31 de octubre de 2014

Barcelona (una fotografía)

No hay un solo lugar sobre la tierra que no tenga su instante de misterio, suma de todos los instantes, sucesión dinastías, cómputo de todos los universos.

Foto de Rafael Trapiello. Barcelona, octubre de 2014. Y en esta fotografía el misterio no procede, desde luego, de esas que parecen ruedas de bicibleta en las ramas del árbol, de las que el fotógrafo sólo se percató cuando vio la fotografía ya hecha, a muchos kilómetros de distancia y en otro tiempo ya; el misterio, decía, no procede de ahí, pero forma parte de él y contribuye silenciosamente a su cristalización.

30 de octubre de 2014

Valenciennes

La publicación en hflexia de alguno de los cuadros de Pierre Henri de Valenciennes despertó el interés de algunos amigos por este pintor. A uno de ellos, JMBonet, debo este enlace de la Red de Museos Nacionales franceses en el que pueden verse más de setecientas de sus obras. 
Al propio JM. le ponía uno hace unos días estas letras: 
"Lo de Valenciennes es, sí, maravilloso; en el Louvre lo tienen al lado del Corot y hay muchísima obra suya allí, a la que se llega por decantación: las hordas de turistas raramente alcanzan a descubrir aquellos rincones del gallinero. Son salas de paseantes solitarios y silenciosos. Me ha gustado siempre mucho, pero ahora he podido hacerle algunas fotos. Es muchísimo mejor, en efecto, que mis fotos, que cambian mucho el color. Nosotros siempre hacemos el mismo recorrido: Victoria de Samotracia, italianos (no la Gioconda, sí tizianos, tintorettos et allii), Chardin (la última vez lo tenían cerrado, porque, no se sabe por qué razón, lo cierran un día a la semana), la Hélene Fourment de Rubens, la Solana de Goya y los rembrandt (para homenajear al Gaya y, claro, porque sí), los corot, los valenciennes, algunos delacroix, algunos impresionistas y pre (emocionantes millet en lo que tienen de vangoghs) que están también en la planta de arriba, en los legados... En dos horas se ve. Da mucho gusto también pasar al lado de los van loo, los lorena, los  ingres, los watteau, los gericault, incluso la dentellière, que es la pariente guapa de la Gioconda, y demás, a la carrera, sin pararse".
Aunque, claro, en el Louvre siempre hay mucho más que esto que se dice aquí también con un poco de esnobismo.


29 de octubre de 2014

Píxeles de otoño

Nos la trae Inés del parque 
y queda escaneada para todos
Píxeles de otoño
                                G.

* * *
En solo un ginkgo
del Parque del Oeste
todo el Oriente.

También al mar le basta
lejos del mar
sólo una caracola.

Unas y otras,
hojas y caracolas,
primas hermanas.






28 de octubre de 2014

El abrazo del sol

SOMOS la memoria que dejamos en otros, en las cosas, en tal o cual paisaje, en un rincón, en las palabras que escogimos en el costal de las palabras para decir aquello que quisimos ser. Todos ellos, personas, objetos, lugares, libros, devolverán nuestra alma a la vida tal y como hace la tierra durante la noche con el abrazo que recibió del sol
Así es como vivimos en la memoria muchos años, y aún podríamos vivir eternamente, como el universo que se expande sin cesar, ya que nada es tan feraz como lo es ella.


Louvre, Pierre Henri de Valenciennes, 10 de cotubre de 2014

27 de octubre de 2014

El problema


VIMOS a la presidenta del Círculo de Empresarios en televisión. Si la cara es el espejo del alma, esa mujer parece de armas tomar. También de las que se gustan tanto hablando, que antes de decir alguna enormidad se permiten poner en guardia a su interlocutor. "Esta es una idea que quiero soltar aquí, también políticamente incorrecta”... empezó diciendo. Porque se le olvidaba a uno añadir que esa mujer no dice las cosas, o las sugiere, sino que las suelta escopeteadas, a propulsión, como los gases innobles del burro o los adjetivos Baroja, al decir de Pla.  “...pero yo lo único que os digo es que prefiero una mujer de más de 45 o de menos de 25, porque como se quede embarazada, nos encontramos con el problema”. 

Uno creía que el problema de España era exactamente el contrario, que tenía una tasa de nacimientos negativa. Como es uno alguien a quien le preocupa lo que se dice tanto como el modo de decirlo, relee esa frase dos, tres, cuatro veces, hasta quedar atrapado en ella como el masoquista del cuero, las cadenas y el azote de la estricta gobernanta. ¡Qué tono, qué poderío, cuánta seguridad y determinación! ¿Y qué decir del modo en que pasa del yo al nosotros, del “yo lo único que os digo” a ese “nos encontramos con un problema”?

Nunca diría uno de un embarazo deseado ni de ningún recién nacido que son un problema, y menos entre nosotros, sino una bendición y una solución. Al contrario, el problema lo tenemos en los empresarios que ven en ello un problema. Se ha mostrado uno siempre partidario de la discriminación positiva en los asuntos relacionados con las mujeres: ya saben, entre dos personas de distinto sexo y parejos méritos, las leyes deben favorecer a la mujer. No es el momento de pormenorizar las razones en un asunto que no tiene ni mucho menos el acuerdo de todos. A veces ha dado uno en explicarlo al revés, teniendo en cuenta la afición de lxs idiotas a promocionarse, postularse y trepar: entre un memo y una mema, creo que es prefrible la mema. Pues bien, es de suponer que a la presidenta del Círculo de Empresarios le habrá costado, como mujer, mucho más llegar adonde está que a muchos varones, pero por una vez acaso uno hubiese preferido que su puesto lo hubiese ocupado un varón. Probablemente a estas alturas ni un empresario, ni siquiera de los más idiotas, y de estos hay muchos, se hubiese atrevido a tanto. 
   [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 25 de octubre de 2014]

26 de octubre de 2014

Diario de un inadaptado


AUNQUE al frente del Libro del desasosiego figura el nombre de Pessoa, sabemos que lo escribieron dos heterónimos suyos, Vicente Guedes y Bernardo Soares. ¿Eran necesarios? “Crear otro Yo que sea el encargado de sufrir por nosotros, de sufrir lo que hemos sufrido”, dirá, y esa es exactamente la puerta del sueño, la que traspasan los niños que juegan solos para formar de la propia costilla de su soledad su compañera, la vida. Y la vida como es, es tal como se sueña: “Hay criaturas que sufren por no haber vivido en la vida real con el señor Pickwick y haber estrechado la mano del señor Wardle. Soy uno de ellos. He vertido sobre esa novela lágrimas verdaderas, por no haber vivido en aquel tiempo, con aquella gente, gente real”.
Y así fue como Pessoa concibió este libro único, escrito a lo largo de veinticinco años. Se lo encomendó a Guedes, primero, y luego a Soares, gentes reales como Pickwick, para que sufrieran por él su incontenible tristeza, su “infortunio nato”. Y Soares, un oscuro auxiliar contable en la Rua dos Douradores, decide soñar su vida, que tanto se parece a la vida real del propio Pessoa, empleado gris, atento y sensitivo como Baudelaire (Mi corazón al desnudo le consuela de su desasosiego), insobornable y orgulloso como Nietzsche (¿no es Pessoa, “predicador de la renuncia”, un Zaratustra de la Baixa? Es “un error doloroso” dividir la humanidad en clases: adaptados o inadaptados, eso es todo). Así es como convirtió su Libro del desasosiego en el diario de un inadaptado. Todos los que escriben un diario lo son, pero nunca nadie habrá mirado con mayor delicadeza aquella Lisboa cosmopolita y provinciana, la de los pobres hombres, poetas, o barberos, empleados o rentistas que “tienen como yo su futuro en su pasado”. Si los encontramos tan valiosos hoy, es porque nos parecen más que reales, soñados.
Y sueña, pero no se engaña: sabía que los que le comprendiésemos en el futuro, seríamos los incomprendedores de los Soares de ahora. No es este un libro que nos enseñe a vivir, sino a algo mucho más difícil. Soñar, “pero sin ilusiones”, de eso se trata: “No he pretendido nunca a ser otra cosa que un soñador”. ¿De qué naturaleza? “Amo los paisajes imposibles y las grandes zonas desiertas de las llanuras donde nunca estaré. (…) Duermo cuando sueño lo que no existe; me despierto cuando sueño lo que puede existir”. Paradójicamente, y Pessoa es el paradójico por excelencia, sin la vida real su sueño no existiría, de ahí que enalteciendo la vida con su sueño, enaltezca su sueño, pero sobre todo la vida.
No sé, se dicen en este libro cosas tan abismales e íntimas de cada uno de nosotros, que cuesta hablar de él en público. Aunque sea la novela de Soares, el poema de Pessoa, el gran diario de Lisboa… es más que un libro, es nuestra propia y gris biografía, esa que él describe como “un trozo roto de algo”, consciente de que es mejor eso que no tener ni siquiera el recuerdo de esa fractura.
      [Publicado en El País, Babelia, el 25 de octubre de 2014]



25 de octubre de 2014

Panal de todos los crepúsculos

CADA año nuestro amigo César Moreno va por estas fechas al huerto de su mujer, Luisa, y pone en una caja unas cuantas granadas, y las lleva luego a un transportista. No podemos decir que las esperamos, como no se esperan las golondrinas en primavera, pero si no llegaran nos asustaríamos y al cabo empezaríamos a preguntarnos qué había sucedido. Cuando llegan, y siempre logran hacerlo, no sé cómo, de improviso, la alegría que sentimos es de tal naturaleza que no puede encarecerse aquí. Y al abrirlas, volvemos, como todos los años, a abismarnos en el orden que viene siempre en cada una de ellas, panal de todos los crepúsculos, más hermosos que el trabajo de ningún orive.