9 juin 2019

Maltratos de libro

EL primero fue hace más de diez años, en Cartagena de Indias. Se celebraba uno de esos congresos de la lengua que tan útiles son a la sociedad. Se vio allí una extraña  “instalación”: de una de las ventanas del vetusto edificio en el que se celebraban conferencias y encuentros, salía en tromba una colosal vomitona de libros. Miles, descuartizados, abiertos, apegotonados, hasta alcanzar la acera. Ser testigos de aquella violencia resultaba desagradable. Volvimos a ver un mejunje parecido en el Palacio de Linares de Madrid. El que presenciamos hace unas semanas en Málaga era más cateto, pero la idea, la misma: unos cientos de libros hechos trizas subían formando columna y bajaban hasta un viejo chibalete de cuyas cajas salían algunos más. Que estos estuvieran enteros pero chamuscados, como extraídos a tiempo de una pira, supongo que tendría su significado, pero no va a perder uno ahora ni un segundo descifrándolo.

Íbamos Juan Bonilla y yo a hablar precisamente de libros a un público respetuoso y atento. Mis primeras palabras fueron, más o menos, estas: “Ustedes, para llegar a esta sala, habrán pasado por delante de cierta instalación. De ser periquitos y no libros, algún partido animalista habría pedido ya su retirada. Y de ser nosotros consecuentes, estaríamos yéndonos de aquí como protesta por un maltrato tan estúpido. Es imposible que entre tantas no haya una sola página allí que no haya sido arrancada a un sentimiento noble, que no contenga unas pocas palabras verdaderas merecedoras de nuestra gratitud y respeto”. Nadie se movió de su sitio y nosotros proseguimos con la conversación, porque, a diferencia de esos artistas, no ha venido uno a esta vida a ser provocador. Terminado el acto, se acercó un hombre con un libro en la mano. Lo había rescatado, al entrar, de aquella escombrera. Tenía las cubiertas tiznadas, claro, y las huellas de haber sido pateado. Era la primera edición de Juan de Mairena, de Machado, 1936. El saberlo valioso despertó en él algún escrúpulo: ¿tenía entonces que devolverlo? Por supuesto que no, le aconsejé. Al contrario, deberían darle una medalla al mérito cívico, como a ese ciudadano que yendo por la calle evita que alguien maltrate a una persona indefensa. Pero lo cierto es que para entonces ya todos nosotros habíamos sido maltratados. También.

   [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 9 de junio de 2019]

3 juin 2019

Contra todos

RESUMIENDO mucho las cosas, sabemos lo siguiente: cuando gana la izquierda suelen subir los impuestos; la derecha trata de bajarlos. Cuando el señor Rajoy, de derechas, subió los impuestos, la izquierda se lo afeó, cosa que no se comprende: tendrían que haberse alegrado como cuando alguien acomete por nosotros un deber ineludible e ingrato. La izquierda se ha presentado tradicionalmente “con más sensibilidad” que la derecha ante los problemas sociales. Como si a uno de izquierdas le doliera más ver un pobre o un niño sin escolarizar que a uno de derechas. El de izquierdas se ve a sí mismo como alguien sensible y solidario, y ve al de derechas como un monstruo devorado por la codicia. El de izquierdas tiende a considerarse un visionario, y moralmente superior. El de derechas se tiene por alguien providencial que remedia los excesos ajenos. Naturalmente la realidad ha desmentido en numerosas ocasiones a uno y otro, sin que eso haya cambiado la opinión que tienen de sí y de los demás. Y al final del argumentario, la conclusión: la izquierda asegura que subiendo los impuestos el país crecerá, y la derecha, por el contrario, que cuanto más se suban, más se destruirá.

Acabo de leer que el gobierno promoverá la mayor subida de impuestos de la democracia, con el fin de asegurar las mejoras prometidas en la campaña electoral, principalmente referentes al salario mínimo, a las ayudas a la dependencia y a la ampliación de los subsidios... Alguien, un hombre común, no un señorito, no un latifundista, se quejaba hace un rato en la barra de un bar de no encontrar en su pueblo (con una tasa de paro del 30%) a nadie que le echara una mano en las tareas agrícolas. “¿Para qué? No me hace falta”, le dijo alguien, al tiempo que enumeraba las ayudas del gobierno que entraban en su casa: cuatro. Pequeñas, pero suficientes. “El pan del Estado es muy poco, pero muy blanco”, pudo añadir. De su casuística, como de la de otros muchos en el mismo latrocinio, están al cabo de la calle los vecinos de ese pequeño pueblo.  Por eso necesitaríamos ahora a alguien en verdad sensible que le explicara a ese tipo  y a otro como él, que lo que hacen es bien feo, y denunciar, como cualquier maltrato, el que cometen impunemente  contra la hacienda pública, o sea, contra todos y a menudo con la connivencia de los políticos que les piden el voto.
  
     [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 2 de junio de 2019]

1 juin 2019

Feria del Libro

ESTOS son los días en que estaré en la Feria:

Sábado 1 de junio:
Librería Antonio Machado, caseta 33 de 12 a 14 h.
Librería Rafael Alberti, caseta 73 de 19 a 21 h.

Domingo 2 de junio:
Librería Lex Nova, caseta 284 de 12 a 14 h.
Editorial Pre-Textos, caseta 155 de 19 a 21 h. (Con Miriam Moreno)

Sábado 8 de junio:
El Buscón, caseta 94 de 12 a 14 h.
Enclave de libros, caseta 118, de 19 a 21 h.

Domingo 9 de junio:
Librería Reno, caseta 40 de12 a 14 h.

27 mai 2019

Si alguien lo sabe... (y algunas respuestas)

RARAMENTE, creo que nunca, ha hecho uno uso de esta página en beneficio propio. Alguna tenía que ser la primera vez. Verán. Hace años vi un breve documental de David Attemborough para la Bbc. Se trata en él del pájaro lira. Este animalillo es capaz de reproducir, con asombrosa fidelidad, no sólo el canto de otros pájaros, sino toda clase de ruidos, el obturador de la máquina de fotos que le está retratando, las sirenas de las ambulancias o el rugido ensordecedor de las motosierras que talan la selva donde vive. Podría ser llamado a testificar en un juicio contra los crímenes de deforestación, porque en su mínimo pico tal testimonio resulta inapelable. A mí me interesó ese documental por el lado poético: al fin y al cabo, y contra lo que opinaba Machado, a menudo es ocioso distinguir las voces de los ecos, ya que estos en arte pueden llegar a ser más originales que las voces. La historia de la cultura está llena de ejemplos.

Pensé entonces titular uno de los tomos del Salón de pasos perdidos como El canto de pájaro lira. Canto, lira... Demasiado gorgorito. Llegó por entonces a mi conocimiento que el chamariz tenía parecidas propiedades de imitación. Además habla de él Juan Ramón Jiménez, aunque no diga este nada de sus dotes cantoras. En fin, pasó el título a El canto del chamariz, que acabó sustituido por el más popular mirlo, un artista de las imitaciones: Cuanto dice el mirlo. Pero hace poco le oí a Tomás Pollán mencionar al camachuelo, otro más de esa banda de pájaros que desfiguran las fronteras del arte. Lo busqué en el Drae, que remite a pardillo. El título de un libro pasa por muchos estados y la primera definición que da este diccionario de pardillo, antes que la de ave, es esta: “Dicho de una persona: Rústica o ignorante”. Esto acabó de convencerme. Mi libro se titulará, por fin, ahora sí, Cuanto dice el pardillo. Sólo le ha asaltado a uno esta última duda: ¿puede el pardillo imitar la voz de otros pájaros? Los académicos, que han borrado el canto del ruiseñor de su definición, no tienen ni pajolera idea de pájaros, y lo mismo me están haciendo hacer un pan con unas tortas. Así que este es el ruego. Seguro que entre los lectores de esta página hay muchos ornitólogos aficionados. Si alguien lo sabe, ¿podría decírmelo? Este pardillo les quedaría muy, muy agradecido.

[Publicado en el Magazine de La Vanguardia 2l 26 de mayo de 2019]

AQUÍ van algunas respuestas a mi llamado, que aclaran al tiempo que despiertan otras pequeñas dudas, como acontece en todas las graves cuestiones que las gentes se traen entre manos. A todos ellos mi gratitud. 

1. Buenos días. Aunque los machos de varias de las aves fringílidas que tradicionalmente se han trampeado en España por su canto (jilgueros/chamarices y pardillos/camachuelos*, además de los canarios) son capaces de aprender y repetir el canto de especies cercanas cuando se las expone al mismo desde polluelos (ya con maestros de la especie escogida, ya con grabaciones), de forma natural aprenden del canto de sus padres, que son los que les pillan más a mano, por lo que cantan como corresponde a su especie (y por eso los aficionados conseguimos distinguir el canto de unas y otras). A mayores del ave lira y de otras consumadas imitadoras que hay por el mundo adelante, de entre las aves ibéricas las que con mayor frecuencia y de forma natural incorporan imitaciones de otras especies en su repertorio son estorninos y alcaudones. Un saludo. Antón Pérez. 

2. Sin entrometerme en la elección de títulos, creo que cuando decimos pardillos como sinónimos de panolis nos referimos más bien a los pardales o gorriones. Bajo otro punto de vista no olvide el prólogo al Persiles, con lo del estudiante pardal porque todo el venía vestido de pardo... No me consta (uno sigue el juicio a los golpistas) que los pardillos (linaria cannabina) imiten canto alguno. Para imitadores los estorninos, auténticos profesionales. Caso curioso son los arrendajos, a los que en Castilla llaman engañapastores, precisamente por las imitaciones (más bien toscas y ásperas, como su nombre) que hacen de sonidos humanos. Es relativamente habitual escuchar como salen de su garganta algo similar a los disparos de una escopeta. El mirlo yo creo que más que imitar tiene un repertorio muy amplio y heterogéneo. En resumen: en mis campeos de cazador y ornitólogo aficionado, yo no he escuchado nunca a los pardillos imitar las voces de otros pájaros. Pedro López.

3. Poco entiendo de pájaros, pero he encontrado esta página que tal vez le sea útil: https://www.seo.org/ave/pardillo-comun/ . Enrique

4. En un foro de aficionados a la ornitología, por otra parte, he encontrado este comentario de uno de los foreros, que no sé qué grado de fiabilidad pueda tener (lo reproduzco tal cual, con su pintoresca ortografía): El pardillo de porsi es imitador, ya el en su cante lleva incorporadas notas de varias aves canoras por ejemplo el mirlo el triguero la curruca la tarabilla el cernicalo etc, el pardillo tiene una burda semejanza con la alondra en el tema de la imitación de otras aves. dentro de la planilla del pardillo algunas de estas imitaciones se puntuan y a otras se les llaman primaveras y se penalizan. un saludo. El enlace: http://www.jilguero.es/viewtopic.php?f=13&t=22347. Anónimo


5. No sé si el enlace que copio abajo aclarará en algo las dudas de AT. Es de una página web relativa a concursos de canto (de pájaros). En lo que respecta al pardillo, y como ahí se verá, se habla de 1) nota impropia, que es todo sonido realizado por él pájaro que sea imitativo de un pájaro granívoro, rapaz o otras especies que no estén catalogadas como insectívoras. Y se dan ejemplos de imitación de verderón, gorrión, lo que llaman acanariados, y pinzón. 2) En otro apartado, se habla de la imitación del gavilán o cernícalo, de donde a ese tipo de canto del pardillo se le llama gavilanadas o cernicaleos. El enlace: http://www.silvestrisme.es/passarell-pardillo/ el ... Anónimo

6. Su lectura me hizo recordar el documental de David Attemborough, que vi en su momento, trayéndome a la memoria, entre otros vivos recuerdos, el episodio del obturador de la cámara de fotos.
No soy ornitólogo, pero sí interesado por los nombres de las cosas y, entre ellos, los ornitónimos. Me extrañó que entre los pájaros imitadores de la voz de otros no mecionase Ud. al imitador por excelencia, el arrendajo, cuyo nombre alude precisamente a esa cualidad. 
Este término arrendajo es conocido al menos desde el siglo XVI y tiene acreditada presencia en la lexicografía hispánica, desde Nebrija y Covarrubias, e ininterrumpidamente en el diccionario académico desde Autoridades: “cierto páxaro conocido que, porque remeda el canto è imita la voz de los otros, se le dio el nombre”; incluye además el Diccionario de Autoridades una acepción secundaria y figurada: “Se llama también la persona que remeda o contrahace las acciones y palabras de otro”, definición que abrocha con su explicación etimológica: “Viene del verbo Arrendar en la significación de remedar”, voz esta que en su lugar recoge igualmente el diccionario académico: “Se toma asimismo por remedar y contrahacer: como la voz, las acciones, &c”. (forma esta arrendar que remite, en última instancia, al latín imitare)
Por lo demás, la denominación  arrendajo es forma castiza (en competencia tardía en la Península Ibérica con voces como gayo y demás continuadores del latín gaius), tanto en su acepción primitiva, para denominar al pájaro, como la forma figurada, para caracterizar personas; y con notable presencia en la literatura, particularmente en los autores del Siglo de Oro (Lope, Quevedo, Calderón, Estebanillo), con cierto sesgo despectivo en referencia a escritores (los “poetas arrendajos” de Lope), y en fin, la voz es usual también (en sus varias acepciones) en escritores más modernos como Valera, Unamuno o Delibes, entre otros.
En la confianza de que esto pueda resultarle de alguna utilidad, reciba un cordial saludo, Juan Carlos Villaverde Amieva


el 27/05/19
el 27/05/19




Anónimo
el 27/05/19
No sé si el enlace que copio abajo aclarará en algo las dudas de AT. Es de una página web relativa a concursos de canto (de pájaros). En lo que respecta al pardillo, y como ahí se verá, se habla de 1) "nota impropia", que es "todo sonido realizado por él pájaro que sea imitativo de un pájaro granívoro, rapaz o otras especies que no estén catalogadas como insectívoras". Y se dan ejemplos de imitación de verderón, gorrión, lo que llaman "acanariados", y "pinzón". 2) En otro apartado, se habla de la imitación del "gavilán o cernícalo", de donde a ese tipo de canto del pardillo se le llama "gavilanadas o cernicaleos". El enlace: http://www.silvestrisme.es/passarell-pardillo/ el Si alguien lo sabe

18 mai 2019

Baroja: Un poco de compañía. Presentación


Solovki

EL próximo miércoles se inaugura en Alcobendas la exposición de fotos que Juan Manuel Castro Prieto y Rafael Trapiello hicieron de Solovski, y se presenta el libro que recoge este trabajo. 





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12 mai 2019

Oh, desolación

LAMENTA uno no poder ofrecer más detalles. Ocurrió en uno de esos dulces minutos de duermevela, durante un telediario. Cuando me despabilé, la noticia iba ya bastante encarrilada. Hablaba una muchacha encantadora. Hay que reescribir, decía, los cuentos infantiles, tantas veces crueles y machistas, y concretamente uno, un clásico, cuyos protagonistas, príncipe y princesa, reproducían “roles del patriarcado”, él, como un enamorado cursi y ella como “una víctima  de la heterodesignación, sin derecho a decidir”. ¿A decidir qué? Como seguramente no le dieron tiempo para explicarlo, pasó a su novedosa propuesta: había reescrito ese cuento, y en la nueva versión los protagonistas pasaban de príncipe y princesa, a dos lesbianas.

La historia de la poesía y del pensamiento se sustenta en la mitología. Durante siglos los mitos han ayudado a comprender los arcanos de la vida. No es fácil lanzar al mundo mitos nuevos. La aportación de la literatura griega fue al respecto abrumadora y extensa. Casi todo está en ella. La de la española es parva, pero no insignificante: don Quijote, Don Juan y la Celestina. La anglosajona, Otelo, el Doctor Jekyll y Mr. Hyde o Lolita. La alemana, Fausto. ¿Y en la actualidad? La irrupción de algunos personajes, como Supermán, tiene más que ver con el mundo de los héroes clásicos que con el mito. El mito es otra cosa. El mito incumbe a la naturaleza humana, y la transforma; el héroe actúa a menudo en el ámbito de la pura imaginación, y que Hércules descoyunte la quijada de un león o que Supermán detenga con el índice el curso de un meteorito gigantesco, nos entretiene tanto como apenas nos incumbe. 

Terminó la noticia de la tele, y se quedó uno con los ojos como platos. ¿Qué harán esas dos lesbianas? ¿Lograrán amarse sin cursilería? Decía Pessoa que todas las cartas de amor son ridículas, pero aún más los que no escriben cartas de amor. Y que el fin del lobo feroz está próximo es cosa cierta: más pronto que tarde el Partido Animalista acabará con él. ¿Y Blancanieves? ¿Enanitos? ¡Qué vergüenza!... Va uno ahora haciendo un repaso para saber qué cuento le contaré a mi nietecilla dentro de un rato, descartando unos por una cosa y otros por otra. Qué sé yo. Quizá sólo pueda contarle el de las lesbianas, pero, oh desolación, ese todavía no me le sé. 

   [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 12 de mayo de 2018]