2 février 2012

El asunto Ruano, el enigma Ruano (y 3)

LOS papeles de la denuncia se deshacen en nuestras manos, lo que cuentan se desintegra en su propia mezquindad no sin antes contagiarnos de su violencia: viendo cómo se portaron con él los energúmenos, Ruano debería haber sido aún más enérgico con Maeztu, con León. Lo que hizo con ambos no pasa de ser una habanera crítica.
Y a estas alturas nadie nos va a quitar telarañas de los ojos. Sabemos quien fue Ruano. Asusta saberlo incluso.
"El arte no es expresión, sino purificación; y por lo mismo que su tarea consiste en no cantar, como se ha supuesto, sino en expiar y salvar, su destino es estar, en cierto modo, enamorado del pecado, de la imperfección, de la injusticia, del desorden. El arte no viene a mejorar ni a moralizar la realidad, sino, como hemos visto, a salvarla, pero a salvarla completa, con todo, es decir, caritativamente, más aún, piadosamente", nos dice pensando en las obras maestras Ramón Gaya, la persona, el artista más opuesto a Ruano que quepa imaginar, en la vida y en el arte.
Ruano no ha salvado la realidad completa, pero, viéndola naufragar, la ha lanzado, desde el buque de su miseria, de su cinismo, de su purrimiento, un flotador, un salvavidas.
Alguien se preguntaba aquí qué había de genuino en su obra, cuáles de sus libros merecían la pena ser leídos, qué fascinaba en ellos.
Fascina la cordialidad sentimental con la que ve a sus modelos. Sus Siluetas de escritores contemporáneos nada tienen que envidiar a Españoles de tres mundos, unos en moderno, otros en egipcio, unos cubistas, otros al vapor. En ese libro está la línea que explica todo Gómez de la Serna: "un botijo que pare inesperadamente porcelanas de Sèvres". Y es raro no hallar uno solo de sus retratos sin una pincelada sorprendente, luminosa, iluminada. El talento de esta visión está en ese "inesperadamente", porque también le atañe a Ruano. En este, todo es también inesperado, pero cuando sucede resulta irrevocable. Fascinantes son también, a mi modo de ver, Mi medio siglo se confiesa a medias (continuación de Automuribundia, ni mejor ni peor, contrapunto de las otras grandes memorias de aquel tiempo, Desde la última vuelta del camino o Un hombre que se va) o La memoria veranea, en la que se encuentra la mejor entrevista que nadie le haya hecho a Baroja. Inesperadamente, aunque no tanto (uno o dos por página), sus hallazgos verbales son tan prodigiosos como su sagacidad psicológica, y ambos inversamente proporcionales a su patológica amoralidad. 
Lo venimos diciendo: todo sucedió en medio de la miseria de los cafés españoles de la posguerra, entre poetastros de tres al cuartos, leones, maeztus y caudillos, por mano de quien tenía las puntas de los dedos del alma manchadas de nicotina. Una miseria que él ha purificado y ha salvado en parte, ni él mismo podría decirnos cómo, ya que ni él mismo pudo salvarse. Suficiente aunque haya sido a medias. Fue más de lo que nadie dio en aquella España, de lo que nadie pudo entonces dar aquí.


Ruano en su casa por Català-Roca, años cincuenta

1 février 2012

El asunto Ruano, el enigma Ruano (2)

PODRÁ uno no compartir el procedimiento delator de los autores del informe Ruano, pero comprende su indignación. Pensarían: haber hecho una guerra, ganarla y dejarle la victoria a quien se la pasó en Capri... Reírse de Ricardo León y Ramiro de Maeztu les pareció que merecía otra.
En la misma página del Heraldo de Madrid en la que aparece publicada la crónica de Ruano dando cuenta de la quema del colegio de Maravillas, que ardió con otros en Madrid esos días, figura la cuestación nacional para el monumento a los héroes Galán y García Hernández, fusilados por la dictadura militar poco antes por haberse sublevado contra ella. De Galán iba a publicar por entonces el periodista un folleto, uno de esos escritos que los autores del "Informe Ruano" denunciaban y a los que el propio Ruano hace referencia en la nota bibliografía que incluye precisamente en la bibliografía que abrocha sus Siluetas de escritores contemporáneos: "Se han excluido de esta lista veinte títulos de libros que correspondiendo a la gracia efímera o necesidad del momento, el autor no considera, aun sin renegar de ellos, dentro de su estricta obra literaria en marcha". 
El 11 de mayo del 31 quemaron el colegio Maravillas, en Bravo Murillo, y hasta allí fue el reportero Ruano urgido por la necesidad del momento. El carné de periodista le franquea la entrada al edificio que defiende de la curiosidad y el saqueo un cordón policial. Encuentra Ruano por todas partes escombro y chamusquina, y se apresta, sin más, a contarnos las cosas con su efímera gracia. Tras sugerir que han sido los mismos frailes quienes destruyeron el archivo del colegio, dice: "He aquí un capítulo importante: la destrucción que los mismos religiosos han hecho de sus conventos". Habla, pues, no sólo del de Maravillas, sino de todos los que están ardiendo en Madrid. "En muchos, y en este, el incendio fue extrañamente ayudado desde dentro antes o simultáneamente a que entraran las turbas". A medida que transcurre, la crónica de Ruano se hace solanesca: "Las bodegas, cerca de los sótanos donde estaban los billares. Un río de vino mezclado con el aceite. Grandes barriles. Y un verdadero cementerio de latas de conserva abiertas unas, retorcidas por las llamas otras, las más, intactas. El pueblo ha comido, ha bebido por una vez como ellos [ los frailes] comieron toda su vida. Se necesita ser muy miserable para llamar a esto pillaje y no llamárselo a lo otro. El recuerdo de la leyenda de los curas y frailes dieciochescos glotones y entregados a la sensualidad acude, sin quererlo, a la imaginación". Y al poco rato, descubre Ruano en el suelo un escapulario con el "Detente, el Corazón de Jesús está conmigo". Se espera mucho de Ruano en ese paso, y Ruano, carga la suerte en su toreo de salón, mirando al tendido: "[El Corazón de Jesús] no estaba con ellos, no. Cada día ven y vemos los creyentes que si Jesús volviera no estaría con ellos, con quienes han hecho de la religión una simple fuerza política, una continua intriga". Que Ruano tuviese o no razón es, en este caso, menos importante que el hecho de verlo trabajar de mercenario.
La visita al colegio de Maravillas ha terminado, y Ruano, futuro marqués ful de Cagigal, exclama, con el convento humeante a sus espaldas: "Serenidad ahora. ¡Que la generosidad y la paz de la República esté con todos!". 
Podemos, sí, comprender la indignación de los informantes, pero decididamente todo en su informe acaba repugnando. Setenta años después nos vuelve incluso más simpático a ese pícaro que tuvo la efímera gracia de no tomarse en serio a Ramiro de Maeztu y a don Ricardo León, el novelista predilecto del Caudillo. Lo dijo además por escrito sin temor a los inquisidores, con los cuales, por cierto, coincidía en aquellos cócteles de los que en Madrid había media docena cada tarde.

    (Mañana último capítulo)

Uno de los folletos republicanos de Ruano, ¿1931? ¿1932?, y panfleto fascista escrito y publicado por Ruano y su amigo Mac-Kinlay en Roma en 1937.

31 janvier 2012

El asunto Ruano, el enigma Ruano (1)

ASÍ es como se le llama en estos papeles: "El asunto González Ruano". La paliza que le dieron es lo de menos.
Todo lo que se haya dicho de Ruano es poco, cuanto se diga acaso no será nunca suficiente, y "el asunto Ruano" apenas es nada comparado con "el enigma Ruano". Por supuesto que podremos decir de él lo más ignominioso. Por decir que no quede. Los candorosos, o sólo los oportunistas, hacen con él de vez en cuando moralina de salón y se lucen a su costa con lo que hizo y dicen que hizo en el París de la ocupación (y qué poco se supo de todo aquello, nos dijo Llop, y qué poco se sabe, habladurías aparte, su leyenda maldita!: apenas una carta del propio Ruano a Mary, su mujer, hablando desde la cárcel de Cherche-Midi de "esos policías tan atentos de la Gestapo"). Y con lo poco que sabemos, basta. Pero pocos escritores españoles tuvieron como él la llave de su tiempo, ni su talento. A la diabla, echado a perder, pourri, si se quiere, dandismo con los puños de la camisa sucios, pero con algo genuino y fascinante.

Hace unas semanas María Sintes Olivar, lectora de este almanaque, me envió, primero por correo electrónico y luego ordinario, esta "Nota sobre el asunto González Ruano".
   "Si tiene que citar a alguien, cite a mi padre, Francisco Sintes Obrador, que tiene más entidad que yo (...) No es que tuviera un cargo importante en la administración franquista, pero estuvo involucrado en todo lo que hizo Ruiz Jiménez..."
   De los archivos de Sintes Obrador proceden estos papeles.
   Aun teniendo delante el original, un montón de folios mecanografiados  y varias copias del servicio de microfilmes de la Hemeroteca de Madrid, todo ello en un estado de avanzada descomposición micótica, es difícil determinar con exactitud el propósito con el que fueron escritos y la fecha, aunque no el motivo. ¿Denuncia judicial, libelo, informe de la policía, obra de maniacos? Acaso todo a un tiempo.
   El documento fue redactado alrededor de 1950, poco después de la publicación del libro de Ruano Siluetas de escritores contemporáneos, aunque "la afrenta", tal como se la califica, pudo ser anterior, cuando los capítulos de ese libro se publicaron en el diario El Alcázar. Y que tiene que ver con dos de los retratos aparecidos en él esta fuera de dudas.

"César González Ruano, gravemente ofende en libros y periódicos, con carácter continuado de verdadera campaña, la memoria de figuras simbólicas de los Ideales que hoy España mantiene", comienza, y sigue: "Es de sobra conocida la conducta de escándalo y abyección de esa persona, lo que hace que unánimemente se la señale por doquier como prototipo de degradación y delincuencia; así como sus antecedentes, tanto de incendiario de conventos como de difamador en la Prensa y en el Libro de las más altas esencias, con grave escarnio para la Iglesia, el Ejército y la Tradición.
   "Expulsado, por inconfesables motivos, de las empresas privadas en que ejerció antes su profesión periodística, este hombre goza hoy del encumbramiento y del favor de los órganos estatales de Prensa, Radio y Propaganda. Y esos respetabilísimos instrumentos oficiales son dóciles en sus manos para que denigre e insulte la memoria y significación de dos figuras que son tenidas como representación del Pensamiento español: Ramiro de Maeztu y Ricardo León".
 (...) 
    "Como reacción lógica a insultos dirigidos contra su padre desde El Alcázar, los hijos de Ricardo León le propinaron una paliza. El juez del Juzgado nº 7 en los Considerandos de la sentencia dice textualmente sobre el asunto:
    “… No cabe desconocer, para graduar la pena, las circunstancias que han dado origen a tales hechos, pues si siempre es censurable la ingratitud de un hombre que se ha arrastrado ante su protector, en este caso el ilustre académico Don Ricardo León, modelo de caballeros, resulta menos digna la actitud despectiva con que el Sr. González le trata en sus artículos si se tiene en cuenta que quien lo hace no ha recibido más que beneficios del ofendido, cosa que realmente no puede extrañar en un escritor que maneja su pluma ofendiendo a los caidos, cuando ya no pueden defenderse por sí mismos…” Esta es la opinión de un juez sobre González Ruano.
    "Este individuo, que desgraciadamente goza de las simpatías que en ciertos sectores despiertan todos los truhanes y hombres de vida picaresca, se encuentra actualmente tan apoyado, que esta misma persona  que declara que los conventos los quemaron los propios frailes, cuando los incendios, con fines propagandísticos, (Heraldo de Madrid, 13-V-31) que ha llevado a cabo una campaña contra el Ejército, (Heraldo de Madrid, varias fechas) que ha escrito a propósito de la Dictadura del General Primo de Rivera: “Con la fusta africana se cruza la cara al pueblo español” (Heraldo de Madrid, 25-IV-31) que ha sido expulsado de Alemania por la policía por delitos comunes, que en Francia sus andanzas son harto conocidas, que constantemente se ha valido de medios de vida ilícitos y escandalosos, que su mujer ha tenido que separarse de él, que el debido respeto impide exponer detalles de su vida sexual, etc. etc.; puede actualmente afirmar impunemente en un libro que las ideas de Ramiro de Maeztu son tan absurdas que hacen reír (Siluetas de escritores contemporáneos, Editora Nacional) e intenta rebajar su talla en las Memorias que publica en El Alcázar".

Los informantes, en un país que vive bajo el terror de las delaciones, quieren y saben cómo hacerle daño. El pasado. El pasado es elocuente, si habla con sombras, entre brumas. Buscan los delatores una depuración, aniquilarlo. Aportan pruebas concluyentes, artículos del periodista anteriores a la guerra. ¿Qué dice en ellos Ruano? Incluso para ser de Ruano resultan asombrosos.
          (Continuará mañana)

Documento original Asunto Ruano. Archivo Sintes Obrador.

30 janvier 2012

Nene, caca

EL título de este artículo, de Álvaro de Laiglesia, podría haber sido también el de alguno de los libros del recordado y siempre asombroso Chumy Chúmez. Según cuentan las personas que saben de las cosas regias, no siempre reales, esas han sido las palabras (“nene, no toques eso, caca”) que le habría dicho en más de una ocasión el Rey a su yerno,  a quien se juzgará en breve como ciudadano por las cosas que hizo como duque en relación a ciertos negocios feos que acaso acaben siendo, además, sucios, puesto que parecen haberle manchado a él las manos y de paso la fama a la institución que representa.

Es previsible también que el juicio contra Urdangarín y la posterior sentencia acarreen a esta Corona y a la institución monárquica algún descrédito, del que en principio se beneficiará el republicanismo, hoy defendido con pujante ardor por la extrema izquierda y por la extrema derecha, empeñadas ambas desde hace años en menoscabar una y otra. 

Probablemente al Rey tales vindicaciones republicanas no le preocuparán en exceso, después de saber que incluso en estas circunstancias poco favorables para la Corona, él y su hijo gozan en las encuestas de un elevadísimo número de partidarios, más del setenta por ciento de los encuestados. Tal cortejo no lo ha tenido en España ninguna otra figura histórica, aunque por otro lado es más que probable que tampoco el Rey y el Príncipe hayan olvidado que ese pueblo que tanto les quiere hoy, mañana puede mandarlos de nuevo al exilio, porque si algo le ha apasionado al pueblo en este país es largar a sus reyes y reinas al exilio, desde Fernando VII hasta Alfonso XIII y don Juan, pasando por la casticísima Isabel II.

Dios, origen de la ficción que es toda Monarquía y autoficción acaso él mismo, no lo quiera, porque la idea de entrar ahora en la vorágine de una República Federal, con regiones enteras amotinadas pugnando por su independencia, resultaría pavorosa. Decía Lenin que el izquierdismo era la enfermedad infantil del comunismo sovietario, pero el nacionalismo, que ha sido la enfermedad infantil de nuestra democracia autonomista, podría llevar a este país a eso que el republicano Bergamín llamó, tan festivo como irresponsable, el “disparadero español”.

Coinciden en afirmar los que lo han tratado alguna vez que el Rey es alguien principalmente simpático y campechano. Estas cualidades, irrelevantes si habláramos de un científico o de un artista, son en un rey con tan limitada capacidad gubernativa como la suya, vitales, suficientes. Diríamos incluso que a un rey como él no hay muchas cosas que puedan pedírsele que haga, sino que no haga: hace treinta años, por ejemplo, que no se le viera demasiado por los cuartos de banderas y ahora, que no deje nunca, como la esposa del César, de parecer honrado. España ha dejado demasiadas veces ya de ser monárquica de la noche a la mañana y que eso pudiera volver a suceder, tras el periodo más largo de prosperidad y democracia de su historia, es algo que preocupa incluso a los miles de republicanos moderados que desean que esta ficción dure al menos otros treinta y cinco años.
   [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 29 de enero de 2012]

Gota de leche ducal o gota ducal de leche, como se diga.

29 janvier 2012

De rastros y encantes

ASÍ se titula el último libro de José Carlos Cataño (Universidad de Sevilla, 2011). 
Trata de eso, de sus paseos por los rastros de algunas ciudades del mundo y los encantes de la suya, Barcelona, buscando, es un decir, libros viejos. 
Si se tratase de libros, viejos o nuevos, no valdría la pena leer este libro ni ninguno. Tragedia del alma dijo Unamuno que les sucedió a las palabras del armador aquel de casas rústicas, cayendo en libro, haciéndose sagradas, o sea, intocables. Mientras estaban en el aire, qué bendición, qué bienaventuranza. Todo en ellas era tacto, caricia, céfiro. Cataño quiere que las suyas queden también flotando en el ambiente. Este es un libro de ambientes, de costumbres, o sea, un libro moral, palabra que viene como todo el mundo sabe de costumbre. Va, vuelve, mira, está entre las cosas viejas, las que acaban en el arroyo sin redención. Un  domingo y otro, y entre semana, en invierno, en verano, a cualquier hora. Es un libro largo que se hace corto porque va, vuelve, siempre con sus consideraciones de pequeño filósofo azoriniano. Los libros son lo de menos. No son grandes libros, sino aves menudas de vuelo corto, las que le ocupan, libros-gorriones, libros-jilgueros, libros-tordos. Lo agradecemos. A estas alturas de la vida, desencuadernados, no estamos ya para muchas princeps.
Confiesa Cataño en la primera línea que él no es un flâneur: "Yo siempre que salgo por la puerta voy a un destino definido. Me refiero a la calle, porque en lo que se refiere a la vida, ni entro ni salgo en ningún sitio". El lector le va siguiendo, y agradece verle en sus afanes y porfías, tanto más simpáticos cuanto más pequeños. Nos gusta mucho ese mundo, lo sabe él, de aljabibes, regatones y zarrracatines, el mundo de los despojos, el desordenado mundo de las postrimerías que se van de este mundo y vuelven a venirse a él entre alboroques.
Se engañará quien crea que este libro lo es de libros viejos, de cinegética bibliar. Este libro son sólo las confesiones de un hombre que se busca a sí mismo, y que, como todos, encuentra en el desorden del mundo un modo de ordenar su propio mundo, de traer el desorden a una intimidad. El cambiar de sitio el desorden, ya es un orden. Este libro, digámoslo al fin, trata también de una intimidad. ¿Qué es la intimidad? El único rincón del hombre, el más profundo de él, donde todo está ordenado. Y es feliz sólo aquel que no teme quedarse a solas en su propia intimidad, sala de espera. Si tiene a mano este libro, mejor; habla de lo que hablan los libros de verdad, de todo menos de libros.

Barcelona, Encantes; fotos de J.C. Cataño incluidas con otras en De rastros y encantes, al cuidado tipográfico (y aquí estas dos palabras tienen pleno sentido) de Alfonso Meléndez.

28 janvier 2012

De libros inencontrables (en suposición de tocar)

LOS "Juan Palomo" de El Cultural, como el propio El Cultural, son fuente inagotable de regocijo, y no defraudan. La semana pasada hacían a Neruda director de Cruz y Raya (sin enmendarlo más tarde, por supuesto, para no menear más el columpio). Y esta, esto: hablando de la biblioteca de un crítico, rechazada al parecer como donación por no sé cuántas instituciones (al contrario de lo que ha sucedido con la de Juan Goytisolo), ponen el palomo en el cielo: "A pesar de contener entre 5.000 y 7.000 primeras ediciones, sobre todo de los años cincuenta, con libros inencontrables, como la primera edición de Volverás a Región de Benet, que jamás vio la luz por culpa de la censura".
Se publicó ese libro "de los años cincuenta" en 1967 en la editorial Destino, y si tuvo problemas con la censura no lo sabemos, aunque en tal caso habría que darle un premio al censor, no como censor, claro, sino por haber logrado desencriptar la prosa de su autor y rastrear en ella desadhesiones inquebrantables al Movimiento. Por lo demás, el que tenga la fantasía de una primera edición de ese libro inencontrable, encontrará unas cuantas en Iberlibro a precios, por cierto, ridículos.
Así que alguien debería volver a recordar a este propósito, si le gusta hablar de libros viejos y primeras ediciones, el axioma crotalógico del Padre Fernández de Rojas, citado por Francisco A. Barbieri y recordado a su vez por Ferlosio: "En suposición de tocar [las castañuelas], mejor es tocar bien que mal".


Castañuela perlífera, 27 de enero de 2012.

27 janvier 2012

Al acecho (y 2)

BIEN sabe uno que hay que variar y florear el mundo, y más en un almanaque como este. Pero también que hay asuntos que darían no ya para un asiento, sino para toda una sillería de coro. Así Unamuno, genuino como ninguno. Su Cancionero, decíamos ayer. Y en él la sensación de que nuestro poeta, tan bilbaíno, podía seguir el cante hondo con los ojos cerrados:

Soñé que me moría y me dormí,
soñé que renacía y desperté,
soñé que me soñaba y ¡ay de mí!
perdióse en sueños el que me soñé.

 ... y hasta las coplas (y qué lejos estaba cuando escribió esta, en 1929, de imaginar que en España los copleros de oficio suplantarían a los poetas):

Es revolver la canción,
poeta, tu sacrificio:
deja al coplero de oficio
cantar la revolución.

Y esta otra habría valido como lema del periódico Factual:

Ponte bien al acecho
–caza es la ciencia–
que va a pasar un hecho,
y ten paciencia.

En cuanto a esta, en la que parece resonar el romanticismo de Zorrilla, ¿qué, sino que fue lema del propio Unamuno?

Es el vivir quietamente
venero de la inquietud;
es al descansar la mente
cuando pierde la salud.

Mientras vivas en la tierra
nunca de paz gustarás;
o contigo mismo guerra,
o guerra con los demás.

Es, sí, el Cancionero, vivar vivísimo no sólo de la lengua, tuétano del alma, sino vasto paisaje ante el que podemos quedar o pasar, sin irnos nunca.

De las fotografías que se le hicieron a Unamuno, sin la menor duda el escritor más retratado en  su tiempo (si hemos de creer a Ruano, que le hizo un retrato tan malvado como perspicaz, no exento de admiración, fue una persona convencida de su superioridad, más que vanidosa, soberbia), estas dos son mis preferidas. La primera es un original, con el sello en el reverso del fotógrafo salmantino Ansede (se la hizo en casa de Unamuno, en Salamanca; y desmiente a Ruano, que aseguraba que Unamuno no usaba puños con gemelos, sino redondos con botones, que, dijo, él puso de moda), y la otra, muy conocida también, de su amigo José Suárez, a quien prologó  5O fotos de Salamanca, frente al Tormes, en tierras castellanas (aquí en forma de trajeta postal, a tanto llegó su celebridad). En una se le ve leyendo sueños, y en la otra soñándolos.