7 décembre 2019

La Cenicienta

A LA de 1812 se la llamó la Pepa, a la del 31 la Niña bonita... Han pasado cuarenta años de la de 1978 y, que yo sepa, no tiene aún ningún nombre popular y cariñoso. Hoy, más atacada que nunca, podríamos darle este: La Cenicienta. A duras penas logra mantener la casa común limpia contra el empeño de populistas y nacionalistas, que quieren acabar con ella. Y esta constatación: los partidarios de nacionalizar la luz, la banca y todo lo demás suelen ser los mismos que quieren privatizar el Estado, haciendo de él estados más pequeñitos administrados por quienes en esos territorios independizables, naturalmente los más ricos, hoy hacen negocio con la luz, la banca y todo lo demás. 

1 décembre 2019

Heterodoxos

JOSÉ María Blanco White fue un cura sevillano que vivió a caballo entre el siglo XVIII y el XIX y entre España e Inglaterra. Su condición de cura prevaleció sobre su condición de escritor, y como escritor prevaleció en él la lengua inglesa sobre su lengua materna, para él “como un rumor lejano de una mazmorra en que hubiese sufrido encarcelamiento, grillos, heridas, insultos”. Él no había sufrido nada de eso, claro, pero a los sevillanos les gustan las imágenes y los ingleses estaban deseando oír de España cosas así. También les contó que la Inquisición lo habría quemado vivo por relapso, de no haber emigrado en 1808. Pero lo cierto es que en 1808 se abolió la Inquisición (aunque no lo hizo definitivamente hasta 1834), y Blanco pudo volver, pero se ve que esa no fue la única razón de su huida.

De no haber participado en un acto sobre heterodoxos andaluces, ve uno poco probable que hubiera leído a Blanco White (Cartas de España, Autobiografía y España), algunos ensayos suyos y otros sobre él de Menéndez Pelayo, Vicente Lloréns y Juan Goytisolo, así como la biografía de Fernando Durán. Goytisolo culpaba del ostracismo de Blanco White a la roña derechista española, pero no a los ingleses, lo cual es bastante absurdo, teniendo en cuenta que Blanco White es principalmente un autor que escribió en inglés y publicó toda su obra en Inglaterra. ¿Por qué no lo reeditaron ellos? Una vez más se cumplió aquello de “Roma no paga a traidores”. Por su lado la roña española (Menéndez Pelayo) lo tuvo por “el renegado de todas las sectas”. A estas alturas lo que Blanco opinara de la Santísima Trinidad a muchos nos pilla ya tan lejos como Franco.

Ser heterodoxo (o revolucionario) tiene en nuestro mundo un prestigio del que carecen otros más ordenados. La conclusión que he sacado yo es que Blanco White quizá fuera un heterodoxo en Sevilla, pero en Londres era de lo más ortodoxo (cobró incluso una pensión de 250 libras por publicitar la hispanofobia que convenía al Foreing Office). ¿Y como escritor? Tiene tres temas: hablar de sí, victimarse y culpar a España de todas sus penurias. En ese sentido, la verdad, hoy Blanco triunfaría. Lloréns alabó la sinceridad de sus confesiones, pero “la sinceridad es una virtud cuando no se tienen otras”, decía Galdós, sin entrar en aquello de “la queja trae descrédito”,  que decía Gracián.

    [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 1 de diciembre de 2019]

25 novembre 2019

Ya

YA. Ya podría visitar (si quisiera, que no querré de momento) ese lugar siniestro al que me he negado ir toda mi vida y lo probable es que a estas alturas usted no pueda ya tampoco con el empacho del Valle de los Caídos. No obstante, si me lo permite, intentaré decir algo que acaso no resulte trillado. El triunfalismo del gobierno en la exhumación de los restos de Franco lo encuentra uno más que justificado en estos dos hechos, uno en verdad humillante y otro en verdad irrebatible: Franco murió en su cama y Franco llevaba más de cuarenta enterrado allí sin que nadie, rojo o azul, hubiera mostrado en ese tiempo acucia alguna para desalojarlo de su sepulcro. 

¿Era necesaria la exhumación y se hubiera podido llevar a cabo de otro modo? Sí, pero si lo primero es obvio, al menos para mí, lo otro también es ya banal.  No lo es en absoluto la operación que el gobierno y algunas asociaciones y partidos quieren poner en marcha: no el paternal consejo de Nietzsche, también citado aquí muchas veces (“un exceso de memoria daña la vida”), sino la mitificación y exculpación  de parte de las víctimas (“las nuestras”), pese a que se haya repetido un millón de veces (una por cada muerto) que el problema en una guerra civil es precisamente ese: algunas víctimas fueron también victimarios y causaron con sus crímenes parecidas injusticas a las que ellos mismos sufrieron.

Ni un solo condenado a muerte o a penas de cárcel durante el franquismo lo fue con garantías jurídicas. Al contrario, a menudo lo fueron tras procesos aberrantes y vejatorios. Es un hecho también irrefutable. Como que el haber padecido cuarenta años de exilio, la brutalidad de las instituciones penitenciarias y policiales de la dictadura o la prevaricación criminal de sus jueces, fiscales y abogados de oficio (militares a menudo) no les exime a muchos de ellos de su responsabilidad en los atropellos que perpetraron durante la guerra.  Los que  tratan ahora de recordar sólo una parte cometerán algo más que una equivocación, será una vileza: se debe rehabilitar a todas las víctimas, pero no blanquear las atrocidades cometidas por algunas de ellas. ¿Nombres? Algunos mejor olvidarlos, y mejor olvidar, como supieron bien los franquistas, socialistas y comunistas que firmaron en la Transición la reconciliación de todos. Y ya. Basta ya de guerra.

   [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 24 de noviembre de 2019]

18 novembre 2019

En la tumba de Chaves Nogales

JORGE Bustos hizo una crónica magnífica y sobria de aquel acto. 
Las palabras que yo leí, escritas la víspera, son estas.

"El prólogo de A sangre y fuego se escribió y publicó al inicio de la guerra civil, pero tardó más de cincuenta en ser leído y en que se le prestara atención. De haberse leído en 1937, muchos habrían comprendo al fin la naturaleza devastadora de los totalitarismos europeos que fascinaron a millones de personas, a las que alentaron a cometer los más horribles crímenes en nombre del Progreso y de la Historia. Chaves fue testigo de cómo tales crímenes empezaban a cometerse en España, de donde tuvo que salir para salvar su vida. Hoy los totalitarismos han mutado en populismos y nacionalismos e igual que entonces amenazan con destruir Europa, a sangre o, como estamos viendo estos días, a fuego. 
Estamos aquí un puñado de españoles para rendir homenaje a un hombre valiente, junto a su tumba, lejos de su país, que le ignoró durante décadas. Fue también alguien comprometido como escritor y periodista con la verdad de los hechos cuya obra no es sino la constante defensa de la libertad e igualdad de todos. Al maestro Manuel Chaves Nogales le debemos por todo infinita gratitud y consideración. Esas palabras que leí al principio y todas cuantas completan su admirable prólogo de A sangre y fuego nunca debieran ser olvidadas. Ciudadano del mundo, que esta tierra lejana y esta tumba sin nombre te sean leves".



Tumba sin lápida de Manuel Chaves Nogales, parcela CR-19, en el cementerio de North Sheen












11 novembre 2019

Vox / votos / bótox

LO que estamos viendo ahora hacer a Santiago Abascal, tras los abultadímos resultados electorales, no es sacar pecho, sino bótox. Abascal se ha convertido al fin en lo que quería: ser el bótox del nacionalismo... catalán. 

«La fábrica de voxistas trabaja a tres turnos» (Pero Grullo)

APARTE de la gratitud que todos le debemos por habernos traído hasta aquí, se pregunta uno quiénes de cuantos ayer sostuvieron que Mariano Rajoy era una fábrica de independentistas (lo que justificaba una moción de censura contra él aliándose con... los independentistas), dirán hoy que Pedro Sánchez es una fábrica de voxistas.
Y como escribe esta mañana Jorge Bustos: «El centro ha muerto, ¡viva el centro!».

El trabajo gustoso

NO ha visto uno, hasta donde yo sé, que nadie se haya tomado en serio la promesa electoral más espumillante de estas elecciones. La ha formulado Íñigo Errejón: reducción  de la semana laboral de cinco a cuatro jornadas. Tiene además sentido que lo haya propuesto ese muchacho,  que redujo las obligaciones de su  beca hasta dejarlas en cero y empantanó en el absentismo  leyes y proyectos en la Comunidad de Madrid que seguramente habrían traído ya el chavismo a este valle de lágrimas. 

Dejemos de lado si tal medida es o no viable. Yo no lo sé, yo no he estudiado  esa compleja ciencia que   analiza y pronostica los flujos monetarios, mercancías y bienes de consumo, y si un hombre docto como Errejón asegura que ha encontrado la piedra filosofal, no tenemos por qué no creerle. ¿No fue ese el secreto de Hugo Chávez, no ya subsidiar a todo el mundo, sino la de vender duros a cuatro pesetas? Cierto que los duros se le acabaron pronto a su admirado comandante, y arruinó Venezuela, pero esa es otra historia. Ni siquiera querría uno saber ahora si los patronos (y el Estado, en el caso de los funcionarios) están en condiciones de pagar lo mismo por menos. Supongamos que es posible, admitamos que trabajando menos mejorarán nuestra sanidad, nuestra educación y nuestro bienestar material e intelectual. Centrémonos únicamente en esas veinticuatro horas de ocio que el señor Errejón quiere brindarnos.

¿Para hacer qué? Ha trabajado uno desde niño (sí, como los de Dickens), sigo trabajando y me gustaría  acabar, como Cervantes, escribiendo “con el pie en el estribo” (y, ah, si además se pareciese al prólogo del Persiles). Son muchos (en Japón casi todos) los que pagarían por trabajar, gentes a las que si les acompañara la salud no querrían jubilarse nunca... El poeta Juan Ramón Jiménez habló del “trabajo gustoso” y Eugenio d’Ors de “la obra bien hecha”. En estas dos frases queda resumido el gran proyecto humano, volviendo del revés la enconada maldición bíblica: ganarse el pan sin derramar una sola gota de sudor, bien al contrario, haciendo del trabajo algo tan fácil y gustoso que las horas dedicadas a él nos parezcan pocas, incluidas las del amor, que es, como sabemos, todo menos un pasatiempo.

    [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 10 de noviembre de 2019]