7 novembre 2014

Sancha (y 2)

"UNA onda negra, suburbial" titula JMBonet el capítulo que le dedica a Sancha y a otros en su imprescindible El efecto iceberg, el libro-catálogo que se hizo con ocasión de la exposición de los fondos de la colección de dibujos de Abc. Es este libro-catálogo una especie de complemento de su gran Diccionario de las vanguardias. Pocos pintores e ilustradores, nos recuerda Bonet, habrán pintado más a lo vivo la poesía de los arrabales madrileños, y todo cuanto se larva en ellos de desesperación, pobreza y falta de justicia. Recoge Bonet en su semblanza las palabras de Rubén Darío sobre Sancha: "Sus deformaciones recuerdan las imágenes de los espejos cóncavos y convexos; es un dibujo de abotargamiento o elefantiasis; monicacos macrocéfalos e hidrópicas marionetas"; y las de José Francés: "Nadie como él habrán pintado los suburbios de Madrid, las tierras escombrosas, las casas lepradas, los hombres feroces, los borricos escuálidos, las mujeres harapientas y los ciegos trágicos de la invernada". 
Y poco más que añadir, sino que este Sancha, que fue, a decir de Camba, quien lo trató en Londres, "el tipo de inglés más logrado", murió en la cárcel de Oviedo en 1936, apresado  por las tropas franquistas por ser el ilustrador de la revista Avance.

Sancha. Arriba: El ciego Fidel, 1906. Abajo: Música de aire, 1905.

Hace años encontramos JMBonet y yo estos dos cuadros en el Rastro, uno de los cuales (el de abajo) es copia fidedigna de otro de Sancha que está en el Museo Reina Sofía. Aunque no están firmados, el precio nos inclinó a pensar que podrían ser originales de Sancha (nadie falsifica sanchas a treinta  euros), o de su hijo, que también era pintor.

6 novembre 2014

Sancha

PUEDE verse estos días en Madrid (Museo Abc, en la calle Amaniel) una exposición del caricaturista Francisco Sancha. Pasarán muchos años hasta que puedan verse de nuevo tantas obras suyas reunidas. Acompaña a la exposición un catálogo espléndido por todo, fondo y forma. El primero, un estudio biográfico exhaustivo de Sancha, se debe a Felipe Hernández Cava, quien más y mejor conoce el mundo de la ilustración española (su exposición y estudio de La Codorniz se recordarán durante años), y la segunda, a Alfonso Meléndez, que vuelve a darnos otro de sus dechados plagado de sutilezas tipográficas.
Retrató Sancha como nadie los arrabales de Madrid y sus tipos populares sin cargar nunca las tintas, que es la tentación en la que suelen caer los caricaturistas y satíricos. Bien al contrario, hay en él un humor sutil, que parece redimir la realidad sólo con la sonrisa. Y claro, nos enseña a descubrir esos rostros que pueden parecernos excesivos, pero que siguen junto a nosotros. O sea, que como todo creador, nos enseña a mirar y compartir sin llegar a juzgar.
Mañana más.

Sancha, Trianerías, 1925

5 novembre 2014

La palabra vida

YO sé que cuando nada parece en su sitio y uno ya no sabe ni qué hacer ni adónde ir, quedan al lado de la casa donde vives un puñado de calles, plazas y callejuelas que estaban ahí antes de que llegaras tú y que seguirán cuando te vayas, calles, plazas y callejuelas con sus comercios, oficinas y bares por las que podrás caminar hasta olvidar la razón que te llevó en ellas a mezclarte con unas gentes extrañas, que por extrañas no van a preguntarte nada, aunque todas ellas llevan pintado en su rostro, para ti, unos de forma risueña, otros adusta o distraída, la palabra vida.

Badajoz, 31 de octubre de 2014

4 novembre 2014

Con la voz apagada

LA tentación de todo el mundo –la de uno también, desde luego– es, hablando de los asuntos públicos, levantar la voz, gritar, gesticular. Piensa uno que de ese modo será oído por más gente, olvidando que "con una voz fuerte en la garganta se es casi incapaz de pensar cosas sutiles" (El eterno retorno). Donde más se grita es en los estadios de fútbol y en los parlamentos.
De ahí que se aferre uno a la voz apagada y a la pequeña hoja de un almanaque. No nos garantizan la sutileza del pensamiento, desde luego, pero de ese modo tenemos la seguridad de que, si nos equivocamos, cosa frecuente, será menos grave .

Badajoz, 31 de octubre de 2014

3 novembre 2014

Parad esta locura (1)


RECUERDA uno, como si fuese hoy, la primera vez que vio las Meninas. Tenían metido el cuadro en una pequeña sala. Frente a la pintura, a la entrada y a un lado, habían colocado un espejo en el que se reflejaba la escena que pintó Velázquez, de modo que el visitante podía llegar a creer, si miraba el espejo, que formaba parte de ella. Los responsables del museo que habían ideado aquella atracción lo habían hecho, seguramente, con la mejor voluntad, para mostrar la maestría del pintor, capaz de conseguir no sólo que los personajes del cuadro parecieran reales, sino que cada uno de nosotros pareciéramos figurados. Recuerdo también que cuando entré había unas seis o siete personas, que se marcharon al rato, dejándole a uno completamente solo unos minutos, hasta que llegaron otros visitantes, siempre pocos, pausados, silenciosos. Enternecía aquella puesta en escena por lo que tenía de ingenua e inofensiva, pero lo cierto es que con ella se había dado paso al arte como espectáculo.

Hace unas semanas ha sido uno testigo de una escena pavorosa, esta vez en el Museo del Louvre: miles de visitantes a lo largo del día (ocho millones y medio al año) congregados frente a la Gioconda. Como las apreturas y la excitación de las gentes hacían imposible ver nada, la mayor parte de aquellas gentes llegadas de todos los rincones de la Tierra se limitaba a hacer con sus móviles una fotografía del cuadro que acreditara su paso por aquel lugar y a menudo sin haberlo podido ver de cerca. Los más estúpidos lograban entre codazos su selfie, y corrían hacia el siguiente trofeo: la Victoria de Samotracia. El griterío era ensordecedor, propio de un mercado persa, más que de un museo. La experiencia volvió a repetirse dos días después en la gran exposición de Hokusai en el Grand Palais: cientos de visitantes, por fortuna silenciosos y educados, se hacinaban en salas en las que no se podía dar un paso en un ambiente que el calor humano hacía irrespirable y sofocante. A veces hasta seis o siete cabezas apretadas  tratando de ver por encima del hombro de otros curiosos algo de unas estampas siempre delicadas, de reducidísimo formato y que por razones obvias se mostraban en la completa penumbra. La frase más oída a lo largo del recorrido fue: “Esto es una locura”: y el tono, de resignación e impotencia. Pero la pregunta que acaso muchos se hicieron a la salida fuese esta: ¿De qué sirve ver las cosas así?
   [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 2 de noviembre de 2014]

2 novembre 2014

Fragmento 444 del Libro del desasosiego

FUE lo primero que preguntó  Eloy Sánchez Rosillo cuando hablamos de la nueva edición del Libro del desasosiego, traducido por Antonio Sáez: "¿Has leído el fragmento del barbero?". Lo recordaba en la edición de Crespo al principio. En la nueva tuvo que llegar al fragmento 444, casi al final.
En algunos de los tomos antiguos del Spp se habla bastante del Libro del desasosiego, del que se citan varios fragmentos, no recuerdo si este, y se dice que el reproducirlos allí garantiza que habrá algo que valga de veras la pena en sus páginas.
Lo mismo diré ahora. La tarea de copiarlo aquí trae consigo la certidumbre de que habrá en este almanaque algo en verdad valioso, hermoso y estremecedor a un tiempo.
"He entrado en la barbería como de costumbre, con el placer que me da poder entrar fácilmente sin inhibición en las casas conocidas. Mi sensibilidad ante lo nuevo es angustiante: sólo estoy tranquilo donde ya he estado.
Al sentarme en la butaca he preguntado, porque me ha venido a la cabeza de casualidad, al mozo que me estaba poniendo al cuello un paño de lino fresco y limpio, cómo estaba su compañero de la butaca de la derecha, más viejo e ingenioso, que estaba enfermo. Se lo he preguntado sin que me pesara la necesidad de preguntárselo: se me ocurrió motivado por el sitio y el recuerdo. «Murió ayer», ha respondido la voz sin tono que estaba detrás del paño y de mí, y cuyos dedos se levantaban del último ajuste en la nuca, entre el cuello de la camisa y yo mismo. Todo mi buen humor irracional ha muerto de repente, como el barbero eternamente ausente de la butaca de al lado. El frío ha inundado todo cuanto pienso. No he dicho nada.
¡Nostalgia! La siento incluso de aquello que no ha sido nada para mí, debido a la angustia por la fuga del tiempo y a la enfermedad del misterio de la vida. Si dejo de ver las caras que veía habitualmente por mis calles de costumbre, me entristezco; y no han representado nada para mí, a no ser el símbolo de toda vida.
¿Aquel viejo insignificante de las polainas sucias, que se cruzaba frecuentemente conmigo a las nueve y media de la mañana? ¿El vendedor de lotería cojo que me molestaba inútilmente? ¿El vejete redondo y colorado con su puro a la puerta del estanco? ¿El dueño pálido del estanco? ¿Qué ha sido de todos ellos, que por haberlos visto una y otra vez, han formado parte de mi vida? También yo desapareceré de la Rua da Prata, de la Rua dos Douradores, de la Rua dos Fanqueiros. También yo –el alma que siente y piensa, el universo que soy–, sí, también yo seré mañana el que ha dejado de pasar por estas calles, el que otros evocarán vagamente con un «¿qué habrá sido de él». Y todo cuanto hago, todo cuanto siento, todo cuanto vivo, no será más que un transeúnte menos en la cotidianidad de las calles de una ciudad cualquiera."

Desde un autobús. París, 11 de octubre de 2014

1 novembre 2014

El mármol por dentro

DEL mismo modo que cada niño que nace llega a este mundo, como suele decirse, con un pan debajo del brazo, no hay cosa ni acto ni ser que tenga lugar sobre lo descubierto de la tierra que no traiga consigo su Ilíada, su Oda a un ruiseñor, su Guerra y Paz, su Quijote, su Cántico Espiritual propios..., iguales y distintos a cada instante. Todos esperan la mano que descubra aquello que duerme en lo más hondo de ellos en tanto que cosa, acto o ser, como duerme en el bloque de mármol su genuino, singular y último sueño antes de ser escultura definitiva.


Foto: Rafael Trapiello. Barcelona, octubre de 2014