24 de octubre de 2014

Oscar Wilde

El Libro del desasosiego no es exactamente literatura, o lo es en la medida en que consideramos que no ha desperdiciado su vida quien la ha consagrado al estudio y la literatura. Por esa razón, cuando se tropieza uno en él con algo "literario", nos hace sonreír. 
Y eso en un libro y con un autor en el que es difícil rastrear humor. Lo hay, y mucho, en esa frase, una de las pocas que puede considerarse a la altura de las más felices del autor irlandés: "Hablar es tener demasiada consideración con los demás. Por la boca muere el pez y Oscar Wilde".

Pierre Henri de Valenciennes, Louvre 10 de octubre de 2014

23 de octubre de 2014

El virus de la retórica

QUE la opinión pública se haya mostrado favorable a la enfermera Teresa Romero, contagiada y felizmente vencedora del ébola, es natural, tanto como que la prensa, o al menos algún periódico, decidiera maquillar las palabras de su marido, Javier Limón. Se emplea aquí la palabra maquillar en su sentido literal: embellecer o más exactamente, disimular alguna tacha. Si las palabras de Limón hubieran sido de las que lleva el viento, podría entenderse esa operación de poda, pero fueron leídas por él de un comunicado que, por lo que parece, redactó él mismo en el aislamiento hospitalario al que está sometido. Sostenía en aquel comunicado, y con toda la razón, que su mujer no era culpable de nada y que lucharía contra la administración, las autoridades sanitarias y quien hiciese falta por la honorabilidad de su esposa. El titular de El País recogía estas palabras, con su entrecomillado: "Me dejaré hasta la última gota para defenderla". La pregunta que cualquier lector se hacía al leerlo era ¿gota de qué? ¿Sangre, sudor, lágrimas? En realidad lo que el hombre dijo fue que se dejaría hasta "la última gota de sangre". La hipérbole impresionaba un poco, y quien decidió suprimir la palabra sangre del titular quiso no sólo atemperar las palabras del comunicante, sino evitar mentar la horca en casa del ahorcado. Pues, en efecto, por suerte para todos, pero principalmente para el propio Limón, este no se dejará más gota de sangre que la que se lleven los análisis médicos correspondientes. Y que el periódico restituyera en la edición digital la palabra sangre al titular unas horas después, cuando al fin se supo que Romero tenía la suya limpia de virus del ébola, confirma todo cuanto se ha dicho: también las palabras son susceptibles de su contagio.


Hokusai. Grand Palais, 10 de octubre de 2014



22 de octubre de 2014

Vanguardias involuntarias

DECÍA uno ayer, a propósito de ese gursky de las perdices encontrado en el Rastro, que acaso una de las virtudes de las vanguardias haya sido haber educado nuestra mirada, permitiéndole descubrir "algo" donde antes no lo había. El primero de todos fue, como es sabido, Duchamp. Nos dijo: "Vayan ustedes con más cuidado, porque eso en lo que están meando, no es un urinario, sino un duchamp". 
En realidad no se nos está diciendo que ese duchamp sea algo valioso, ni mucho menos, sino esto bien diferente: "Haga usted lo que quiera, pero sepa que eso que usted parece estar tratando con tan poco respeto vale un millón de dólares".
Sucede con la foto de las perdices algo parecido. De un anónimo y veinte años antes de que Gusky empezara a hacer de las suyas, la foto no vale más que lo que le hayan cobrado a su dueño en la tienda de revelado. Firmada por Gursky valdría unos miles de dólares. De hecho, aun no siendo de él, si Gursky decidiera adoptarla, como a una criatura de la inclusa de la vida, y darle su apellido, como sería lógico, también valdría unos miles de dólares. Así que cuando descubrimos vanguardias involuntarias o anónimas no estamos diciendo que estemos descubriendo cosas valiosas, sino mercancías por las que alguien estaría dispuesto a pagar una gran cantidad de dinero.
Ayer mismo se encontró uno, volviendo del mercado de San Antón, en la calle Gravina, esta escena. Unos obreros acababan de pintar estas tablas para un trabajo posterior en la tienda que estaban reformando allí al lado. En realidad esa "obra" no es en absoluto diferente a la de cientos de artistas conceptuales o no tan conceptuales (Newman, Stella, Sol Lewitt) que hemos visto expuestas en galerías y museos de arte contemporáneo. La diferencia entre las de estos y la de nuestros obreros es sólo el emplazamiento y su precio, no su valor, idéntico. Pero si uno repara en ella, al pasar por la calle, no es por su escaso valor artístico, sino por su precio, lamentando no tener tiempo ni los contactos necesarios para encontrar a esa autoridad competente, artística desde luego, dispuesta a confundir valor y precio, normalmente con cargo a los presupuestos generales del Estado.

Gravina, Madrid, 21 de octubre de 2014

21 de octubre de 2014

Gursky en el Rastro

ANDREAS Gursky es conocido por haber sido el fotógrafo vivo de quien se ha vendido más cara una obra. Que a una fotografía, de la que pueden hacerse millones de copias, y todas exactamente iguales, se le dé tratamiento de obra única es sólo parte de la locura del arte contemporáneo, a medias esnobismo y estupidez.
Pero seamos serios y dejemos esto de lado. 
Se hace uno dos preguntas: ¿Es Gursky un buen fotógrafo? ¿Nos gusta?. A la primera se podría esponder a la gallega: probablemente no es un mal fotógrafo. Muchos lo encuentran bueno. Como los callos fríos, por decirlo en frase de Pessoa. Con lo que queda contestada en parte también la segunda.
Pero qué duda cabe que ha tenido un mérito. Ha metido en nuestra retina un modo de ver la realidad, su serialización, la opresión de los elementos repetidos. Gracias a ello puede uno reconocer gurskys en muchos lugares. Como esa fotografía encontrada anteayer en el Rastro, hecha por un autor anónimo en noviembre de 1963. Representa una cacería, y las que se ven, son perchas de perdices alineadas. La decoloración natural de la foto le da aun si cabe una tonalidad moderna muy convincente. Si en Gursky reconocemos alguna grandeza, en esta foto habría que reconocerla de igual modo, si acaso no mayor, habida cuenta que se tomó cuando seguramente Gursky iba aún en pantalón corto, lo cual, tratándose de arte contemporáneo no es una circunstancia menor, ya que se guía este sólo por un problemático "yo lo vi antes" o "yo llegué primero".


Perdices de una cacería. Anónimo, noviembre de 1963



19 de octubre de 2014

Juicio Final


SE repite a menudo, para agigantar innecesariamente su leyenda, que Van Gogh no vendió un cuadro en vida. Pero no es ni será un caso extraordinario: ¿cuántos pintores vendían en el siglo XIX sus obras antes de los 37 años, habiendo empezado a pintar sólo diez antes? Veinte más, y Van Gogh hubiera visto colgadas sus obras en L’Orangerie, como todos los pintores de su generación, incluidos los que entonces eran menores, y siguen siéndolo.
* * *
EN ningún lugar cantan los pájaros más alegremente que en los cementerios.
* * *
DEBERÍA haber Juicio Final, aunque sólo fuese para saber lo que pensaban de veras de nosotros algunos amigos.

GTrapiello, Peonza.



18 de octubre de 2014

Amigos, enemigos, adversarios


SE nos conoce mejor por nuestros enemigos y adversarios que por nuestros amigos y parientes. Las personas más inteligentes suelen buscar tener amigos mejores que ellas; en cambio es muy difícil resignarse a los enemigos que nos han tocado en suerte o que nos hemos ganado a pulso, tanto da. Así como es difícil imaginar que nadie pueda ser mejor que nuestros amigos, la mayor parte de nuestros enemigos y adversarios nos parecen mucho más idiotas, ineptos y miserables que los de los demás.

Rastro, 12 de octubre de 2014

17 de octubre de 2014

Mi alma

"MI alma es una orquesta oculta; no sé que instrumentos tañen y chirrían, cuerdas y arpas, timbales y tambores, dentro de mí. Sólo me conozco como sinfonía", leemos en el primer fragmento de este libro (Pre-Textos; traducción de Antonio Sáez y edición de Jerónimo Pizarro).
Y pensando en esa reseña que has de escribir para el periódico, vuelves a esa partitura que es el Libro del desasosiego en busca, paradójicamente, de un sosiego que sabes que allí estará esperando siempre.


Le Sidaner, Museo del Louvre, 10 de octubre de 2014