5 septembre 2011

La historia del hijo pródigo contada por él mismo

Si no lo he comprendido mal, esta es la historia: El Sur ha sido pródigo, ha llevado una vida de disipación y desenfreno y se ha dejado tentar de todas las maneras. Se ha endeudado y se ha dado a vivir por encima de sus posibilidades.  Sólo cuando su bolsa no fue más que un cuero lacio, comprendió que o volvía a la casa del padre o moriría de hambre. El padre, naturalmente, es Alemania, que tiene colmados sus graneros y sus ganados se multiplican. 

En la parábola clásica, el padre, contento de la vuelta del hijo pródigo, mata unos cuantos corderos para banquetearle, con la indignación del hijo mayor, al que ese dispendio le parece un escarnio, entre otras razones porque tales corderos los crió él con trabajo y esfuerzo mientras su hermano  se dedicaba a hacer zapatetas como don Quijote en Sierra Morena. En la parábola clásica las cosas sucedían de este modo. Pero las parábolas, como las óperas, están para que se las remoce de vez en cuando. De modo que el padre, en cuanto vio venir al golfo Sur, le echó el guante, se lo llevó a la majada y le ordenó que la dejara como los chorros del oro. Después debería llevar el estiércol a los campos y a la vuelta, y sólo cuando se pusiera el sol, podría recogerse en la gañanía, pues, a partir de ese momento viviría, hasta nueva orden, con los jornaleros y no en la Casa Grande. Ni que decir que el hijo mayor (el Parlamento alemán) aplaudió con entusiasmo la extrema severidad del padre, y aprovechando que éste no le veía, propinó a su hermano unas cuantas collejas arteras y le pidió, de paso, la dirección de los burdeles por donde había estado.

Es comprensible el enfado que hay en la Casa Grande, pero conviene preguntar al hijo pródigo. Y esto es lo que dice: “No sé lo que hayan hecho otros. Tengo cuarenta y dos años, estoy casado, y tenemos dos hijos. Tenía un buen empleo, honrado y remunerado lo justo para intentar comprar, hace cinco, una vivienda que seguiría pagándola hasta quince años después de mi jubilación. Mi mujer también trabaja, a tiempo parcial, cuando le sale algo, de limpiadora. Llegábamos a fin de mes con lo puesto, nada de restaurantes ni viajes llamativos, la ropa en las rebajas, y las vacaciones  en el pueblo con los abuelos. ¿Es a esto a lo que llamamos vivir por encima de nuestras posibilidades? Le voy a decir quién vive por encima de sus posibilidades: todos aquellos que gastan lo que no necesitan: desde el Ministerio de Defensa al que compra y tira una manzaza porque ha dejado de apetecerle, pasando, claro, por todos los especuladores y millonarios. Salen a diario en revistas y periódicos. La vida es corta. ¿Hemos hecho mal en querer vivirla de una manera digna? Cierto que “para el hombre lo mejor es vivir tranquilo con poco, pues de lo poco, bien se sabe, nunca falta”. Son palabras de Lucrecio, tomadas a su vez de Epicuro. Pero es que nosotros ya vivíamos con poco. Se me olvidó decirle: mi empresa cerró, y estoy sin trabajo. La casa quiere quedársela el banco a la mitad del precio en que la tasó, y aún así debería seguir pagándosela, porque mi banco tiene sus compromisos con bancos alemanes. ¿Indignado? ¿Usted qué cree? De momento leo unos días a Epicuro y otros a Job. Eso nos va valiendo”.
            [Se publicó en el Magazine de La Vanguardia el 4 de septiembre de 2011]

4 septembre 2011

La vidriera de Verona

HA sido Verona una de las almonedas con más carácter que haya conocido el Rastro estos últimos treinta años, y a su dueño, Vicente, le debemos una de las frases más serias que se hayan pronunciado en aquel barrio, cuando uno le sugirió un día de invierno que podía vender el maravilloso olor a petróleo, más fino que una hebra de seda, desalojado por una vieja estufa. Había llegado hasta allí, naturalmente, en el mismo carril de cosas viejas por las que llegaba todo. "¿Tú crees que se gana algo vendiendo?", dijo. Luego añadió sentencioso que la ganancia siempre está en la compra, demostrando de ese modo que allí le había llevado el amor a las cosas viejas, no el negocio.
Vicente Verona ha traspasado su almoneda a unos amigos y ha puesto en manos de otro un local nuevo, de cosas escogidas. La ha llamado La vidriera de Verona por la de Maumejean, decó, en la que se zambullen unas ondinas. Se inauguraba hoy, calle de la Arganzuela. De allí procede este santo o santa, al que el tiempo ha desnudado y quitado el copete. Fue una noticia triste saber que nuestro amigo se iba a desvincular del negocio del cachivache, porque ha sido en él la persona más culta, intuitiva, razonable y, ¡sobre todo!, paciente y afectuosa que ha dado un gremio que pasa de jaula de grillos a jaula de fieras sin solución de continuidad. Pero no lo ha sido saber que en realidad no se ha quitado del todo, sino que se está quitando, como esos fumadores con buenos propósitos.

Alto potaje y otras cosas sueltas de domingo

"CREO recordar que en tu último diario hablabas de las erratas. "Pulgas", decías. Ayer tuve que escribir un correo a una señora muy rica y muy mirada de Venezuela. Al despedirme en vez de "Un saludo cordial" colé "Un salido cordial". Cuando me percaté era tarde". 
En ese caso, quizá hubiese sido preferible el "abraso" del que se hablaba aquí el otro día.
* * *
LE vio tentar los higos en la higuera, antes de arrancar los que estaban en sazón, y se le vino a los labios una copla de sus años mozos:

No te enamores, galán,
de moza que sirva a un amo,
que lleva más atentones
que una breva en el verano.

Y no fue tanto que en esta letrilla licenciosa viniesen declarados tantos matices tácitos de  la historia de las relaciones entre amos y criados, y que tanto juego dieron a las óperas bufas del siglo XVIII, sino lo que nuestro amigo, sabiendo la afición que uno le tiene a apuntar y publicar según qué cosas, añadiera, riéndose, que no fuese a decir que había sido él quien me la había apuntado, acaso por creer que tampoco le sentaba bien a sus años acordarse de según qué cosas.
* * *
ASEGURA en su página semanal haber leído, estar leyendo o ir a leer diez o quince libros nuevos cada semana, algunos de quinientas o seiscientas páginas. Ha hecho uno el cálculo: unos seiscientos libros al año, dos al día. Lleva con esa página en el periódico unos diez años, por tanto, habrá leído seis mil nuevos libros, haciendo la media. 
Lo raro no es que uno no haya leído nunca ninguno de los libros que ese hombre asegura devorar a la semana, o que no le hayan echado del periódico por embustero (aunque si se demostrara que dice verdad, el director tendría que echarlo del periódico con mayor razón), sino que pueda nadie creer que a eso haya de llamársele lectura y no ingesta. Claro que algo de ese atragantamiento se transmite en sus gacetillas, alto potaje de marujeo literario.

3 septembre 2011

Las gentes

HA sido un larga estancia en el agro. Durante este tiempo apenas hemos visto a nadie, si exceptuamos a la cajera del súper una vez por semana. Es comprensible que mire  uno con inquietud la vuelta a la ciudad. Se nos viene a la memoria esta frase del Diario de un pintor, de Ramón Gaya: "Creo en Dios, en la naturaleza, en la realidad, pero absolutamente nada en la sociedad –sea la que sea–; y creo también en la persona, en las personas, incluso creo en las gentes, y, sobre todo, me gustan las gentes, aunque espero muy poco de ellas”. Es una manera muy cervantina de ver el asunto, sobre todo en quien como él era muy partidario de Velázquez y un poco menos de Cervantes, acaso porque encontraba que el humor en Cervantes había sido una debilidad (lo cual, tratándose de un escritor que durante mucho tiempo ha pasado por un humorista es una objeción considerable). Pero ¿cómo hacer, si no es con un poco de humor,  que las gentes nos resulten tolerables, de hacernos tolerables a ellas?
(Foto: Monte Santa Cruz, 2 de septiembre, 2011)

2 septembre 2011

Regreso

NUESTRO amigo había llegado ya al país de Us y estaba en casa de Job. Se encontraban  allí Elifaz de Temán, Bildaj de Súaj y Sofar de Naamat. Nuestro amigo nos envío recado para que bajáramos. No quería que le dejáramos solo con aquellos tres mentirosos, y allá nos fuimos a reunirnos con él y con el hombre santo. Este nos recibió apesarado: “¿No está mi apoyo en una nada?” (Jb 6, 13). Pero nosotros, que conocíamos el final de su historia, le consolamos con las palabras de otra, con las que Sancho (libro por Libro, podríamos decir) trataba de animar a don Quijote, tras la aventura de Clavileño: “Ea, buen señor, buen ánimo; buen ánimo, que todo es nada” (II, 40). 
Y si lo cierto es que la vuelta al mundo y al demonio (la carne, por suerte, no se ha separado aún de nosotros), si la vuelta, decía, al diablo mundo nos recuerda que tenemos nuestro apoyo en una nada, sabemos con Cervantes que no hay que apurarse. En palabras de M.B., reviviscencia de Sancho, "no sirve querer", y por lo mismo... buen ánimo para el regreso.

1 septembre 2011

Museo: molino de la soledad

MIROTEABAN una de esas salas con vitrinas llenas de puntas de sílex, cacharros malparados, marros en los que resultaba difícil adivinar forma ninguna de hacha,  pedazos más o menos informes de metales calcinados… Les había traído hasta allí no su valor o su belleza. Ni siquiera su rareza: iguales o parecidas esquirlas de la prehistoria pueden encontrarse hoy desparramadas por museos de medio mundo, en abundancia casi superior a las astillas del lignum crucis. No, únicamente su resistencia a desaparecer, el haberle echado un pulso al tiempo y haberlo vencido, les ha franqueado la puerta de la historia. Siguen siendo, como si dijéramos, patitos feos y deleznables que no acabaran de creerse cisnes, pese a ver cómo tienen al retortero un ejército de celosos conservadores e historiadores que los tratan con guante blanco, por no hablar de los visitantes como nosotros a los que en ese orden de cosas podrían muy bien darles gato por liebre.



Y del museo, hoy en el antiguo Palacio de las Veletas, donde vivió hace cien años el autor del Nuevo Libro de Yerbas lo más destacable, el museo en sí, tan cuidado y vacío como muchos museos provinciales, encantadores en parte porque están vacíos; el aljibe, porque donde hay agua, y más si es ciega, hay sueño; un plato, en el que figura un cazador y un perro; el nombre de una almazara en una zafra y esas dos figurillas en madera de boj, tan brancusianas (avant Brancusi, claro), en cuya base está el sello con el que cada panadero improntaba los panes salidos de su tahona. Esa probidad de los gremios artesanos y la satisfacción por su obra bien hecha, que les llevaba a firmarla sólo después de hecha, es rara, desde luego, en los gremios artísticos, acostumbrados a lanzar el yo por delante.

31 août 2011

Una errata y dos medias

UNA errata bonita, al final de una carta de amor, como despedida: donde debía decir "abrazo", se leía "abraso".
* * *
PRODIGIOSO diario poético el que Unamuno nos dejó en su Cancionero (en el que figura aquel poema misterioso suyo del constructor de casas rústicas que JRJ ponía en la cumbre de la lírica española). Se diría que los poemas se le fueron escribiendo solos a don Miguel. Lo imaginamos metiéndose la mano en los bolsillos del pantalón o de la chaqueta y sacando de ellos papelitos de todas clases y formas que hubiesen aparecido entre los trozos de miga de pan que también solía guardar en ellos, pan ellos también, como por magia. Y así, como si fuésemos san Isidro, querríamos que un ángel nos labrara el campo, quiero decir, que fuese él quien escribiese todo lo nuestro (nos bastaría un ángel raso, de la clase de tropa, dejándole los arcángeles y demás potestades a gente más aprovechada, como Rilke), y que nosotros no tuviésemos otra cosa que hacer que mirar:

Dos caños son los ojos
que meten hacia dentro
toda la realidad,
rara fuente que nunca
dejará de manar.

Adonde quiera miren,
las cosas van buscando
el venero hacia atrás,
que ni cerrados ellos
dejarán de soñar.
* * *
PROBAMOS uno de esos modernos híbridos de fruta que sacan ahora, y vimos que había perdido el encanto de donde partía, quizás una ciruela, sin lograr nada de aquello a lo que pretendía llegar, quizá un mango, como a esos que se les ocurre hibridar deportes,  música y tantas otras cosas (del mismo modo que la gaseosa está tan lejos del agua como del champán), o en literatura esos diarios de algunos que dicen que son novelas, los famosos diarivelas o novelarios, que ya sabemos que puedan dar de sí lo que las nectarinas o el voley playa.