18 janvier 2016

Sigue el stop

“SIGUE el dinero” es una de las frases más repetidas en las películas de gánsteres y políticos corruptos. Sigue el dinero, y sabrás quién o quiénes están detrás de los delitos. En España podríamos parafrasearlo así: “sigue esa señal de stop”, y cabarás topándote, seguro, con un chanchullo. Hace unos meses este mismo Magazine publicó el trabajo de unos jóvenes que, bajo el nombre de “Nación rotonda”, estudiaba la corrupción canalizada a través del millón de rotondas absurdas e innecesarias que surgieron como setas en España durante el periodo que se conoce como “la burbuja inmobiliaria”.

Hace seis meses, mientras viajaba uno por La Mancha con el fin de escribir cierto reportaje sobre los personajes cervantinos, también para este mismo Magazine, nos perdimos en una de esas carreteras que van de ningún sitio a ninguna parte. Era una pista de tierra que cruzaba de parte a parte la llanura manchega. Confinaba esta con el infinito por los cuatro puntos cardinales. Ni siquiera el Gps tenía jurisdicción allí. Después de vagar una hora perdidos, sin hallar otra cosa que ventas y alquerías en ruinas ni hallar rastro de vida humana, nos cruzamos con otra pista de tierra que parecía venir también de ningún sitio hacia ninguna parte. Pero allí, en la intersección, había una flamante señal de stop, nueva, recién puesta, como un sarcasmo.

Hace dos meses, en tierras leonesas, hemos vuelto a ver toda clase de señales absurdas, alarmantes, nuevecitas: stops para nadie, limitaciones de velocidad en caminos de montaña intransitados, letreros con el nombre de un regato seco... Hemos vuelto a ver señales y letreros parecidos en parajes perdidos de Extremadura, de Castilla, de Andalucía. En todos los casos parecían plantados, además, en el lugar donde más podían atentar contra el medio ambiente, zarpazos  en parajes a menudo idílicos. No resulta difícil concluir:  alguien se está forrando con esa malditas señales (la hipótesis de que se trata sólo de idiotas es poco convincente). Sigamos el stop y acaso lleguemos a ese alcalde, a aquel presidente de diputación, a aquel otro de comunidad autónoma... Ahora sólo pienso en los obreros que, siguiendo órdenes, llevaron hasta esos lugares absurdos las señales absurdas, en lo que pensarían mientras las ponían y en lo que votarían en las últimas elecciones. Y no sé cómo, todo empieza a cuadrar.

   [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 17 de enero de 2016] 

12 janvier 2016

Póker de ases (La Veleta)

ACABAN de llegar desde Granada (a las librerías la semana que viene, supongo, dependerá de las librerías). Siempre traen una alegría dentro, como panes de un horno. Pocas se le pueden comparar. Y es tan extremada y pura que por el tiempo que dura una semifusa el universo detiene su melodía, para luego seguir. Por cierto, ahora en Madrid acaba de salir el sol.

Se presenta este volumen de la poesía reunida de JMBonet en la librería Alberti de Madrid el próximo lunes día 18 a las 19:30 con la intervención del autor, Enrique Andrés Ruiz, Juan Marqués, Alejandro Corujeira y AT.







11 janvier 2016

Lo que yo me figuraba

EL lector habitual de esta página acaso haya observado que el epígrafe que la encabeza ha cambiado, como es costumbre a comienzo del año: ha pasado del cervantino Carta de más a Lo que yo me figuraba. Este era el título del segundo tomo de memorias que pensaba escribir Bergamín. El primero se hubiera titulado Ahora que lo pienso. El efecto de leer los dos títulos  juntos es  sensacional. 

Si las memorias de Bergamín se hubieran parecido algo a las historias que contaba, habrían sido magníficas. Pero no las escribió: la mayor parte de las cosas que contaba no se hubieran podido publicar y la otra mitad ni siquiera se atrevió a contarlas. 

Como acaso haya llegado a oídos del lector, el alcalde de Cádiz, de cuyo nombre etcétera, anda emperrado en borrar de su ciudad el de José María Pemán, en represalia por todo lo malo que dijo este durante la guerra. Y es cierto que dijo y escribió cosas infames, pero también que, pasada la guerra, hizo otras de una gran rectitud, intercediendo por infinidad de condenados a muerte o haciendo que se restituyese a Juan Ramón Jiménez, cuya casa saquearon tres conocidos falangistas, todo lo que se pudo. Manuel Arroyo, que fue biógrafo, amigo y editor de Bergamín, contó también en el blog de Arcadi Espada cómo Pemán hizo posible la vuelta a España de Bergamín, en los años  cincuenta. Y no hace mucho supimos, por Juan Manuel Bonet,  que Pemán, Bergamín y... ¡Alberti! pasaron juntos muy amigablemente una tarde parisina de 1955 a bordo del velero “Clavileño”, del poeta y navegante Pedro Ardoy. Cuánto habríamos adelantado en España si alguno de estos tres escritores hubiera contando aquel encuentro, ayudándonos a ver las cosas como fueron, en tecnicolor, y no en blanco y negro. La noche del 20D Pablo Iglesias proclamó triunfal, en blanco y negro, que volvían a España las voces de Margarita Nelken y Clara Campoamor, de José Díaz y de Andreu Nin, o sea las voces de quienes, como Nelken, persiguieron a las Campoamor, o las de quienes, como Díaz o Bergamín, estuvieron detrás o justificaron el asesinato de Nin. Dijo Iglesias incluso que volvían las voces de Alberti y Miguel Hernández, quienes habían dejado de hablarse durante la guerra (y eso tampoco lo contó nunca Alberti). Sí, ahora que lo pienso, parece que vuelve el potaje histórico, y después de la remontada, los sueños de revancha. Lo que yo me figuraba.  

    [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 10 de enero de 2016]

3 janvier 2016

Un viejo mastín

Con ocasión de buscarle el nombre a una niña que nacerá pronto (bendita seas), he abierto al azar un Flos Sanctorum, o florilegio de santos, del siglo XIX. No es fácil encontrarle un nombre adecuado a nadie. El nombre prefigura y condiciona a menudo la vida futura de quien ha de llevarlo hasta la muerte.  Pelagia, Peregrina, Perfecta, Perla, Perseveranda, Petronila, Petronia... Ojalá no nos pareciera cursi llamarla Perla. Hasta hace cien años estos nombres circulaban aún. Paradójicamente el triunfo de la diversidad ha uniformado los nombres, y casi todos hemos acabando llamándonos no sólo de la misma manera, sino sabiendo a lo mismo, a yogur.

Por suerte, y al menos en el campo, la tradición de ponerle nombres adecuados a los animales, no se ha perdido. Qué bien titula sus toros, vacas, caballos, burros y perros la gente del agro. Qué nombres tan “altos, sonoros y significativos”: Formal, Delirio, Pinta, Roldán... Hace unas semanas visitamos en Azadinos, un pueblo de León, la perrera de un hombre, Mario Alonso, que ama los mastines, en compañía de su amigo, Félix García, que ama los carea. Los mastines guardan el ganado, y los carea lo conducen. El mastín es un perro grande y tranquilo, que parece estar siempre soñando, y el carea es un perro menudo e inquieto, que siempre está cogitando, que diría Ortega. Del mastín  se dice que es el perro más leal. Del carea, el más inteligente. Mario, grande y tranquilo, tiene algo de sus mastines, o al revés; Félix, enjuto, mucho de sus careas, o ellos de él. 

Siguen en León los mastines llamándose como en tiempos de Rui Pérez de Viedma, el leonés cautivo que sale en el Quijote:  Moro, Turco, Sultán, Bizarro, Duende... Y hablando de estos caímos en lo oportuno que sería que algunos de los perros de este 2016 que empieza, el del cuarto centenario de la muerte de Cervantes, llevaran los que aparecen en sus obras, empezando por Cipión, Berganza y Montiel, los de El coloquio de los perros, o Gavilán, el de La Galatea, o Butrón y Barcino, que iban a llevar Sancho y don Quijote a la Arcadia pastoril. 2016... Qué nos deparará este año. Lo hemos empezado hablando de perros, acaso porque ellos sean más hospitalarios, acaso porque su fondo animal sea el nuestro. “Un pobre perro callejero” dijo Azorín que hubiera querido ser, de no ser hombre.
Ay, niña, quién fuera viejo mastín por guardar del lobo todos tus sueños.

   [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 4 de enero de 2016]

27 décembre 2015

Vidas ejemplares

PORQUE estamos en Navidad acaso se le permita a uno esta pequeña confidencia: fui feliz en mi infancia. Son muchos también los que tienen de la suya un recuerdo parecido, incluso si la pasaron en condiciones adversas y apretados por las privaciones materiales (otra cosa son las afectivas; estas cuesta olvidarlas). Todos recordamos de ella lo bueno antes que lo malo. En la nuestra la noche de Reyes era, claro, sumamente especial. Uno de los regalos esperados era el de las Vidas ejemplares, unos tebeos de personajes históricos, la mayor parte de ellos santos o guerreros de la antigüedad (vivíamos en el nacionalcatolicismo), de San Antonio Abad o San Agustín a don Juan de Austria o Daoiz y Velarde. Cuando yo pensaba que había leído toda la colección, un buen día, muchos años después, descubrí en el Rastro uno de aquellos tebeos que no conocía, dedicado al escritor mejicano Alfonso Reyes, en manos de otro que por desgracia se me había adelantado. De Alfonso Reyes acabo de leer una pequeña y preciosa biografía. La he encontrado en el libro Aquí viven leones que  Savater y Sara Torres han dedicado a algunos de sus escritores predilectos. 

Savater, que ha sido profesor de ética, conoce muy bien la importancia que tiene la ejemplaridad. A Sócrates se le obligó a beber la cicuta precisamente porque era un “mal ejemplo” para la juventud. Ya hemos olvidado el nombre de los jueces que lo condenaron, pero Sócrates sigue siendo un modelo al menos para algunos adultos, precisamente en un tiempo en que el modelo más firme que se presenta a los niños tiene que ver con el fútbol, donde no escasean la jactancia, la traición, la bellaquería, la ingratitud, la ignorancia, la deslealtad, la plebeyez o los delitos fiscales.   

Ha leído uno ahora las vidas ejemplares de estos escritores con una perpetua sonrisa en el semblante. Estos leones son, se ve, de la familia de aquel que cavó la tumba de San Antonio, allá en el carmelo donde él y el ermitaño San Pablo tenían sus coloquios sobre la vida perdurable. La vida que les interesa a Savater y a Torres es esta, tan frágil, la que hemos de hacer mejor entre todos. Que hayan encontrado su modelo en Poe, Leopardi o Zweig, con vidas tan desdichadas, nos recuerda de paso que los logros más valiosos... y perdurables proceden a menudo de eso que la sociedad llama con desprecio fracaso.

       [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 27 de diciembre de 2015]

21 décembre 2015

¿Falta mucho?

NO es fácil encontrar traducción exacta a épater le bourgeois. El diccionario de la Academia hace mucho que aceptó el término “epatar”, que define como“producir asombro o admiración”. Pero épater le bourgeois va más allá de “asombrar al burgués”. Valle Inclán da en Luces de bohemia un ejemplo memorable de lo que es epatar. Hablan Max Estrella y don Latino de la poesía y “la Dama de luto” (la muerte), y Estrella dice: “¡Tú la temes, y yo la cortejo! ¡Rubén, te llevaré el mensaje que te plazca darme para la otra ribera de la Estigia! Vengo aquí para estrecharte por última vez la mano, guiado por el ilustre camello Don Latino de Hispalis. ¡Un hombre que desprecia tu poesía, como si fuese académico!”. Y don Latino dice: “¡Querido Max, no te pongas estupendo!”. 

Tiene, pues, “epatar al burgués” algo de retumbante. Carmen Martín Gaite solía decir: “peer en olla”, versión, con todo, menos escatológica que esta otra, más expresiva, de “tirarse p... por encima de su propio c...” (se siente uno incapaz de completar los puntos suspensivos). Epatar al burgués tiene mucho de esta dispepsia.

En períodos electorales casi todo el mundo se pone estupendo. En  este que termina hoy la palabra con la que hemos visto más ensayos de lucimiento ha sido “democracia”. “Devaluada”, “amputada”, “acabada”, “traicionada”, “corrupta”, “degenerada”... han sido los calificativos que algunos candidatos le endosaron. Cada vez que oía uno de estos, me preguntaba: “¿más devaluada, amputada, acabada, etc. que cuál? ¿Que la francesa, que la venezolana, que la china?”. No sabemos si “la enfermedad infantil del comunismo” es el izquierdismo, como decía Lenin, pero sí que la enfermedad infantil de buena parte del nacionalizquierdismo  en la democracia es la impaciencia, querer arreglar lo que no está roto, tal y como suelen hacer los niños con sus juguetes nuevos, cuando empiezan a aburrirse. Eso, y preguntar, apenas se les monta en un coche: “¿Falta mucho?”. Nuestro viaje democrático, comparado con Inglaterra, Francia o Estados Unidos, no ha hecho más que empezar. Casi todos los partidos han hablado (mirando en general al tendido) de cambiar la Constitución. Perfecto. Pero si no consigue el mismo consenso que la “vieja”, ¿de qué servirá que sea nueva? Hoy elegimos, mañana empieza otro viaje, y sí, aunque hayamos llegado ya a mañana, siempre falta mucho.

   [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 20 de diciembre de 2015]

16 décembre 2015

El voto inútil

Se publica hoy en El País este artículo que acaso no sea del todo inútil, como viene siéndolo en España todo lo que se haga en favor del viejo "nadie es más que otro si no hace mas que otro".
* * * 
Lo más repetido que ha oído uno estos días de campaña, cuando se hablaba de Upyd, ha sido lo del “voto inútil”, dando a entender que votar por esta formación es “tirar el voto”.
Uno, como muchos españoles, se ha pasado media vida “votando útil”, es decir, a partidos que le parecían el mal menor. Esto llevó a mucha gente al cinismo político. En los años de la porquería del Gal, los crímenes de Estado y de la corrupción del partido en el poder, recuerdo haber oído a personas inteligentes frases del tipo “al Psoe lo va a votar su puta madre… y yo” o “hay que votar tapándose las narices”. Trataban de persuadirnos de que, a pesar de las fechorías cometidas por militantes del Psoe o del Pp, principalmente, y de que los hechos los apestaban, había que votarlos para que el otro, el que fuera, no ganara; aquellos corruptos eran “los nuestros”.
Por primera vez en la historia de nuestra democracia las encuestas presentan a cuatro partidos políticos bastante igualados en intención de voto. Hemos llegado, pues, a una situación en la que es perfectamente inútil votar a cualquiera de los cuatro, no porque los cuatro representen lo mismo (y en más de un aspecto, desde luego que sí), es decir, al viejo bipartidismo, y a los del nuevo pisándoles los talones y felices por el pelotazo político que les ha llevado tan arriba, sino porque desde el momento en que se ha roto el bipartidismo tradicional no habrá votos decisivos. La balanza ya no tiene dos brazos, sino cuatro, y los movimientos a que da lugar su balanceo son sumamente extraños, un tanto ebrios y mareantes, como también las alianzas que se barajan para fijarla en un punto.
Y aquí es donde uno, aprendiz de inútil, aplica su pequeño razonamiento: puesto que todos los votos van a ser más o menos inútiles y ninguno decidirá sustancialmente nada, votemos a alguien que haya demostrado con hechos su integridad y su decencia. Estas cualidades son, como sabe cualquiera, rarísimas en estos tiempos.
Porque, y esta es otra de las paradojas que se dan en España, país que ama como ninguno las paradojas: al mismo tiempo que “todo el mundo” supone que el voto a Upyd es un “voto inútil”, muchos confiesan una gran simpatía (acaso porque creen que va a desaparecer) por una formación a la que reconocen un gran coraje en defender, antes que la mayoría, y desde luego, antes que los emergentes, derechos y libertades fundamentales de los españoles, para añadir a continuación que no la votarán, porque hacerlo sería “tirar el voto” y por temor a quedarse solos. Decimos para halagar a los votantes que estos son inteligentes  y que “a la gente no se la engaña con cuentos”, pero lo cierto es que acaba yendo Vicente adonde va la gente, es decir, que mucha gente, si toca apocarse, se apoca.
Del debate televisivo “a cuatro” (Pp Psoe, Ciudadanos y Podemos), fueron excluidos Iu y Upyd, y del debate “a dos”, mejor ni hablar. Jamás ha visto uno tanto embolismo y ramplonería en la política española.
Se presenta uno en estas elecciones en compañía de Fernando Iwasaki, de  Fernando Savater y unos cientos de personas más a las que muchos ven como a unos panolis. Sólo les falta sacar medio euro del bolsillo y dárnoslo de propina, como a los aparcacoches, por los servicios prestados: sentar a Rato en un banquillo, renunciar a las cuotas de poder y privilegios en cajas de ahorro, televisiones públicas y órganos judiciales y reguladores, no tener un solo corrupto en nuestras filas, pedir la supresión de los privilegios de los territorios, y la igualdad de la sanidad y la educación para todos...
Uno, claro, no cree que votar a Upyd sea inútil (quién va a seguir luchando de verdad contra la corrupción, quién va a recordarnos que la democracia no son sólo números y que la política no debería estar en manos de los cuentistas, como decía Platón, sino de los filósofos, los de verdad, no los de “la ética de la razón pura” y los de las asimetrías euclidianas), pero cuando alguien vuelva a decirnos, por enésima vez, que el voto a Upyd es un “voto inútil”, le preguntaré qué entiende él por “utilidad”, y de qué le ha servido hasta hoy haber “votado útil” tantas veces a partidos que luego demostraron ser perfectamente inútiles.

Supongo que se nos ve un poco quijotescos y muy solos. Es cierto. Y también que se nos quiere tener lejos o mejor, ni vernos ni tenernos. Pero aquí seguimos, pidiendo el voto inútil, el que se deposita en la urna sin taparse las narices ni mirar hacia otra parte, como les sigue sucediendo al parecer a tantos, si es verdad lo que te confiesan bajando la voz cínicos o avergonzados. Y sí, esto es lo que creo que diría hoy don Quijote: “Solitarios del mundo entero, uníos”.