16 juillet 2018

Antes de la función

EL ingenio mal traído, o sea, alambicado o recalentado, carga. Sólo se hace tolerable cuando no es contrario a la naturalidad. Stendhal lo detestaba incluso más que la retórica (ya saben, decir corcel por caballo), porque era francés y en Francia el ingenio es como la mantequilla: todo se guisa con él. “¿Te consideras un hombre inteligente?” es una de las preguntas de cierto “cuestionario Bolaño”, bastante tonto, enviado a varios escritores, y publicado ahora en libro, Escritores al desnudo, junto a las respuestas del clásico “cuestionario Proust”. “¿Comparado con quién?”, responde Savater, quien antes, a la pregunta “¿Qué le impulsa a levantarse por las mañanas?”, había respondido a la altura de Oscar Wilde: “La llegada de la asistenta”.

Si al ingenio se le ven las costuras, es insufrible, pedante o banal. O sea frío. Por el contrario, es impagable cuando no renuncia a cierta intimidad. “¿Cómo le gustaría morir?”. “No me gustaría morir”, responde Juan Bonilla. Y a la pregunta “Si tuvieras que matar a alguien, si no tuvieras otra opción, ¿a quién matarías”, Savater respondió: “¿Vale suicidarse? Así los mato a todos”. En siete palabras todo un tratado de filosofía moral.

Junto a ese libro se ha publicado uno de aforismos de Ramón Eder, Palmeras solitarias. En él los hay admirables. “El buen aforismo es el que dice más de lo que parece, no el que parece que dice más de lo que dice”, nos advierte desde el principio. Y podríamos añadir: y si no te arranca una sonrisa al momento, como una película de Chaplin, malo, y si resulta ingenioso, peor, porque el buen aforista huye del ingenio del mismo modo que el petimetre recurre a él: “Cuanto más conozco a los hombres, más me gustan las mujeres”... Me acordé de Pavese: “La mujer es un hombre de acción”. Sigue uno leyendo y marcando con un lápiz algunos: “Sin ilusiones no se puede vivir sin tristeza...” Y se queda uno pensativo hasta caer en la cuenta: lo que salva al ingenio, ese que tanto detestaba Stendhal, es que al bueno no se le nota que sea ingenio. “Qué elegante vas hoy”, le dijo Alfonso XIII al marqués de Vilallonga. “¿Sí? Pues si el señor lo ha notado, no debo de ir tan elegante”. El ingenioso, como el falso dandy, es presuntuoso, sólo espera que se levante el telón, y saludar. Y antes de la función, claro.

   [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 15 de julio de 2018]

12 juillet 2018

Puigdemont extraditado

ALEMANIA decide extraditar a Puigdemont sólo por malversación. Al Capone cumplió condena únicamente por evasión de impuestos. Pero todos sabían.

8 juillet 2018

Listados

ME gustan los listados, como a todo el mundo. Basta que le pregunten a uno qué diez películas, qué tres ciudades, qué cinco músicos son sus preferidos, para que repase mentalmente todas las películas que ha visto, todas las ciudades en las que ha estado o todos los músicos para tratar de ser lo más justo con ellos y consigo mismo, consciente de que la elección dirá de él tanto como de aquello que ha elegido. Esta clase de ejercicio de sinceridad tiene únicamente un valor personal. Lo malo es cuando se juntan las desideratas de varias personas y se trata de deducir de la suma de todas algo parecido a una norma. Acaba de suceder una vez más. Un periódico ha publicado “los cien libros de la literatura universal”, tras preguntarle a medio centenar de escritorxs españoles, que han elegido cada uno diez, quinientos en total.

Hay, claro, de todo: desde el que enumera obras maestras absolutas a ese al que se refería con mucha gracia Cocteau: “La gran escultura del Louvre no es la Victoria de Samotracia, para nada, sino una del periodo helenístico, que está en la sala XXI del sótano, la de la columna no, la otra, la que está detrás... ¡Esa sí que es una maravilla!”.  Entre los veinte primeros libros no hay sorpresa, pero no deja de causar extrañeza ver juntos La Ilíada y Madame Bovary o libros que se han leído una sola vez, o ninguna (Gilgamesh, Ulises, De rerum natura, La Divina Comedia, Cantar de los nibelungos), junto a otros de lectura reiterada, como el Quijote.

Como la humildad es hoy una virtud muy celebrada (por políticos de izquierda principalmente), decidí puntear con lápices de colores estas categorías: libros que he leído, que no he leído, que he leído pero de los que no recuerdo nada, que me gustaría volver a leer, que he leído a medias y que no pienso leer nunca. Pero se ve que no es uno del todo humilde ni, ay, ya ni siquiera dialogante, porque abandoné el conteo al tropezarme con La metafísica de Aristóteles justo detrás de los poemas de Carver. Me dije, me harían falta tres vidas para leer esos dos libros y en ese orden. Y entonces me acordé de JRJ, quien no figura por cierto en esa lista (como tampoco Balzac, Baroja ni tantos). Decía: “Para leer muchos libros, comprar pocos”. Yo incluso leo más desde que empecé a vender hace años muchos de los míos al librero de viejo.

    [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 8 de julio de 2018[]

1 juillet 2018

De intrigas y por entregas

NADIE sabe si cuando se publiquen estas líneas, o sea, dentro de unas semanas, seguirá o no en su puesto el nuevo presidente de gobierno, elegido para el cargo hace siete días. Nadie piense tampoco que trata uno de desdeñar su inesperado golpe de mano para hacerse con el poder, tras un birlibirloque que ha dejado  atónitos a la inmensa mayoría de los españoles, incluidos muchos de sus partidarios. Al contrario, al margen de lo que dure en el cargo y de los logros o fracasos por los que será recordado u olvidado en el futuro, lo sucedido a él tiene ya tanto interés como lo que pueda sucedernos a nosotros.

Me digo: he ahí un hombre  del que se piensa que su ambición es muy superior a su inteligencia y del que todos se han reído, incluidos muchos de los que hoy se dirán amigos suyos. Ahí lo tenemos, donde quería él estar. Su empeño y una carambola a siete bandas le han llevado de la irrelevancia a la  notoriedad, el poder y los libros de historia, y en cambio el hombre al que ha desalojado de la Moncloa, que se prometía dos años más de majestuoso crucero en un lujoso Titanic, se ha visto desposeído de él de una manera inesperada e ignominiosa. Sólo  ha sido capaz de soltar, entre sollozos, cuando ya todo era inevitable: “¡Pero está entrando por la puerta de atrás!”. Y era cierto, sólo que la puerta de atrás ha sido también por la que él ha salido de la notoriedad, el poder y los libros de historia.

Qué extraña es la vida. “La fortuna sonríe a los audaces”. La primera vez que oí estas palabras fue a un viejo maestro de escuela, y mucho antes de saber yo que pertenecieran a la Eneida. Por la vida que llevaba y por su aspecto, no parecía que la fortuna hubiera sonreído mucho a aquel anciano. Tampoco se imagina uno al nuevo presidente citando a Virgilio, ni creyendo que lo que le ha sucedido sea cosa de la suerte. Pensará que debe su fortuna a su tenacidad e inteligencia, y así lo pensaría también en su día el cesante, como pensará este ahora que su desgracia  se ha debido únicamente a odios y felonías, lo mismo que pensará el nuevo cuando le llegue su Bruto, quién sabe si dentro de unas semanas. Nadie conoce lo que le tiene deparado el destino, y la vida va tan deprisa que  acaba pareciéndose a un folletín de intrigas por entregas, escrito por un loco, un imbécil o un cínico.

   [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 30 de junio de 2018]

25 juin 2018

Cartas de España

JOSÉ Blanco White,  cura y relapso, fue desde su juventud un hombre con inclinaciones literarias. Su padre, un comerciante inglés afincado en Andalucía, Mr. White, tiñó su apellido para mimetizarse con el color local, y el Blanco lo heredó su hijo. Cuando este ahorcó la sotana y emigró a Inglaterra, donde vivió hasta su muerte, desempolvó el White pero no renunció al Blanco, pues al contrario que su padre, le importaba recordarse y recordar a sus nuevos paisanos quién era y qué hacía tan lejos de casa un antiguo papista como él. A partir de entonces hizo de su lucha contra la iglesia de Roma, sus dogmas, los jesuitas y el oscurantismo religioso español, el centro de su vida, y como los de la iglesia de Inglaterra le parecían mejores y más finos, se hizo ministro anglicano. Escribió mucho. Entre sus obras, unas Cartas de España, que ha leído uno estos días.

Ni que decir tiene que Blanco White, uno de los grandes heterodoxos españoles, ha sido utilizado durante doscientos años por aquellos que buscaban argumentos para demostrar nuestro secular cerrilismo, origen de todos los males de la nación española. Leídas dos siglos después, ¿prueban estas cartas algo al respecto? Sí, lo mismo que probaron, respecto de Inglaterra, los escritos de Swift o los diarios de Pepys: en todas partes cuecen habas.

Las cosas que le escandalizan principalmente, la Inquisición, la reclusión forzada y de por vida de muchachas en conventos o la vida disipada e hipócrita del clero y de las cortes de Carlos IV y Fernando VII, no nos parecen diferentes de las que Stendhal contaba, por los mismos años, a propósito de la depravación que sumía al clero de Italia o del cerrilismo de la nobleza provinciana en Francia. Se ve que todos tendemos a magnificar la época que vivimos, pintándola con trazos dramáticos, aunque sólo sea para asignarnos en el drama un papel a la altura. Oímos de España en estos tiempo cosas que le dejan a uno atónito (“la más devaluada democracia de Europa” sería la más leve), pues le obligan a uno a mirar a sus vecinos y comparar. Estas Cartas de España están muy bien, son entretenidas, hay en ellas impagables detalles exactos, pero tienen ya de España lo que los terroríficos cuentos de las Mil y una noches tienen de reales. Sólo siguen leyéndose porque son literatura. Por suerte.

   [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 24 de junio de 2018]

22 juin 2018

Memoria e historia

NO sé si la fotografía de la que habla Jorge Martínez Reverte hoy en un estupendo, honrado y valiente artículo es esta (se publicó en Las armas y las letras) u otra parecida. Lo que a estas alturas parece inevitable es que el nombre del asesino figure en breve en el monumento/memorial que Podemos/Psoe ha aprobado en el Ayuntamiento de Madrid, contra el dictamen unánime del Comisionado de la Memoria Histórica creado por la alcaldesa Carmena, si bien con el pleno consentimiento y convencimiento de esta, que en su día prometió y se comprometió a que todos los acuerdos de ese Comisionado serían acatados. Hasta que se topó con el camarada concejal Mauricio Valiente (paradojas galdosianas de los apellidos), quien,  según reportaje periodístico, tiene en su despacho municipal sendos pósters, y digo sendos por ser uno de Lenin y otro de la revolución bolchevique, la misma que en España querían hacer los de la foto. Por eso se les ve tan contentos en ella.

Un paseo. Madrid, verano de 1936.