7 avril 2012

El virus del 98 (gran cosecha)

PERDEMOS a menudo mucho tiempo en las bobadas de los escritores como para perderlo además en las de los críticos. Pero esta es llamativa. Si no se dan nombres ahora, es para no perder más tiempo. De hecho nos gusta coincidir con esa critiquesa cuando afirma que "estamos demasiado ocupados protegiéndonos del impacto como para andarnos con tonterías". Por impacto entiende ella leer poemas que sólo nos hacen "contar sílabas o exclamar ¡mira, una metáfora!". Comprende uno que contar sílabas puede ser una tontería, pero tampoco hay tantas metáforas buenas como para no exclamar, si nos hallamos ante una de estas, por ejemplo con la de la cueva de Platón o con la de la paloma de Kant, como para no exclamar, decía, ¡una metáfora, por allí resopla!". La bobada a la que nos referíamos, de todos modos, no era esa, sino esta, a propósito de los poemas de uno de ahora al que le han dado un premio, y de quien asegura que está inmunizado "contra virus como la generación del 98 (sic), que ha castrado a la poesía española, condenándola a cien años de soledad sin segunda oportunidad en esta tierra (...) poesía española que es una isla rodeada de Machado por todas partes", asegurándonos que este poeta de ahora escribe por fortuna "en el español de Borges, no en el de Unamuno". En fin. Pese a que todo el mundo sabe que algunos de los mejores  sonetos de Quevedo los escribió Unamuno, por lo mismo que alguno de los mejores de Unamuno los escribió Borges, alguien debería leer el libro de ese del que habla la critiquesa, y que según ella va a vacunar a toda la poesía española contra "virus como la generación del 98", y contarnos qué tal. Pero en serio. Por si la vacuna da alergia. Si una de las mayores bobadas es de por sí infectarse con esa clase de virus, hacerlo por una vacuna en mal estado tiene que ser además muy, pero que muy deletéreo.


Ectoplasma informalista de sobao pasiego. Desayuno en Las Viñas, 5 de abril de 2012.

6 avril 2012

Un crepúsculo

TIENE gran prestigio la conversación frente a una chimenea, pero no es menos misteriosa y sugestiva la hora solitaria junto al fuego, oyendo el crepitar de las llamas y, a veces, como una recompensa, el inesperado sonido de los tizones al desprenderse del tronco que arde. Quien haya estado cerca del fuego muchas horas solo sabrá que ese sonido es semejante al de unos cristales muy finos y tallados, de lámparas que lloraran o de copas que brindaran con nosotros por el silencio.

Las Viñas, 5 de abril de 2012

5 avril 2012

El árbol que florece

DE Minima Moralia (Reflexiones desde la vida dañada), de Th. W. Adorno. Tuvo ella que leerlo en voz alta, para cerciorarse de que era exactamente lo que había leído: "Hasta el árbol que florece miente en el instante en que se percibe su florecer sin la sombra del espanto; hasta la más inocente admiración por lo bello se convierte en excusa de la ignominia de la existencia". Después la lectora añadió: "Yo diría que esto es a lo que Nietzsche se refirió cuando dijo que jamás levantaría un falso testimonio contra la vida". Por suerte, al florecer se le olvida todo el espanto, si lo hubo, pues cuanto nace, nace sobre el olvido. Así sucede en cada primavera, así sucederá cuando cada uno de nosotros seamos parte de ese espanto que es todo lo que no forma parte de la vida. Y no hay mayor verdad que esta.

Cerezo. Las Viñas, 4 de abril de 2012

4 avril 2012

Hacia la catástrofe, pero sin prisa

SI uno tuviese el empuje y el talento de fundar una secta, como Pitágoras, obligaría a los sectarios con esta regla: de vez en cuando hay que perder a propósito alguna cosa (un libro, un amigo, una ciudad, un amor), pues al buscarla hallaremos libros, amigos, ciudades, amores que ni siquiera recordábamos haber tenido, y en el rencuentro alegrías inesperadas, las más gratas y lígrimas.
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NO le gustaba el cuadro en absoluto. Se enteró de que lo codiciaba un museo. Corrió a comprarlo, y lo colgó en su casa en lugar eminente.
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“UN diagnóstico: si continuamos así, vamos hacia la catástrofe”, se lee en uno de los epígrafes de la entrevista con un filósofo llamado Edgar Morin que publica un periódico. Aunque no continuemos así, iremos hacia la catástrofe: de uno en uno, tarde o temprano. Claro que trataremos de que sea sin prisa.

Las Viñas, niebla, lluvia y pájaro. 3 de abril de 2012


3 avril 2012

Bilbao en gris (3 estampas eviternas)

"BILBAO en gris nos hace pensar en lo transitorio que se lleva la vorágine; en lo eviterno, que ha tenido comienzo y no tendrá fin; en lo eterno, que no ha comenzado y que no acabará", leemos a la puerta de la Biblioteca Municipal, antigua sociedad de El Sitio. La frase, de Azorín, han debido de colocarla allí no hace muchos años. Azorín, siempre sutil y luminoso, en su plata discreta, empavonada. Lo es esa distinción entre lo eviterno y lo eterno, tan propia de él. Precisamente en un lugar en el que hasta hace no mucho los mozos de aquella villa se divertían tirando la cabeza dorada de Unamuno a la ría, de donde emergió siempre como por magia. Hasta hoy, que mira desde lo alto de una columna a sus paisanos más eviterna que nunca. 
Estampas bilbaínas: ría, torre y veleta, placa de El Sitio y Museo

2 avril 2012

Olimpia de Gougues

Las palabras son mucho por lo que dicen y tanto o más por lo que ocultan. Cada palabra es un iceberg. Los periodistas y filólogos se ocupan de su parte visible, los poetas y filósofos, de la no visible. Inseparables. Cuando la proclamación de los Derechos del hombre y el ciudadano, quiso saber la ciudadana Olimpia de Gouges por qué las mujeres no podían votar o estudiar como los hombres. Acabó en el cadalso por gibelina: nadie le supo contestar. En la ilustrada Ginebra, de hecho, no pudieron votar las mujeres hasta bien mediado el siglo... XX. Conseguir un lenguaje que nos represente a todos no es tampoco tarea sencilla. El documento de un académico criticando  algunas  cartillas en las que se tratan de fijar unas normas para acabar con el lenguaje sexista en ciertos organismos públicos, ha vuelto a desatar la polémica. Cosa latosísima.

¿Qué dice este académico? Su texto es denso y profiláctico. Denuncia y lamenta que esas guías no hayan sido redactadas por filólogos. Son para él los filólogos el fiel de la balanza, y arranca, como un tenor en un aria de bravura, hablando de... “violencia doméstica”. Confundir a estas alturas violencia doméstica con violencia de género es cosa grave. Es bueno saber filología, pero si se va a hablar de lenguaje sexista, convendría acaso tener claras algunas nociones como esa. En cuanto a la lengua... Todos sabemos de palabras, más o menos, lo necesario. La lengua habla de oído, sin saberlo. Los académicos vienen luego y la ponen en solfa. Lo que no se ha visto nunca, ni se verá, es que el  pueblo se exprese con partitura. Él habla por instinto, a capella, y por lo general muy bien. También mal. Pero ese mal suyo, tan expresivo a veces, no lo mejora un gramático, y la lengua está tan llena de aciertos que fueron yerros en origen, que no vale  la pena insistir en ellos. Durante años la Academia condenó los laísmos, loísmos y leísmos. No ha podido con ellos, y ha acabado por tolerarlos (ja): “La dijo que...” ¿Que suena mal? Puede (¿qué es sonar mal?), pero en Castilla, que es donde se usa este laísmo, saben que a quien se le está diciendo eso es a una mujer... 

Hace un tiempo una amiga me pidió, como tipógrafo, que diseñara sus tarjetas de visita. ¿Pondríamos  médico o médica? No lo dudó: “Médico; en mi especialidad se fían más de los médicos que de las médicas”. Muchos, hace treinta años, se negaban a emplear la palabra jueza. ¿A qué obedecía esa resistencia? ¿A que “sonaba” mal? No, desde luego: a aceptar que una mujer podía juzgar a un hombre. Ese académico y cualquiera de nosotros encontramos insufrible el empleo abusivo de femenino/masculino, ese “vascos y vascas, todas y todos” que da lugar a usos aberrantes. De acuerdo. Tampoco pasa nada usado con discreción, como el “señoras y señores.” Etc. La gente acabará diciendo “una miembro de la Academia”, les guste o no a las académicas, si con ello ataja. Pero, con todo, lo importante, y lo saben las feministas, es que el lenguaje crea ideología. Por eso quieren cambiarlo,  en recuerdo de Olimpia de Gouges. Quiso probar que los Derechos del hombre eran sólo los Derechos de los varones. Hoy lo sabemos. Hacer visible la parte invisible de las palabras: sospechaba ella y con razón que esa invisibilidad era la que también hacía invisibles a las mujeres.
   [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 1 de abril de 2012]

1 avril 2012

San Ero, de Turís al Pago

HACE tres o cuatro años nos enseñó el poeta Miguel d'Ors el Museo de Pontevedra, donde nos tropezamos con Ero de Armenteira, el monje a quien se le fue el santo al cielo oyendo a un pájaro durante unos minutos que resultaron siglos deleitosos. De ese santo y de otro, San Genadio, habló uno de vuelta de aquel Valle del Silencio leonés en el que este último eremita obtuvo también la gracia de soterrar el arroyo que lo distraía de sus meditaciones.
Hoy ha llegado a Madrid, camino del jardín de Las Viñas, esta pequeña escultura de nuestra amiga Anna Crespo, aprovechando que venía ella a exponer algunas de sus obras aquí. Todo en esta transmite silencio, todo en ella es para nosotros cercano (algo hay en el rostro del santo que recuerda a nuestro amigo, y suyo, Ramón Gaya), pero acaso nada como ese gesto sutil, poético, vivísimo: la actitud del monje que antes de levantar la cabeza reclamado por el canto del pájaro, señala con el dedo el lugar donde dejó suspendida la lectura, sin sospechar que acaso cuando vuelva a ella, trescientos años después, habrán volado las letras de ese libro como los pájaros, dejándolo en blanco, tal y como lo vemos en esta preciosa interpretación de la leyenda.


Anna Crespo, San Ero de Armenteira. Escayola y detalle de copia con pátina de bronce.