17 septembre 2018

Los huesos del caudillo

SE habló mucho de esto en el verano. Los lectores de esta página acaso conozcan el interés de su autor por  los temas relacionados con la guerra civil y la memoria. Aun así jamás he querido visitar el Valle de los Caídos mientras Franco estuviera allí enterrado. Y me hubiera gustado, créanme, por razones de índole diversa (fui amigo de Herminia Allanegui y de su marido, el arquitecto don José Muguruza, hermano del que proyectó esa faraónica necrópolis), pero no lo hizo uno  porque entendía que cualquier visita a Cuelgamuros llevaba implícito el homenaje a uno de los enemigos más encarnizados de los principios de la Ilustración, que combatió con saña, sembrando el dolor y el cerrilismo allí donde puso su bota y sus decretos leyes.

Tengo amigos muy razonables que han defendido para ese lugar diferentes soluciones, incluso opuestas: quién, cree que habría que dejarlo caer; quién, que el dictador debería seguir enterrado allí, precisamente para recordar sus crímenes, y quiénes, en fin (yo mismo, en esta misma página, varias veces a lo largo de veinte años), que piensan que deberían sacarse de allí los huesos de marras y dedicar el lugar a centro de estudio y reconciliación, con el respeto debido a las miles de víctimas de ambos bandos enterradas en él. No es este el momento de dilucidar las dificultades que entrañan esas tres soluciones, sino de recordar que el gobierno, llevando el asunto por la vía del decreto ley, ha hurtado a los españoles y al Parlamento un debate en profundidad y abierto una casuística de locos (¿Cuántas nuevas exhumaciones vendrán después de esta? ¿No es razonable que los herederos de una víctima se nieguen a ver cómo los restos de esta han de reposar eternamente junto a los de su verdugo? ¿Permitirá la iglesia que la colosal cruz recuerde, si allí se hace un cementerio laico, según la última ocurrencia el presidente del gobierno impulsor de la exhumación, la salvaje represión de la que fue cómplice? ¿Se le puede imponer la cruz a los ateos y agnósticos allí enterrados?  ¿Permitirán los partidos de izquierda de hoy, herederos de los de ayer, que se recuerde su siniestro papel en la salvaje represión de retaguardia?, etc.). 

España tiene mil asuntos más acuciantes. ¿Por qué, entonces, tantas prisas? Como un buen populista, el presidente Sánchez conoce el valor de la publicidad, y necesita no la exhumación sino la resurrección de Franco. Franco no va a resucitar, claro, pero a Sánchez le vale su momia, como Evita a López Rega, el Brujo.  Y como éste, va a necesitar muchos trucos, porque los problemas del Valle de los Caídos no acaban aquí. Sólo han empezado.

    “Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 16 de septiembre de 2018]

9 septembre 2018

Animal de compañía

Imitando la simpática muletilla con la que nuestra  tricampeona badmintoniana Carolina Marín suele empezar sus respuestas en las entrevistas que le hacen en televisión, “te comento”: este ha sido el trigésimo cuarto verano que hemos pasado en Extremadura. En treintaicuatro años los hemos tenido variados, meteorológicamente hablando, benignos y extremos. En todos solemos sufrir entre diez y veinte días infernales en los que las piedras del campo se encienden como ascuas de una fragua, lo cual hace delirar a  dos o tres millones de chicharras que llenan de su estridor enloquecido el aire magmático. Este año, sin embargo, los 43º y 44º han durado apenas siete  días, o sea, ha sido un verano benigno.

No obstante, los telediarios se pasaron los siete días previos, los siete que duró el tsunami sahariano y los siete siguientes, informando al minuto con patente alarma y desde todos y cada uno de los ocho mil municipios españoles del modo de combatirlo, de los golpes de calor, de las víctimas... ¿Estaba justificado?

“Te comento”. A todos nos ha extrañado, de niños, ver a los viejos tan pendientes del tiempo en la tele, mandando guardar silencio a quienes tienen alrededor para no perder ripio de crónicas y pronósticos. Uno, como tantos, se ha reído hasta ahora de la manía valetudinaria, y si este año no lo ha hecho sólo puede ser por una de estas dos razones, o por ambas: me he hecho viejo o quieren que viva como tal. La primera providencia, desconfianza o insumisión fue buscar un termómetro para testar los partes oficiales. ¿Dónde? “Te comento”: las ópticas del pueblo ya no los expenden, pero gracias a Mao tenemos un bazar chino en todos y cada uno de los ocho mil municipios españoles. Había de tres tipos, con su alcoholito rojo. Si no se demencia uno por el calor, su fealdad se encarga de ello. Por suerte el precio está a la altura de su estética: 1,20€, 2,0€, 3,45€. Y aquí quería llegar. “Te comento”: colgado en un alcornoque, me paso mirándolo todas las horas del día, ¡incluso de noche! (luz de móvil mediante). Ha dejado uno de lado la cadena de explotación que hace posible que un termómetro, fabricado a miles de kilómetros, valga 1,20€, pero no de pensar, aterrado acaso por la premonición, en aquellos para los que el termómetro es un animal de compañía, su única compañía.

   [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 9 de septiembre de 2018]

4 septembre 2018

Tatuajes

“INTERIOR da tres meses a los guardias civiles para eliminar sus tatuajes”, incapaz de ordenarles que eliminen los lazos amarillos que están tatuando Cataluña de modo más lesivo, porque se trata de un espacio público, al contrario de los tatuajes que pueda llevar el benemérito Cuerpo.
(...) Horas después el ministro “ordena retirar el borrador que quería prohibir los tatuajes a los guardias civiles”, pero no se sabe que haya mandado hacer otro borrador que les ordene retirar los lazos amarillos, tal y como han hecho hoy los funcionarios del tribunal de justicia belga, donde los habían colocado los separatistas catalanes.

2 septembre 2018

Coches de punto

LOS taxistas están preocupados por su futuro, ven en peligro su trabajo, la manutención de sus familias, su modo de vida. Es natural. No les va a ser posible continuar como hasta ahora. El aluminio y el duralex acabaron con los alfareros. El nylon y el poliester, así como el prêt-à-porter, dieron al traste con miles de costureras y sastres, y algunos adelantos (lavadoras, aspiradoras, planchas eléctricas, frigoríficos, cocinas de gas) licenciaron de las casas burguesas, después de dos siglos, el servicio  doméstico. Implacablemente. Todo eso sucedió como quien dice ayer, en un soplo. Todavía recuerdo los cacharreros extremeños vendiendo en burros enjaezados sus botijos y alcancías por las calles de León, y ver lavar la ropa en el río a las mujeres de los pueblos, y el trajín perpetuo de los carboneros subiendo a los pisos sus grandes y tiznados cuévanos, como hacían cien años antes los aguadores de las grandes ciudades. Y no sólo en asuntos relacionados con la técnica. No poco contentos estarán los curas y monjas con el descenso drástico de sus vivares y caladeros.

En mi infancia no creo que hubiera en todo León más allá de media docena de paradas de taxis. Algunos seguían llamándolos coches de punto para distinguirlos de los coches de línea, por lo mismo que nuestros abuelos se resistían a contar el dinero en otra forma que no fueran reales y duros, y nada les apeaba de sus leguas y arrobas. La gente acudía a las paradas a coger un taxi. La costumbre de dar vueltas recorriendo las calles a la busca y captura de pasajeros fue posterior. 

Internet ha sido letal para algunas profesiones seculares: por ejemplo esta, el periodismo. Una cáfila de periodistas se ha ido al paro en todo el mundo. Internet ha conseguido que los viajes y el hospedaje se hayan abaratado tanto, que los sectores afectados, hoteles y taxistas, ven con alarma su futuro. Sin embargo, nada parece  de momento que vaya a frenar esa tendencia: mientras sigamos pensando que “como fuera de casa, en ningún sitio”, necesitaremos quien nos transporte y aloje. Podremos tratar de hacer  la transición lo menos traumática posible y regularla con leyes razonables, pero la gente, poco romántica, dejará atrás y para siempre viajes y hospedajes tradicionales, si le ofrecen otros que les convengan más.

   [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 2 de septiembre de 2018]

27 août 2018

Nostalgia de la ficción

LA nostalgia más venenosa es de aquellos hechos que nunca han sucedido, y los recuerdos más letales, los falsos. Una revista, Psychological Science, ha dado a conocer un estudio de resultados sorprendentes: el 40 % de personas tiene recuerdos falsos de su infancia  (de la cuna donde estaban, de sus primeros pasos, de tal o cual fogonazo en su memoria, a modo de impronta fugaz pero indeleble). La comunidad científica y la otra han recibido estos datos con la misma excitación que la noticia de que hay agua líquida en Marte. Y sin embargo era cosa sabida desde antiguo: el ser humano, principalmente el adulto, miente con frenesí. ¿Qué seríamos sin  decorar nuestro pasado con luces y sombras?

El 40 % de los “me acuerdo perfectamente” (una de nuestras muletillas preferidas) tienen la misma base real que el cuento de Pulgarcito. Pero al contrario que nuestros recuerdos infantiles, irrelevantes para el mundo, la gente, en proporción superior al 40%, miente con una gran desenvoltura, o propicia la mentira. Tomemos el sintagma que ha hecho fortuna en estos últimos años: “memoria histórica”. Se ha insistido una y mil veces en que los pueblos no recuerdan ni tienen sentimientos, que únicamente recuerdan y sienten las personas. Es inútil: hay quienes aseguran lo contrario, empeñados en hacer creer que los pueblos son como los individuos, y proyectan sobre el pasado sentimientos del presente y recuerdos falsos. A propuesta de los líderes del Partido Comunista Cubano, la palabra “comunismo” desaparecerá de la Constitución cubana que los mismos comunistas promulgaron hace más de cincuenta años. ¿Con qué objeto? Para que el pueblo olvide lo que seguramente recordarán durante un siglo millones de cubanos y sus familias, individuo por individuo. Las élites que contaron a su pueblo las ventajas del paraíso comunista hace cincuenta años, tratan ahora de que sus nietos olviden el infierno en que lo convirtieron (y de paso la persecución y vejámenes contra los homosexuales), obligándoles a vivir en él. Y la Psycholigical Science ha venido a advertirnos que el 40% de cubanos recordará que en Cuba nunca hubo comunismo o al contrario, que en Cuba sí hubo paraíso, probando que la memoria histórica es falsa, desde luego, pero muy rentable y pegadiza, como su famoso y salsero himno: “Que nos quiten lo mentido”.

   [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 26 de agosto de 2018]

13 août 2018

Vértigo

EL vértigo es un trastorno que en su estado agudo es angustioso. Hace quince años me encontraba en Cuenca por razones de trabajo, y sucedió lo que voy a contar. La noticia en la ciudad era aquel día la muerte de un adolescente, que, contrariado por las notas escolares, se había arrojado al vacío desde el puente de San Pablo. Alguien lo comentó durante el almuerzo. Me llevaron a continuación a mi alojamiento, en una de las famosas casas colgadas. Hubiera colgado al que se le ocurrió tal cosa. No pegué ojo en toda la noche, y pese a echar las maderas de las ventanas, experimenté por primera vez en mi vida lo que es el vértigo en realidad: el vacío parecía reclamar una víctima más. Fue espantoso. Durante tres meses viví alejado de los balcones de nuestra casa y subía las escaleras pegado a la pared, para evitar en lo posible el hueco y “la llamada del vacío”. 

Desde entonces el mal se ha atenuado mucho, pero no puedo evitar el tósigo cada vez que se me hace testigo de situaciones de vértigo, especialmente con niños. En muy poco tiempo hemos visto tres casos extremos. En Francia un joven sinpapeles  escaló por la fachada de una casa como Spiderman, y puso en salvo a una niña que pendía sobre el vacío. El Presidente de la República premió su gesta con la nacionalidad francesa. En Málaga los bomberos rescataron a una niña de cinco años que había logrado saltar los barrotes del balcón de un octavo piso y, agarrada a ellos por fuera, permanecía inmóvil. Y en Murcia un hombre recogió, mientras paseaba, al niño que le cayó literalmente encima desde un tercer piso.  

¿Qué les tendrá reservado el porvenir a esos tres niños que de forma tan azarosa han salvado sus vidas? Imposible separar su historia de la de esa adolescente ilicitana que sucumbió a un vacío tanto o más siniestro: el zarrapastroso gurú que respondía al nombre de Príncipe Gurdjieff. Ella y el resto de su mísero harén lo siguieron al corazón de la selva peruana, donde vivían de forma nada principesca. Delgada y quebradiza como un vidrio, con aspecto de niña y su bebé de un mes en brazos. Piensa uno en ella, pero sobre todo en ese bebé, y en todos los abismos que le esperan, verdadera mise en abîme, un abismo dentro de otro, como  en esa pesadilla en la que caemos a una sima sin llegar jamás al fondo. 

   [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 12 de agosto de 2018]

6 août 2018

El sueño de ser nadie

HA llegado uno a la conclusión de que a todos los viajes de más de cuatro horas les sobra la última, que suele transcurrir con una lentitud inversamente proporcional a la velocidad del medio de transporte: por ejemplo, en los aviones. Que estos tengan unas ventanitas angostas sin fallebas es precisamente para que los viajeros  no puedan abrirlas y arrojarse al vacío, desesperados de ver lo lentamente que transcurren los minutos en ese último trecho del trayecto.  Incluso en el siglo del Grand tour, el siglo que idealizó los viajes y a los viajeros, el mal estado del mar o la peligrosidad de los caminos hacían de cada desplazamiento algo sembrado de adversidades y penurias. Esto explica que el hombre haya tratado desde la antigüedad por todos los medios a su alcance y la ayuda de la ciencia y la técnica, exactamente desde la invención de la rueda, de acortar en lo posible el tiempo invertido en los desplazamientos, con portentosos resultados, desde luego, pero insuficientes. Quiero decir, que ese asunto de los viajes no acaba de estar resuelto de modo satisfactorio, ni mucho menos. 

Lo ideal sería, claro, la teletransportación. Recuerdo aún el impacto de los primeros faxes, anunciados en televisión: la foto de un caco, buscado por la interpol, enviada desde Tokio a Londres en apenas segundos. ¿Y para cuándo, nos preguntábamos  los idealistas, podrán hacer con nosotros algo parecido? 

Estamos al parecer más cerca de lo que podríamos pensar los escépticos, antiguos idealistas: unos científicos acaban de volver completamente invisible un objeto. Lee uno esta noticia esperanzado, y aunque los detalles queden lejos de mi comprensión, sé que ese es el camino: si la dificultad está en mover de sitio cuerpos pesados, no queda otra que quitarles, primero, la materia para poder mandarlos lejos a la velocidad de la luz, y  ya en destino restituirles sus tres dimensiones. Pero llegados a este punto, dando por hecho esa conquista, ha de confesar uno que quizá lo mejor fuese no abandonar el estado de invisibilidad y no alejarse mucho. La posibilidad de entrar en los despachos sin ser visto y asistir a los pactos y chanchullos, por ejemplo, entre políticos, justificaría toda una vida consagrada a la ficción.

    [Publicado el Magazine de La Vanguardia el 5 de agosto de 2018]

1 août 2018

Carmen Calvo y el Quijote

SÓLO he llegado en el canal 24h a las últimas palabras de Carmen Calvo, vicepresidenta del gobierno, en la toma de posesión del nuevo director del Instituto Cervantes, y ya lo siento, porque las demás habrán sido también sabrosas: "Yo quiero terminar diciendo que hay que proteger a don Alonso [sic], pero también a Sancho, y  a Aldonza y a Dulcinea [sic] porque no hay mejor cultura que la igualdad..."
Dejando de lado el fililí ese de mezclar churras y merinas, la igualdad y el Quijote, pasando por alto que Aldonza y Dulcinea son una misma persona (como Ortega y Gasset), se ha quedado uno lelo con ese "don Alonso". ¿Habrá leído el Quijote? No hay un solo don Alonso en todo el libro, y no es un asunto baladí (que rima con fililí), ya que a cuenta de los que usan el don sin derecho a él, se leen cosas muy juiciosas allí (don Quijote tiene derecho a llevarlo tras haber sido armado caballero en la venta, y lo lleva; el hidalgo jamás hubiera osado hacerlo, como ha osado esta señora). Se ve que piensa que llamarle don Alonso es más de izquierdas que llamarle Alonso a secas, como a Machado empezaron a quitarle el apellido algunos socialistas, dejándolo sólo en don Antonio (para distinguirlo de su hermano, al que, por ser de derechas, apearon el tratamiento, dejándolo en un raso Manuel), sin comprender que los títulos, nobiliarios o sociales, ni le inmunizan a nadie de la estupidez ni le hacen menos cursi. Pase que algunos llamen don Miguel a Cervantes (con don que tampoco usó jamás), pero llamar a Alonso Quijano, el bueno, don Alonso, es, qué duda cabe, de una cursilería que atufa.
Ahora sólo hay que esperar qué dirán todos aquellos que se mofaban hace dos semanas  de Dolores de Cospedal por una cita apócrifa del Quijote que esta había hecho no sé dónde.

30 juillet 2018

Cómo matar a un tuitseñor

A MUCHA gente le ha escandalizado el modo en que el Presidente del gobierno del Psoe y el Padrino de Podemos se han repartido Rtve, a favor de este último, en un despacho y sin luz ni taquígrafos, desde luego: “Rtve es cosa nostra”, parece que dijo. Uno, francamente, no alcanza a ver la razón de ese asombro. Quien quería quedarse  con Rtve, en realidad con sus servicios informativos, de fake news y propaganda, tenía todo el derecho a exigirlos, por su experiencia. Hace ya años puso en práctica la célebre frase de Arquímedes, con los óptimos resultados que conocemos. No tuvo más que adaptarla: Dadme una Tuerca y no sólo moveré el mundo, sino que lo cambiaré. Y en efecto, en menos de cinco años La tuerca le ha llevado en volandas a Rtve y a Galapagar, de un sencillo Mecano, como si dijéramos, a dirigir la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos a la que se ha encomendado la construcción de los famosos puentes, tan de actualidad, colgantes y movedizos. 

Pero como un gran jerarca del movimiento (“quítate tú, para ponerme yo”) no puede estar presente (¡Presente!) en todo, pensó para dirigir su cosa nostra (con pólvora del Rey, naturalmente, como buen republicano), en dos periodistas, uno por si fallaba el otro, él y ella, la parejita. Y lo que han hecho estos dos nigromantes sí le parece a uno, en cambio, escandaloso: han borrado los casi veinte mil tuits escritos por ellos en estos últimos años: toda la vida laboral, profesional y personal que ellos mismos hicieron pública, como quien quema o tritura documentos de una manera precipitada, minutos antes de que entren en ella la luz y los taquígrafos. Una gran injusticia, porque fueron esos tuits precisamente los que les proporcionaron la celebridad que les había hecho lo bastante visibles como para que su Jefe se fijara en ellos. Al margen de otras consideraciones (si se han desprendido tan fácilmente de su vida pública es porque estaría fundada, supongo, en exabruptos, insidias o lametones que igualmente contaminaban su vida privada y su eticidad), al margen de todo esto, digo, la justicia poética les ha dado un pequeño pellizco, abortando su nombramiento. Y mira por dónde, pese haber hecho un pan con unas tortas, la vida les ha permitido empezar de cero, al menos en Twitter, aunque lo probable es que acabarán volviendo a tropezar en los mismos tuits.

    [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 29 de julio de 2018]

21 juillet 2018

Elogio de JMBonet

LA destitución de Juan Manuel Bonet, director del Instituto Cervantes, es la prueba del carácter sectario de cierta izquierda cultural española y desde luego de este Partido Socialista, que ha llegado al poder de la forma que conocemos y después de mentir sobre la convocatoria de elecciones generales. Nadie, absolutamente nadie, ha podido negar estos dos hechos: Bonet ha sido un gran director del Cervantes, acaso uno de los mejores, y su gestión, lo mismo que al frente del Ivam, del Reina Sofía o del Cervantes de París, ha sido un modelo de solvente pluralismo y tolerancia. Y se comprende que los entrantes no hayan querido ni siquiera agradecerle públicamente los servicios prestados para no tener que reconocer su incuestionable competencia y la altura a la que ha dejado el listón. ¿Por qué le han cesado, pues? Porque la izquierda narcisista ha tendido a creerse culturalmente superior, haciendo gala de su supremacismo sin el menor fundamento, tal y como sucedió durante tantos años al imponer la posverdad (avant la lettre) de que, durante la guerra civil, los mejores  escritores se sumaron al Frente Popular.
No quieren intelectuales libres, independientes y ecuánimes. Los quieren de partido, obedientes, disciplinados (el primer cometido del actual Cervantes será llevar a cabo lo que Sánchez anunció cuarentaiocho horas antes de la renovación del Instituto: poner el catalán y el eusquera al mismo nivel que el castellano, tal y como probablemente le habrán exigido sus nuevos socios de gobierno, bildutarras y bildutorras). 
Ni siquiera  han tenido el decoro o el cinismo de velar sus propósitos, y se ha sabido que la vicepresidenta Carmen Calvo estaba detrás de esa destitución. ¿Qué razones ha dado? Bonet podía haber seguido al frente del Cervantes tal y como han hecho los directores del Reina o del Prado en los sucesivos cambios de gobierno, siguiendo la llamada política de buenas prácticas. El actual ministro de Cultura, siguió al frente del Reina Sofia cuatro años, con el gobierno Aznar, y lo hizo sin que le temblaran ni su conciencia política ni la vergüenza torera (no es un buen ejemplo, porque este ministro aborrece lo taurino). De modo que todo se asemeja, una vez más, al penoso "quítate tú para ponerme yo" y a la vuelta a las malas prácticas.
A Bonet apenas le han dejado tiempo para desarrollar su programa. En apenas un año había cambiado los aires de una institución anquilosada y montado unas cuantas exposiciones modélicas,  como suyas, entre ellas las de Aub, Barea y Leopoldo de Luis. Eran expresión de su talante, el suyo sí de hombre moderado, dialogante e integrador, que jamás ha tenido en cuenta, ni en sus proyectos personales ni en los públicos, si los creadores, escritores o artistas fueron o no de izquierdas o de derechas, ni cuáles fueron sus ideas políticas. Raramente se ha visto nada parecido cuando la izquierda ha llegado al poder, al menos en cultura; su sectarismo se lo estorba.
De momento este cambio innecesario (innecesario porque Bonet era un gran director y la institución funcionaba como nunca) prescinde de una persona de la que hoy sólo cabe repetir algunos de los elogios que llenan las redes sociales. Un sabio, un gestor inteligente y trabajador infatigable, "el mejor cartógrafo de la cultura contemporánea", generoso y desinteresado, y un hombre bueno en el sentido machadiano de la palabra. ¿Por qué Carmen Calvo ha prescindido de él? Dicen que la cara es el espejo del alma, pero debiera darnos, además, las otras, las verdaderas razones por las que lo ha cesado, si se atreve.

16 juillet 2018

Antes de la función

EL ingenio mal traído, o sea, alambicado o recalentado, carga. Sólo se hace tolerable cuando no es contrario a la naturalidad. Stendhal lo detestaba incluso más que la retórica (ya saben, decir corcel por caballo), porque era francés y en Francia el ingenio es como la mantequilla: todo se guisa con él. “¿Te consideras un hombre inteligente?” es una de las preguntas de cierto “cuestionario Bolaño”, bastante tonto, enviado a varios escritores, y publicado ahora en libro, Escritores al desnudo, junto a las respuestas del clásico “cuestionario Proust”. “¿Comparado con quién?”, responde Savater, quien antes, a la pregunta “¿Qué le impulsa a levantarse por las mañanas?”, había respondido a la altura de Oscar Wilde: “La llegada de la asistenta”.

Si al ingenio se le ven las costuras, es insufrible, pedante o banal. O sea frío. Por el contrario, es impagable cuando no renuncia a cierta intimidad. “¿Cómo le gustaría morir?”. “No me gustaría morir”, responde Juan Bonilla. Y a la pregunta “Si tuvieras que matar a alguien, si no tuvieras otra opción, ¿a quién matarías”, Savater respondió: “¿Vale suicidarse? Así los mato a todos”. En siete palabras todo un tratado de filosofía moral.

Junto a ese libro se ha publicado uno de aforismos de Ramón Eder, Palmeras solitarias. En él los hay admirables. “El buen aforismo es el que dice más de lo que parece, no el que parece que dice más de lo que dice”, nos advierte desde el principio. Y podríamos añadir: y si no te arranca una sonrisa al momento, como una película de Chaplin, malo, y si resulta ingenioso, peor, porque el buen aforista huye del ingenio del mismo modo que el petimetre recurre a él: “Cuanto más conozco a los hombres, más me gustan las mujeres”... Me acordé de Pavese: “La mujer es un hombre de acción”. Sigue uno leyendo y marcando con un lápiz algunos: “Sin ilusiones no se puede vivir sin tristeza...” Y se queda uno pensativo hasta caer en la cuenta: lo que salva al ingenio, ese que tanto detestaba Stendhal, es que al bueno no se le nota que sea ingenio. “Qué elegante vas hoy”, le dijo Alfonso XIII al marqués de Vilallonga. “¿Sí? Pues si el señor lo ha notado, no debo de ir tan elegante”. El ingenioso, como el falso dandy, es presuntuoso, sólo espera que se levante el telón, y saludar. Y antes de la función, claro.

   [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 15 de julio de 2018]

12 juillet 2018

Puigdemont extraditado

ALEMANIA decide extraditar a Puigdemont sólo por malversación. Al Capone cumplió condena únicamente por evasión de impuestos. Pero todos sabían.

8 juillet 2018

Listados

ME gustan los listados, como a todo el mundo. Basta que le pregunten a uno qué diez películas, qué tres ciudades, qué cinco músicos son sus preferidos, para que repase mentalmente todas las películas que ha visto, todas las ciudades en las que ha estado o todos los músicos para tratar de ser lo más justo con ellos y consigo mismo, consciente de que la elección dirá de él tanto como de aquello que ha elegido. Esta clase de ejercicio de sinceridad tiene únicamente un valor personal. Lo malo es cuando se juntan las desideratas de varias personas y se trata de deducir de la suma de todas algo parecido a una norma. Acaba de suceder una vez más. Un periódico ha publicado “los cien libros de la literatura universal”, tras preguntarle a medio centenar de escritorxs españoles, que han elegido cada uno diez, quinientos en total.

Hay, claro, de todo: desde el que enumera obras maestras absolutas a ese al que se refería con mucha gracia Cocteau: “La gran escultura del Louvre no es la Victoria de Samotracia, para nada, sino una del periodo helenístico, que está en la sala XXI del sótano, la de la columna no, la otra, la que está detrás... ¡Esa sí que es una maravilla!”.  Entre los veinte primeros libros no hay sorpresa, pero no deja de causar extrañeza ver juntos La Ilíada y Madame Bovary o libros que se han leído una sola vez, o ninguna (Gilgamesh, Ulises, De rerum natura, La Divina Comedia, Cantar de los nibelungos), junto a otros de lectura reiterada, como el Quijote.

Como la humildad es hoy una virtud muy celebrada (por políticos de izquierda principalmente), decidí puntear con lápices de colores estas categorías: libros que he leído, que no he leído, que he leído pero de los que no recuerdo nada, que me gustaría volver a leer, que he leído a medias y que no pienso leer nunca. Pero se ve que no es uno del todo humilde ni, ay, ya ni siquiera dialogante, porque abandoné el conteo al tropezarme con La metafísica de Aristóteles justo detrás de los poemas de Carver. Me dije, me harían falta tres vidas para leer esos dos libros y en ese orden. Y entonces me acordé de JRJ, quien no figura por cierto en esa lista (como tampoco Balzac, Baroja ni tantos). Decía: “Para leer muchos libros, comprar pocos”. Yo incluso leo más desde que empecé a vender hace años muchos de los míos al librero de viejo.

    [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 8 de julio de 2018[]

1 juillet 2018

De intrigas y por entregas

NADIE sabe si cuando se publiquen estas líneas, o sea, dentro de unas semanas, seguirá o no en su puesto el nuevo presidente de gobierno, elegido para el cargo hace siete días. Nadie piense tampoco que trata uno de desdeñar su inesperado golpe de mano para hacerse con el poder, tras un birlibirloque que ha dejado  atónitos a la inmensa mayoría de los españoles, incluidos muchos de sus partidarios. Al contrario, al margen de lo que dure en el cargo y de los logros o fracasos por los que será recordado u olvidado en el futuro, lo sucedido a él tiene ya tanto interés como lo que pueda sucedernos a nosotros.

Me digo: he ahí un hombre  del que se piensa que su ambición es muy superior a su inteligencia y del que todos se han reído, incluidos muchos de los que hoy se dirán amigos suyos. Ahí lo tenemos, donde quería él estar. Su empeño y una carambola a siete bandas le han llevado de la irrelevancia a la  notoriedad, el poder y los libros de historia, y en cambio el hombre al que ha desalojado de la Moncloa, que se prometía dos años más de majestuoso crucero en un lujoso Titanic, se ha visto desposeído de él de una manera inesperada e ignominiosa. Sólo  ha sido capaz de soltar, entre sollozos, cuando ya todo era inevitable: “¡Pero está entrando por la puerta de atrás!”. Y era cierto, sólo que la puerta de atrás ha sido también por la que él ha salido de la notoriedad, el poder y los libros de historia.

Qué extraña es la vida. “La fortuna sonríe a los audaces”. La primera vez que oí estas palabras fue a un viejo maestro de escuela, y mucho antes de saber yo que pertenecieran a la Eneida. Por la vida que llevaba y por su aspecto, no parecía que la fortuna hubiera sonreído mucho a aquel anciano. Tampoco se imagina uno al nuevo presidente citando a Virgilio, ni creyendo que lo que le ha sucedido sea cosa de la suerte. Pensará que debe su fortuna a su tenacidad e inteligencia, y así lo pensaría también en su día el cesante, como pensará este ahora que su desgracia  se ha debido únicamente a odios y felonías, lo mismo que pensará el nuevo cuando le llegue su Bruto, quién sabe si dentro de unas semanas. Nadie conoce lo que le tiene deparado el destino, y la vida va tan deprisa que  acaba pareciéndose a un folletín de intrigas por entregas, escrito por un loco, un imbécil o un cínico.

   [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 30 de junio de 2018]

25 juin 2018

Cartas de España

JOSÉ Blanco White,  cura y relapso, fue desde su juventud un hombre con inclinaciones literarias. Su padre, un comerciante inglés afincado en Andalucía, Mr. White, tiñó su apellido para mimetizarse con el color local, y el Blanco lo heredó su hijo. Cuando este ahorcó la sotana y emigró a Inglaterra, donde vivió hasta su muerte, desempolvó el White pero no renunció al Blanco, pues al contrario que su padre, le importaba recordarse y recordar a sus nuevos paisanos quién era y qué hacía tan lejos de casa un antiguo papista como él. A partir de entonces hizo de su lucha contra la iglesia de Roma, sus dogmas, los jesuitas y el oscurantismo religioso español, el centro de su vida, y como los de la iglesia de Inglaterra le parecían mejores y más finos, se hizo ministro anglicano. Escribió mucho. Entre sus obras, unas Cartas de España, que ha leído uno estos días.

Ni que decir tiene que Blanco White, uno de los grandes heterodoxos españoles, ha sido utilizado durante doscientos años por aquellos que buscaban argumentos para demostrar nuestro secular cerrilismo, origen de todos los males de la nación española. Leídas dos siglos después, ¿prueban estas cartas algo al respecto? Sí, lo mismo que probaron, respecto de Inglaterra, los escritos de Swift o los diarios de Pepys: en todas partes cuecen habas.

Las cosas que le escandalizan principalmente, la Inquisición, la reclusión forzada y de por vida de muchachas en conventos o la vida disipada e hipócrita del clero y de las cortes de Carlos IV y Fernando VII, no nos parecen diferentes de las que Stendhal contaba, por los mismos años, a propósito de la depravación que sumía al clero de Italia o del cerrilismo de la nobleza provinciana en Francia. Se ve que todos tendemos a magnificar la época que vivimos, pintándola con trazos dramáticos, aunque sólo sea para asignarnos en el drama un papel a la altura. Oímos de España en estos tiempo cosas que le dejan a uno atónito (“la más devaluada democracia de Europa” sería la más leve), pues le obligan a uno a mirar a sus vecinos y comparar. Estas Cartas de España están muy bien, son entretenidas, hay en ellas impagables detalles exactos, pero tienen ya de España lo que los terroríficos cuentos de las Mil y una noches tienen de reales. Sólo siguen leyéndose porque son literatura. Por suerte.

   [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 24 de junio de 2018]

22 juin 2018

Memoria e historia

NO sé si la fotografía de la que habla Jorge Martínez Reverte hoy en un estupendo, honrado y valiente artículo es esta (se publicó en Las armas y las letras) u otra parecida. Lo que a estas alturas parece inevitable es que el nombre del asesino figure en breve en el monumento/memorial que Podemos/Psoe ha aprobado en el Ayuntamiento de Madrid, contra el dictamen unánime del Comisionado de la Memoria Histórica creado por la alcaldesa Carmena, si bien con el pleno consentimiento y convencimiento de esta, que en su día prometió y se comprometió a que todos los acuerdos de ese Comisionado serían acatados. Hasta que se topó con el camarada concejal Mauricio Valiente (paradojas galdosianas de los apellidos), quien,  según reportaje periodístico, tiene en su despacho municipal sendos pósters, y digo sendos por ser uno de Lenin y otro de la revolución bolchevique, la misma que en España querían hacer los de la foto. Por eso se les ve tan contentos en ella.

Un paseo. Madrid, verano de 1936.

11 juin 2018

La banalidad del bien

EN ciertos asuntos (en general los relacionados con la cultura y el gusto) da lo mismo quién gobierne. El mal gusto es lo más transversal de todo y no es frecuente encontrar a quien confiese abiertamente tener mal gusto. Por el contrario, la mayoría está muy conforme con el suyo propio, que encuentra esmerado, en tanto se muestra intransigente con el de los demás, de la misma manera que tendemos a hallar nuestros olores corporales más tolerables que los del vecino.

Los responsables municipales que han llenado las calles de Madrid de  meninas (en realidad de la infanta Margarita de Austria, la niña del cuadro de Velázquez), seguramente están convencidos de que han hecho algo “guay”, “lúdico” y, desde luego, “bonito”. Claro que ellos no han hecho nada que no hubiera popularizado hace cuarenta años el Equipo Crónica, compuesto por dos artistas del pop valenciano. Lo que le resulta a uno más difícil de comprender es la razón por la cual estas esculturas (da vergüenza usar la misma palabra que empleamos para la Victoria de Samotracia) no son diferentes de otras que también llenaron las calles de Madrid hace años. En aquella ocasión eran vacas, ¿recuerdan?, pero la idea  era la misma, unos mamarrachos pintados con colores vivos y  variopintas decoraciones. Las vacas, de derechas, despertaron muchas críticas en la oposición de izquierda. Las meninas, por el contrario,  al ser de izquierdas, en absoluto, quizá porque haya calado entre la población la propaganda, a saber, que la izquierda es más culta que la derecha y en cuestión de gustos, más atinada.

Ni que decir tiene que el éxito de estas meninas ha sido inmenso. Como lo fue el de las vacas. La gente las encuentra, en efecto, “divertidas”, y posa a su lado, para inmortalizarse en selfis y retratos, pese a entrar de lleno en lo que Gillo Dorfles caracterizó como kitsch o mal gusto. Pero hay, a mi modo de ver, algo que hace muy diferentes aquellas vacas de estas meninas: el escarnio de una obra en verdad única, maravillosa, “un milagro español”. ¿Y por qué? Porque es característica de cierto resentimiento contemporáneo denigrar aquello que evidencia nuestra mediocridad. ¿Y cómo? ¿Atacándolo abiertamente? En absoluto: banalizándolo, hasta lograr que lo original parezca a la mayoría sólo una copia barata y en serie.

   [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 10 de junio de 2018]

7 juin 2018

4 juin 2018

Operación Garibaldi

MÁS que la verdad, vale el relato, y mejor si es falso: es más creíble. Antiguamente se decía que los vencedores escribían la historia. Ya no es necesario, pueden hacerlo los derrotados. Es el caso de Eta, apenas unos cientos de matones que a lo largo de sesenta años asesinaron a 854 inocentes, rompieron la vida a unas decenas de miles y tuvieron en jaque a millones de demócratas. Claro que si tan pocos pudieron llevar a cabo crímenes tan horrendos, fue porque entre doscientos y trescientos mil vascos y vascas les dieron el cobijo e información necesarios para que pudieran cometerlos. Entre todos ellos trataron de someter al Estado de derecho, pero este finalmente los derrotó de la única manera posible: no con diálogo, como exigían los nacionalistas y a veces parte de la izquierda, sino con la ley, primero, y luego en los tribunales, y mediante la dispersión de sus presos, cuya supresión, por cierto, ha vuelto a unir a los nacionalistas y a casi toda la izquierda, antes, supongo, de pedir otra amnistía.

De modo que cuando Eta anuncia en 2018 que se disuelve, está llegando tarde una vez más, porque ya conocíamos desde 2011 su derrota. El encargado de leer el comunicado fue Josu Ternera. Es desde 2003 el delincuente más buscado, y le imagina uno viviendo en una zahúrda, como aquel Bernardo Provenzano, jefe de la mafia, que logró burlar a los carabineros durante cuarenta años. Murió preso.

¿Dónde se encontrará el agujero en el que Ternera ha pasado estos quince años? En su comunicado recordó que los etarras lucharán ahora por “la paz y la libertad del pueblo vasco” y “el derecho a decidir”, sin renunciar al modelo de estado totalitario que trataron de imponer por las armas. Mientras se le oía en el audio casero, me acordé de la operación Garibaldi, montaba por el Mosad para sacar a Eichmann de Argentina y llevárselo a Israel. Las protestas internacionales por la irregularidad del secuestro se olvidaron pronto ante el recuento de sus crímenes. Si la historia fuera un relato con algún sentido, estaría ya en marcha una operación Garibaldi parecida, que acaso esclareciera algunos de los más de trescientos asesinatos aún sin resolver cometidos cuando ese hombre que lleva un apodo de gánster de serie b era el jefe de la banda vasca.

   [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 3 de junio de 2018]

27 mai 2018

Soñemos, alma, soñemos

EN Cisnes salvajes, el implacable relato de Chang-Jung sobre su familia en los años de la Revolución Cultural, se relata la historia de Chang-Shou-yu. Disgustado este con la política del emperador, decide retirarse discretamente de la corte. Empieza entonces a vérsele con una caña a la orilla del río, sentado y abstraído horas y horas. Extrañados todos de la actitud de quien fuera en otro tiempo un cortesano activo e influyente, le preguntan cómo es que había cobrado tanta afición por la pesca, a lo que Chang-Shou-yu les responde: “Si vengo a pescar no es por la pesca”. Esta respuesta acabó de perderle, pues todos entendieron al fin sus críticas al emperador.

¿Es real o sólo una percepción subjetiva? ¿El número de quienes, como ese funcionario chino, se apartan de todo, es cada vez mayor? Vuelve a hablarse de desánimo y pesimismo, y “el  fantasma del 98” recorre España. Sentencias judiciales demenciadas y los consecuentes “veredictos sociales” en varios asuntos penales, académicos y políticos, han sumido a muchos en la pesadumbre y el desánimo. Algunos, que no se atreverían a decir lo mismo de su región andaluza, madrileña o catalana, afirman sin ambages y se diría que con perverso regusto: “La miseria de España”, “país de cabreros”, “África en ciernes”. Entretanto se disipe este (re)sentimiento, he abierto la libreta donde hace años dibujé un puñado de florecillas del campo, con sus correspondientes nombres. Me los dictó el amigo del que se habló aquí hace unas semanas.  Buscaba ahora una flor recién descubierta. Pero no figura entre aquellas y no podré preguntar a mi amigo, pues  acaba de morir con su secreto. 

Siempre he sentido una predilección especial por esas flores humildes, a veces bellísimas, que en mayo salen por todas partes, incluso en una estrecha llaga del asfalto. Sé también que algunos se refieren a ellas como sinónimo de ingenuidad y simpleza. Ingenuo y simple, me he sentado en la pradera. Pero de pronto me acuerdo de Galdós, y su memorable artículo “Soñemos, alma, soñemos”. Lo escribió en 1903, cuando ya era viejo y empezaba, al igual que Chang-Shou-yu, a perder el favor del público. Advertía en él de los peligros del derrotismo, y ese recuerdo hizo que me fijara más en esa florecilla de nada. Créanlo o no: le estaba diciendo  a otra, mucho más pequeña, “soñemos, hermana, soñemos”.

   [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 26 de mayor de 2018]

24 mai 2018

En la Feria del Libro del Retiro

Allí estará uno sólo el último fin de semana de la feria (y confiemos en que no solo):

sábado 9 de junio

a las 12:00 en la caseta 121 de la Librería Alberti

y a las 19:00 en la de la editorial Pre-Textos, caseta nunero 141.

domingo 10

a las 12:00  en la caseta 23 de la Librería Machado.

20 mai 2018

Don Quijote en Barcelona y el separatismo

(Consideraciones proustianas sobre el  sedicente y sedicioso Procés)

A menudo un acontecimiento histórico importante tiene la facultad de fijar en nuestra memoria otro que habría sido dado al olvido por su insignificancia. Los norteamericanos de cierta edad recuerdan aún en su mayor parte qué estaban haciendo en el momento en que la radio y la televisión difundieron la noticia del asesinato de su presidente JFKennedy, al igual que la mayor parte de quienes componen el mundo civilizado recordará sin duda dónde y cómo vio las primeras imágenes del hombre tentando sus primeros pasos sobre la luna. En nuestro pequeño ámbito, algo parecido sucede con lo relacionado con el golpe de estado del 23 de febrero de 1981. Pocos españoles habrá que tuvieran entonces una edad apropiada para comprender la gravedad y magnitud de aquellos acontecimientos, que no recuerden aún con exactitud, casi cuarenta años después, dónde les sorprendió la irrupción de aquel guardia civil en el Congreso de los Diputados de Madrid pistola en mano y tocado con un tricornio que en muchas redacciones de periódicos extranjeros tomaron por una montera, así como imaginaron que aquel teniente coronel era un torero.
Si bien poner en libertad al presidente prófugo de la Generalidad por parte de un tribunal alemán regional no fue en absoluto comparable a ningún hecho extraordinario de los citados, sí lo fue para mí, y no creo que olvide en mucho tiempo las circunstancias en que tuve conocimiento de él: me dirigía en ese mismo momento a la tribuna del salón de actos de la delegación del gobierno en Cataluña para dar una conferencia sobre don Quijote en Barcelona. Mi mujer, a quien yo acababa de ver consultando su móvil, y que caminaba al lado de Félix Ovejero para ocupar dos de los asientos delanteros, se me acercó por detrás, y bastaron únicamente tres palabras susurradas al oído para que yo perdiera la poca concentración que tenía: “Lo han soltado”.
Minutos antes nos había llamado la atención tropezarnos en pleno barrio gótico con la bandera española de la misma manera que meses antes nos había sorprendido una bandera israelí en cierto barrio árabe de Jerusalén.
Es posible también que de no haberse sumado un par de circunstancias más, el hecho en sí de aquella liberación hubiera acabado borrándose de mi memoria tarde o temprano.
La primera fue la de un hombre de cierta edad, entre los setenta y ochenta años, alto, flaco, con pelo y barba blancos y probablemente sin dientes, como probaban sus mejillas sumidas, vestido como muchos viejos, con ropas que le venían grandes y algo sucias. Así como mi mujer y nuestro amigo se sentaron discretamente en la fila tercera o cuarta, a un lado, aquel hombre lo hizo en la primera y exactamente frente a mí, a menos de dos metros de distancia. Eso me permitió fijarme en el detalle: llevaba prendido en el pecho el lacito amarillo con el que los separatistas protestaban por el encarcelamiento de unos cuantos políticos presos por los delitos más graves que nadie pueda cometer contra un estado democrático.
Pero tampoco aquel lazo amarillo habría sido del todo significativo. Antes de la conferencia habíamos estado paseando por Barcelona y no nos habíamos tropezado con nadie que lo llevara. Lo que convertía en algo especial el de aquel hombre era la ocasión y el lugar. Este, ya lo he dicho, era el salón de actos de la delegación del gobierno de España, y llevar allí aquel lazo era como mínimo exótico, como pasear la famosa cabra de la Legión por cualquiera de los pueblos de Tractoria; en cuanto a la ocasión, se trataba de una conferencia organizada por Clac (Centro Libre. Arte y Cultura), una entidad cultural dirigida por Andreu Jaume y ligada a Sociedad Civil, responsable esta de la gran manifestación que sacó a las calles de Barcelona dos o tres meses antes, el 8 de octubre de 2017, entre uno y dos millones de demócratas favorables a la constitución y la unidad de España y que acabó de una vez por todas con el mito de un solo pueblo de Cataluña, grande y libre, tal y como venían machacando en los años del Proceso los independentistas y xenófobos catalanes.
La actitud posterior de aquel hombre vino a confirmar que su presencia allí respondía a algún propósito para mí oculto, más que a su interés por don Quijote y Barcelona. Apenas empecé a hablar, se recostó en el respaldo de la butaca, extendió sus largas y flacas piernas todo a lo largo, sin obstáculo ninguno delante, cruzó sus brazos, echó la cabeza a un lado, y se quedó dormido. Literalmente. Me desentendí de él, pero de vez le echaba una rápida ojeada, y al ver la placidez de su sueño llegué a la conclusión de que sólo era un pobre loco, no, desde luego, como don Quijote, que apenas dormía, sino uno de esos que van a las conferencias por estar con alguien.
Lo que yo tenía que decir y dije sobre el tema que nos había congregado a medio centenar de amantes de Cervantes fue bien poco, porque no hay mucho que decir.
Había estado releyendo días atrás en el libro de Martín de Riquer las páginas que este le dedica también a ese tema. Son entretenidísimas, y le confirmaron a uno que los estudios filológicos, cuando son buenos, son parte también de la ficción, y algunas cosas más. La primera: no sabemos si Cervantes estuvo o no alguna vez en Barcelona, y si lo estuvo seguramente fue cuarenta años antes de escribir el Quijote. Probablemente hablaba de oídas. Dos: el famoso elogio que se hace de Barcelona, “archivo de la cortesía”, no es más que un simpático estereotipo. Tres: la única sangre que se derrama en la novela viene de la mano del bandido Roque Guinard, un bipolar de libro. Cuatro: que en Cataluña las relaciones entre el bandolerismo y las clases dirigentes viene de atrás, como prueba el hecho de que Roque Guinard, que está fuera de la ley, entregue a don Quijote una carta de presentación para don Antonio Moreno, respetabilísimo y amigo de las autoridades encargadas de defender la ley, entre ellas el gobernador, quien, dicho sea de paso, hospeda en su casa al expulsado morisco Ricote, el vecino de Sancho y don Quijote, que había vuelto a España para sacar, contraviniendo las órdenes del rey, ciertos tesoros. Esto último es una más de las ironías de Cervantes, quien nos recuerda que las cosas no son blancas y negras: que el gobernador hospede a Ricote es como si el director de la Guardia Civil alojara en sus buenos años de quinqui a El Lute. Todo lo cual, y esto fue el colofón de mi conferencia, no obstaba para que el Quijote, que desde luego se escribió en catalán y por un autor catalán, Miquel Servent, se publicase por vez primera en Barcelona en la famosa imprenta de la calle Call que se nos describe minuciosamente en el capítulo tal de la segunda parte, la misma imprenta donde se estaba imprimiendo una edición del apócrifo de Avellaneda cuando entró don Quijote.
Al oír esto último, el anciano aquel de la primera fila, que había tenido al menos la delicadeza de no roncar, dio un respingo, se recolocó en la butaca y se despabiló por completo, asintiendo con grandes cabezadas y mostrándome la mayor de sus sonrisas. No había duda: quería darme a entender que compartía conmigo todo lo relacionado a la catalanidad del Quijote. Al sonreír enseñaba unos dientes grandes y amarillos, como teclas de un piano viejo; lo que no debía de tener eran muelas, porque las mejillas, desde luego, estaban de lo más hundidas.
Y aquí llegamos a la última de las circunstancias que fijaron y juntaron en mi memoria aquella conferencia y la excarcelación del presidente de la Generalidad. Supuse que al salir a la calle encontraríamos esta llena de manifestantes espontáneos celebrando la noticia y tirando cohetes (naturalmente de artificio) en dirección a la frontera española, como hacen los de Jamás en la Franja o Siria con Israel. Pero la sorpresa fue que en Barcelona todo el mundo parecía ignorar la noticia de la suelta que estuvo a punto de dar al traste mi concentración a la hora de soltar yo también una conferencia sobre don Quijote en Barcelona.


Publicado el 20 de mayo de 2018 en The Objective.

14 mai 2018

Mentir peligrosamente

RESULTA extraño hablar de “ciencias políticas”, siendo la política todo menos científica. En ciencia no hay mentiras, sino errores, a diferencia de la política, en la que los errores suelen proceder casi siempre de una mentira. Por ejemplo, la de la presidenta de la Comunidad de Madrid (asegurar que cursó un Máster) le ha conducido al mayor error político de su carrera y a que muchos se pregunten: ¿y qué necesidad tenía ella de un máster?

La pregunta volvemos a hacérnosla con relación a la alcaldesa de Madrid y la exposición municipal “No pasarán”, encargada e inaugurada por ella.  Se trataba de contar la defensa de la capital de España llevada a cabo en 1936 por “el pueblo de Madrid” y bajo ese lema que buscaba enardecer a los sitiados. ¿El pueblo? ¿Qué pueblo? Un tercio de aquel pueblo se  escondía entonces debajo de las piedras, evitando las checas, entre ocho y doce mil asesinados; otro tercio había salido de la ciudad camino del exilio o huido a zona segura, como Largo Caballero y su gobierno, y el otro tercio... Según cuenta Chaves Nogales,  republicano convencido y autor del mejor libro sobre el asunto, La defensa de Madrid, naturalmente eliminado de la épica carmeniana, parte de ese tercio desertaba en estampida, a duras penas contenida a punta de pistola por los jefes que disparaban a bocajarro sobre milicianos indisciplinados y presas del pánico. Sólo la experiencia y determinación de dos militares profesionales, Miaja y Rojo, verdaderos artífices de la defensa de Madrid, lograron salvar la capital para la República. Pero como la verdad de este hecho estorbaba la belleza de una ficción romántica, “el pueblo”, también Miaja y Rojo, y el papel del ejército regular, han sido purgados de esta exposición.

Por eso es pertinente la pregunta: “¿Qué necesidad había de hacerla? ¿Ganar acaso la guerra, cuando también se había perdido el relato? Se exponen a que alguien les recuerde no sólo a Celia Gámez, y su célebre y miserable “Ya hemos pasao”, sino esto mucho más pertinente: ¿Cómo “no pasarán”, si ya han pasado ochenta años? Ah, las fake news y los engaños. Se diría que nada excita más a los políticos, acaso porque les hace vivir peligrosamente, convencidos de que la mentira es un atajo. Y sí lo es, hacia el error. Porque antes se pilla a un mentiroso que a un cojo.

    [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 13 de mayo de 2018]

11 mai 2018

Y

SE presentó ayer en la librería Alberti. Y este es el primer poema del libro.


EL CAMINO DE VUELTA

CUANTO más necesarias son las cosas,
más tardamos en verlas,
aunque estén a la vista.
Todas esas palabras que has escrito
en poemas, ensayos y novelas
vienen a ser como guijarros blancos
que sembraste en la noche,
el camino de vuelta.
No sé qué ocurrirá cuando no queden
más guijos, y los pájaros
den cuenta de las migas,
y no haya ya camino ni regreso ni casa.
Noche estrellada, si te acuerdas, dile
a tus pequeños astros
que me lleven de vuelta
siquiera hasta mi infancia,
que desde allí yo ya sabré orientarme.


Viñeta de Miguel Galano

9 mai 2018

En la muerte de Julio López

COMO todos los artistas en verdad auténticos era un hombre humilde, pero en absoluto ingenuo. Se ha ido un gran escultor, desde luego, uno de lo últimos que conocía como pocos la tradición que va de los griegos a Medardo Rosso, del primitivo maestro de Bamberg a tal o cual obra de un orillado escultor contemporáneo. Descubría la belleza en una pequella medalla o en el Gattamelata, del mismo modo que un poeta no hace distinción entre la violeta que nace, vive y muere oculta por una piedra y la espléndida rosa para la que todo el sol no es suficiente. Un solo ejemplo: él hizo que reparara por primera vez en la cabeza del caballo de la escultura de Martínez Campos que está en el Retiro, “para mí una de las más hermosas, desde luego”. Es de Benlliure. Destaca en ella el corpulento general, claro, pero sobre todo el caballo, que apenas puede soportar el peso del jinete, mientras asciende una loma en el momento de supremo esfuerzo. Desde entonces no hay vez que no pase por delante de ese monumento que no confirme lo que él decía, y que no recuerde a nuestro querido amigo.
Acaba de morir, y relee uno ahora estas tres palabras sin acabar de creerlo. El que tuviera ochentaiocho años y el que su muerte haya sido una transición casi tranquila desde la plenitud en que se hallaba hasta hace un mes, tampoco es consuelo para nadie.
España ha perdido a uno de sus mejores escultores, el último grande de la tradición realista, la cenicienta del arte contemporáneo. Estaba acostumbrado al desdén de algunos “modernos”, que calificaban su estética de costumbrista, pero se lo tomaba con filosofía y humor.
El saberse en minoría en una época que fue sobre todo “abstracta”, acaso hizo de la “escuela realista madrileña” una pequeña familia: su gran amigo y compañero Antonio López y su mujer la pintora María Moreno, su hermano Francisco López, también escultor, y la mujer de este, la pintora Isabel Quintanilla, y la mujer del propio Julio, Esperanza Parada, la pintora más secreta y simbolista de todos ellos…
Las visitas a su estudio, una casita de dos plantas en un barrio menestral de Madrid, resultaban siempre únicas. Durante medio siglo la fue llenando de todas sus criaturas, que se agolpaban en sus cuartos angostos como en la sala de espera de una estación de tren de hace cien años. Todas sus obras tienen una impronta poética, el mayor elogio que pueda hacerse de ninguna. Buscaba la emoción de la escena, sin reparar en si era una obra de encargo o personal. En muchas de ellas, en sus relieves, o en sus fascinantes medallas (todas las de los premios Cervantes son suyas), o en las esculturas en que todo está centrado en unas manos, por ejemplo, esa emoción está pulsada como en la música de cámara, sin apartar la mirada ni levantar el tono.
Oírle contar de viva voz el nacimiento de sus propias obras, o lo que con ellas había tratado de expresar, era una experiencia única. Él mismo era la naturalidad hecha persona y jamás pudo ver nadie en sus palabras ni un átomo de vanidad o presunción. Y acaso porque nunca perdió de vista el origen de su oficio, que su hermano y él aprendieron de su padre, un modesto imaginero, se refería a sí mismo como a aquel a quien se ha encomendado continuar, con la mayor dignidad y humildad posibles, un arte que empezó en Grecia hace más de dos mil quinientos años.
[Publicado en El País el 9 de mayo de 2018]

Julio López en su estudio, 2012. Foto de Juan Manuel Castro Prieto.