6 décembre 2013

Todo menos literatura

LO malo de internet es que eterniza lo malo; pero también nos ayuda a recordar lo bueno. 
Alguien que firma como Neorrabioso ha colgado hace unos días esta vieja Carta al director de El País en su blog, en una sección que titula con patente exageración "Troya literaria". Esa carta nos sorprendió hace quince años porque no venía muy a cuento o, mejor, porque aprovechaba que el Pisuerga pasa por Iría Flavia. 
Sin duda Neorrabioso supone que lo mejor de los escritores es verles pelearse entre sí e insultarse en las famosas y tristes disputas literarias, que pocas veces tienen algo divertido. Pero creo que ese Neorrabioso se equivoca a mi modo de ver una vez más (hace ya mucho tiempo que se dedica a sacar de su contexto fragmentos del Salón de pasos perdidos, y a reproducirlos en su blog con el único propósito de hacer un poco más de ruido, más interesado en el ruido, desde luego, que en aquello sobre lo que se le propone pensar). Aunque sé que no servirá de nada este ruego, le agradecería que en adelante los míos los dejara tranquilos. Y si lo hace por admiración, lo de Lola Flores: "Si me queréis, irse". 
En el ejemplo que ahora pone no hay un escritor que insulta o se mete con otro, sino uno que se insulta a sí mismo por las cosas insólitas que dice. Ya se habló de ello en uno de los tomos del SPP. Leer esto quince años después puede ser incluso pedagógico para recordar a los más jóvenes hasta dónde podía llegar el desquicie, la mala fe o la estupidez de nuestra época. ¿Qué es ese eufemismo de "ocasional trato carnal con un chico de trece años"? "Señor juez, es verdad que tuve trato carnal con ese niño de trece años, pero fue ocasional, nada, una canita al aire". "Haberlo dicho antes, amigo P.,", dijo el juez, "me ha convencido usted; habiendo sido ocasional, no hay más que hablar, queda libre". ¿Y ese principio: "Toda colectividad históricamente marginada o en algún sentido perseguida en España (los homosexuales, los judíos, los protestantes, los musulmanes, los catalanes, por ejemplo)"? ¿Homosexuales, judíos, protestantes, musulmanes y... catalanes en el mismo plano? Quince años después se le puede decir: ni tiene memoria ni tiene vergüenza.
Incluso para insultar se debe tener "el don del insulto", como lo llamaba alguien (y desde luego no lo tiene quien queriendo insultarle a uno lo compara con Antonio Machado; que siempre que quieran atacarnos sea en compañía tan honorable como esa), pero me interesa ahora únicamente releer esa frase de Machado que al autor de la carta le parecía el colmo de la homofobia: "La pederastia –actividad erótica desviada y superflua– es la compañera inseparable de la gimnástica". O sea, que a PG. la pederastia no le parece una actividad ni desviada ni superflua. Hmmm, interesante. Como se trata de un académico españolingual, hacemos una visita al Drae, el pequeño homenaje: "Pederastia: abuso sexual cometido con niños".
Por los días en que apareció el Diario del artista seriamente enfermo, edición aumentada de los abusos sexuales de GdeB. con menores (claro que pagando, eh, pagando: a 1 $ cada), le preguntó a uno una periodista bastante rabiosa: "O sea, ¿que tú habrías metido a GdeB. en la cárcel?". Ella estaba convencida de que a los grandes poetas hay que tomarlos como son; si habláramos de curas y obispos, no; ah, pero la poesía es una cosa tan linda... "Responde, dilo, atrévete: ¿Habrías metido en la cárcel a JGdeB.?", insistía una y otra vez. Recuerdo lo que le respondí, un poco harto, pero suavemente: "Yo no; la Guardia Civil". 
Conste que no tenía la menor intención ni gana de volver a esto quince años después ni aquello fue una disputa entre escritores. Se estaba hablando de  Ética y de Estética sin ética, del Código Penal, y de un poeta ínfimo que por querer defender lo indefendible de un poeta mediano, no dudó en injuriar gravemente a uno muy grande sin que nadie (hasta la fecha) lo defendiera de ese ataque rabioso
En tales asuntos hay de todo menos literatura, y nada de Troya, y menos todavía de homofobia. 

El Rastro, 24 de noviembre de 2013


5 décembre 2013

Jondo

EN algún lugar de sus diarios (o de sus cartas) lo recuerda Zenobia. Vivían ya en Puerto Rico. Estaba puesta la radio en la cocina y sonó de pronto un cante flamenco. Al mismo tiempo salió del cuarto donde trabajaba Juan Ramón un sollozo desgarrador: "¡España!", y el poeta que se había levantado precipitadamente de su mesa corrió hacia donde salía aquella música de su tierra, como si fuese a encontrar allí a la misma España, como si su tierra-madre le estuviese llamando.
Algo y aun mucho del sentimiento que nace de esa música "jonda" podemos encontrarlo en este libro, Flamencos (Ed. Rey Lear, 2013), tablao en el que comparece un centenar de cantaor*s y bailaor*s con lo más racial de la lengua (El Tiriri, Capullo de Jerez, El Kejío, Bobote, Paquete, Fosforito, El Torta, El Güito, Rancapino, este con una frase tan memorable como atávica: "El cante flamenco tiene que ser con faltas de ortografía").
Por gusto pondría aquí unos cuantos de los excelentes retratos fotográficos de Jerónimo Navarrete, y no pocos de los que escribieron sus autores, José Manuel Gómez, alias Gufi, y José María Goicoechea, quien con el nombre de Manuel Molina popularizó este cante que viene a darle la razón a Rancapino:

De noche me salgo al campo
para hablar con las estrellas
y aprendo más en un rato
que en dos mil años de escuela.

José María Goicoechea disfrazado de Manuel Molina, tal y como aparece retratado en el libro,  y José María Goicoechea disfrazado de sí mismo, tal y como aparece en la solapa. Abajo, en la cubierta, Farruco y Lola Flores, señora del Pescaílla.
Jo

4 décembre 2013

Como extranjero

ANDANDO en otra cosa (en pos de aquel "el andar por tierras y comunicar con diversas gentes hace a los hombres discretos", del Coloquio de los perros) se tropieza uno en el Coloquio de los ancianos, de Erasmo, con este pasaje, que me resisto a dejar pasar de largo:
"Lo cierto es que el cambio de lugar no deja de tener su encanto, pues los viajes largos, aunque enriquecen nuestra experiencia, presentan también muchos peligros. Yo creo que es más seguro recorrer el mundo por un mapa y encuentro más cosas en los libros de historia que si, como Ulises, errara por todas las tierras y mares del globo durante veinte años. Tengo una finquita que dista de la ciudad menos de dos mil pasos. Allí me traslado de vez en cuando y me convierto de ciudadano en granjero. Y una vez que he descansado, me vuelvo a la ciudad como extranjero que saluda y es saludado como si viniera de las islas recién descubiertas [las Indias]".


Madrid, 3 de diciembre de 2013

3 décembre 2013

De botas, dientes y zapatos (aforismos)


LAS paradojas son botas de siete leguas.
* * *
ALGUIEN se llevó un libro; la biblioteca sonríe ahora como si le faltara un diente.
* * *
NADA camina tan rápidamente hacia el Rastro como los zapatos de un muerto.
* * *
LA paradoja es del arma de aviación, al contrario que los silogismos, que son de infantería (regimiento de zapadores).


Un reloj. El Rastro, 1 de diciembre de 2013



2 décembre 2013

Con casi nada (un arrebato)

¿QUÉ sería de nosotr*s sin el olor callejero a castañas asadas? ¿Qué sería de ti, lector, lectora, de mí, de nosotros, escritores, periodistas, poetas, ánimas vagas y mal aprovechadas sin ese momento mágico en el que un día, caminando por la calle y por  primera vez en este otoño, nos asalta inesperadamente el desleído, inasible, vagabundo olor de unas castañas asadas? Digámoslo de una vez: el día en que falte ese olor de nuestras ciudades y de nuestras vidas será mejor tentarse la ropa, porque es probable que hayan empezado ya a resucitar los primeros muertos, en pleno fin del mundo.

Y qué gusto para el escritor de  periódicos apartar de su escritorio todos los temas de actualidad, así, con el brazo extendido, barriéndolos de una sola vez, con suavidad pero con decisión, hasta arrinconarlos en un extremo de la mesa, limpia al fin después de tantos meses, con las vetas de la madera a la vista, rizadas olas de un mar sereno. Pocos temas, sin embargo, habrán traído más descrédito a un escritor de periódicos que este de la llegada del otoño, de las castañas y de la castañera, ninguno le habrán hecho tan sospechoso de casticismo, de cursilería, de acabamiento. Cierto. Pero no está hablando uno ahora del otoño, de las castañas, de las castañeras. Tampoco sería grave. Así que pasen cinco años, que decía Lorca, nos costará recordar el noventa y nueve por ciento de los afanes de este día, los rostros que hoy nos son familiares por verlos a diario en los periódicos y la televisión nos parecerán extraños, y las músicas, novelas y películas que hoy tenemos por inmortales se habrán borrado para siempre de nuestro recuerdo. Y aun siendo eternos el otoño, las castañas y la castañera, uno ni siquiera está hablando de ellos sino de algo aún más inconcreto y sutil, uno está hablando del olor a castañas asadas, el tul de los olores como si dijéramos, ese olor que se mueve en el aire como el visillo que se hincha delicada, pasajeramente ante el empuje perezoso e inconstante de la brisa.

Esto sucede cada año, esto acaba de ocurrirle a uno hace unos minutos en la concurridísima plaza de Callao, hoy por hoy la más medieval de España: saltimbanquis, musicantes, pícaros, malabares, guardias, mimos y en el cielo nocturno de un Madrid sepultado estos días en su propia basura, pequeños, magos,  mecánicos colibríes que alguien lanza al cielo para que desciendan lenta y majestuosamente como centellas de viva luz azul. Y allí, circulando entre la multitud, por primera vez en este otoño, una hebra de olor a castañas asadas que nadie sabe de dónde viene. Es lo más parecido a una balada de las nieves de antaño, a la silenciosa sinfonía de la gloria. Vienen con él recuerdos remotísimos de infancia, pero no sólo de nuestra infancia, sino de todas las infancias del mundo, recuerdos universales de la vida de todos. Llegan sin una sola muesca, intonsos como el libro de los sueños. Y entonces entra uno en su casa, y se posa en su escritorio como lo harían esos pájaros de fuego azul, y henchido de gratitud, aparta de su mesa toda la actualidad marchita, y da testimonio de ese bendito olor en un arrebato de gratitud, pues tod*s, empezando por ti, por mí, tenemos derecho a ser eternos sin dejar esta vida, con casi nada.
     [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 1 de diciembre de 2013]

1 décembre 2013

¿No quieres protocolo? Dos tazas

SE publicó hace dos o tres semanas en el Magazine de La Vanguardia este artículo sobre el protocolo. Está de más añadir que a mí todo cuanto se dice en él me parece sensato. Nunca pensó uno, sin embargo, que podría molestarse nadie con él, acaso porque no se me pasó por la cabeza que hubiese nadie viviendo del protocolo, que es tanto como decir que es vivir del aire y del plongé, que ese es el arte del protocolo, el de bailar las aguas y aun los aires. 
Ayer se publicaron en el mismo Magazine dos cartas al director protestando vivamente, una desde la Asociación Española de Protocolo, y otra desde la Associació Catalana de Protocol i Relacions institucionals.
Como no tiene uno intención de dar más la brasa a los lectores del Magazine, y la cosa me ha divertido, extraeré sólo unos párrafos de una y de otra, que, contra lo que piensan en esas asociaciones, vienen a confirmar las sospechas de mi artículo. A menudo el protocolo no sólo no resuelve los problemas, sino que los agrava.
La primera más que carta misiva parece boletín de enganche para convencer a los políticos de la importancia del protocolo en la armonía universal y de paso que contraten los servicios de las asociaciones de protocolo del mundo (uníos): "Es tal su importancia para las entidades públicas que nunca debe ser entendida como una relación de gastos suntuarios y superfluos, sino como una verdadera e irrenunciable herramienta de comunicación". O sea, que la mayor parte de los gastos del protocolo, no hay duda ya, son suntuarios y superfluos para todo el mundo, por si se dudaba, menos para los asociados a las asociaciones de protocolo. "Los profesionales del sector somos conocedores de técnicas de organización, de comunicación, marketing, relaciones internacionales públicas, estrategias y, en muchas ocasiones, gestores de empresas que crean empleos", como prueba el hecho de que en "un plazo de cuatro años se habrá duplicado el numero de escuelas de Protocolo y Organización de Eventos en todo el Estado". ¿Eventos? ¿Qué eventos? ¿Estado? ¿Qué Estado?
En la otra, la de la asociación catalana, ofrece, cómo no, algunos matices nacionalistas interesantes: en ella se asegura que mi artículo no se ajusta "a la realidad ni al sentir unánime de la ciudadanía (...) porque el protocolo sirve para posibilitar la proyección de una identidad", que es, en efecto, adonde queríamos llegar, podría haber dicho también el autor de esa carta, tal vez el mismo que aconsejó en su día a no comparecer al presidente de la Generalidad de Cataluña en un acto al que también concurría la Vicepresidenta del Gobierno del Reino de España.



30 novembre 2013

Donde se halla el remedio


EL amigo Félix Ovejero, patriota ejemplar, pone al pie de sus correos el que es lema de su vida: ubi bene, ibi patria ("donde se encuentra tu dicha, está tu patria"). Algo parecido decía en 1590 Diego de Saldaña, indiano, a su mujer Águeda Martínez. La animaba a dejar su aldea, Villanueva de Alcardete, y reunirse con él en Cartagena de Indias, para lo que trataba de quitarle temores de navegación y otras melancolías: “Ni se os ponga delante [ni os lo impida] vuestra patria, pues lo que se debe tener por tal es donde se halla el remedio”.

Foto de Rafael Trapiello. Urbasa (Navarra). 10 de noviembre de 2013