22 de julio de 2014

Como en patria propia (El Sinaia)


ENTRE enero y febrero de 1939 cruzaron la frontera unos cientos de miles de españoles en condiciones penosas y conocidas por todos: vencidos, muchos de ellos enfermos, la mayoría hambrientos, arrecidos y humillados por las autoridades franceses y los guardias senegaleses que los trataban con saña y desprecio. En vista de ello la mayor parte luchó desesperadamente por escapar de los campos, primero, y, después, de la condición de refugiados que les obligaba a vagar por territorio francés como apestados, sin papeles, sin dinero y sin idioma. De ese casi medio millón de españoles lograron subir al Sinaia el 24 de mayo de 1939 mil quinientos noventa y nueve. Al día siguiente zarparían de Sète, en el Mediterráneo, rumbo a Méjico. ¿Cómo lo lograron? ¿Quiénes eran?
Las historias grandes están hechas de pequeñas historias, pero es raro encontrar una historia pequeña que observada con atención a la debida distancia, si es humana, no muestre su grandeza. Es el caso de la de ese buque.
Por los días que escribió uno Días y noches (2000), una novela que relata esa travesía, alguien donó a la Fundación Pablo Iglesias un documento excepcional, el listado de pasajeros del Sinaia. En él figura nombre, edad, oficio o profesión, militancia política y sindical y cargos desempeñados antes y durante la guerra de la mayor parte de esos pasajeros. Están excluidos de él los nombre de las mujeres, de los ancianos y de los niños que viajaban en condición de familiares. Hombres: 953; Mujeres: 393; menores de 15 años: 253. Total: 1599. Escalas: Madeira, Puerto Rico y Veracruz, adonde llegaron el 13 de junio. “Porcentaje de analfabetos: 1,1%” (18 individuos; tasa de analfabetos en España en 1931, 38%). En este último dato se halla en parte la razón del embarque.
El Sinaia era un vapor de bandera francesa, fabricado en 1924. Había servido como buque mercante, pero en los últimos años se había pasado al transporte, más rentable, de soldados y peregrinos musulmanes a la Meca, y en la travesía mejicana sobrepasó su capacidad, por lo que muchos debieron viajar en bodegas y sollados asfixiantes en condiciones de suma incomodidad. Lo fletó el gobierno mejicano y organizó el embarque, por orden de Negrín, el Servicio de Evacuación de Refugiados Españoles (Sere), tras una invitación del presidente mejicano Lázaro Cárdenas que vio en aquellos refugiados una contribución preciosa a la modernización de su país. La Junta de Auxilio a los Republicanos Españoles (Jare), creada en Méjico por los socialistas, acusó al Sere de favorecer a los comunistas, confirmando así que en el bando republicano seguían con la guerra civil. ¿Eran todos comunistas? Desde luego que no. A esas alturas probablemente no eran ni negrinistas. En Puerto Rico Negrín subió a bordo del Sinaia para dar a “sus” 1599 refugiados la bienvenida a tierras americanas –traje impoluto de hilo blanco, camisa de seda, corbata, zapatos de rejilla, canotier–  y esos 1599 refugiados amordazaron su indignación y perplejidad –mangas de camisa, ropa vieja, alpargatas– con un tensísimo silencio. En el barco viajaban, en efecto, algunos destacados comunistas, Pedro Garfias o Juan Rejano, que editaron mientras duró la travesía un periódico ciclostilado, y un fotógrafo que llegaría a ser tan famoso como Capa, David Seymour, Chim. Leyendo el periódico y viendo las fotos de Chim se diría que aquel fue un crucero de placer. Pero lo cierto es que a bordo del Sinaia viajaban 1599 personas tan entristecidas como esperanzadas, enzarzadas a menudo en agrias y sordas disputas políticas, y entre aquellas algunas de las mejor preparadas de la República Española, abogados, médicos, ingenieros, maquinistas, intelectuales, artistas y operarios cualificados que correspondieron a la generosidad y visión de Cárdenas trabajando en Méjico como en patria propia. Recordaban acaso aquello que había dicho un antepasado de todos ellos, gachupines y mejicanos, cuatro siglos antes: sólo es patria “donde se halla el remedio”. 
     [Publicado en El País el 20 de julio de 2014]


Maqueta del Sinaia. Foto: Carlos Rosillo

21 de julio de 2014

La vida de las abejas

IBA a tratar este artículo de una asombrosa costumbre, cada año más extendida: la de algun*s estudiantes de quemar en las hogueras de San Juan sus apuntes y libros de texto. Hemos visto a varios  de ellos jactarse de la gesta en televisión: es la prueba más triste del fracaso de todo nuestro sistema educativo. No sé, mejor que arrojar los apuntes y libros a las llamas, sería preferible tal vez que sus dueños se tiraran a la piscina desde un balcón, como es uso también: al menos los libros podrían servir a otros otro año. Pero cuando iba uno a hablar de este asunto, he aquí que vuelve a los periódicos una noticia alarmante: sigue la misteriosa y paulatina desaparición de las abejas de la faz de la tierra,  prueba también de otro fracaso mayor y de consecuencias impredecibles.

Mira uno con el mayor interés y desde hace muchos años todo lo relativo a las abejas. Mi padre era colmenero. Lo fue por afición toda su vida, y uno de los tres o cuatro libros que había en nuestra casa, hasta que entró en ella la modesta biblioteca de un tío cura, junto con aquel bendito cura, claro, fue precisamente un tratado somero de apicultura. El interés de uno por las abejas sólo puede ser desgraciadamente teórico, porque aprendí de niño y de forma dramática que era alérgico a sus picaduras. Sin embargo no hay libro o documental o artículo sobre  las abejas que deje pasar de largo, y más desde que murió mi padre; no deja de ser una manera de seguir a su lado.

Lo que leemos estos días resulta en verdad preocupante porque nadie conoce el origen de la desaparición de la población apícola: ¿pesticidas, cambio climático, virus? Los resultados de las investigaciones son contradictorios y los expertos empiezan a creer que se trata de una combinación de varios factores. La alimentación mundial depende de la polinización de las abejas tanto como de los estudios que acierten con las causas del apicidio. Entre estas no ha visto uno referida, sin embargo, la que un día acaso se demuestre como determinante: el desánimo. No tendría nada de extraño que unas moscas tan inteligentes (“moscas”, las llaman los viejos colmeneros), hayan decidido dejarse morir, como algunas ballenas, viendo una sociedad tan estúpida en la que se permite a unos jóvenes quemar sus libros  y jactarse de ello en público, que es en el lenguaje de las abejas como si se diera el gobierno de su colmena a los zánganos.
   [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 20 de julio de 2014]

20 de julio de 2014

Postalero

MUNDINOVIS, estereoscopios, visores... Los vemos, y nos quedamos ensoñando la posibilidad de una huida. ¿Adónde? Al pasado. No hay otra posible. Cuando a Arcadia se la llama utopía, es inalcanzable. Si le damos su verdadero nombre nos espera muy cerca, pero a nuestras espaldas.
Viajar en el tiempo de los estereoscopios y visores era asunto de ricos, de viajantes de comercio y de vagabundos. 
Acaso por ello no había casa burguesa donde no hubiese uno de esos artilugios que traían a sus plácidas veladas países exóticos, costumbres de las razas diversas, las maravillas de los confines remotos...
Cuando apareció la carta postal estos viajes inmóviles se democratizaron aún más, y la fotografía se extendió de los burgueses a los empleados modestos y proletarios ilustrados, de las manos de los adultos a las de los niños. Su éxito fue tal en la última década del siglo XIX y la primera del XX, que desde entonces no hizo sino crecer, y empezaron a circular en todas las direcciones el globo terrestre un sinfín de postales, como el hilo de lana de una madeja. De todos los papeles que haya inventado el hombre la postal ha sido acaso el más perdurable: ¿quién podría destruir las buenas noticias que suelen traer o las imágenes hermosas y singulares que aparecen allí? 
Para conservarlas se idearon postaleros como este, que ha llegado a nosotros cien años después sin haber sido usado jamás. 
Cuando vayamos poniendo en él las viejas postales que ahora guardamos en cajas de zapatos, reunidas a lo largo de los años en los lugares más extraños y alejados de sí, estaremos  dibujando no sólo un camino hacia Arcadia, sino el mapa ideal de un país extinguido en su mayor parte, el de los sueños, tal y como sucede cuando haciendo correr la señal por el dial de un viejo aparato de radio leemos el nombre de países que han desaparecido hace noventa años y ciudades que han cambiado de país cuatro o cinco veces.

Postalero modernista francés de principios del siglo XX. Tapas y páginas interiores. 28 x 44 cms.

19 de julio de 2014

A se ipsum

A menudo nos encontramos en las tarjetas postales un hormiguero de gentes que van y vienen por tal bulevar de París, tal calle de Tánger o, como aquí, el Puerto Chico de Santander. Nos decimos: ninguna de esas personas vivirá ya, pero siguen en pie los afanes que los llevaban ese día de un lado para otro. Sus afanes son los nuestros y sus pasos los andamos nosotros en esta misma playa, y sentimos hacia tales insignificantes puntitos negros un impulso fraterno, como lo sentimos hacia aquellos que acaso nos descubran dentro de cien años en la postal que alguien está haciendo de nosotros, sin que lo estemos advirtiendo, corcheas al fin y al cabo en esta interminable melodía del mundo.
Decíamos ayer también que se circulaban estas cartas postales pensando compartir un momento de felicidad con alguien. Lo que hemos encontrado escrito en esta nos hace sonreír, porque parece haber sido escrito como broma. ¿Pero lo fue? El yo del que parece hablar no es en realidad muy diferente de aquel que figura al frente del libro que Marco Aurelio escribió en griego: A se ipsum.


18 de julio de 2014

Aguadoras del Cairo

HA escrito uno aquí otras veces de su fascinación por las tarjetas o cartas postales, como se las llamaba. Al igual que los relojes de sol, sólo marcan las horas apacibles, sólo portan buenas noticias, el deseo de quien la envía de hacer saber que piensa en su destinatario, y compartir con él o ella la belleza de un lugar, una ciudad, un monumento.
A menudo sucede en una postal, como en esta, de los años diez o veinte del siglo pasado, que nos llegan además en ella modos de vida que han desaparecido, y nos sume en ensoñaciones y consideraciones más o menos filosóficas sobre la brevedad de todo. Y ese viaje al pasado es aún más misterioso y grato que ninguno de los que nos esperan en el futuro, preludio de fugas ideales.

Postal del Rastro.

17 de julio de 2014

La palabra España

SE publicaba aquí ayer LIBRESEIGUALES. Lee uno hoy con el mayor interés, como es natural, las primeras líneas del otro manifiesto:
"La actual insuficiencia de la estructura territorial del Estado que establecimos en la Constitución de 1978 es una opinión compartida por amplios sectores sociales y entre las propias fuerzas políticas". 
Si no he comprendido mal, "la actual insuficiencia de la estructura territorial del Estado... es una opinión". No le gustan a uno mucho los réspices de dómine a propósito del estilo, la gramática y demás, pero, no sé, habiendo en ese manifiesto literatos, y literatas, podrían haberle quitado ese aire presintáctico que tiene todo él. También le cuesta admitir a uno que el Estado sea una estructura territorial, pero al fin comprende: "estructura territorial del Estado" es una perífrasis parecida a aquella  de "los acontecimientos consuetudinarios que acontecen en la rúa" para no decir España. Claro que la sustitución de una cosa por otra tampoco mejora mucho la frase: "La actual insuficiencia en la organización del territorio español (o la actual insuficiencia territorial de España)... es una opinión".
Parte de la izquierda española, que tanto despreció y combatió durante la guerra y el exilio a la República española (demasiado española quizá y poco soviética), y por extensión todo lo que les olía a España y español (llegaron a creer que buena parte de la mejor literatura española era franquista –Azorín, Unamuno, Pérez de Ayala, Ortega, JRJ–, sólo porque se estudiaba en los libros de texto de la dictadura), se pone al frente hoy (bienvenidos al club) de un movimiento para defender la unidad de algo que le da avergüenza llamar por su nombre, o que evita hacerlo, sin duda por razones freudianas, siempre que puede. Resuena aún en nuestros oídos aquel grotesco "a nivel del Estado español" que empleaban durante la transición tantas gentes de izquierdas por no atragantarse con la palabra España o que les confundieran con ninguno de los que la creyeron de su propiedad durante el franquismo.
Hoy mismo leemos en el correo de una muy querida amiga, de izquierdas, por cierto (lo digo para molestar), al hilo del primer manifiesto, el bueno: "Cada vez me irrita más la "voluntad" (?) o la ignorancia (?) de no querer distinguir patriotismo de nacionalismo. El patriotismo es, siempre, igualitarista: parte del principio de que ninguna patria vale ni merece más que otra y admira el amor de los naturales a su país y que se dediquen a su engrandecimiento. El nacionalismo es, por esencia, insolidario, soberbio y principio de todo racismo".

Fuerte Ventura, 19 de junio de 2014.

16 de julio de 2014

Libres e iguales

SE presentó ayer a la opinión pública este manifiesto de los LIBRESEIGUALES
No es verdad que el manifiesto sea contrario al diálogo como se ha empezado a circular con el propósito de sabotearlo incluso antes de darse a conocer. Tampoco que sus firmantes sean nacionalistas españoles. Únicamente se advierte en él contra los apaños y la tentación de tejemanejes del Psoe-Psc-Pp-Ciu que han metido a Cataluña y al resto de los españoles en este atolladero de los nacionalismos y las asimetrías desde hace 30 años de asimetrías, nacionalismos y privilegios fiscales, forales, culturales, políticos y civiles. Basta ya de asimetrías y federalismos asimétricos: libres e iguales. Si gana una vez más la asimetría, malo para la igualdad, base de la ciudadanía. Si gana la simetría, mejor para todos. La asimetría nos ha traído hasta aquí, la asimetría sólo creará más asimetría. Así lo ve uno, así de sencillo. Este manifiesto no hará más secesionistas, como también hemos oído ayer: la libertad no crea nacionalistas, los nacionalismos crecen precisamente donde no existe libertad de opinión ni posibilidad de circularla, es decir, en el reino del mito.

                                                     MANIFIESTO DE LOS LIBRESEIGUALES
España vive un momento crítico.
El secesionismo catalán pretende romper la convivencia entre los españoles y destruir su más valioso patrimonio: la condición de ciudadanos libres e iguales.
El nacionalismo antepone la identidad a la ciudadanía, los derechos míticos de un territorio a los derechos fundamentales de las personas, el egoísmo a la solidaridad. Desprecia el pluralismo social y político, y cuando trata de establecer fronteras interiores arrincona como extranjeros en su propio país a un abrumador número de ciudadanos.
El secesionismo catalán se hermana con el populismo antieuropeo y promueve la derrota de la democracia española.
Evitar esa derrota es responsabilidad de todos y la primera obligación de los partidos políticos.
Hasta ahora el desafío secesionista no ha recibido la respuesta que merece. España es hoy una nación adormecida en cuyas élites prevalecen el tacticismo y la resignación. No existe un auténtico debate pœblico sobre el fondo gravemente reaccionario del nacionalismo ni sobre las consecuencias de su proyecto para la libertad, la igualdad y la seguridad de los ciudadanos. En cambio proliferan maniobras opacas para ofrecer nuevos privilegios al nacionalismo a costa de la soberanía de los españoles.
En estas circunstancias, los abajofirmantes, ciudadanos radicalmente comprometidos con los principios constitucionales de la libertad y la igualdad, entendemos que es imprescindible abrir un debate público que informe y comprometa al conjunto de los españoles. Nosotros asumimos la responsabilidad y pasamos a la acción.
Reclamamos al Estado que aplique toda la ley y advierta con claridad de las consecuencias de violarla. Ninguna infracción legal puede quedar impune y ninguna sentencia puede ser desacatada.
Pedimos a los partidos políticos que se identifican con los principios de libertad, igualdad, justicia y solidaridad que demuestren su compromiso con hechos. El Partido Popular, el Partido Socialista, Unión Progreso y Democracia, Ciudadanos, y cuantas formaciones quieran preservar las bases de nuestra convivencia democrática, deben:
1. Reivindicar la Constitución como consigna de ciudadanía y convivencia, sin renunciar a las reformas cíclicas que permitan que España sea una nación cada vez más integradora y de mayor calidad democrática.
2. Rechazar cualquier negociación que con el pretexto de evitar el conflicto que plantea el secesionismo catalán limite la soberanía del conjunto de los ciudadanos y el ejercicio de sus derechos.
3. Alcanzar un pacto público, solemne y conciso que establezca un compromiso transversal de unidad de acción frente al secesionismo y garantice la decisión de someter al referendo común cualquier alteración de las bases constitucionales.
Finalmente, nos dirigimos a todos los ciudadanos españoles.
Les pedimos que trabajen organizadamente por la deslegitimación intelectual y política del nacionalismo y que se movilicen con nosotros en defensa de la comunidad de libres e iguales que es responsable de la época más justa y fértil
de la historia de España.


Algunos de los firmantes del manifiesto Libres e Iguales frente a las Cortes. 15 de Julio de 2014