18 mai 2019

Baroja: Un poco de compañía. Presentación


Solovki

EL próximo miércoles se inaugura en Alcobendas la exposición de fotos que Juan Manuel Castro Prieto y Rafael Trapiello hicieron de Solovski, y se presenta el libro que recoge este trabajo. 





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12 mai 2019

Oh, desolación

LAMENTA uno no poder ofrecer más detalles. Ocurrió en uno de esos dulces minutos de duermevela, durante un telediario. Cuando me despabilé, la noticia iba ya bastante encarrilada. Hablaba una muchacha encantadora. Hay que reescribir, decía, los cuentos infantiles, tantas veces crueles y machistas, y concretamente uno, un clásico, cuyos protagonistas, príncipe y princesa, reproducían “roles del patriarcado”, él, como un enamorado cursi y ella como “una víctima  de la heterodesignación, sin derecho a decidir”. ¿A decidir qué? Como seguramente no le dieron tiempo para explicarlo, pasó a su novedosa propuesta: había reescrito ese cuento, y en la nueva versión los protagonistas pasaban de príncipe y princesa, a dos lesbianas.

La historia de la poesía y del pensamiento se sustenta en la mitología. Durante siglos los mitos han ayudado a comprender los arcanos de la vida. No es fácil lanzar al mundo mitos nuevos. La aportación de la literatura griega fue al respecto abrumadora y extensa. Casi todo está en ella. La de la española es parva, pero no insignificante: don Quijote, Don Juan y la Celestina. La anglosajona, Otelo, el Doctor Jekyll y Mr. Hyde o Lolita. La alemana, Fausto. ¿Y en la actualidad? La irrupción de algunos personajes, como Supermán, tiene más que ver con el mundo de los héroes clásicos que con el mito. El mito es otra cosa. El mito incumbe a la naturaleza humana, y la transforma; el héroe actúa a menudo en el ámbito de la pura imaginación, y que Hércules descoyunte la quijada de un león o que Supermán detenga con el índice el curso de un meteorito gigantesco, nos entretiene tanto como apenas nos incumbe. 

Terminó la noticia de la tele, y se quedó uno con los ojos como platos. ¿Qué harán esas dos lesbianas? ¿Lograrán amarse sin cursilería? Decía Pessoa que todas las cartas de amor son ridículas, pero aún más los que no escriben cartas de amor. Y que el fin del lobo feroz está próximo es cosa cierta: más pronto que tarde el Partido Animalista acabará con él. ¿Y Blancanieves? ¿Enanitos? ¡Qué vergüenza!... Va uno ahora haciendo un repaso para saber qué cuento le contaré a mi nietecilla dentro de un rato, descartando unos por una cosa y otros por otra. Qué sé yo. Quizá sólo pueda contarle el de las lesbianas, pero, oh desolación, ese todavía no me le sé. 

   [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 12 de mayo de 2018]

8 mai 2019

El honor y las mentiras (y una carta en La Vanguardia)

LA entrevista en El Confidencial ha dado pie a tergiversaciones y mentiras. El Procès ha vivido y vive de las mentiras y la victimación, de modo que en esta ocasión (Pilar Rahola, el nacional.cat y otros espontáneos de las redes), dicen, para victimarse una vez más, que uno ha dicho lo que jamás ha dicho. "Ante Puigdemont Tejero es un hombre de honor", o "Trapiello blanquea a los golpistas del 23F", titulan sus libelos, para a continuación victimarse: "Una vez más España no repara en atacar a Cataluña denigrando a sus políticos e instituciones...". Etcétera. Rahola cierra su artículo, de manera pacífica, tildándome de "sicario", y el nacional.cat lo empieza llamándome, huyendo también de la crispación, "repugnante".
Desde luego que han entendido perfectamente mis palabras, yo sí les concedo comprensión lectora. Pero cifran su supervivencia en la ficción. Lo que se dice es esto, bien sencillo de entender: Junqueras y Puigdemont han hecho "buenos" a Tejero y Milans (no yo, ¡Puigdemont y compañía!), pues al fin y al cabo estos golpistas del 23F asumieron y reconocieron la responsabilidad de sus actos y acataron las sentencias, renunciando incluso al indulto ofrecido por el gobierno, al contrario que los golpistas del 27O, quienes niegan haber proclamado la república y la responsabilidad de sus actos (sus declaraciones en el Tribunal Supremo está siendo por lo general desesperadas, patéticas), al tiempo que Puigdemont y algunos de sus consejeros huyeron de forma poco honorable. 
Honorable fue Josep Tarradellas y poco honorables han sido Pujol (el de las manos en la masa),  Mas (retando jactancioso el 9N al Estado al asumir todas las responsabilidades de aquel referendo ilegal y sacudiéndoselas de encima para tratar de salvar su patrimonio personal) y, claro, Puigdemont (en el maletero de un coche). Tejero, Armada y Milans trataron de dar un golpe militar que, afortunadamente para todos, fracasó el mismo día que lo dieron, y de él salieron reforzadas las instituciones democráticas y aun la convivencia entre españoles, lo que no puede afirmarse de este golpe de estado a cámara lenta que se inició en Cataluña hace unos años.

Y con fecha de 9 de mayo esta carta, aparecida en la sección de Cartas de los lectores en el periódico La Vanguardia:

«Me honra Pilar Rahola dedicándome una de sus columnas. Si Rahola hubiera citado no sólo el titular de la entrevista que glosa, sino la frase de donde se extrajo, me hubiera ahorrado el gusto de replicarla: “El 27-O ha sido un atentado gravísimo, desde luego. Como lo fue el 23-F. Pero comparados con Puigdemont y Junqueras, Tejero, Armada y Milans del Bosch parecen hombres de honor; reconocieron su fracaso y aceptaron las penas impuestas. Tejero incluso se negó a ser indultado. Los golpistas catalanes empezaron por negar que hubieran proclamado la República y acabarán suplicando el indulto”. No digo que lo sean, ni muchísimo menos, sino que comparados con esos políticos independentistas lo parecen. Comprendo que Rahola no llegue a estos matices, pero los detalles son acaso lo más importante. Que se lo pregunten a los que están sentados hoy en el Tribunal Supremo acusados de rebelión, hilando fino. No sé si Rahola tiene razón en que Torra o de Gispert y tantos más no son en absoluto supremacistas ni xenófobos, pero, la verdad, lo parecen por las cosas que dicen y escriben. Y por supuesto, yo ya sé que si Pilar Rahola me llama “sicario” no lo hace en mal plan y para crispar, sino pacíficamente y en tono dialogante. Andrés Trapiello».

6 mai 2019

La pasión política

HACE ya una semana que conocemos los resultados de las elecciones generales. Algunos fervores se habrán sosegado, otros alcanzarán nuevas y más enconadas exaltaciones. Es “la pasión política”. De ella trata el Estudio histórico de las luchas políticas en la España del siglo XIX. Es libro del que puede decirse que es un gran libro y también el libro de un gran escritor. Ángel Fernández de los Ríos fue un hombre apasionado en todo lo que  emprendió y al que ni siquiera su fracaso político (como republicano aceptó la restauración monárquica de 1874 exilándose en París) menoscabó ninguno de sus viejos ideales, el más hermoso de los cuales fue el de la reunificación de Portugal y España en una federación ibérica. Leyéndole se deja uno contagiar por una prosa que tiene el encanto de una exactitud no exenta de poesía, si acaso una y otra pueden ir separadas. Al lado de aquellas del siglo XIX, nuestras pasiones políticas parecen, por suerte y empeño democrático, céfiro suave. Como el de cierta madrugada madrileña reciente. 

Verán. Era de noche aún, las calles de mi barrio estaban vacías, la luz de las farolas añadían misterio a la hora y el único ruido que se oía era el traqueteo del trole que yo mismo arrastraba por la acera, camino de la estación. Pero de pronto sucedió algo inaudito en la ciudad: se oyó, como un aria de Mozart que empezara a elevarse misteriosamente, el canto de un ruiseñor. Me quedé paralizado, tratando de adivinar la procedencia de ese, cómo lo llamaría, atrevimiento. Me detuve por no interrumpirlo con el ruido de mi maleta. Su canto, es increíble, no destruyó el silencio de la noche, bien al contrario, lo hizo aún más maravilloso, como aquel del que nos hablaba Cervantes. ¿Un ruiseñor en Madrid? Tras mucho mirar a todas partes buscando en lo más alto, descubrí una pequeña fronda en una terraza de la calle Almirante. Sí, de allí procedía. Era un canto de tal caudal, de tal constancia y poderío, que temí que aquel pájaro acabara rompiéndose sus pequeños pulmones. Cuando me quise dar cuenta, habían pasado diez minutos y estaba a punto de perder  el tren. Es la primera vez que he asistido a una tal pasión política, la verdadera, la pasión de la polis. Me recordó el verso (“Y yo me iré, y seguirán los pájaros cantando”), pero iba feliz. Todo lo demás, incluido nuestro siglo XXI, me pareció cosa muerta, del siglo XIX.

    [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 5 de mayo de 2019*

Otro cuestionario

Este apareció ayer domingo en El Confidencial, titulado de una manera escandalosa que llama a engaño y que acaso contribuyó a que algunos no pasaran del titular.

2 mai 2019

Cuestionarios

SE publica esta semana en El Cultural de El Mundo una doble página firmada por Nuria Azancot a propósito de la reedición de Las armas y las letras. Para los amantes de los detalles exactos, aquí van las respuestas íntegras a sus preguntas, que por su extensión no han podido darse de forma literal o han tenido que suprimirse. 


¿Cómo nació este libro (1993), realmente lo escribió en tres meses? ¿De quién fue la idea y qué le debe a Juan Manuel Bonet y a Rafael Borràs?  

Borràs tuvo la idea. Gestionaba el premio Espejo de España, que hubiera podido arreglarme la vida durante un par de años. Me habló de él con gran persuasión. Y sí, lo escribí en tres meses, pero llevaba años leyendo del asunto. En ese tiempo Bonet andaba también escribiendo su gran diccionario de las vanguardias. Fueron dos libros que crecieron a la par, con informaciones estimulantes de ida y vuelta a gran velocidad. Él fue fundamental. Y Abelardo Linares. Me dio buenos consejos y me prestó muchos libros, entre ellos A sangre y fuego de Chaves Nogales: el prólogo de ese libro era la prueba, que yo había estado buscando, de que la tercera España había existido. El premio al final, por guerras intestinas (y nunca mejor dicho), se lo birlaron a Borràs, y me quedé sin él, pero soy consciente de que de no haber sido así, a la diabla, jamás lo hubiera escrito: el tema era un campo de minas. Le estoy agradecido.

Veinticinco años después de su primera edición, Las armas y las letras sigue tan o más vigente que entonces. Cada nueva edición descubre nuevos personajes y datos... ¿Podrá darlo por acabado alguna vez o quizá es, como usted mismo afirma en los prólogos, un libro sin fin, que nunca acabará de escribirse?

Este libro trata de la memoria. Y la memoria fluctúa a cada momento, cambia nuestra percepción del presente y este modifica el pasado. Ayer mismo, en Jerez, Carmen Hernández Pinzón dio a conocer una carta inédita de Juan Ramón Jiménez, de 1943, en la que protesta a Guerrero Ruiz por haber incluido este en una antología de sus poemas un prólogo del falangista José María Alfaro: No “acepto que un político militante de la España actual ponga un prólogo a un libro sobre mí, como tampoco lo aceptaría si Vd, se lo pidiera a otros políticos [republicanos] de los que andan por aquí (…) Mientras las circunstancias de España sean las que son actualmente, yo no puedo volver a España ni relacionarme con determinados elementos de la República que andan por estos países. (…) Yo no soy monárquico, ni republicano, ni falangista, ni comunista, etc., etc. Soy un hombre libre”. De eso trata este libro, de una verdad que cuesta descubrir y restaurar, y que lleva mucho tiempo.

Uno de los méritos del libro fue descubrir esa Tercera España , tan a menudo olvidada, que ni era fascista ni anarquista o comunista. ¿Habría que reivindicarla ahora, cuando vuelven a agitarse los extremos?

JRJ., como acabamos de ver en esa cita, es el paradigma de esa tercera España. Al comienzo de la guerra Falange y Pce tenían unos veinte mil afiliados cada uno. Al final, dos millones. Falange y comunistas fueron los verdaderos vencedores de la guerra, unos administrando la victoria, y los otros administrando la derrota. Los vencedores ganaron la guerra y perdieron los manuales de literatura, y parte de los que perdieron la guerra, principalmente comunistas, ganaron el relato.

Otra de las claves del libro es que demostró hasta qué punto los derrotados de la guerra civil ganaron la guerra literaria... ¿Al menos en este aspecto, al referente a la calidad literaria de unos y otros, hemos aprendido algo?

Sí, que los libros hay que leerlos y que pocos de los que se escribieron en la guerra tienen un interés literario, y que si Rosa Chacel es una gran escritora, Cunqueiro también. Y así hasta cien escritores de ambos bandos.

¿A qué se debe el resurgir actual del guerracivilismo? ¿No hemos aprendido nada, o quizá la ambición política y los nacionalismos excluyentes lo están polarizando todo?

Los sublevados ganaron la guerra desde el primer día y los que la perdieron se hicieron con la propaganda en todo el mundo también desde el primer día. Parecido a lo del Procès ahora. Cuando hace unos años empezó la extrema izquierda a temer que podía perder también el relato, se echaron contentísimos al monte decididos a ganar al fin la guerra.

Veinticinco años después de su primera edición, Las armas y las letras sigue tan o más vigente que entonces. Cada nueva edición descubre nuevos personajes y datos... ¿Podrá darlo por acabado alguna vez o quizá es un libro sin fin, que nunca acabará de escribirse?

Más bien esto último. Pero mejor así. Querrá decir que sigue vivo.

¿Cuáles han sido los cambios más sustanciales en la manera de entender la guerra civil experimentados en estos veinticinco años?

Hoy casi todo el mundo admite que a la inmensa mayoría de los españoles se les obligó a elegir un bando, a veces a punta de pistola, y casi todo el que era decente acabó reconociendo que estaba en el bando equivocado, sin creer que el otro bando fuera tampoco mucho mejor.

La Ley de la Memoria Histórica no parece haber solucionado nada: sigue habiendo demasiados muertos en las cunetas y todo parece haberse reducido al maquillaje urbano y ceder parte de los fondos del Archivo de Salamanca... ¿qué medidas concretas habría que adoptar para hacer justicia de verdad? 

Muy pocas: exhumación de los muertos de las fosas comunes y cunetas, sin mayores celebraciones retóricas del tipo “luchadores por la libertad”, “defensores de la democracia”, etc. No pocas de esas víctimas fueron además victimarios y un buen número de ellas, de demócratas, poco.

¿Del rescate de qué autor antes ignorado está más orgulloso y por qué? (Pienso en Chaves Nogales, por ejemplo, pero quizá usted tenga otros favoritos).

Chaves, desde luego, José Castillejo, Morla Lynch, Clara Campoamor, y todos aquellos que lograron sobrevivir a cualquiera de los dos totalitarismos con dignidad y decencia.

Fue uno de los primeros en indagar en el enigma Gálvez. ¿Tiene la sensación de haber abierto camino, de haber dado demasiadas pistas y no sólo con este polémico escritor, para que otros narradores con menos imaginación o conocimientos se hayan aprovechado de su trabajo?

Todo lo sabemos entre todos. Y las buenas ideas tarde o temprano acaban siendo del común. Como las buenas coplas, que decía Machado. Ningún problema. Jordi Gracia al tiempo que señalaba la importancia del libro, recordaba que habría tenido que haberse escrito en la universidad, pero la universidad española y el gremio de hispanistas han sido a menudo endogámicos, convencidos de la superioridad moral y literaria de los perdedores. Y empezaron a circular la gran mentira, aún en curso: los mejores escritores e intelectuales se pusieron del lado de la República. Lorca, Antonio Machado, Miguel Hernández... de acuerdo. ¿Y qué hacemos con Baroja, Unamuno, Ortega, Azorín...? Al fin empiezan a comprender que buenos y malos había en los dos bandos.

Uno de los reproches que acompañaron la primera edición del libro fue la ausencia del filólogo Koldo Michelena. Veo que sigue sin corregirlo, como también sigue sin añadir notas a pie de página que le reclamaban la crítica académica... ¿El tiempo le ha dado la razón? 

Es verdad, sin Koldo Michelena no se entiende la guerra civil ni nada en esta vida.

También le tacharon de equidistante... ¿Se le ocurre un retrato menos justo, peor? ¿O le han llamado cosas peores, por su dedicación a la política siempre en trincheras a menudo poco amables?

Se ha cansado uno explicando las diferencias entre equidistante y ecuánime. Y he comprobado esto: suele llamar equidistante, por ejemplo a Chaves, quien está encantado de ser totalitario, por lo mismo que quien suele llamar facha o franquista a un demócrata, está orgulloso de levantar el puño o el brazo y encantado de poder robarte tus derechos civiles en cuanto le dejen.

¿Tenemos la clase política que nos merecemos? ¿realmente necesitan un máster en mentir, como usted mismo afirmaba en estas páginas hace poco?

Por desgracia es más grave aún: ¿quién se merece dos millones de xenófobos en Cataluña y doscientos mil cómplices de Eta en el País Vasco? Y todos ellos orgullos de serlo; así lo dicen sus votos.

¿Cree que el Trapiello del 93 comprendería esta suerte de Causa General contra la Transición a la que ahora asistimos? ¿Y el de hoy, puede entenderla?

Ni hace 25 años pensaba que se seguiría hablando de la guerra civil ni hoy puede comprender nadie que se quiera acabar con el período más largo y próspero de nuestra historia dando cartas de naturaleza a los peores instintos: el narcisismo nacionalista y xenófobo y el resentimiento populista, reencarnación de los viejos totalitarismos. Y hay que recordar una vez más a Nietzsche: un exceso de memoria daña la vida.