30 novembre 2014

Insondables, inagotables maestros

ES posible que si hubieran escrito de esos asuntos, lo encontráramos interesante, pero lo cierto es que en lo que escribieron nadie echa en falta que Cervantes no lo hiciese de sexo, ni San Juan de la Cruz de mitología griega, ni Baroja de gastromonía, ni JRJ de vinos ni Antonio Machado o Azorín de fútbol, ni Unamuno de música. Ni siquiera echamos de menos que ninguno de ellos escribiera más de sí mismo. La intimidad de todos ellos hay que buscarla en lo que pusieron a la vista, a menudo insondable e inagotable. Y dar gracias por ello.
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LE sucede a la novela lo que a los actores y actrices; cuanto mejor finge, más real parece, y siendo más real, más verdadera, y cuanto más verdadera, más triste sin dejar de ser alegre, y alegre sin dejar de ser triste.

Las Salesas y Santa Bárbala, 26 de noviembre de 2014

29 novembre 2014

El diálogo está sobrevalorado


EL diálogo está sobrevalorado: casi nunca lleva a ninguna parte. El silencio, en cambio, es muchísimo mejor interlocutor.
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EL idiota destiñe por donde va.
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EL niño se hace adulto el día en que empieza a sospechar que los buenos ejemplos sólo son ejemplos, y que lo que importa, importa por incomparable.
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NUNCA los ejemplos son a gusto de todos.

Cartel visto ayer en la caseta de El Asilo del Libro en la Feria del Libro Anciano del Hotel Miguel Ángel de Madrid. Maravilloso ejemplo de tipografía canalla del siglo XIX.





28 novembre 2014

El espejo y la novela


EL espejo y la novela. La imagen de Stendhal es bien conocida. El novelista es un ser errante. Lleva consigo su espejo, y su novela, a lo largo del camino, y no se detiene en ningún lugar. No podría. La novela es un itinerario en el espacio y en el tiempo, por dentro y por fuera. El cronista es otra cosa. Vive en una ciudad. También se ha hecho él un espejo. Lo instala en medio de una plaza, como los feriantes, y basta que alguien ponga un espejo en una plaza para que todos sus paisanos sientan una gran curiosidad por mirarse en él. Pero no es gratis. Cobra la entrada a quienes quieran verse reflejados. Lo que ven, ecos de sociedad también, no puede gustarles más. El espejo como elogio de las masas. El dueño de ese espejo lo llama también novela, convencido de que lo sustancial de la novela no es el camino, sino su espejo.

Vara del Rey, 12 de octubre de 2014

27 novembre 2014

No le faltaba razón


LO cierto es que ni por las venas de Remigio VIII, trigésimo segundo rey de la dinastía de los Esquilos, ni por la misma estirpe de los Esquilos, corría ya una sola gota de sangre de su fundador el conde Laurentino. El fluido azul se había interrumpido ya con la reina Vitila, zíngara de la que se encaprichó uno de los primeros esquilos, Crisanto II, elevándola a la dignidad real. 
Tuvo Vitila la paciencia que tuvo hasta que la tuvo. Dio a luz a trece niñas, para desesperación de su esposo Remigio IV, que aguardaba en vano un heredero. Furioso, la tomó primero con Vitila y luego con la venatoria y las doncellas de sus dominios, a las que no dio reposo. Harto de las frecuentes ausencias depredatorias del rey, buscó la buena de Vitila una tarde loca consuelo en los brazos de un zíngaro, de paso, él y el oso, por el castillo. De resultas de aquellos secretos y pasajeros abrazos, nació al fin el delfín a quien llamó Crispín. La alegría de Remigio IV fue desbordante y más cuando todos le aseguraban que Crispinito era su vivo retrato. Del IV al VIII de los Remigio otras tres reinas inyectaron en la sangre del zíngaro la de un marqués, la de un confesor y la de un notario mayor del reino, lo que no quitó, porque lo cortés no quita lo valiente, para que Remigio VIII, que conocía estos extremos, como todo el mundo, ordenara el día de su coronación acuñar moneda con su efigie y la leyenda “Remigio VIII por la Gracia de Dios”. Y en cierto modo no le faltaba razón.
Y a buen entendedor, etc.

El Rastro, 16 de noviembre de 2014


26 novembre 2014

Hechos de sociedad

CUANDO Cervantes metió en la segunda parte del Quijote un ejemplar real, recién editado, de la primera, dio entrada, como es sabido, a un juego infinito de espejos: el espejo que refleja otro espejo. Desde entonces las palabras ficción y realidad empezaron a bailar en la literatura como la bolita de papel en la mesa de los trileros. Nunca está bajo el naipe o el cubilete que creemos. Pero lo que en Cervantes era naturalidad, corre el riesgo en nuestras manos, fatigadas y mucho más torpes, de acabar siendo un aburrido y formalista manierismo. 
Porque con tantas idas y venidas, podemos pasarnos de rosca. La ficción puede constituirse en hecho, pero los hechos no son una ficción. Entre los hechos y la ficción hay una tenue, sutil línea ética que se puede saltar (qué no se puede saltar), pero no es un acto inane. Don Quijote, un personaje de ficción es, ontológicamente, más firme que Cervantes, pero no por ello Cervantes ha dejado de ser real, con los mismos derechos que cualquier persona mortal. 
Ayer mismo leíamos la noticia de quienes dicen haber descubierto la base real de don Quijote. Incluso aunque fuese exacto lo que esos investigadores aseguran, el camino que tienen que recorrer unos hechos hasta poder recibir el noble nombre de novela no es menos corto que el que tiene una novela de convertirse en un hecho significativo, como el Quijote, con capacidad de transformar la realidad y nuestra visión del mundo. Lo habitual es que las obras que se quedan demasiado pegadas a la realidad hagan honor al nombre que en francés reciben la películas o crónicas testimoniales: faits de societé, "hechos de sociedad", una manera generosa, la mayor parte de las veces, de decir "ecos de sociedad".


Puertollano (desde el tren), 13 de noviembre de 2014

25 novembre 2014

Hechos, sólo hechos: un selfie

SE han publicado al mismo tiempo estos tres libros: El impostor, Como la sombra que se va y El final de Sancho Panza y otras suertes
Los dos primeros son biografías de personajes históricos: Enric Marco, que se hizo pasar por víctima del nazismo, el primero, y James Earl Ray, asesino de Martin Luther King, el segundo. Aun admitiendo lo que tienen de periodismo y crónica, sus autores reivindican para ellos la condición de novelas, y no sólo por huir del estigma que persigue a los libros de "no ficción", y aun al periodismo, a la hora de vender libros, como reconoce uno de ellos. El tercero narra la vida de los personajes de una novela, pero su autor ha querido presentarlos bajo esta cita de Dickens: "Hechos, sólo hechos". Los que han escrito una crónica, sostienen que se trata de una novela, y el que ha escrito una novela, se jacta de que sea una crónica. Pasa algo.
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PERO ningún caso más extraordinario de Ficción/No ficción que la fotografía que se publica aquí. 
Se trata de un selfie, probablemente el primero del mundo que se haya hecho mientras su autor dormía profunda, plácidamente (como queda acreditado). 
No se conocen casos de nada parecido, y menos en un tren a su paso por la estación de Córdoba. 
Viajaba uno ese día solo, tras la presentación, precisamente, de la novela de marras. Cuando llegué a casa descubrí el selfie en mi móvil. Alguien podría pensar que un extraño (aunque si fuese así, preferiría decir extraña) me hizo la fotografía mientras dormía, pero para ello ese alguien tendría que: 1/ haber metido su mano en el bolsillo de mi pantalón vaquero, cosa harto dificultosa incluso para mí en esa postura, 2/ rozar, aun sin querer, esas partes sensibles que tienen los hombres en tanto aprecio, 3/ sacarla (la mano), 4/ sacarla (la foto) y 5/ volver a dejar el móvil en su sitio volviendo a meterla (la mano). Que yo sepa eso tampoco ha ocurrido jamás en la Renfe ni tiene uno noticia de ello. Y prueba de que no se trata de un montaje, ni siquiera paranormal, es el hecho de que la foto haya salido no en color, como salen siempre, sino en blanco y negro, como los sueños, único abismo donde todo es verdadero, que es, como sabes muy bien, lo que va más allá de la ficción y de la realidad.


En un tren (Sevilla-Madrid), 13 de noviembre de 2014

24 novembre 2014

Y además... horteras

¿SE puede decir algo más  a propósito de la corrupción y los corruptos, algo nuevo y distinto de lo que hemos venido oyendo o leyendo estos últimos meses? Se puede.

Veamos. Empecemos por el asunto de esas tarjetas de las que hicieron uso los consejeros y directivos de Bankia, antes Caja Madrid, pertenecientes, como es sabido, a políticos de todo  el espectro, representantes de las oligarquías financieras y empresariales o militantes sindicalistas, socialistas y comunistas. Gracias a que todo está informatizado podemos conocer incluso cuándo, dónde y cómo fueron utilizadas estas tarjetas de crédito, es decir, en qué se empleó el dinero que se obtuvo con ellas, a veces en abultadísimas cantidades: lencería fina, vinos de miles de euro la botella, restaurantes exclusivos, coches de lujo, vacaciones en el Caribe, joyerías... No se ha dado el caso, hasta donde sepamos, de nadie que haya empleado ese dinero en, no sé, la compra de unos aguafuertes de Goya, de una primera edición rara, de un abono a la ópera de Salzburgo, incluso de Bayreuth, de un piano. Ni siquiera en algo como un tratamiento médico fuera de España o en los estudios de un hijo en una universidad extranjera... Cabría incluso la posibilidad de que, tratándose de políticos, alguno hubiese necesitado ese dinero para llevar a cabo alguna obra que remediara deficiencias o tardanzas de la administración y mirando al bien común: unas becas para licenciados en paro, la restauración de cierta iglesia románica, un comedor social, la dotación de un laboratorio de i+d... De haber sucedido algo así, nuestra indignación no sería acaso tan furibunda y sostenida.

Pues, al fin y al cabo, tanto como la implacable y patética rapiña del dinero público  abruma y descorazona ver en qué lo emplean. Y se deprime uno aún más, si cabe, porque ve que todos esos tipejxs sin escrúpulos, barcinos, erésicos o pujolos, que tratan de incorporarse aceleradamente al  mundo de los ricos, en realidad no están haciendo nada que no haga la inmensa mayoría de estos, comprarse sus mismos coches, la lencería y las joyas que ellos regalan en secreto, cazar nuestros elefantes y viajar a los mismos hoteles de lujo saudí donde se imparten cursos acelerados para destruir lo poco decente que le queda todavía a este mundo... Es decir, que tan tóxica como su ética, nos resulta esa estética suya de horteras irredentos.
     [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 23 de noviembre de 2014]