7 juillet 2012

Mis contemporáneos

CON este título escribió Eusebio Blasco, autor de unas amenas Memorias íntimas, un tomito de semblanzas de artistas, literatos, aristócratas, banqueros, políticos y actores: García Gutiérrez, Núñez de Arce, Bécquer, el Duque de Osuna, Galdós, Manzanedo, Gayarre, Manuel Catalina y otros.
Es un libro pequeño de lectura grata y ligera que le asoma a uno a la vida de la Restauración, pero principalmente importante por el retrato que hace de su amigo Gustavo Adolfo Bécquer a poco de morir este.
En el arte del retrato pictórico o de la semblanza literaria, la importancia unas veces es del retratista, otras del retratado y, en fin, excepcionalmente del retratista y retratado juntos. Es seguro que de no haber descubierto entre los nombres de los retratados el de Bécquer o el de Galdós no habríamos reparado en él, y cierto que sólo por el retrato del primero de ellos valió la pena.
"No seré yo biógrafo de ninguno de mis amigos o contemporáneos, pero procuraré hacerles un retrato moral, que es lo que en lenguaje modernos llamamos semblanzas", nos adelanta Blasco.
La primera enseñanza es, acaso, la ceguera o miopía de las que todos estamos aquejados para juzgar el presente o por buscar los contemporáneos entre los vivos y no entre los muertos, donde más fácilmente los hallaremos, y así Blasco nos pinta a Núñez de Arce como un grandísimo poeta: "Ha llenado un gran vacío en nuestro tiempo, y por eso su nombre quedará", asegura con firmeza. Y tras ver cómo la vida de la mayor parte de esos grandes hombres y mujeres se nos queda entre los dedos como el polvo de una mariposa, nos adentramos en el retrato de Bécquer sin esperar nada especial, y acaso por ello, recibiendo de Blasco tan preciosos detalles.  (Continuará)

Eusebio Blasco, Mis contemporáneos (Semblanzas varias). Francisco Álvarez, Madrid, 1886



6 juillet 2012

De velocípedos y velocipédicos (y 2)

ESTE es el libro, una reliquia. Tanto como su texto, le sorprenden a uno las páginas anteriores y posteriores a él, anuncios comerciales de otras publicaciones afines en Francia, Inglaterra o Portugal, así como productos de gran utilidad, como esa "zarzaparrilla granular efervescente, atemperante y depurativo de la sangre".
Pero admirar, lo que se dice admirar, nada como el arranque de esta apología:
"Vamos a empezar con un asunto importante:
¿Es útil o perjudicial para la salud el uso del velocípedo?"
Le gusta a uno este tono que tenían algunos papeles antiguos, contagiados del que sólo fue frecuente en el Senado romano.
El libro, dividido en capítulos (comidas, bebidas, fricciones y baños, vestidos, la circulación sanguínea, la respiración o la secreción del sudor) despliega una serie de decálogos con recomendaciones o normas curiosas como la de administrarse un edema de agua caliente a 30 grados cada mañana con el fin de reglar las deposiciones.
Tal minucioso repaso queda compendiado en unos preceptos finales, el primero de los cuales decía que "para montar en velocípedo se necesita haber llegado a la primera etapa del desarrollo físico, o sea, cuando se han cumplido los quince años de edad". Entre ellos se incluye también la proscripción de los jabones de olor, quedando permitido para el cuerpo el "jabón común de Castilla", y ese consejo: "Las corrientes de aire que penetran bruscamente por la boca durante la marcha velocipédica, originan además de los trastornos pulmonales flogísticos (?), dolores de muelas; para evitarlo, es necesario que el ciclista lleve la boca cerrada y evite que en lo posible se le caree la dentadura"....
Y aquí debería uno cerrar también su portátil, para evitar en lo posible que se nos caríe la cabeza con estas lecturas.
¿Por qué las hace uno entonces habiendo tanto Dante, Homero, Tolstoi o Shakespeare que nos esperan? Es pregunta esta muy fácil de responder: 
Se sumerge uno en estos papeles porque sabe que aquí y allá le llegará de ellos el aire de la época, el verdadero aire libre del que hablaba García Montalvo, más y mejor que en libros pretendidamente literarios, ese tono de naturalidad sin el cual nada es verosímil, pues son ellos a menudo, y no las novelas o los ensayos literarios, el verdadero espejo a lo largo del camino que algunos aún queremos recorrer.

Cubierta, páginas interiores y foto del autor de Higiene velocipédica, de Manuel Corral y Mairá. Madrid, 1894.

5 juillet 2012

De velocípedos y velocipédicos (1)

QUISO el azar que nuestro amigo Pelayo Ortega nos enviase este enlace justo en el momento en que preparaba uno una pequeña entrada sobre cierto libro, acaso uno de los primeros dedicados en España a las bicicletas y los biciclistas. De la rareza de este da cuenta el hecho de que no hayamos encontrado ningún ejemplar disponible en ese insondable vientre de la ballena que es internet y de lo bizarro de aquel invento que tuvo en vilo a tantos detractores como defensores, las cosas que se cuentan de él en la lejana fecha de 1894.
Quede, pues, para mañana lo que era de hoy, y sumérgete en esa mágica historia de la que nada quiero adelantarte, por dejar sin impronta la parte del cerebro donde se activan las sorpresas.

Father and Daughter de Michael Dudok de Wit

4 juillet 2012

Ramón en Praga

ALGUNAS veces se ha recordado en esta ventana a Alfonso Meléndez, nuestro compañero de tantas travesías tipográficas y tipógrafo él en solitario, como esos navegantes que se pasan la vida dando la vuelta al mundo en un pequeño velero.
Hoy nos ha entregado esta pequeña joya, encargo del Instituto Cervantes de Praga para la exposición de los dibujos con los que Ramón Gómez de la Serna acompañaba sus greguerías, propiedad de los archivos de Abc y aquí estudiados por Inmaculada Corcho, comisaria de la expo, y Ioana Zlotescu, la gran ramoniana que entregó hace años su vida a la edición de las obras completas del escritor, faltas aún del último de los tomos, Pombo, retenido por quienes quieren publicarlo sin las ilustraciones originales, lo que sería no sólo un error sino atropello a la obra de Ramón. Y qué párrafo tan largo este, qué poco ramoniano. En efecto, llega uno al final de él como uno de esos navegantes solitarios que dan la vuelta al mundo.
Sigamos.
No sabe uno cómo podrán conseguir los lectores un ejemplar de este catálogo (los caminos del Cervantes son inescrutables, y más ahora que vela por ellos el señor García de la Concha, su chambelán), pero les animaría a no dejarlo pasar: tendrán no sólo solaz y recuerdo de las obras de nuestro mosquetero preferido de la vanguardias españolas, sino un dechado de tipografía.

Tipografía: Alfonso Meléndez. Cubierta y páginas interiores.


3 juillet 2012

Los Reyes Magos vienen en verano

HUBO algo de Reyes Magos en la noche del 1 al 2 de julio, cuando la selección de fútbol de España ganó la Eurocopa. Como un sueño del que nadie se hubiera querido despertar al tiempo que nadie quería seguir dormido, para levantarse y correr hacia el trofeo, bendito regalo. Y en todo ello, como siempre, los niños, y los adultos que se recordaban de niños deseando esto que tanto tardó en llegar, y un poco melancólicos muchos de ellos, ante la incertidumbre de que sus hijos no lleguen a ver nunca algo parecido.
De esto nos hablan estas instantáneas, tomadas esa noche del 1 al 2 entre la gente que salió a celebrar un triunfo tan etéreo como perenne. El niño, en una, con su bandera, tiene algo de príncipe en una justa, y la niña, en la otra, mucho de princesa dormida en brazos de su hada madrina.
"Sólo los protagonistas intentaban disfrutar con cierta naturalidad", nos decía ayer nuestro amigo Suso Pérez, de La Vanguardia. "Quizá por eso se rodearon de sus niños en el mismo campo de fútbol. Estoy convencido de que era por eso: para ser capaces de vivir una tranquila sensación íntima. El exterior era un volcán enloquecido".

Fotos: Rafael Trapiello. Madrid noche del 1 al 2 de 2012

2 juillet 2012

Obsoletos del mundo, uníos

Seguramente usted ya habrá oído hablar de la obsolescencia programada, según la cual las cosas (lavadoras, portátiles, televisores, pero también zapatos o ropa) están pensadas para que duren un determinado número de años, pasados los cuales se averiarán indefectiblemente y romperán, de modo que su reparación sea tanto o más costosa (si acaso encontramos a quien sepa y quiera realizarla), que comprarlas nuevas. Cierto que es como la teoría de la conspiración aplicada a nuestra vida cotidiana, pero como en toda teoría conspirativa basta muy poco para encontrarla verosímil.

Esta es la historia: alguien compra una impresora, una buena impresora. Un día, sin más, deja de funcionar. El técnico oficial, en cuanto ve el modelo, anticuado, arruga el gesto: le confirma que el arreglo le saldrá más caro que comprarse otra nueva. Compungido, el dueño vuelve a su casa sin aceptar que su impresora se haya infartado de ese modo, sin compostura posible. Pulsa algunos foros de internet, y en uno alguien le menciona que cierto ruso dispone de un software, gratuito, naturalmente, útil para esa clase de averías. Lo localiza y lo descarga con alguna prevención temiendo tal vez un contagio por virus; allí se le explica que esas impresoras tienen en su memoria una orden según la cual, alcanzado un número de miles de copias, se pararán automáticamente. Tras una intervención sencilla, logra  desbloquearla, y la impresora vuelve a funcionar como antes. Final feliz. No sé si esta será o no una leyenda urbana como la de los cocodrilos y las alcantarillas de NY, pero esta que voy a relatar a continuación no lo es en absoluto. 

Al artículo que estás leyendo, hace dos días le hubiesen faltado la mitad de las erres, porque por más duramente que percutía yo en esa tecla, se resistían a aparecer en pantalla, nunca mejor dicho, erre que erre. El técnico oficial, que habló de complejos y minuciosos test, tras asegurar que “era imposible” desmontar una sola tecla, fue tajante: o un problema de este mismo teclado, en cuyo caso habría que cambiarlo entero, o un problema de sistema. En el primer caso, unos 300 euros; en el segundo... más o menos. Por suerte y dado el volumen de trabajo y de reparaciones en ese taller en el que todos llevaban batas blancas como los de la Nasa, le pusieron a uno en una lista de espera, de modo que también yo volví a mi casa apesarado por el diagnóstico y furioso por la pérdida de tiempo. Pero la única ventaja de tener mis años es la de tener también hijos en edad de navegar por internet que creen en la teoría de la obsolescencia programada y en la fraternidad y altruismo universales. En un vídeo de youtube  un norteamericano muestra cómo desmontar las teclas de ese modelo de mac y limpiarlas. Ciertamente se trata de una operación delicada, que ha de realizarse con habilidad y mimo, pero nada que no pueda acometer un espontáneo con un pequeño destornillador y culminar en menos de dos minutos, al cabo de los cuales podrá ver como sus erres vuelven a saltar libres como corderitos. Llegados a este punto recordó uno súbitamente la cita con el servicio técnico. ¿Deberíamos referirles lo sucedido, tal vez insultarlos un poco, faltarles al respeto? No, en absoluto. Sí contarlo aquí, convencidos de que con ello estamos haciendo mejor y más duradero al mundo, y más fraterno.
        [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 1 de julio de 2012]

1 juillet 2012

Siesta. Dos encuadres

EL estudio y laboratorio de Juan Manuel Castro Prieto, nuestro gran fotógrafo, es uno de los más próximos y queridos, sentimentalmente hablando, que hayamos conocido nunca. Somos sensibles a los obradores, talleres diversos, imprentas, hornos... Este tiene algo único y genuino, no sólo por hallarse frente a una mancebía de la calle Concepción Arenal en la que montan guardia dieciséis horas al día las mujeres tristes de la vida alegre, a las que se ve desde los ventanales del estudio, sino porque dentro se respira un clima de laboriosidad jovial que nos hace recordar aquel del "trabajo gustoso"
A ese estudio nos llevó ayer cierto proyecto, un libro de autor de JMCastro Prieto con sus bellísimos desnudos realizados hace casi veinte años, de los que habrá ocasión de hablar más adelante. En él, como en los talleres de los maestros antiguos, se almuerza a pie de obra, y a pie de obra se aprovechan unos minutos para el reposo. Eso hacía nuestro buen y garcilasiano amigo X, de quien "robamos" estas dos instantáneas tiradas sin tiro y a contraluz con mi móvil. Y no se piense que ve uno nada risible en la escena. Bien al contrario. Algo hay en ella conmovedor que recordaba aquellos tiempos, tan bien reflejados por las novelas del siglo XIX, de Balzac y Dickens, en las que los aprendices de comerciantes, de panaderos, de sastres, de pintores habían de dormir debajo de los mostradores o sobre las bateas, porque no había lugar mejor ni más a mano. Y que del sueño de nuestro amigo era profundo damos fe, como su sueño la da de que él es  joven y sano, y puede conciliarlo sobre una dura tabla como no lo conciliamos ya los más viejos en colchones de plumas. 
Pero vengamos a las instantáneas; la primera la hizo uno, y la segunda, pedida por mí, la hizo el maestro. Dos encuadres; en realidad uno solo, el suyo. Enseñar a mirar es tanto como abarcar el mundo, y en el suyo está la magia de ese lugar un poco destartalado, de la hora abrasiva madrileña y, sobre todo de alguien que representa lo mejor de la vida en ese punto: el sueño. Aprender a soñar pasa por aprender a mirar y, seguro, por agradecérselo a quien nos enseña.

Siesta. Primera foto, AT; segunda, JMCastro Prieto. 29 de junio de 2012