Las famosas burbujas (inmobiliarias, financieras, artísticas) son posibles gracias en parte al famoso cuento de la pera de Murcia. Alguien de mucha labia, y sirviéndose de la ignorancia, codicia o candor del “primo”, acaba quedándose el dinero de este con gran habilidad. Una de las actividades humanas donde ha habido un mayor número de petardistas y prestímanos, ha sido, qué duda cabe, la del diseño, vastísimo dominio que lo mismo se ocupa de la tipografía de un billete de metro que del fuselaje de un boeing. Quiere decirse que el diseño está en todo, como la prosa de la vida, y todos hablamos en prosa acaso sin saberlo, como el señor Jourdain de Molière.
“Todavía hay mucha gente que te dice: «Es que yo no entiendo el arte moderno»... pero es que no hay nada que explicar; en cambio yo sí puedo explicar perfectamente un logo, y hacerlo de manera científica”. Son palabras de Alberto Corazón, uno de los diseñadores españoles más solicitados y con mayores dotes persuasivas que se conozcan, a tenor del número y significación de los clientes que ha tenido. Y añade que “yo sé realmente si una construcción gráfica [ah, los eventos consuetudinarios] va a funcionar o no”.
Cualquiera que se dedique a estos asuntos sabe que es exactamente lo contrario: nadie tiene la menor idea nunca, con anterioridad a su circulación, de si tal o cual diseño va o no a funcionar, excepto el señor Corazón, uno de los diseñadores que más ha trabajado en los últimos treinta años para las administraciones e instituciones públicas, aquellas en las que, como sabemos, tiende a concentrarse el mayor número de advenedizos que gustan disimular su ignorancia con pólvora del rey. En fin, nada que fuese más allá de cierta jerga de sonajero. No obstante, habría dejado uno correr esas palabras, si no hubiesen ido acompañadas de estas otras sobre el diseño editorial español, que no parecen sino el peaje de un chamán agradecido: “En España, por desgracia, la tradición editorial consolidada se cercenó con la Guerra Civil, y luego ya no fue posible recuperar esa brillantez en el diseño editorial”. Al que no sepa una palabra de esto, tal modo de hablar puede que le impresione. Ahora, cualquiera que esté acostumbrado a ver libros viejos, sabe que eso es falso también. Estaría bien que Corazón nos dijera una sola editorial anterior a 1936 más y mejor consolidada tipográficamente que, pongamos por caso, la de José Janés o cualquiera en las que trabajó Giralt-Miracle. Iguales a ellas, puede que alguna, pocas; superiores, no creo. Y esto nada tiene que ver con el franquismo ni con el hecho de que la edición en España fuese antes, durante y después de la guerra, hasta hoy, como quien dice, la de un país de cabreros poco brillante. Pero se ve que diseño y sugestión son actividades unidas por cierto embolismo, el famoso chau chau de zoco árabe. “Ahora estoy trabajando en el diseño de la estrategia gráfica para la conmemoración en Toledo del cuarto centenario de la muerte del Greco”, concluye el entusiasta publicista. Entrar en porfías sobre la pertinencia o no de tales estrategias con el estratega que explica de manera científica un logo, autor él mismo de un millón de logos científicamente iguales, no llevaría a ninguna parte, pero sí, acaso, preguntarse lo que Pla: ¿y eso, con la que está cayendo, quién lo paga; y sobre todo, cuánto?
[Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 19 de mayo de 2013]





