CON este título escribió Eusebio Blasco, autor de unas amenas Memorias íntimas, un tomito de semblanzas de artistas, literatos, aristócratas, banqueros, políticos y actores: García Gutiérrez, Núñez de Arce, Bécquer, el Duque de Osuna, Galdós, Manzanedo, Gayarre, Manuel Catalina y otros.
Es un libro pequeño de lectura grata y ligera que le asoma a uno a la vida de la Restauración, pero principalmente importante por el retrato que hace de su amigo Gustavo Adolfo Bécquer a poco de morir este.
En el arte del retrato pictórico o de la semblanza literaria, la importancia unas veces es del retratista, otras del retratado y, en fin, excepcionalmente del retratista y retratado juntos. Es seguro que de no haber descubierto entre los nombres de los retratados el de Bécquer o el de Galdós no habríamos reparado en él, y cierto que sólo por el retrato del primero de ellos valió la pena.
"No seré yo biógrafo de ninguno de mis amigos o contemporáneos, pero procuraré hacerles un retrato moral, que es lo que en lenguaje modernos llamamos semblanzas", nos adelanta Blasco.
La primera enseñanza es, acaso, la ceguera o miopía de las que todos estamos aquejados para juzgar el presente o por buscar los contemporáneos entre los vivos y no entre los muertos, donde más fácilmente los hallaremos, y así Blasco nos pinta a Núñez de Arce como un grandísimo poeta: "Ha llenado un gran vacío en nuestro tiempo, y por eso su nombre quedará", asegura con firmeza. Y tras ver cómo la vida de la mayor parte de esos grandes hombres y mujeres se nos queda entre los dedos como el polvo de una mariposa, nos adentramos en el retrato de Bécquer sin esperar nada especial, y acaso por ello, recibiendo de Blasco tan preciosos detalles. (Continuará)
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| Eusebio Blasco, Mis contemporáneos (Semblanzas varias). Francisco Álvarez, Madrid, 1886 |





