6 novembre 2011

Foto del Rastro

El Rastro, 6 de noviembre de 2011

Novísimos endecasílabos últimos

NOVÍSIMOS endecasílabos últimos, "lígrimos, lánguidos, íntimos":

"El repertorio de los higos chumbos", Rapsodia (2011), Pere Gimferrer.

"El teléfono móvil de los huevos", Farol de Saturno (2011), Antonio Martínez Sarrión.
     
     y algunas variaciones:
El repertorio chumbo de los huevos
El repertorio móvil de los higos
El repertorio de los huevos chumbos
El teléfono de los chumbos móviles
El teléfono chumbo repertoria
El teléfono, el higo, el repertorio
Teléfono de un higo y de unos huevos
Los huevos del teléfono en un higo
¿El higo de los huevos? ¡Al teléfono!
    (En fin, vamos a dejarlo aquí para no entrar en bucle ni molestar a tan buenos amigos)


Foto: El árbol del ahorcado, octubre 2011

5 novembre 2011

De un cuestionario

Cada vez le resulta a uno más difícil explicar, y hacerse creer, que a medida que pasan los años mira libros y papeles, viejos y nuevos, con mayor distancia, a menudo con extrañeza, como si no los reconociera, los suyos propios y los ajenos. Cierto que persiste uno en buscarlos y acopiarlos, y agradece también cuando se los regalan, porque las palabras siguen siendo a menudo alimento del alma. Claro que "hasta que al fin cayeron en un libro, / ay, tragedia del alma". 
Los responsables de El Cultural le enviaron a uno hace una semana este cuestionario para acompañar el excelente artículo de Juan Bonilla publicado ayer. Bien porque se excediera uno en las respuestas, bien porque creyeran que estas tampoco valían gran cosa, bien porque, como decía Camba, no haya nunca que responder cuestionarios gratis, pues o los publican a medias, porque son gratis, o los cobra otro, el caso es que de este faltaban algunas cosas, preguntas incluidas. Aquí va completo, sabiendo que en ninguna de esas respuestas va lo que verdaderamente importa, y no sólo porque no se nos preguntara sobre ello. No es excusa. Hemos de hablar de eso, aunque ni se pregunte ni posiblemente vayamos a encontrar a nadie que lo escuche: que los libros no pueden seguirnos nunca hasta el final. El último tramo hemos de hacerlo solos, tal y como vino a decirnos don Quijote,  al que no acompañó en su vida conquistadora ni uno solo de los libros que veneró y que le hicieron perder la cabeza.
Podríamos dejarlo así: Mejor aún que leer es haber leído.

1. Sé que es muy discreto sobre sus hallazgos, pero ¿cuál ha sido la biblioteca de escritor más interesante que ha salvado de acabar en manos de “traperos” o al menos de ser malvendida y desperdigada?
Cuando se vende un libro viejo suele ser por una de estas tres causas: porque ha muerto su dueño, porque necesita el dinero o porque ha dejado de gustarle o no le gusta lo suficiente como para seguir teniéndolo consigo. Así que cada libro viejo viene con una historia .Y todo es relativo: los libros, aunque se hayan pagado por ellos millones, no siempre están en las mejores manos. La rueda de la fortuna también rige para los libros, que un día están mejor y otros peor, según con quién. En mi caso, los viejos han sido la alegría en la casa del pobre, y ha durado mucho.

2. ¿Cuáles son los libros que más ama y que ha rescatado de ese modo?
 Me hizo ilusión el día que encontré en el Rastro la primera edición de La Fontana de Oro, dedicada por Galdós a José María de Pereda. Pereda se quejó años despues de que Galdós no le enviara los libros dedicados.

3. A su juicio, ¿qué escritor español ha sido el peor tratado por sus herederos a la hora de hacer dinero con sus bibliotecas?
No tengo la menor idea. 

4. ¿Qué opina de lo ocurrido con la Biblioteca de Aleixandre?
Sé poco de Aleixandre, y menos aún de su biblioteca. Pero seguro que no hay que dramatizar.

5. ¿Y con las Fundaciones Cela, de la que se dice  que los volumenes se apilan en cajas sin abrir y deterioradas, o del cierre de la Alberti? 
Los libros en cajas siempre dan un poco de pena, incluso, supongo, los de Cela y Alberti.

6. ¿Sabe ya cuál será el destino futuro de su biblioteca?
No. Me gustaría que acabaran en manos de gentes que los estimaran y cuidaran, en alguna institucion o en manos privadas, y sólo en el supuesto de que fueran a leerlos. Nada de bibliófilos que tienen los libros en las paredes como esos trofeos de caza tan fúnebres.

¿Alguna vez se ha encontrado, como tantos otros, con algun libro suyo en una librería de viejo o similar?
Sí, incluso dedicados. Míos y de todo el mundo. Y entonces pienso en lo que decía en la primera pregunta, pero me alegra saber que quizá su segunda vida sea mejor que la primera. 

8. ¿Cuál cree que podría ser la biblioteca más valiosa en el futuro de un escritor (o editor) coetáneo suyo?
De las que yo conozco, la de Abelardo Linares, de literatura española, y la de Juan Manuel Bonet para las vanguardias, sin dudarlo.

4 novembre 2011

Errante. Unter den Linden

                     Para Sergio Campos
IMAGINABA de joven en la palabra tilo todo el romanticismo alemán, y a la sombra del romanticismo, como a la sombra de un tilo, se imaginaba él. Se veía sentado sobre la hierba, con la espalda apoyada en el tronco, abrazado a sus rodillas, con su cabeza apoyada en ellas, entregado a la hora del crepúsculo a ensoñaciones y pensamientos que daban también a su vez una sombra azul, hecha de lejanías.
Pero nunca imaginó, hasta que no llegó a esta ciudad, que la palabra romanticismo y su sombra de idealismo, la más negra de las sombras, acabaría durante la última guerra con todos los tilos que hubo en ella. En la ciudad quedaron para siempre heridas milenarias de todos los crímenes que se cometieron allí, pero los tilos crecieron de nuevo y han vuelto a ser los viejos tilos de portentosas copas. Cada año el otoño pone en ellas el bálsamo dorado, y de las hojas muertas se eleva una canción. Habla esa canción de un joven que va buscando un tilo para descansar de una larga jornada. Su vida es en efecto heroica, pues sabe que ningún hombre es libre si no es al mismo tiempo un hombre errante. 

Schloss Charlottenburg, 3 de noviembre de 2011





3 novembre 2011

Veletario

NI veletas ni pararrayos fueron hechos para que funcionaran (no ha visto uno jamás ni caer un rayo en un pararrayos ni girar una veleta), sino para habitar los cielos, tan solitarios, y para recordarnos el Siglo de las Luces, en el que proliferaron unas y otros. Las veletas, con su quejidos orinecidos, como ese instrumento musical que entretiente al viento, y los viejos pararrayos herrumbrosos como el bastón de Dios (pararrayos de Dios llamó Darío, como sabemos, a los poetas) tienen algo mágico y, junto con los relojes de sol, tienen algo que parece haber salido directamente de la fragua de Vulcano.
Le gustaría a uno recibir veletas de todas partes, antiguas y modernas, como esta de nuestro amigo, tan bonita, y traerlas a este almanaque y fundar una secta de veletarios dedicada a liberarlas del orín que tiene esclerotizados sus viejos hierros y a que volvieran a girar y a acompañar los vientos.

Veleta de Pelayo Ortega, precursora del veletrayos, híbrido de veleta y pararrayos. Envío de su autor.

2 novembre 2011

Hoy a mí, mañana a ti

Sigue leyendo uno la correspondencia de Van Gogh. Como un vasto país, están llenas esas cartas de rincones asombrosos, muchos ya lejanos en tiempo y espacio, pero aún hospitalarios. Hablando de la muerte de un joven pintor, Gerard Bilders, dice a su hermano Theo: "Bilders es muy espiritual, sabe cómo quejarse de forma divertida, porque desea manilas finos y no tiene con qué comprarlos, o porque no encuentra la forma de poder pagar las facturas del sastre; describe sus problemas económicos con tanta inspiración que no le queda más remedio que reírse, e igualmente sus lectores".
Así que sube uno hoy aquí este dibujo con el que Solana, nuestro van Gogh ibérico, ilustró la contracubierta de su Florencio Cornejo, y que desde hace años no nos quita el hueco del ojo de encima, enseñándonos a reírnos de nuestra propia calavera.
Es reconfortante que Van Gogh encuentre el humor como un rasgo de los temperamentos más espirituales, al contrario de tantos solemnes que lo ven como una debilidad, sin acordarse acaso de que el humor es el fruto de la eterna juventud y que Afrodita era precisamente "la que ama la risa".


1 novembre 2011

La Góndola (Misericordia Herrera)

EN el Rastro (tienen razón los que se compadecen de mi vida viendo que casi todo lo que le sucede a uno, transcurre en aquel arrabal de los deshechos y de los desechados, de los desengaños, de la miseria, de las postrimerías) emergen de dónde vestigios admirables de la vida pasada todavía vivos, buscando su primera resurrección. 
En una caja de cartón estos papeles de lo que fue, seguramente, una fábrica de harinas salmantina. Llegan de los años en los que España salía adelante a base de fideos. Así lo abonan sobres, papeles timbrados, viejos talonarios ya inservibles de bancas desaparecidas y la correspondencia con otras industrias del ramo: la fábrica de harinas por cilindros San José, de Macotera, la de Galletas Trigal-Domínguez, de Salamanca, las Mantequerías Marcos de la calle Concejo y, principalmente, La Góndola, con todas las fichas de sus empleados. Las va mirando uno, y algo en todas y cada una de ellas le conmueve: los retratos, los nombres, su historial de artesanos. Misericordia Herrera Martín, nacida en 1944 en San Pablo de los Montes, Toledo, tenía catorce años cuando empezó a trabajar como aprendiza en el Obrador de La Góndola. Es probable que viva todavía. Y como ella otras, las muchachas en flor. Ellas mismas fueron flor de harina en las negras rastrojeras de la posguerra. Qué quedará en sus sueños de la lozanía que sonríe en estas viejas fotos: Carmen García Malcriado, Pilar Librado Cortés, Josefa Hernández... No sabemos qué novela les estaba destinada a esas criaturas de nombre tan galdosiano, pero sí que en cada una de esas vidas habrá un relato, como mínimo, de Chejov... o de cualquiera al que aún le conmuevan las vidas de las gentes humildes.