CUANDO la realidad novela sola, resulta fascinante, trae consigo otra vida, nueva e irrepetible. Cuando, por el contrario, la ficción trata de suplantar lo real, da miedo.
Vayamos a la primera de las fotos. Se trata de un original, una foto particular, de turistas, del tamaño de una tarjeta postal. ¿Fecha? Los abrigos, y el revelado, hablan de los años treinta, pero también de los cuarenta, quizá de los primeros cincuenta. Entonces los abrigos duraban mucho. Qué duda cabe que la presencia de esa pareja "distrae" de todo lo demás, y el clima que crea el caminante en esa callejuela angosta, torcida, con síndrome de Pisa, se banaliza. ¿Pero pensaríamos lo mismo si esa pareja de desconocidos que se han apartado para no estorbar la vista (saben que la "importante" es esa calle tan singular, no ellos, más incluso que la cabeza que asoma a la ventana o el hombre que se aleja, en los que probablemente no habían reparado), pensaríamos lo mismo, decía, si los desconocidos fuesen "álguienes"? Por ejemplo, Rosa Chacel y su marido Timoteo Pérez Rubio. Se dan un aire. A ella la hemos visto retratada con un abrigo parecido. Le gustaba hacérselos ella misma, diseñárselos. En el momento que pudiésemos confirmarlo, esa calle se habría llenado de una significación nueva, impregnándose de la presencia del pintor y la novelista, del mismo modo que nadie puede transitar ya por la Calle del Aire sin pensar en Cernuda, ni entrar en A Brasileira sin recordar a Pessoa. En ese caso, en el caso de que esos jóvenes fueran personas señaladas ya entonces, o lo llegaran a ser años después de que la foto fuese hecha, ¿se atrevería nadie a eliminarlos de ella? Muy al contrario, con toda probabilidad esa calle habría pasado de ser un rincón anónimo y opaco a otro luminoso que, como un espejo, reflectaría hacia nosotros, en el ejemplo propuesto, las obras meritorias, escritos y pinturas, de esas dos personas.
La foto de Machado y Rosario del Olmo suscita parecidas consideraciones, con variantes sin embargo de mayor trascendencia.
Por suerte para todos, J.M.Bonet es entusiasta tanto de las propias quests, (así le gusta llamarlas, y él ha emprendido algunas), como de aquellas otras que no empezándolas él, le intrigan. Ha ocurrido con esta foto.Tirando del hilo que le ha conducido por el laberíntico internet, nos ha hecho saber que R. del O. tenía una hermana, Ángela, actriz, que estrenó, en el papel de gitana, la obra de los Machado La duquesa de Benamejí, en 1932, dos años antes de que su hermana la escritora entrevistara a Machado. Que ambas, "amigas de la Urss" y miembros de la Alianza de Intelectuales antifascistas, firmaron manifiestos antes de y durante la guerra en diferentes periódicos de izquierda y que María Teresa León tiene un recuerdo para Ángela en sus memorias, un "¿qué se fiço?", después de decirnos que trabajó durante la guerra en los teatrillos guerrilleros que ella dirigía. Tras la guerra y su paso probable por las cárceles franquistas se pierde la pista de Rosario, no así la de Ángela que reaparece como actriz en el estreno de...¡Baile en capitanía!, de Foxá, en el 44. Después un largo paréntesis que JMB cerró entrando en la sección de fallecimientos en Madrid del Abc: en ella noticia de la muerte de Ángela, en 1997, y de Rosario, en 2000. Es decir, las tuvimos al lado durante cuántos años, silenciosas, "anónimas", sin que llegáramos a verlas en su fosca transparencia, y no tanto por una distracción nuestra como por una inadvertencia de todos. Se habrán ido con sus historias, sus recuerdos, sus secretos, dejándonos el pequeño abismo de su novela.
Cuando Alfonso hizo la fotografía es evidente que no estaba haciendo un retrato del poeta, sino una instantánea de este y de la periodista para ilustrar un trabajo periodístico. Él o el responsable del periódico cortaron lo que consideraron que sobraba, por ejemplo, el camarero reflejado en el espejo. Cuando años después, pasada la guerra, Alfonso decidió convertir la foto en retrato, ya sabía que la periodista había estado en la cárcel. Quizá siguiera encarcelada. Publicarla completa habría sido tanto como circular una pregunta cuando menos incómoda: ¿Y esa mujer quién es, dónde está y por qué está donde está al lado de persona tan principal? No diremos que la fortuna de ese retrato, el más célebre de Machado, se haya hecho sobre el infortunio de Rosario del Olmo (¡y lo que no habrá pensado ella todas y cada una de los cientos, miles de veces que se tropezara con ese lugar del que había sido suprimida, expulsada a un doble exilio!), pero haber conocido la verdad nos lleva, a partir de ahora, a circular ambas versiones, complementarias, de una realidad que al hacerse compleja se vuelve, paradójicamente, más clara, fascinante y comprensible.
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| Foto de la izquierda de autor desconocido. Derecha: Antonio Machado y Rosario del Olmo fotografiados por Alfonso en diciembre de 1933 y en el encuadre publicado por La Libertad en enero de 1934. |