28 de septiembre de 2015

La armonía del mundo

EL pasado 9 de agosto recibí este escueto sms de un amigo, el guitarrista Gabriel García Santos: “Pon la 2”. Eran las ocho de la mañana y ese día caía en domingo. Lo milagroso es que leyese su mensaje en ese instante y no quince días después, como suele ser habitual: estaban pasando por la 2 de Televisión Española un concierto de la Capilla Real de Catalunya, dirigido por Jordi Savall en el Auditorio Nacional de Madrid,  organizado por el Centro Nacional de Música y dedicado a la que sonaba en la época del Quijote. Reparen en todas y cada una de esas palabras porque todas son, hoy por hoy, significativas: Capilla Real, Catalunya, Auditorio Nacional, Centro Nacional, Madrid, Televisión Epañola, el Quijote y, por supuesto, Jordi Savall.

Hace un año Jordi Savall rechazó el premio Nacional que le concedió el Ministerio de Cultura. Al no conocerle uno de nada, no sabría decir cuánto hubo de coraje  desinteresado o de oportunismo en su gesto. Él adujo razones políticas, aunque lo cierto es que en los últimos treinta años Savall habrá aceptado de ese mismo Ministerio, gestionado unas veces por ineptos y otras por personas competentes, encargos que le ayudaron en su carrera hasta hacerle merecedor de ese premio, que, dicho en honor de la verdad, a estas alturas puede permitirse rechazar. De hecho hay premios que, según cómo, decoran más si se rechazan, por eso suele ser uno mucho más humilde si los acepta.

Oídos apenas  los primeros compases de aquel concierto diferido, estas cuestiones desaparecieron; sólo hubo música: ni en el palacio de los duques pudo oír don Quijote chaconas, madrigales, motetes tan concertados como los que oímos esa mañana. Poco nos duró la somnolencia. Muchas de esas músicas prodigiosas fueron compuestas por gentes a sueldo de reyes, infantes, duques y prelados, algunos de los cuales serían probablemente unos tarados y estúpidos. En algún caso, la vida y la personalidad de algunos de los compositores es posible también que dejaran que desear, por no hablar de las de los intérpretes, y, desde luego, de las de los que les escuchamos arrobados. Pero allí estaba uno, a las ocho de la mañana de un domingo, solo, un tanto incrédulo, invitado a participar en la armonía del mundo. Y todas, absolutamente todas las palabras de los rótulos, Real, Catalunya, Ministerio, Española, Nacional, lo hicieron posible.

    [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 27 de septiembre de 2015]

26 de septiembre de 2015

Día de reflexión

"HOY, en el incontenible chaparrón de las repititivas y omnipresentes conversaciones televisivas sobre la secesión de Cataluña del resto de España el argumentario es, por ambas partes, tan innumerable y variopinto que resulta difícil, si no imposible, adivinar quién es independentista y quién no", ha escrito Sánchez Ferlosio en El País y desde lo más alto de la Peña de Francia. Pues debe de ser el único no ya que no lo adivina, sino que no los distingue.

23 de septiembre de 2015

Usos lingüístics de la Població de Catalunya

AYER Cayetana Álvarez de Toledo, en nombre de Libres e iguales, leyó este manifiesto en un acto del Ateneo de Madrid en el que intervinimos una veintena de personas. Cada uno de los participantes habló durante uno o dos minutos, como se nos pidió. Mi intervención duró exactamente un minuto y veinte segundos:


Según la Enquesta dels Usos Lingüístics de la Població de Catalunya, realizada por la Generalitat en 2013, un 31% de los catalanes tiene como lengua materna el catalán, frente al 55,1% cuya lengua materna es el español, y si para un 36,3% su lengua habitual es el catalán, la lengua habitual del 50,7% de catalanes es el español. El que la enseñanza sea en catalán en un 100% de la mayor parte de los tramos educativos, convierte a Cataluña en un caso único entre los países y comunidades bilingües del mundo. Hace dos semanas el profesor Rubert de Ventós declaraba al diario El País: “Nuestro sistema escolar, que no nos lo toquen”. Sus palabras son idénticas a las que pronunciaron hacen ciento cuarenta años los clérigos y obispos más siniestros contra la Institución Libre de Enseñanza. Como entonces, nos están diciendo: "que nadie nos toque el dogma nacionalista y el monopolio de adoctrinar a los niños, adolescentes y jóvenes de nuestros colegios, institutos y universidades; ellos son los depositarios de nuestro legado de delitos, ficciones y mentiras".

20 de septiembre de 2015

Sí, maldita sea

SIENTE uno por Kipling simpatía y admiración. Cierto que es un escritor incómodo de ideas a menudo poco razonables. Al fin y al cabo se le conoció como “el poeta del Imperio” (y cosas peores:” trompetero de Jorge V”), y si por él hubiera sido, Canadá, Australia, Egipto, Irlanda, Sudáfrica, India o Jamaica jamás habrían sido naciones independientes. Pero en sus relatos y poemas siguen latiendo verdades que hermanan a todos los hombres, sin distinción de naciones, países, credos e ideas políticas. 

Conozco a muchos admiradores de Kim, pero Carlos Pujol fue más explícito: era el libro que más veces había leído, más de veinte, y porque es algo que está al alcance de cualquiera, puede uno confesar que no hay año que no haya visto El hombre que pudo reinar, la película de John Huston sobre un relato que Kipling escribió con veinte años. Y si es cierto que hay otros poetas “mejores” que él en lengua inglesa (sólo entre sus contemporáneos: Yeats, Hardy), su poema “Si” es el más memorizado y querido para millones de lectores de todo el mundo.

La biografía de Kipling es en cierto modo una de sus novelas. En la última que he leído, La vida imperial de Rudyard Kipling, cuenta su autor, David Gilmour, una anécdota que no conocía. La celebridad del sexagenario Kipling  no tenía límites (no ya porque hubiera sido el escritor más joven en recibir el Nobel con cuarenta años –vivía aún Tolstoi, que no lo obtuvo–, sino porque se le conocía y leía en todos los confines del imperio), y a partir de un momento prefería el automóvil al transporte público. Sobre todo desde que “una vez le acusaron de saltarse la cola en la estación de Etchingham, y Kipling le dijo enojado al vendedor de billetes: «¿Se da usted cuenta de quién soy yo?». El hombre le respondió a gritos: «Sé quién es, maldito Mr. Rudyard Kipling, y ya puede volver a su cochino puesto en la cola como todo el mundo”. Conociendo a Kipling, creo que él mismo, pasada su furia, se reiría de buena gana de su estupidez y de la magnífica respuesta del ferroviario, a la altura de alguno de sus personajes. Lo contrario de aquellos que a diario, sobre todo en las instancias públicas, y al fin y al cabo sin el talento de Kipling, tratan de saltarse la cola de las responsabilidades, victimándose y amenazando de una manera tan patética como ridícula: “¿Es que no sabe usted con quién está hablando?”. Sí, maldita sea.

18 de septiembre de 2015

Y si Cataluña rompe España

HACE unas horas la editorial toreo de salon ha publicado las respuestas de más de cincuenta profesionales de la literatura, la prensa, la cultura, la enseñanza y la empresa sobre Cataluña y la independencia. Ha titulado el libro que forman todas ellas Y si Cataluña rompe España. Descárgalo aquí.
Estas fueron mis respuestas.

1.    ¿España roba a los catalanes más de lo que roba al resto de los españoles? ¿Debe tener límites la solidaridad de los catalanes con el resto de los españoles?

Roban las personas, pero no los territorios, por lo mismo que tributan las personas pero no los territorios, aunque por desgracia algunos de los representantes de las instituciones propendan a ello. Los ciudadanos votan a menudo en función de la mala o buena administración de estos representantes. Tienen la posibilidad de hacerlo cada cuatro años. Ha habido malas administraciones estatales, pero no peores que las que hayan sufrido Cataluña, Extremadura o  Valencia por parte de sus gobiernos autónomos y una entelequia injustificable democráticamente: los “hechos diferenciales” utilizados por determinadas regiones (vascos, navarros) para beneficios fiscales y políticos.  Tan “diferentes” son catalanes, vascos, gallegos o navarros respecto de murcianos, leoneses o extremeños, como lo son estos últimos respecto de ellos, o entre sí. Tratar de obtener de esas diferencias (lengua, etc.)  cualquier beneficio en detrimento de otras es despreciable, irresponsable y antidemocrático. Sé qué se quiere decir con la palabra solidaridad, pero me parece que sería más acertado hablar de repartos justos, y no solidarios, para evitar que haya quien crea que da más de lo que le corresponde o tener derecho a más de lo que recibe. Pero el principio justo es ese: que tributen las personas o empresas, en función de sus ingresos, no los territorios en función de “hechos diferenciales” o fueros “históricos”.

2.    ¿Es viable social, política, cultural y económicamente una Cataluña independiente?

Si entendemos por viable ir a mejor, no; pero también puede ser viable el ir a peor, y es lo que creo, una Cataluña independiente haría más pobres a la mayor parte de los catalanes (a menos que hayan podido robar, como los Pujol), y más pobres al resto de los españoles. Pobres en todos los sentidos.

3.    ¿Es viable social, política, cultural y económicamente una España sin Cataluña?

Está respondida en la anterior. Pero no ha de olvidarse la responsabilidad que han tenido en todo el proceso de deslealtad nacionalista los dos partidos nacionales, Psoe y Pp, que  la propiciaron por intereses puramente partidistas a lo largo de treinta años para sus gobiernos particulares, en detrimento de todos los españoles.

4.    ¿A usted le importaría que el idioma catalán desapareciera? ¿Por qué?

Si alguien decide hacer desaparecer un idioma por la fuerza, está cometiendo un crimen. Las lenguas tienden a desaparecer por sí solas si quienes las hablan no encuentran el modo de relacionarse con otros o esa lengua les dificulta el hacerlo. Cabe protegerlas con leyes y subvenciones, pero eso no garantiza nada: los irlandeses que hablan gaélico son una minoría absoluta que reserva la lengua para las canciones folclóricas que cantan en sus pubs. No creo que sea el caso del catalán, a día de hoy: en menos de treinta años lo hablan diez veces más, y la enseñanza hace que lo estudien y hablen en las aulas el 100%, aunque todos saben allí que el español es la lengua materna de más del 60% y que el número de los que lo usan como lengua vehicular es superior al de los que usan el catalán. El que no haya surgido en estos años un solo escritor comparable a Maragall, d’Ors, Carner, Pla, Sales o Manent, que escribieron su obras en épocas en las que ni se privilegiaba ni se subvencionaba oficialmente el catalán, incluso en que estaba perseguido, tal vez debiera ser motivo de reflexión para quienes han confundido inmersión lingüística con inversión política y discriminatoria en una sola lengua de las dos que se hablan.

5.    ¿Y si el que desapareciera fuera el idioma español?

Hablan el español unos quinientos millones de personas en todo el mundo y en tres continentes. La progresión del idioma en los últimos años es casi exponencial. Por tanto, la pregunta parece remitir a distopías inverosímiles. El catalán lo hablan unos tres millones de personas en un territorio pequeño y su expansión a corto plazo no parece probable, ni siquiera con la anexión de Baleares, Valencia y Aragón. Pero la importancia de una lengua no se mide en el número de habitantes que la hablan, sino por el uso que se hace de ella en la comunicación y el conocimiento humanos.

¿Y por qué no debería permitirse que los catalanes se independizaran si así lo desean mayoritariamente?

La soberanía de Cataluña reside en todos los españoles.  Si la mayoría de ellos decide renunciar a una parte de ella en favor de los habitantes de ese territorio o cualquier otro (Cartagena, por ejemplo), ningún problema. Pero primero ha de consultarse a los españoles en su conjunto (y en caso de que estos deseen ser consultados, no es mi caso), y luego a los de cada territorio, catalanes, cartagineses, etc.. No al revés.

6.    ¿A usted le gusta España? Suponiendo que se le permitiera vivir con su mismo nivel de vida actual en cualquier país del mundo, ¿escogería España?

¿Cómo que si me gusta? ¿Cómo un helado de fresa, como  una novela, como una novia? Si se le pregunta a un Italiano si le gusta Italia, te dirá que no, probablemente, y lo mismo a todos los demás europeos de su país, dependiendo del momento. Si se le hiciera a Kipling esta misma pregunta sobre Inglaterra, él, que era el “escritor del imperio”, le diría que, al contrario, la detestaba y a sus habitantes. Y al revés, si pregunta a un italiano visitando la Toscana o la posición de Italia en el ránking de investigación, si le gusta su país, dirá que sí, y si le pregunta a Kipling en 1918, le dirá que no hay otro país mejor ni otra nación más admirable en el mundo que Inglaterra. Lo que debiera preguntarse es si nos gusta o no la libertad y ser libres. Hoy, en Cataluña, hay muchos que no pueden serlo, ante la hegemonía del Partido Único (o Bloque Independentista con todo el aparato de propaganda, medios de comunicación y educativos a su alcance). La última parte de la pregunta: yo, estando bien, estoy bien en cualquier parte, donde me dejen estar. Félix Ovejero adoptó como lema este, que me gusta recordar: Allá donde estoy bien, está mi patria.

7.    ¿Por qué debería creerme que en una Cataluña independiente se respetarían los derechos de los españoles si en la Cataluña dependiente se ha multado a comerciantes por rotular su negocio en español?

Pues sí, parece poco probable que se les respetara más entonces que ahora. De hecho parece que están pensando ya en exportar su feliz modelo de convivencia a Baleares, Valencia y Aragón. No hay un solo nacionalista que no incube en su corazoncito la palabra imperio.

8.    ¿Es España algo más que un ente administrativo puramente instrumental? ¿Qué, en concreto? ¿Lo es Cataluña?

Los países son siempre más que entes. Es obvio. Son modelos de convivencia. El modelo Irán se parece poco al modelo Israel. El modelo español se parece poco al modelo chino, etcétera. Entre el modelo español y el modelo catalán no veo ninguna diferencia, más allá de las que han ficcionado los independentistas. De hecho sigue siendo el mismo, aunque llevan treinta años intentando romperlo.

9.    Los catalanes quieren emigrar de España pero sin moverse del sitio y sin soportar ninguna de las incomodidades asociadas a una ruptura traumática con su país actual. Rebátalo.  

Es parte de su ficción, sí. Como soñar dormido, es decir, en ese estado en el que es absurdo pedir algo de racionalidad. Como despiertos no pueden convencer a nadie: mienten. El independentismo busca la gran estafa a través de la gran mentira, y, a día de hoy, el indulto de todos sus estafadores y corruptos, como bien dice Azúa.

10. ¿En qué cambiaría su vida si Cataluña se independizara? ¿Adoptaría algún tipo de decisión personal (por ejemplo mudarse o boicotear los productos catalanes o españoles)?

Emocionalmente mucho. Habría algo que se rompería, dentro y fuera de Cataluña y que haría muy difícil la convivencia, como sucede siempre que alguien violenta a otro. Se pasaría de la racionalidad a la emotividad, o sea, a la irracionalidad. No me cabe la menor duda de que muchos independentistas catalanes lo darían todo por unos cuantos muertos “propios”, como vimos también en el independentismo etarra, para “cargarse de razón”, o sea, para hacer olvidar su irracionalidad.

11. ¿Qué diferencia hay entre un nacionalista y un patriota?

El nacionalista divide y resta, el patriota suma y multiplica. La razón de ser del nacionalismo es “lo peor” de los otros (de hecho los otros son “lo peor”); el patriotismo no sólo está dispuesto a admitir y emular “lo mejor” de los otros, sino que alienta “lo mejor” suyo. Paradójicamente cuanto más patriota se es, se es menos nacionalista.


12. Los que por inmovilismo se opusieron en su momento a la Constitución se han convertido ahora en sus principales defensores, también por inmovilismo. Rebátalo.

Y al revés, los que más apoyaron la Constitución (Cataluña) son los mismos que quieren ahora incumplirla. Hay que hacer política con el presente. Hacerlo con la memoria (histórica) no sirve para nada. Como si alguien, para afear una infidelidad conyugal, dijera: ¿qué haces con esta rubia? ¿A ti no te gustaban solo las morenas? Y esta Constitución ha propiciado el periodo más largo y pacífico de prosperidad en España. “Lo que no está roto no lo arregles” es un refrán inglés que podríamos traducir por el dorsiano “los experimentos con gaseosa”.

13. ¿Qué argumento contrario a su punto de vista sobre la independencia se ve incapaz de refutar racionalmente?

Ni se me ocurre ni lo he encontrado en otros. Racionalmente. Emocionalmente hay algunos, pero no valen nada como argumentos.

14. ¿Por qué provoca más rechazo la renuncia de una persona a una convención administrativa (la nacionalidad) que la renuncia de esa misma persona a su realidad biológica (su sexo)?

Será porque cambiando de sexo, si es lo que quiere, puede uno vivir en un país democrático, pero sin libertad no puede uno vivir en ninguno.

15. En el hipotético caso de que el gobierno de la Generalitat declarara la independencia, ¿cómo cree que debería responder el Gobierno Central? Sea concreto.

Como  dictan las leyes. Para eso nos las hemos dado y votado. Citaré estas palabras de un artículo reciente de Savater: “El “prusés” no es malo porque sea ilegal, sino que es ilegal porque es malo para la democracia. Y lo peor sería que el Gobierno estatal no hiciese nada efectivo para impedirlo. Algunos se inquietan: ¿suspender la autonomía? ¿y luego qué? ¿encarcelar a Mas? ¿y luego qué? Preguntas parecidas se hacían en el País Vasco cuando se intentaba acabar con el doble juego de los que pretendían a la vez estar en el Parlamento y apoyar a ETA. ¿Ilegalizar Herri Batasuna? ¿Y luego qué? ¿Encarcelar a la mesa nacional de HB? ¿Y luego qué? Pues luego ETA renunció a la lucha armada”.

16. ¿En qué se diferencia un español de un catalán?

¿Es un chiste?

17. ¿Pueden los catalanes tomar de forma autónoma una decisión que afecte de forma sensible al resto de los españoles? ¿Por qué?

Ya está respondida.

18. ¿La de 1714 fue una guerra de sucesión o de secesión? ¿Y por qué debería importarnos en 2015?

Aquella fue, como todo el mundo sabe, una guerra de sucesión que se peleó en muchas provincias españolas, entre ellas, las catalanas, con desigual fortuna en casi todas ellas, y en ninguna con menos violencia que en las demás. Puede preguntarse a los muertos.

19. ¿Son los problemas de los catalanes diferentes a los del resto de los españoles? ¿Solucionaría la independencia alguno de esos problemas?

No son diferentes. No solucionaría ninguno, y crearía otros nuevos, más graves aún.

12 de septiembre de 2015

Final feliz

LA música que sonaba en los entierros de los mafiosos era casi siempre una adaptación de la Marcha fúnebre a  cargo de una banda local de música. El cine ha recogido mil veces esas escenas tan solemnes como grotescas. Nino Rota acaba de desbancar a Chopin: en el entierro del mafioso Vittorio Casamonica en Roma, el pasado agosto, se oyó la música de El Padrino, a modo de marcha fúnebre. Si antes la realidad surtía de contenidos al cine, el cine, ahora, se ha cobrado su precio en realidad contante y sonante.

Cuenta Roberto Saviano en su célebre Gomorra cómo los matones de la mafia cambiaron el modo en que disparaban sus pistolas cuando empezaron a ver que los gánsteres del cine, por fatiga retórica y postureo, lo hacían poniendo la pistola en horizontal y no en vertical, como hasta entonces, al tiempo que imitaban estética  y costumbres de series televisivas como Los Soprano.

Los detalles del entierro de Casamonica serían cómicos (imposible sortear la errata: Casacomica) de no saberlos fruto del crimen organizado: llevaron su féretro a la iglesia en una carroza fúnebre con un tiro de seis caballos, negros naturalmente, y allí lo recibió un cartelón con su cara, del tamaño de los del cine, en el que se leía: “Vittorio Casamonica. Rey de Roma”. Y en otro: “Has conquistado Roma. Ahora conquistarás el Paraíso”. Tras el funeral, que el párroco de San Bosco no se negó a celebrar, se lo llevaron a enterrar en un Rolls Royce. Para entonces ya habían cambiado de película, y en el cementerio lo despidieron con la banda sonora de 2001 una odisea del espacio.

A Augusto Pérez, protagonista de Niebla, le sucedió lo contrario: corrió a Salamanca a entrevistarse con su autor, Unamuno, y a implorarle que lo dejara con vida, cuando llegó a sus oídos que este iba a acabar con él en la novela. Los esperpénticos funerales de Casamonica no ocultan, sin embargo, un drama: el de aquellos que ponen en la ficción y en la estética (aunque sea una estética de marcha fúnebre hojalatesca o de música de casette), su última esperanza de redimir la falta de ética. Algo, que a escala menor, vemos todos los días entre nosotros, la estetización de la política y la politización de las estética cuando la imaginación (“la loca de la casa” la llamó Teresa de Ávila) da en creer “un final feliz” donde ni hay final ni es feliz.

9 de septiembre de 2015

Senegal

ACABA uno de leer hace unos minutos, atónito, este titular en la edición digital de La Vanguardia: "Lluis Llach: Si la opción del sí a la independencia no es mayoritaria, "me voy al Senegal". Al margen del desprecio repulsivo y xenófobo que encierra esa frase (es estúpido además que piense que allí quisieran cargar con él), lo que en realidad está diciendo es esto otro: "Si la opción del sí a la independencia es mayoritaria, los del no pueden ir pensando largarse al Senegal".

6 de septiembre de 2015

Nostalgia de los nombres comunes

EL buque fantasma trata de los últimos años del franquismo en una ciudad de provincias. “Más han hecho por los pobres del mundo las monjitas de la caridad que todos los soviets juntos”, se lee allí. No se dice que la caridad haya de suplantar a la justicia, pero bastó esa frase para que empezara a llamársele fascista a su autor. Es lo que se le llama en España a alguien si no se le puede rebatir. Parafraseando aquello: más ha hecho el rey Juan Carlos por la democracia española que todas las Colau y Carmena juntas, por mucho que ellas hayan hecho, que no lo dudo; seguro que sí. 

¿Es que, entonces, le gusta a uno ese rey, los elefantes que caza, los amigos con quienes los caza, los libros que lee? Los gobernantes no nos tienen que “gustar”, por lo mismo que no ha de hacerse política para estar cómodos (por lo general a costa de la incomodidad de los demás). En 1998 se publicó 89 Republicanos y el Rey. Por el título quedaba claro que el editor que nos pidió que contestáramos su cuestionario no había logrado juntar a cien republicanos, para poner el suyo en la estela de otros libros parecidos (Cien españoles y Dios, etc.). Ni que decir tiene que el libro pasó sin pena ni gloria. Decía allí que no hay forma más racional de gobierno que la república. Y eso sigue pensando uno, pero viendo a la mayor parte de quienes la reclaman en estos tiempos y la prisa que se están dando para liquidar la memoria del rey que lideró el periodo más largo y próspero de la historia de España, no iría uno con ellos ni a la esquina. Al final iba a tener razón Kant, la forma ideal de gobierno, decía él, sería una República con un soberano al frente. Más o menos lo que tenemos.

En Madrid anuncian cambio de nombres de calles, y en Barcelona igual. Por fin vamos a ganar la guerra, las guerras, todas las que perdimos. ¿Y por qué detenerse sólo en los borbones, se preguntaba Martínez de Pisón en un artículo impecable de La Vanguardia, y no acabar de una vez con todos los reyes, y de paso con santos, obispos y papas, cómplices de tiranos sanguinarios? Llegados a este punto, qué nostalgia de los nombres comunes: Calle del Aire, del Agua, del Olvido. Ah, el olvido... El problema nunca fue el olvido (lo supieron Nietzsche y Hannah Arendt),  sino querer recordar lo que nunca sucedió. “Una mentira no es media verdad, es sólo una mentira”, decía alguien en The Wire.

   [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 6 de septiembre de 2015]