diciembre de 2013

Retornos de lo vivo lejano

HACE ya un año que JMBonet dejó Madrid por París, a donde ha ido, entre otros menesteres, como Cónsul del Campillo del Mundo Nuevo en Vanves y Brassens, y de allí vienen periódicos y preciosos alijos. Del último, este librito, en el que nos encontramos con esa fotografia, de Pierre Boucher, que se diría de 1868, pero que es de casi un siglo después, 1935, cuando ya los cuatro jinetes de la vanguardia arrasaban el mundo. 
Conmueve la mirada que ve un pasado remoto, no por lo que tiene de remoto como por lo que tiene de vivo: retornos de lo vivo lejano, diríamos con el juanramoniano verso de Rafael Alberti, cada vez que la memoria nos lleva a lugares donde no habíamos estado nunca, pero que recordamos al verlos por vez primera..


30 de diciembre de 2013

El champán, el cava y la gaseosa


CADA uno de los artículos que lees, al menos los que uno escribe, tiene su pequeña historia. La de este es la de su fracaso. Lo único que ha quedado del antiguo es el título, “El champán, el cava y la gaseosa”. Siendo el último del año pensó uno al principio en un arqueo, una especie de recuento, pero estando en estas fechas, me dije, estaría bien que fuese algo que pudiese leer todo el mundo con una sonrisa; más que un recuento, que podría salir amargo, un cuento de Navidad. 

Para el recuento contaba con dos frases archicitadas en estos tiempos, una  de Eugenio d’Ors (“Los experimentos, con gaseosa”) y otra de El Gatopardo (“Algo tiene que cambiar, si queremos que todo permanezca igual”). ¿Quién dejaría pasar de largo, precisamente ahora, dos primores así? Ni que decir tiene que al rato el artículo se me había elevado a tales cumbres, que tuve que echar mano del  Coloquio de los perros y aun del Quijote:  "Llaneza, muchacho", que “todo esto es predicar”, y lo dejé. No me pesó, porque yo sé que empieza uno predicando y acaba poniéndose estupendo y diciendo frases como esta, de un ilustre colega, que parece estar pidiendo a gritos la glosa: “La vergüenza que el actual Gobierno nos causa es mucho mayor que la vergüenza que nos provocaba el franquismo”. Nada de sátiras, pues, me dije, estamos en Navidad, y tampoco le costó a uno seguir su camino siguiendo el de Cipión, que le explicaba a Berganza que era difícil cosa el no escribir sátiras, por lo que le aconseja que en ellas, al menos, “señales y no hieras ni des mate a ninguno en cosa señalada: que no es buena la murmuración, aunque haga reír a muchos, si mata a uno; y si puedes agradar sin ella, te tendré por muy discreto”. ¿Y quién  no querría ser discreto, al menos en Navidad? Gracias por el consejo, Cipión amigo; adiós, adiós, predicadores.

Pero esto trae el querer ser discreto, que se encuentra uno libre, ocioso y ligero, pero desprovisto de artículo. Anduve un par de días caminando sin rumbo, también yo como un perro del arrabal, hasta que tropecé con esta frase en el blog de un amigo: “Ten cuidado con lo que haces. Los pequeños favores pueden ser devueltos; los grandes sólo pueden ser vengados”. Según Plutarco, se lo dijeron a César poco antes de los idus de marzo. Me acordé al punto de aquellas sociedades arcaicas, estudiadas por Marcel Mauss hace casi un siglo en su Ensayo sobre el don, don o regalo. En ellas no existía la deuda, todo se regalaba, y cuanto mayor era el rango y la dignidad de la persona, mayores y más frecuentes eran sus dádivas, quiero decir que quien más daba, más tenía y en mayor consideración se le tenía por ello, siendo así su rey quien más generoso podía ser con sus paisanos. ¿Nos atreveríamos hoy a llamarlos primitivos? ¿No vivían en un perpetuo cuento de navidad, sin cuentas ni recuentos? Entre nosotr*s: siendo el último del año, me habría gustado darte más de lo que hoy te doy, harapos de un artículo escrito a la intemperie. Es Navidad: que cada cual brinde con lo que tenga a mano, champán, cava o gaseosa. Personalmente creo que el champán, y aun el cava, están sobrevalorados. Pero lo importante hoy son las burbujas; en las burbujas todos podremos ponernos de acuerdo.
    [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 29 de diciembre de 2013]

29 de diciembre de 2013

2013

EL proyecto fotográfico que han desarrollado Jonás Bel y Rafael Trapiello durante 2013 toca a su fin. 
Hoy, domingo, a partir de las 12:00 se publicará este, hecho hace unos días en Las Viñas. Junto a él se publica el que le hice con mi móvil a Rafael y a Ana, mientras me cuadraban.
Como a los demás retratados, también se me pidió que expresara de forma sucinta mi opinión sobre este año que termina, y esto es lo que yo escribí:

"Nunca ha habido una noche tan larga que haya dejado sin aurora al mundo".





28 de diciembre de 2013

Madrit, Madrit, Madrit, en Barna se piensa mucho en ti

AL fin un poco de cordura. Porque el modo de proceder del gobierno catalán ha estado por primera vez en muchos meses a la altura de aquella dichosa edad que rememoró don Quijote a los cabreros. 
Según ha informado Carles Viver Pi-Sunyer, a los señores Joan Martínez y Ceferino Ribagorda, miembros del Consejo Asesor para la Transición Nacional, "se les ha retirado la confianza" y han dejado toda responsabilidad en dicho Consejo. La decisión se ha tomado por lo que el señor Viver Pi-Sunyer considera una "falta grave" y "dejación de derechos históricos" al presentar esos señores como "una recomendación del Consejo que el Barça y el Espanyol sigan jugando la liga española", cuando la aspiración y el derecho histórico del pueblo catalán y del independentismo catalán y catalanocharnego son exactamente los contrarios, según recoge en sus recomendaciones dicho Consejo, a saber, que "el Real Madrid y demás equipos españoles de primera división puedan jugar en adelante en la liga nacional catalana de fútbol".




27 de diciembre de 2013

Compañero camarada Carlos Pérez


TE saludaba siempre con un “camarada” en el que sonaba toda la ironía del mundo, incluso las ilusiones perdidas, pero en ese camarada, que en los últimos años escribía con k, jamás dejó de oírse la fe en el hombre nuevo, no el hombre nuevo de los viejos totalitarismos comunistas, sino el hombre nuevo de los sueños sempiternos del hombre justo. En cuanto a sus sarcasmos y sátiras puede decirse que eran candorosas porque, como decía Cervantes, no buscaron jamás daño a terceros.
Los amantes de la tipografía le debemos mucho, aportaciones colosales, como sus trabajos sobre Ámster, o mínimas, pero no menos decisivas, como la autoría del célebre cartel publicitario de Nitratos de Chile. Estaba siempre de guardia para sus amigos, con su bodega de saberes remotos y secretos abierta, y un humor tan fino que no era posible hablar con él sin sonreír, incluso tratando de asuntos serios. Había en él algo genuino, el espíritu de esa vanguardia que amaba por lo que tenía de pura. Creo que ha sido uno de los personajes más hondamente chaplinescos que hayamos conocido, fatalista pero sin queja, por más que la vida quisiera a veces zarandearlo. No dudó nunca en dar un paso al frente, pero lo hizo con la discreción de los más sabios, no para ponerse en primera fila, sino donde se le necesitaba.
“Compañero camarada”, solía decirle yo también de broma, y compañero camarada le digo ahora completamente en serio, en el instante más grave de su vida, el de su muerte, porque de muy pocos podemos decir que hayan sido para nosotros tan buenos compañeros y camaradas al mismo tiempo, compañero camarada Carlos Pérez.


Necrológica de JMBonet, Abc, 27 de diciembre de 2013



26 de diciembre de 2013

Trivio y cuadrivio (5)

COMO acaso recuerden l*s lectores de este almanaque, hace unas semanas se habló aquí de forma profusa (1, 2, 3 y 4) de cierto libro en el que venían los más curiosos y variados saberes.
A petición de una de est*s lectores, Encarna Segura, va aquí la respuesta a la pregunta que el propio Trivio y cuadrivio se hacía: ¿"Tiene algún origen notable la forma de la Toca que llevan las Hermanas de la Caridad?".
Vaya si lo tiene:
"Había sido convidado San Vicente de Paul a la mesa de Luis XIV, juntamente con las primeras Hermanas de la Caridad, una de las cuales era en extremo hermosa. No fue el Rey insensible a los bellos atractivos de aquella joven, que precisamente estaba colocada al lado del monarca. Sintiendo este todo el fuego de una viva pasión, y no pudiendo dominar su estravío, se levanta precipitado, cubre con su servilleta la cabeza de la joven, y se retira diciendo: ¡Vicente! en lo sucesivo cubre el rostro de tus hijas. Desde entonces llevan una toca de la figura en que quedó la servilleta sobre la cabeza de la Hermana". 
Notable invención que, como decíamos, prefiguraba el cubismo, tarea en la que colaboraron otras instituciones beneméricas, como la Guardia Civil con el tricornio.



25 de diciembre de 2013

A beneficio de los pobres

HACE dos meses encontré esta foto en el Rastro, y la compré pensando en traerla aquí hoy. Vienen escritos al dorso cuatro nombres: "1: Teresa Gaztambide. 2: Delfina Gener. 3: Ángeles Cienfuegos. 4: Carmen García del Cid. Función a beneficio de los pobres en el Liceo". 
Probablemente esas ángeles anden hoy gozando buenamente la gloria, no así los pobres, que acá siguen penando lo suyo. Pero no es este un día de mirar otra cosa que no sea la buena voluntad.

  
Foto El Louvre, Málaga. ¿Años 20, 30? Acaso algún amigo malagueño conozca la novela de estas mujeres, y aún más, quiera contárnosla.

24 de diciembre de 2013

Día claro, sereno

ES el 24 de diciembre a nuestros sueños lo que el sábado al día de fiesta, tal y como lo vio Leopardi:

Gracioso muchachillo,
Esta tu edad lozana
Es como un día lleno de alegría,
Día claro, sereno,
Que precede a la fiesta de tu vida.
Goza, muchacho mío; dulce estado,
Bellos tiempos son éstos.
Nada quiero añadir; mas que tu fiesta
Tarde aún en llegar y no te pese.
                   
                                        (Traducción de Eloy Sánchez Rosillo)

Quiero decir, amig*s míos, que a todos os deseamos la reina y yo, léase Miriam y yo,  y Rafael y Ana y Guillermo e Inés, lo mejor estos días, y que la fiesta de la vida tarde aún en llegarnos y no le pese a nadie.


Las Viñas, 23 de diciembre de 2014

23 de diciembre de 2013

Y cortad la luz

“PARAD el mundo” se decía aquí la semana pasada, y podríamos añadir esta: “Y cortad la luz”. No hace todavía veinte años Juan Cruz entrevistó al editor Jaime Salinas. Aquellas conversaciones acaban de publicarse ahora. Algunas de las opiniones de Salinas nos hacen sonreír con indulgencia porque nos recuerdan que también eran las nuestras: “¿Se ha visto algo tan tristemente cómico como la proliferación de teléfonos móviles?”, se preguntaba en 1996. 

Alguien camina entre las mesas del restaurante. En muchas, al lado de los cubiertos, los comensales han dejado su móvil, al que parecen seguir unidos por invisible cordón umbilical; otros, mientras esperan ser atendidos o a la persona con la que están citados, consultan en ellos algún dato, pilotan en una red social, leen un correo o la prensa, reservan unas entradas. Al rato, mientras almuerzan, se oyen aquí y allá los timbrazos característicos. Algunos piden excusas por tener que atender una llamada inexcusable, otros, después de identificar al llamante, la cortan o la dejan morir. Puede ocurrir que alguno, en un gesto de impotencia y desesperación, arranque el móvil del mantel y se lo guarde en el bolsillo. Quien le acompaña agradece esa decisión que parecía heroica, pero al rato vuelve a sonar el móvil, y quien se lo había guardado vuelve como un resorte a rescatarlo: “Perdona, esta no tengo más remedio que contestarla”. En el vagón de tren los que antes leían un libro, se abisman ahora en sus móviles y tabletas como alquimistas en sus pequeñas retortas luminosas, otros dormitan con los auriculares puestos. Cierto que en ese vagón reina el silencio, pero nada más alejado del silencio que eso.  Un amigo confesaba hace poco que sus hábitos de lectura habían cambiado: ya es incapaz de leer durante más de una hora seguida. Transcurrido ese tiempo ha de mirar su móvil, su tableta, su ordenador, víctima de sí mismo. Sin ruido-ambiente se impacienta y desasosiega, sin interrupciones no puede concentrarse,  como esos niños que no pueden dormirse si no hay cerca una luz encendida.

Pocas experiencias más misteriosas y enriquecedoras que la de quedarse sin luz eléctrica. Por ejemplo, al caer la tarde, con toda la noche por delante. Por ejemplo, en invierno, junto a una chimenea, en una casa de campo. Al prender los trozos de vela que milagrosamente se guardaban aún en un cajón, la habitación se puebla de sombras que bailotean en las paredes y en los techos. Sin luz eléctrica se habla más bajo, y en voz baja, no se nos pregunte por qué, se miente mucho menos. Con la voz apagada sacamos de nosotros lo más hondo, verdadero y valioso. Empiezan a llegar las confidencias. La única luz es la del fuego, la única música, la de esa carcoma y su monólogo humorista llenando el presente de misteriosas galerías. Quienes hayan pasado por esta experiencia pueden testimoniar lo que sucede cuando vuelve de nuevo el fluido eléctrico (siempre vuelve) y un doloroso trallazo del que los ojos apenas se pueden defender cruza el rostro de los presentes. Sí, de pronto todo se ilumina, pero pensamos: no hacía falta tanta luz, y no hay quien no sienta esa restitución como la pérdida de un reino.
    [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 22 de diciembre de 2014]

22 de diciembre de 2013

El seis. El uno. El nueve. El cero. El cinco. Y no digo más

DURANTE años se la compraba a él, que tenía esa ilusión. Faltando él, compra uno esa lotería por recordarle, y aunque ni a él ni a mí ni a ninguno de nosotros nos ha tocado nunca nada, no podrían estar mejor empleados esos pocos euros, pues reviven tiempos felices. Y no digo más.


21 de diciembre de 2013

Ruiseñor del lilo

LE respondió desde el vetusto lilo
y pareció su canto arma en voz baja,
como un suave “decíamos ayer”
a todos y a ninguno.
Y si su hermano no temió a la azada,
el hacha que hacía leña de unos viejos sarmientos
tampoco le asustó, lengua intratable.
Juntos hicimos tan vernal jornada, 
él cantando la dulce primavera
y preparando yo el próximo invierno,
uno al lado del otro como orillas
de una apartada senda solitaria.
Cuantas veces dejé de trabajar,
embelesado en su canción de gesta,
y levanté los ojos por mirarle,
nunca le descubrí, con estar él
justo encima de mí, sólo a dos metros, 
una hoja entre hojas, caballero
embozado del lilo. Todo el lilo
en realidad cantaba, fuego azul
en el que ardía el día, y cuando al fin,
por una sola vez, medio le vi,
se hurtó esquivo en qué hondura sin dejar
su brío un solo instante,
haciendo su canción más prodigiosa aún
y tampoco sé cómo. A mayor sombra
más dulce es la armonía, no es misterio,
sólo un modo de darse a ninguno y a todos
y de justar a pecho descubierto
con quien lleva en su escudo figuradas,
jactancioso, las armas de la nada.


Lagar de las Mercedes, Las Viñas, 14 de noviembre de 2013

20 de diciembre de 2013

Suroeste

ANTEAYER se presentó en Badajoz el tercer número de Suroeste, revista donde se han publicado este poema y otro, que traeré mañana aquí.

RUISEÑOR DEL LAUREL

Se podría argüir otros mil años
en contra o a favor sobre si el mundo
está bien hecho o no, pero yo quiero
decir aquí otra cosa: por lo mismo
que en las grandes ciudades es difícil
hallar un solo justo, aquí, a unos metros,
en el viejo laurel, un ruiseñor,
poco más que una nuez, 
lanzó su canto melodioso al aire
sin el menor esfuerzo y sin temor
a que caudal tan alto le rompiera 
su pequeño pulmón.
Todo quedó encantado.
Que los golpes funéreos de la azada
no le asustaran, tuvo un no sé qué
de santo y prodigioso y de candor.
Después de unos minutos, y aunque no lo veía, 
tan escondido estaba, pregunté
sin levantar la voz
qué quería decirme.
Dejó por un momento su canción
y pudimos oír los pensamientos
como el huso sutil del tejedor.
Hablamos el silencio, nuestra lengua,
pues él no sabe azada y yo no ruiseñor,
y nos contamos cosas 
que han de quedar entre él y yo.
Y si ahora me dijeran, en la cena, 
que han pasado diez siglos 
desde que esta mañana salió el sol,
lo daría por bueno, sin importarme mucho
si el mundo está bien hecho o no.

Lagar de las Mercedes, Las Viñas. 14 de noviembre de 2013


19 de diciembre de 2013

La obsidiana prodigiosa (y 2)

ESTO es lo que se dice en la cartela de ese espejo que se ha colocado junto a uno de los retratos del hechizado Carlos II, pintado por Carreño de Miranda: "un fabuloso espejo de obsidiana, instrumento de magia negra y atributo de Tezcatlipoca, Señor de la Noche". Parece ser que contemplar sus turbias profundidades permitía viajar a otros tiempos y lugares, al mundo de los dioses.
Siguiendo estos meses de atrás en los cronistas de Indias y otros libros de magia precolombina rastros de las piedras bezares, se encontró uno cierta historia relacionada con estos "espejos humosos".
En 1534 se le encomendó al capital Francisco de Mesa y a su compañía (dieciséis hombres) acabar el levantamiento de unos indios. El campamento de los castellanos fue atacado por sorpresa una noche y todos los hombres murieron en el ataque, excepto el capitán, que fue llevado a presencia de los caciques. En la estancia donde lo recibieron había un gran espejo de obsidiana. Uno de los sacerdotes presentes observó que el capitán apenas se había reflejado cuando pasó por delante. Conducido de nuevo ante el espejo, observaron que su reflejo era el de un espantable demonio, y lo tuvieron por malísimo presagio y allí mismo lo descuartizaron. Refirió la historia doce años después uno de los lenguas (intérpretes) a fray Celestino Hernández, visitador de la orden de San Francisco, quien conjetura que ello fue debido a que el capitán iba armado con todas sus armas y defensas de "prieto fierro", y no, como supusieron los indios, a ejercer el capitán "la bruxería por gala", siendo como era un buen cristiano.
Y yo, la verdad, me pregunto ahora qué llevo haciendo todos estos meses fatigando en miles de papelitos esta clase de historias que ni me van a sacar de pobre ni me calzarán las sienes de laurel dorado ni, con toda seguridad, irán a parar a la novela.







18 de diciembre de 2013

Chau chau

UNO, como la mayoría, sólo se entera de lo que cuentan los periódicos. Incluso quienes se tienen por protagonistas de las noticias (los políticos, por ejemplo) los leen cada mañana  para saber qué han hecho y pensado ellos mismos la víspera y qué habrán de pensar, hacer y decir ese día, en consecuencia.
Y así, nos enfrentábamos ayer a estos titulares: "Mas se abre a cambiar la pregunta de la consulta si la pacta con Rajoy" (La Vanguardia) y (El País): "Mas pide una reunión con Rajoy en busca de una contraoferta atractiva". Ambos periódicos recuerdan que Mas votará "sí" a la independencia. 
Bueno, ¿entonces para qué pide Mas una reunión? ¿Rebajas, saldos? ¿Veinticuatro horas después y ya quiere cambiar una pregunta que le ha costado años pactar? ¿Ese es el respeto que les tiene a sus socios y secuaces? ¿Y qué le importa a él la reforma de una Constitución que ni respeta ni piensa mantener, tras el referéndum, si lo gana? ¿Y qué entiende por atractiva? ¿Oír decirle a Rajoy que le parece bien el referéndum y su sí? ¿Busca en él el cariño verdadero y su comprensión, como aquel marido buscaba uno y otra en la esposa a la que acaba de contar que lleva siéndole infiel treinta años con una amante con la que piensa casarse? "No lo podréis evitar", ha advertido también Mas de forma terminante, en la entrevista (y ese chalaneo del tuteo, ¿a qué vendrá?).
A menos que todo sea la fantasía de una noche tropical: que Mas no piense votar, que le dé igual el sí o el no y que todo esto se reduzca a lo que decía aquel moro viejo en un mercadillo marroquí, harto del regateo de un turista español: "Paisha, ¿comprar o chau chau?"...

El Rastro, 15 de diciembre de 2013



17 de diciembre de 2013

La obsidiana prodigiosa (1)

SUCEDIÓ en el Museo del Prado, en  una de esas exposiciones que se sacan ahora de la manga los museos de arte antiguo de todo el mundo, según es moda. Si no lo remedia nadie, estos museos van camino de acabar como los montajes contemporáneos de las óperas clásicas, terreno abonado para todos los chorras del mundo, a los que el aria de la soprano no les parece aria si aquélla no la canta en sujetador ni el coro es coro si l*s coristas no salen vestidos de astronautas, de soldados de las SS o de jugadores de hockey, con sus bonitos palos. Decíamos que en esa exposición en la que a un artista se le ha ocurrido llevar al Prado toros y bicharracos disecados del Museo de Ciencias Naturales, nos tropezamos con este espejo azteca de obsidiana, en verdad prodigioso, digno de haber figurado en el gabinete del don Antonio Moreno que agasajó a don Quijote en Barcelona con la cabeza parlante.
Pasado mañana se contará aquí al hilo de este espejo su historia, pero baste hoy mostrar aquí el prodigio: si mueves la pantalla de tu ordenador, si es portátil, o tú, si no puedes moverla, verás emerger de ese inquietante agujero negro (o desaparecer) la vera efigie de este que ahora te habla aquí, venido, se diría, del más allá, venido o... ido. (Abstenerse con móviles y tabletas)



16 de diciembre de 2013

Parad el mundo


ACASO lo más vistoso de la revuelta de mayo del 68 fueran sus pintadas, eslóganes, consignas o como quiera llamárselas. Hay en ellas algo de poético y oriental, contagio del Libro Rojo, que entonces triunfaba en París. Algunas de esas pintadas hicieron fortuna (“Sed realistas, pedid lo imposible”) y otras no sabremos nunca si fueron originales o apócrifas, porque cuando cesaron las algaradas la gente, en vista del éxito que habían tenido, siguió sembrando en las paredes frases de cierto efecto. Incluso  algunos fotógrafos, con la máquina de fotos en una mano y un espray en la otra, se dedicaron a buscar rincones donde poner una bonita frase y fotografiarla para la posteridad.  No sé si mi preferida es o no original, pero, si no lo fue, habría merecido serlo, y no sólo porque negara paradójicamente la revolución de la que nacía, sino porque... ¿quién no ha sentido alguna vez, y aun muchas, algo así: “Parad el mundo, que me bajo”?

Hasta hace no mucho, cuando leíamos cada mañana el periódico, sabíamos que eso era todo lo que había sucedido la víspera, y nos bastaba hasta el día siguiente. Nos decíamos: poco o mucho, con esto tenemos bastante. Cuando llegaba un nuevo día las noticias del anterior nos servían para envolver el bocadillo o enterrar al canario. La sensación que tenemos algunos hoy es bien extraña: mirando cada dos horas en internet no uno sino cinco o seis periódicos y mil páginas más, se diría que nada nos contenta, todo nos deja insatisfechos y ávidos, como si le pidiéramos al mundo... no sé, hechos colosales, récords inauditos, apoteosis que justifiquen esa creciente impaciencia nuestra, pero acaba uno reconociendo con resignación que ninguna noticia está hoy a la altura de la velocidad con la que nos llega ni ninguna parece valer nada, como esos artículos que salen directamente a la venta como saldos. Y ya se apuntó en otra ocasión aquí: cuando sucede algo excepcional y aun trágico (un tsunami, un magnicidio o el hundimiento de las bolsas), se nos presenta en la pantalla junto a la victoria del Unicaja, el divorcio de la diva y un anuncio de champán.

¿Querrías vivir como antes?, le preguntan a uno sus hijos. Decididamente no, y ese es también un problema, porque no siendo un amish, ¿cómo prescindir de todo esto? Sin embargo... Apenas se ha familiarizado uno con su móvil o su tele o tal o cual electrodoméstico (del ordenador ni hablamos), sale al mercado uno nuevo que llega a tu vida con un voluminoso manual de instrucciones escrito en treintaidós idiomas, no por ello comprensible en alguno. Se creería que esos prospectos estuvieran escritos en el lenguaje de los hijos, pero a ellos, que tampoco los entienden, no les importa mucho perder una tarde en averiguarlo. Es entonces cuando uno aprovecha para recordar con nostalgia los días en que las cosas sucedían con cierto sosiego porque no caducaban a las doce horas. Cada doce horas, si pudieran, nos cambiarían la dieta, los hábitos, los móviles, los tipos de interés... todo, menos la vida. Lo único que está pidiendo a gritos, como una pintada del 68, que cambiemos de una vez.
   [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 15 de diciembre de 2013]

15 de diciembre de 2013

Dos barajas

AYER se publicaba en El País esto: "El expresidente José María Aznar envió el 18 de septiembre de 2008 un correo electrónico a su amigo Miguel Blesa, al que había colocado algunos años antes al frente de Caja Madrid, en el que le contaba que José Luis Rueda, heredero del pintor y escultor Gerardo Rueda, ofrecía a la entidad financiera una parte de su colección de arte y otra parte en préstamo a cambio de 54 millones de euros. Rueda, fallecido en 1996, es considerado uno de los artistas españoles más importantes del siglo XX."
La primera parte de la noticia, lo de los 54 millones, constata un escándalo y una estafa, claro que queda paliado con la segunda, ese "es considerado uno de los artistas más importantes del siglo XX". Se diría que, en medio de todo, la corruptela, si la hubo, perseguía una buena causa. ¿No nos aseguran cada día que en esto del arte contemporáneo lo importante es subirse al tren, incluso en marcha? Pero en este caso hay un detalle que no debería pasarse por alto: ¿Quién ha dicho, quién considera a Gerardo Rueda uno de los etc.?
Ni siquiera el coro del etc., críticos, directores de museo, profesores, coleccionistas, si se les pidiera una lista con los veinte mejores artistas españoles del siglo XX, se acordarían de él.
Por eso, incluso cuando se hace periodismo, conviene no jugar con dos barajas. Si se asegura que es uno de los grandes artistas, etc., ¿dónde está el escándalo?


Gerardo Rueda, tres obras





14 de diciembre de 2013

Tiempos difíciles


“ESTAMOS pasando por tiempos difíciles en que no se puede hablar ni callar sin peligro”. Podría pasar por una frase referida a lo que vivimos estos días, pero sólo es una carta que  le escribió Luis Vives a Erasmo después de que Vives viera cómo la Inquisición quemaba los restos de su abuela por haber judaizado.

El Rastro. 8 de diciembre de 2013

13 de diciembre de 2013

Dichosa edad y dichosos tiempos


Y cuánta razón llevaba Tomás Rodaja, que llamaron Licenciado Vidriera, cuando dijo, aun sin haber conocido estos tiempos, “que los buenos pintores imitaban la naturaleza, pero que los malos la vomitaban”.

A lo grande y por elevación: Bacon, Pollock, Rothko, pintores del siglo XX que a tantos hizo decir: "Dichosa edad y tiempos dichosos aquellos...", y lo que sigue.

12 de diciembre de 2013

Una verdadera colaboración con el artista

AGRADECE uno especialmente que haya sido mi mujer, que tantas veces me ha preguntado perpleja e impaciente cómo puedo estarme horas y horas y tarde tras tarde viendo tenis, quien me haya regalado esta maravillosa cita, espigada por ella en una de sus doctas lecturas. En ningún otro lugar se habrá explicado mejor lo que algunos hemos sentido viendo jugar, por ejemplo, a Rafa Nadal, muy parecido también a lo que le hemos oído repetir a Pedro García Montalvo, cuyas "colaboraciones" con el Real Madrid hace ya muchos años que habrían merecido la insignia de diamantes del Club:

"Cuando en el circo nos entregamos a la contemplación de un hábil acróbata, sentimos en él las impresiones de fuerza, de agilidad, de destreza, etc., que sus ejercicios despiertan en nosotros, y de los cuales el gimnasta nos aparece como un símbolo viviente. Nuestro propio yo, en cuanto yo, desaparece, pero queda nuestra sensibilidad física, en la cual se reproducen todas las impresiones que el acróbata experimenta, o creemos nosotros que experimenta, con ocasión de su trabajo.
Así pues, no se trata de una pura contemplación, sino de una verdadera colaboración con el artista". Eduardo Ovejero y Maury, en el prólogo Los fundamentos de la estética de Theodor Lipps (Madrid, Daniel Jorro editor, 1923).

Y decía que lo agradecía especialmente, porque en ese regalo viene implícita una claudicación suya y el enaltecimiento de la que erróneamente ha creído hasta hoy una baja pasión. A partir de ahora sé yo que nunca volverá a preguntar "¿qué estás viendo? o "¿quién juega?" sino un más pertinente "¿con quién estamos colaborando?".
Rafael Nadal

11 de diciembre de 2013

Catalunya contra Cataluña

SERÁ cosa de oír con atención lo que se diga en este congreso, Espanya contra Catalunya, que se inicia mañana, pensado, se diría, para preparar el camino a otro congreso futuro, Catalunya contra Cataluña, como sucedió ya en aquellas tristes jornadas de 1936, que se titularon España contra sí misma.
Por lo que hemos ido sabiendo, se trata de dar cuerpo a un extenso memorial de agravios, supuestos o reales, de España (¿de todos los españoles?) contra Cataluña (¿contra todos los catalanes?), del que sin duda estarán excluidos aquellos otros hechos en los que los sucesivos gobiernos de España agraviaron histórica y sistemáticamente al resto de los españoles con medidas fiscales, económicas y proteccionistas, leyes y políticas que sólo favorecían a los catalanes, agraviando a las demás regiones y provincias, que podrían elaborar a su vez memoriales tan y aun más abultados que el que fatigan en las páginas del Boe actualmente los historiadores catalanes a sueldo de la Generalidad. Todo ello, supongo,  en la línea de las palabras que se recogían y comentaban aquí el otro día: "Toda colectividad históricamente marginada o en algún sentido perseguida en España (los homosexuales, los judíos, los protestantes, los musulmanes, los catalanes, por ejemplo)".
Vayan aquí hoy estas tres intervenciones (de un vasco, de una catalana y de un italocastellano), la primera, tan divertida como didáctica, de Fernando Savater; la segunda, a continuación, de la escritora Laura Freixas, extractada de un artículo suyo publicado en La Vanguardia:
"Dentro de una semana se inaugura el congreso Espanya contra Catalunya: una mirada històrica (1714-2014), que tiene por finalidad, según anuncia el texto de presentación, explicarnos "la opresión nacional que ha sufrido el pueblo catalán a lo largo de estos siglos". Francamente, déjenme que me ría. Mi abuelo, catalán cien por cien -se llamaba Francesc Freixas Miquel-, que antes de la guerra había sido de la Lliga, cuando las tropas nacionales entraron en Barcelona en 1939 salió a la calle a gritar '¡Franco, Franco, Franco!'.
Se desgañitaba con tanto ardor que su esposa, Carme Cortès Lladó, que era muy fina, le daba golpecitos en el hombro murmurando: 'Paco... Paco...'. Yo nací en 1958 y crecí rodeada de familias catalanas de toda la vida que jamás alzaron la voz contra el franquismo y que hablaban castellano con sus hijos. Si quieren más detalles, lean las memorias de Esther Tusquets, Habíamos ganado la guerra, excelente retrato de esos catalanes franquistas que ahora nos quieren hacer creer que no existieron".
Y la tercera, de Rafael Sánchez Ferlosio, de... 1984, que recuerda lo poco que hemos avanzado desde entonces: "Comoquiera que toda identidad vive y se nutre del antagonismo, quien quiere autoafirmarse como catalán se resistirá como gato panza arriba a aceptar la posibilidad de que no seas nacionalista castellano ni español, porque si no lo eres les rompes el juguete. Necesitan absolutamente que seas castellano o español, porque es condición indispensable para poder ello ser sentirse catalanes. Es inútil que vengas aquí dispuesto a quemarles en efigie a todos tus antepasados castellanos y leoneses hasta Fernán González y hasta Don Pelayo; dirán que no es más que carnaza ideológica que les echas para impresionarlos o engañarlos, ya sea con la insidia consciente de un caballo de Troya (“Timeo Danaos et dona ferentes”), ya sea con una voluntad conscientemente leal y bienintencionada, pero tras la cual aun a ti mismo te escondes inconscientemente los oscuros impulsos de imperialismo castellano-español que en el fondo conservas”.


Algunos libros de Trieste y La Veleta (con detalle en www.andrestrapiello.com)





9 de diciembre de 2013

Un pequeño gran paso

COMO es sabido, hace un par de días los manifestantes derribaron en Kiev la estatua de Lenin, el Intocable. 
Al tiempo que se les venía la mole encima, quienes se encontraban cerca pudieron oír a los adoquines decir sin el menor asomo de sarcasmo: "Este es un pequeño paso para Lenin, pero un gran paso para la Humanidad".

Estatua de Lenin en Kiev, 8 de diciembre de 2013.
Abajo: Foto: F.Scianna (Magnum, Hungría, 1990). Fue el inicio de esto que podríamos llamar "Por buen camino" o Larga Marcha, serie de la que faltan algunas estaciones, como esa en la que se ve algo parecido en China, con la efigie de Mao de la Plaza de Tiananmen.






Activos tóxicos del arte

HEMOS llegado a este punto: arte es todo aquello que cualquiera diga que es arte. En realidad cualquiera no. Usted dice: “Yo afirmo que este churro que acabo de pintar es arte y vale milcientosmil millones de dólares”, y no es suficiente. Ha de presentar los avales de algunos teóricos, profesores y críticos que lo secunden, si no, es poco probable que alguien, más allá del círculo de sus seres queridos, le haga caso, y no servirá de nada que usted reclame ser tratado como tantos artistas que han llenado los museos de churros parecidos al suyo.

Claro que tampoco es tan difícil: ¿quién no puede echar mano hoy día de un teórico, de un profesor, de un crítico? El paso siguiente, no obstante, es harto incierto, hay que ponerle un precio a eso: ¿qué vale? El consejo de Machado nos conviene: confunde el necio valor y precio, de modo que mejor perder por carta de más que de menos (este último consejo es de Cervantes), y su churro tendrá más posibilidades si es caro. Aunque en la actualidad la frontera entre un churro y una obra genial es delgadísima, y distinguir el urinario de Duchamp del resto de los urinarios le resulta  muy difícil incluso a los urinarios

Hace unas semanas se subastó un tríptico de Francis Bacon, y batió todos los récords: 142 millones. La gente con los récords se excita lo indecible, sobre todo si se trata de obras que en absoluto está en condiciones de apreciar: de dársele gratis e ignorando su precio, ni siquiera las colgaría en el trastero de su casa. El precio de la pintura de Bacon, a quien no se juzga aquí, arrancó algunas opiniones interesantes de expertos y del mundillo. El director de un museo de arte contemporáneo se lamentaba: “A partir de ahora no volveremos a ver obras geniales en un museo, los museos no podrán comprarlas”. “Nos hemos vuelto locos”, denunciaba un coleccionista despechado a quien esos precios han dejado fuera de juego, y “una obra vale lo que el mercado dice que vale”, decía otro. ¿Pero quién es el mercado? ¿No habíamos quedado en que ese es el principio de todas las burbujas en la fiesta de las especulaciones? No, el mercado es el último en volverse loco, y si algo es cartesiano, es el dinero: dos más dos son cuatro, o sea milcientosmil millones.

Las crónicas de la referida subasta nos contaron que la sala estaba abarrotada de banqueros, estrellas de cine, esnobs, y claro, periodistas encargados de dar la noticia tanto como de implementarla. Formar parte de ese club exclusivo sale caro y no todos podrán ingresar en él, cierto, pero los directores de museo no deberían impacientarse: veremos cómo los que han comprado el bacon caro les venderán antes pronto que tarde otros bacon “baratos”, o sea, al doble de su valor actual, que los museos se apresurarán a comprar con dinero público “antes de que suban más”. No sé, uno mira las cosas de otro modo. Viendo cómo esta el mercado, los museos acaso deberían aprovechar y vender sus “activos tóxicos”, y empezar de nuevo. Por ejemplo, 142 millones bien administrados darían para comprar cien pinturas no inferiores a Bacon, y sobran  42 para comprar un  viejo y noble caserón en una pequeña ciudad de provincias donde aún quedan tantas gentes que nunca han entrado en un museo. Por algo así trabajaron las Misiones Pedagógicas en la última República.
      [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 8 de diciembre de 2013] 

8 de diciembre de 2013

Abrecartas (4)

YA otras veces se ha hablado aquí y aquí de abrecartas. Se añade hoy este, comprado hace unos meses en el Rastro, muy gracioso, porque no pareciendo de estas tierras, algún devoto de San José de la Montaña (Jaén) quiso cristianarlo, quiero decir tunearlo. Bien está. Es de los más bonitos, aun siendo el material de que está hecho, celuloide, frágil y modesto. Quién sabe si alguien ayudó con él a que Huckleberry Finn o Tom Sawyer abrieran sus intonsas andanzas. Desde que lo encontré y traje a mi mesa no ha dejado un solo momento de acompañarme ese invariable y generoso ¡Oh! suyo a todo lo que aquí se labra con tan variable fortuna.



7 de diciembre de 2013

Visión de la mañana

DESDE que se publicó la pasada primavera, ha seguido a mi lado Antes del nombre de Eloy Sánchez Rosillo, y a él vuelvo a menudo. Hay en este libro, como en todos los suyos, poemas bellísimos, desde luego, pero audible es en él principalmente una voz que parece decirnos animosa y persuasiva: "Yo no digo mi canción sino a quien conmigo va". Atento al misterio del mundo y su forma de manifestarse a menudo en cosas pequeñas y efímeras, "la eterna novedad del mundo", va escribiendo él sus libros en estos últimos años, "sin precipitarse, pero sin pausa". Y asistir a ese nacimiento, a ese origen revivido una y mil veces, ha de quitarnos a todos razones para la pesadumbre y la queja. La vida es injusta, sí, pero no siempre.
Es posible que el lector de estas líneas conozca ya Antes del nombre, pero no probablemente este otro poema inédito que venía en la antología en honor de Cernuda, de la que también se habló aquí hace unos días. Con este les dejo:

VISIÓN DE LA MAÑANA

Después de muchos años,
pasé en el autobús hoy por la puerta
de mi casa de niño, mientras iba
a algún otro lugar de la ciudad.
La casa sigue en pie, con su aspecto de entonces,
aunque desvencijada y ya sin nadie.
Unos momentos sólo
tuve para mirarla, y entreví
a mi madre que, aún joven, salía sonriente
de ese portal, conmigo de la mano,
hacia un día del mundo.
El sol de la mañana cayó sobre nosotros
y luego nos borramos en la luz.


Vara del Rey, 24 de noviembre de 2013

6 de diciembre de 2013

Todo menos literatura

LO malo de internet es que eterniza lo malo; pero también nos ayuda a recordar lo bueno. 
Alguien que firma como Neorrabioso ha colgado hace unos días esta vieja Carta al director de El País en su blog, en una sección que titula con patente exageración "Troya literaria". Esa carta nos sorprendió hace quince años porque no venía muy a cuento o, mejor, porque aprovechaba que el Pisuerga pasa por Iría Flavia. 
Sin duda Neorrabioso supone que lo mejor de los escritores es verles pelearse entre sí e insultarse en las famosas y tristes disputas literarias, que pocas veces tienen algo divertido. Pero creo que ese Neorrabioso se equivoca a mi modo de ver una vez más (hace ya mucho tiempo que se dedica a sacar de su contexto fragmentos del Salón de pasos perdidos, y a reproducirlos en su blog con el único propósito de hacer un poco más de ruido, más interesado en el ruido, desde luego, que en aquello sobre lo que se le propone pensar). Aunque sé que no servirá de nada este ruego, le agradecería que en adelante los míos los dejara tranquilos. Y si lo hace por admiración, lo de Lola Flores: "Si me queréis, irse". 
En el ejemplo que ahora pone no hay un escritor que insulta o se mete con otro, sino uno que se insulta a sí mismo por las cosas insólitas que dice. Ya se habló de ello en uno de los tomos del SPP. Leer esto quince años después puede ser incluso pedagógico para recordar a los más jóvenes hasta dónde podía llegar el desquicie, la mala fe o la estupidez de nuestra época. ¿Qué es ese eufemismo de "ocasional trato carnal con un chico de trece años"? "Señor juez, es verdad que tuve trato carnal con ese niño de trece años, pero fue ocasional, nada, una canita al aire". "Haberlo dicho antes, amigo P.,", dijo el juez, "me ha convencido usted; habiendo sido ocasional, no hay más que hablar, queda libre". ¿Y ese principio: "Toda colectividad históricamente marginada o en algún sentido perseguida en España (los homosexuales, los judíos, los protestantes, los musulmanes, los catalanes, por ejemplo)"? ¿Homosexuales, judíos, protestantes, musulmanes y... catalanes en el mismo plano? Quince años después se le puede decir: ni tiene memoria ni tiene vergüenza.
Incluso para insultar se debe tener "el don del insulto", como lo llamaba alguien (y desde luego no lo tiene quien queriendo insultarle a uno lo compara con Antonio Machado; que siempre que quieran atacarnos sea en compañía tan honorable como esa), pero me interesa ahora únicamente releer esa frase de Machado que al autor de la carta le parecía el colmo de la homofobia: "La pederastia –actividad erótica desviada y superflua– es la compañera inseparable de la gimnástica". O sea, que a PG. la pederastia no le parece una actividad ni desviada ni superflua. Hmmm, interesante. Como se trata de un académico españolingual, hacemos una visita al Drae, el pequeño homenaje: "Pederastia: abuso sexual cometido con niños".
Por los días en que apareció el Diario del artista seriamente enfermo, edición aumentada de los abusos sexuales de GdeB. con menores (claro que pagando, eh, pagando: a 1 $ cada), le preguntó a uno una periodista bastante rabiosa: "O sea, ¿que tú habrías metido a GdeB. en la cárcel?". Ella estaba convencida de que a los grandes poetas hay que tomarlos como son; si habláramos de curas y obispos, no; ah, pero la poesía es una cosa tan linda... "Responde, dilo, atrévete: ¿Habrías metido en la cárcel a JGdeB.?", insistía una y otra vez. Recuerdo lo que le respondí, un poco harto, pero suavemente: "Yo no; la Guardia Civil". 
Conste que no tenía la menor intención ni gana de volver a esto quince años después ni aquello fue una disputa entre escritores. Se estaba hablando de  Ética y de Estética sin ética, del Código Penal, y de un poeta ínfimo que por querer defender lo indefendible de un poeta mediano, no dudó en injuriar gravemente a uno muy grande sin que nadie (hasta la fecha) lo defendiera de ese ataque rabioso
En tales asuntos hay de todo menos literatura, y nada de Troya, y menos todavía de homofobia. 

El Rastro, 24 de noviembre de 2013