AYER aparecieron en La Razón estas respuestas a un cuestionario de J. Ors.
¿Cómo
está viviendo los días previos a la publicación de su versión de "El
Quijote" ante la expectación que se ha levantado con la noticia?
Con
curiosidad, y personalmente, con ilusión. Me he pasado la vida haciendo libros,
escribiendo los míos, editando los de otros, y a veces escribiendo y editando
los míos. Es lo que ocurre con este Quijote. Lo he traducido y los editores,
muy generosos, han permitido incluso que me ocupara de las cuestiones
tipográficas, en las que ha colaborado también, como hace en otros muchos de
los que hago, Alfonso Meléndez. Es nuestro primer Quijote. Usted sabe que la
ilusión de todo editor, tipógrafo e impresor es hacer en algún momento de su
vida algunos libros, como los ocho mil de la literatura: la Biblia, la Ilíada,
el Quijote… Libros para dos o tres generaciones. Hemos hecho un libro en
cuarto, encuadernado en tela, en un solo tomo, en papel biblia y con tipos
Minion, que es una letra de la familia de las Garamond, muy agradecida, muy
bonita además. En fin, como dicen en Castilla, y dice Cervantes, “no se me
cuece el pan”. Es normal. Han sido quince años de trabajo. Todos los que han
pasado por algo parecido conocen esa sensación de espera y de ligera zozobra.
Esto por lo que se refiere al aspecto formal, en cuanto al modo en que será
recibido, con curiosidad. ¿Lo recibirán con simpatía? La mayor parte de los
lectores creo que sí, sinceramente. Y muchos, tal vez, con gratitud. Al fin
podrán leer el Quijote en su lengua.
Usted ha
empleado un castellano clásico para “Al morir don Quijote” y “El final de
Sancho Panza y otras suertes”, que acaba de publicar.Ahora, aborda
“El Quijote” con un castellano actual. ¿Cuál ha sido el principal reto en ambos
lenguajes?
El clásico
que usted dice de mis novelas es más o menos el mismo que se emplea en esta
traducción. No varía mucho. No tendría sentido si no. Un castellano o español
comprensible, pero no rebajado, respetuoso y buscando la misma música del
original. Por suerte nuestro castellano no está tan lejos del de Cervantes como
lo está el griego actual del de Homero. La idea de traducir el Quijote surgió
cuando empecé a escribir Al morir don Quijote, y ha seguido siendo así en la
redacción de El final de Sancho. Por las mañanas escribía esas novelas y por la
tarde traducía. Teniendo presente siempre el hecho de que el Quijote es un
libro más hablado que escrito, aunque en la actualidad se nos hubiera convertido
en un libro más estudiado que leído, precisamente por haberse alejado tanto
nuestra habla de la del siglo XVI.
En
“El final de Sancho Panza”, el escudero cruza a las Indias. ¿Por qué? ¿España
se les ha quedado pequeña?
Tras haber
conocido a don Quijote, se les ha quedado pequeña su vida. Muerto don Quijote,
su sobrina y el ama, con la hacienda diezmada por las locuras de su tío, quedan
en una mala posición. El bachiller Carrasco, al que tira más la vida aventurera
y literaria que la eclesiástica, como hemos visto en el Quijote, y con una mala
relación con su padre, quiere probar fortuna, como quiso el mismo Cervantes y
tantos españoles, y pasar a las Indias, y Sancho, que sabe ya que la fortuna es
de los audaces, no se quiere quedar atrás en su existencia de gañán, y se
emplea con el bachiller. Qué mejor lugar que las Indias. Pero pasar a las
Indias no es sencillo, y hasta lograrlo conocerán muchos infortunios.
¿Cree
que los personajes de “El Quijote” han superado en fama a su autor?
La fama del Quijote, del libro, condiciona al
propio don Quijote, como vemos. La segunda parte del Quijote, cuya aparición
celebramos este año, es consecuencia de eso. El éxito que tuvo la primera parte
de 1605 permitió a Cervantes un alarde narrativo que marcaría para siempre el
género de las novelas, e hizo que don Quijote, ente de ficción, se leyera a sí
mismo en un libro real. Durante la segunda parte, por donde quiera que va el
caballero, se encontrará con gentes que saben ya de su existencia por ese libro
y querrán pulsar por su propia mano la exactitud de lo que se dice en él. Digamos
que en la segunda parte son todos los demás los que enloquecen, queriendo hacer
que don Quijote cometa nuevas locuras, por reírse de él. En la primera parte
don Quijote se tropieza con unos molinos de viento, que acomete creyendo que
son gigantes. En la segunda, todos tratan de fabricárselos, para ver si pica.
Ni que decir tiene que en esa segunda parte quienes a menudo son más cuerdos
son los dos personajes, el caballero y el escudero, sin contar que tras pasar
por la experiencia de los duques, don Quijote es cada vez más Sancho y Sancho
cada vez más don Quijote.
¿Cuál
es el motivo principal de que haya resistido como “best seller” y como gran
clásico de las letras castellanas durante 400 años?
En cada época
lo ha sido por razones distintas, pero hay una que es común a todas las épocas.
Al principio, hasta el siglo XVIII, se apreciaba de él sus grandes virtudes
cómicas. El XIX empieza a pensar que bajo esas risas, hay muchas veras, y
descubre el arrojo romántico de don Quijote, su amor por la libertad y la
justicia, y su denuedo en defenderlas. El XX, el del abatimiento nacional tras
las derrotas coloniales, el regeneracionismo halló en don Quijote un ejemplo de
tesón y dignidad, en el caso de Unamuno, y ejemplo de liberalidad en el de
Ortega o Azaña. Así que cada época ve “lo suyo” en él. Pero lo que ha seducido
del Quijote en tantas gentes de todas las épocas es propiamente la mirada de
Cervantes, compasiva, inteligente, socarrona, jovial, bienhumorada, generosa,
sin el menor resentimiento, sin queja nunca. Lo que le pedimos todos al mejor
amigo.
¿Cómo
resiste el lenguaje de “El Quijote” respecto a otras obras de su época? ¿Ha
envejecido mejor? ¿Peor?
Las obras de
Cervantes, como hemos dicho, nacen de su vida errante, del conocimiento del
habla, de su trato indiscriminado con las gentes. Me gusta repetir siempre dos
aforismos para explicar su milagro. Porque Cervantes es un milagro, es decir un
caso único. Él decía en “El amante liberal”: “Lo que se sabe sentir, se sabe
decir”. Y JRJ aquello de que “Quien escribe como se habla llega en lo porvenir
y será más hablado que quien escribe como se escribe”. Es lo que ha venido a
suceder con Cervantes. Dijo en todo momento lo que sentía, y lo dijo como lo
hubiera hablado. Pero no era un caso único. Al propio Cervantes le gustaba esa
literatura sentida y hablaba, más que la culta, que, por cierto, conocía
también muy bien. Le gustaba el Lazarillo, le gustaba Santa Teresa,
probablemente la aparición del Guzmán de Alfarache fue un acicate para que
escribiera su Quijote, y conocía también las vidas de otros muchos, que
proliferaron en su tiempo, cautivos, soldados, aventureros que escribían y
publicaban sus libros contando sus vidas. Cuando nosotros leemos esa
literatura, crónicas, cartas, informaciones, toda esa literatura que está más
cerca de la vida que de la literatura, sean las de Bernal Díaz del Castillo, la
vida y las cartas de Santa Teresa o las maravillosas cartas de indianos que se
conservan en el Archivo de Indias, vemos que Cervantes participa de todo eso.
Pero además él nos da eso otro, lo cervantino, muy difícil de explicar pero muy
perceptible, muy palpable.
Usted, que
ha relato el final de Sancho Panza, cómo ha observado el final de la búsqueda
del cuerpo de Cervantes. ¿Cuál es su impresión de esta
iniciativa y su resultado?
Inevitable.
Estaba cantado que en algún momento a un alcalde o a un presidente de la cámara
de comercio de distrito se le ocurriría. Ellos no quieren preguntarse por qué
Cervantes ha permanecido cuatrocientos años en una fosa común. Buscan
rentabilidades a coto plazo. Lo probable era que no encontraran nada. Ahora, si
hubieran encontrado sus huesos, lo propio es que todos los hubiéramos honrado
de una u otra manera. Pero no han encontrado nada, pese a lo cual parecen
empeñados en hacer como si sí. De aquí a unos años, todos creerán lo contrario,
que Cervantes está ahí, que Cervantes son esas esquirlas anónimas que apenas
dan para un relicario. ¿Quién duda hoy que los restos que están en Compostela
no sean los de Santiago? Y no por ello vamos a desmontar la catedral de
Santiago.
Usted escribió “Las vidas de Miguel de Cervantes”. ¿Qué queda por conocer
de él?
La mayor
parte de las cosas fundamentales. No conocemos un solo dato de su intimidad, ni
una carta personal, ni testimonios más o menos próximos acerca de su vida
familiar… Casi menos que huesos. Algunas fechas, algunas firmas suyas en
documentos oficiales, algunas confesiones literaturizadas por el propio
Cervantes en algún propio, algún cotilleo… Poca cosa. Pero si leemos sus
libros, mucha. Cervantes está en carne y hueso en todos y cada uno de sus
libros, vivísimo y coleando. Si supiéramos más de su vida, estaría bien. Pero
para lo que necesitamos saber, nos falta vida a nosotros para llegar a
comprender la que encontramos en sus libros, inagotable.
¿Se debe
leer “El Quijote” en la escuela?
Es una vieja
polémica. Ortega desaconsejaba su lectura a los niños, por creer que don
Quijote era un modelo que los desmoralizaba. El problema hoy es de otra
naturaleza. Si se lo leyéramos tal cual, lo probable es que no entendieran una
sola palabra no ya ellos, sino los profesores y maestros. ¿Sabe cuántas notas,
sin la mayor parte de las cuales el Quijote no se entiende, tiene la edición de
bolsillo de Rico? Más de cinco mil quinientas. Algunos dicen que por el
contexto se saca el sentido. En absoluto. Ahora, hay gente que prefiere leer el
Quijote por emanación, oliéndolo, por aproximación, con imaginación, por
figuraciones, figurándose lo que querrá decir.
¿Cómo hay
que enseñarlo?
Hay que
empezar contándolo, como un cuento, como una leyenda. Hablando de lo que
representa, de su valores, de la generosidad de don Quijote, de su enseña, “con
los débiles siempre”, frente a los abusos de los poderosos. Viendo películas.
La serie de dibujos animados de Tve era extraordinaria, yo la vi con mis hijos,
a los que entusiasmaba. Y luego, en una edad adulta, quizá venga la lectura.
Claro que entonces le espera, o le esperaba hasta ahora, un libro difícil, que
le costaba seguir, porque lo comprendía con dificultad.
Antes,
“El Quijote” se leía sin problemas entre los jóvenes. Ahora existe ediciones
escolares. ¿Qué ha pasado para que suceda eso?
Siempre hubo
ediciones escolares. Yo mismo compré una. Mi primer libo. Una edición de editorial
Vives, con algunas ilustraciones de Doré, con un glosario, con viñetas para
explicar qué era un morrión o un ferreruelo. Y deben seguir haciéndose. Pero el
problema que teníamos tanto con esas como con otras es que la gente no las
entendía del todo. Obligábamos a leer no solo a los chicos sino a los adultos
un libro en una lengua, el castellano del siglo XVI, que ni hablamos ni
entendemos a veces cuando la leemos. Al contrario de lo que les sucede a los
lectores del Quijote alemanes o franceses, que pueden leerlo en su alemán o en
su francés del siglo XXI.
Existen
adaptaciones para estudiantes de “El Quijote”. Su versión podría, al final,
imponerse a todas ellas. Incluso al propio “Quijote”.¿Qué opina?
Las
adaptaciones, como decía, consistían en cortar, suprimir pasajes postizos (las
novelas que Cervantes embuchó en el Quijote sin venir a cuento), pero no
tocaban el lenguaje, el verdadero escollo, los hipérbatos, las palabras
desusadas y refranes ininteligibles incluso para personas muy cultas. El chico
leía menos Quijote, sí, pero entendía lo mismo que los que trataban de leerlo
completo: poco o nada. Por eso el Quijote es el libro que más fracasos de
lectura acumula. Miles de lectores, incluso buenos y cultivados lectores, a
quienes su lectura, con todos esos miles de notas, abruma hasta la extenuación.
La mayoría, al llegar al episodio de los molinos, desarbolados como don
Quijote, se dicen: Hasta aquí hemos llegado.
Un
experto en Cervantes como usted, ¿cual cree que sería el mejor homenaje a su
memoria?¿Cómo considera que debería celebrarse el Día del Libro?
No soy
experto en nada. Bueno sí, un poco en el Rastro y en cosas viejas y
descacharradas y en las vidas a juego con eso. Les diría que leyeran el prólogo
del Persiles. Es breve. Se entiende muy bien. Lo escribió unos días antes de su
muerte y es acaso una de las páginas más hermosas de toda la literatura
universal. La prueba de que Cervantes, como decía Nietzsche, y teniendo motivos
para ello, jamás levantó un falso testimonio contra la vida.