27 de diciembre de 2015

Vidas ejemplares

PORQUE estamos en Navidad acaso se le permita a uno esta pequeña confidencia: fui feliz en mi infancia. Son muchos también los que tienen de la suya un recuerdo parecido, incluso si la pasaron en condiciones adversas y apretados por las privaciones materiales (otra cosa son las afectivas; estas cuesta olvidarlas). Todos recordamos de ella lo bueno antes que lo malo. En la nuestra la noche de Reyes era, claro, sumamente especial. Uno de los regalos esperados era el de las Vidas ejemplares, unos tebeos de personajes históricos, la mayor parte de ellos santos o guerreros de la antigüedad (vivíamos en el nacionalcatolicismo), de San Antonio Abad o San Agustín a don Juan de Austria o Daoiz y Velarde. Cuando yo pensaba que había leído toda la colección, un buen día, muchos años después, descubrí en el Rastro uno de aquellos tebeos que no conocía, dedicado al escritor mejicano Alfonso Reyes, en manos de otro que por desgracia se me había adelantado. De Alfonso Reyes acabo de leer una pequeña y preciosa biografía. La he encontrado en el libro Aquí viven leones que  Savater y Sara Torres han dedicado a algunos de sus escritores predilectos. 

Savater, que ha sido profesor de ética, conoce muy bien la importancia que tiene la ejemplaridad. A Sócrates se le obligó a beber la cicuta precisamente porque era un “mal ejemplo” para la juventud. Ya hemos olvidado el nombre de los jueces que lo condenaron, pero Sócrates sigue siendo un modelo al menos para algunos adultos, precisamente en un tiempo en que el modelo más firme que se presenta a los niños tiene que ver con el fútbol, donde no escasean la jactancia, la traición, la bellaquería, la ingratitud, la ignorancia, la deslealtad, la plebeyez o los delitos fiscales.   

Ha leído uno ahora las vidas ejemplares de estos escritores con una perpetua sonrisa en el semblante. Estos leones son, se ve, de la familia de aquel que cavó la tumba de San Antonio, allá en el carmelo donde él y el ermitaño San Pablo tenían sus coloquios sobre la vida perdurable. La vida que les interesa a Savater y a Torres es esta, tan frágil, la que hemos de hacer mejor entre todos. Que hayan encontrado su modelo en Poe, Leopardi o Zweig, con vidas tan desdichadas, nos recuerda de paso que los logros más valiosos... y perdurables proceden a menudo de eso que la sociedad llama con desprecio fracaso.

       [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 27 de diciembre de 2015]

21 de diciembre de 2015

¿Falta mucho?

NO es fácil encontrar traducción exacta a épater le bourgeois. El diccionario de la Academia hace mucho que aceptó el término “epatar”, que define como“producir asombro o admiración”. Pero épater le bourgeois va más allá de “asombrar al burgués”. Valle Inclán da en Luces de bohemia un ejemplo memorable de lo que es epatar. Hablan Max Estrella y don Latino de la poesía y “la Dama de luto” (la muerte), y Estrella dice: “¡Tú la temes, y yo la cortejo! ¡Rubén, te llevaré el mensaje que te plazca darme para la otra ribera de la Estigia! Vengo aquí para estrecharte por última vez la mano, guiado por el ilustre camello Don Latino de Hispalis. ¡Un hombre que desprecia tu poesía, como si fuese académico!”. Y don Latino dice: “¡Querido Max, no te pongas estupendo!”. 

Tiene, pues, “epatar al burgués” algo de retumbante. Carmen Martín Gaite solía decir: “peer en olla”, versión, con todo, menos escatológica que esta otra, más expresiva, de “tirarse p... por encima de su propio c...” (se siente uno incapaz de completar los puntos suspensivos). Epatar al burgués tiene mucho de esta dispepsia.

En períodos electorales casi todo el mundo se pone estupendo. En  este que termina hoy la palabra con la que hemos visto más ensayos de lucimiento ha sido “democracia”. “Devaluada”, “amputada”, “acabada”, “traicionada”, “corrupta”, “degenerada”... han sido los calificativos que algunos candidatos le endosaron. Cada vez que oía uno de estos, me preguntaba: “¿más devaluada, amputada, acabada, etc. que cuál? ¿Que la francesa, que la venezolana, que la china?”. No sabemos si “la enfermedad infantil del comunismo” es el izquierdismo, como decía Lenin, pero sí que la enfermedad infantil de buena parte del nacionalizquierdismo  en la democracia es la impaciencia, querer arreglar lo que no está roto, tal y como suelen hacer los niños con sus juguetes nuevos, cuando empiezan a aburrirse. Eso, y preguntar, apenas se les monta en un coche: “¿Falta mucho?”. Nuestro viaje democrático, comparado con Inglaterra, Francia o Estados Unidos, no ha hecho más que empezar. Casi todos los partidos han hablado (mirando en general al tendido) de cambiar la Constitución. Perfecto. Pero si no consigue el mismo consenso que la “vieja”, ¿de qué servirá que sea nueva? Hoy elegimos, mañana empieza otro viaje, y sí, aunque hayamos llegado ya a mañana, siempre falta mucho.

   [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 20 de diciembre de 2015]

16 de diciembre de 2015

El voto inútil

Se publica hoy en El País este artículo que acaso no sea del todo inútil, como viene siéndolo en España todo lo que se haga en favor del viejo "nadie es más que otro si no hace mas que otro".
* * * 
Lo más repetido que ha oído uno estos días de campaña, cuando se hablaba de Upyd, ha sido lo del “voto inútil”, dando a entender que votar por esta formación es “tirar el voto”.
Uno, como muchos españoles, se ha pasado media vida “votando útil”, es decir, a partidos que le parecían el mal menor. Esto llevó a mucha gente al cinismo político. En los años de la porquería del Gal, los crímenes de Estado y de la corrupción del partido en el poder, recuerdo haber oído a personas inteligentes frases del tipo “al Psoe lo va a votar su puta madre… y yo” o “hay que votar tapándose las narices”. Trataban de persuadirnos de que, a pesar de las fechorías cometidas por militantes del Psoe o del Pp, principalmente, y de que los hechos los apestaban, había que votarlos para que el otro, el que fuera, no ganara; aquellos corruptos eran “los nuestros”.
Por primera vez en la historia de nuestra democracia las encuestas presentan a cuatro partidos políticos bastante igualados en intención de voto. Hemos llegado, pues, a una situación en la que es perfectamente inútil votar a cualquiera de los cuatro, no porque los cuatro representen lo mismo (y en más de un aspecto, desde luego que sí), es decir, al viejo bipartidismo, y a los del nuevo pisándoles los talones y felices por el pelotazo político que les ha llevado tan arriba, sino porque desde el momento en que se ha roto el bipartidismo tradicional no habrá votos decisivos. La balanza ya no tiene dos brazos, sino cuatro, y los movimientos a que da lugar su balanceo son sumamente extraños, un tanto ebrios y mareantes, como también las alianzas que se barajan para fijarla en un punto.
Y aquí es donde uno, aprendiz de inútil, aplica su pequeño razonamiento: puesto que todos los votos van a ser más o menos inútiles y ninguno decidirá sustancialmente nada, votemos a alguien que haya demostrado con hechos su integridad y su decencia. Estas cualidades son, como sabe cualquiera, rarísimas en estos tiempos.
Porque, y esta es otra de las paradojas que se dan en España, país que ama como ninguno las paradojas: al mismo tiempo que “todo el mundo” supone que el voto a Upyd es un “voto inútil”, muchos confiesan una gran simpatía (acaso porque creen que va a desaparecer) por una formación a la que reconocen un gran coraje en defender, antes que la mayoría, y desde luego, antes que los emergentes, derechos y libertades fundamentales de los españoles, para añadir a continuación que no la votarán, porque hacerlo sería “tirar el voto” y por temor a quedarse solos. Decimos para halagar a los votantes que estos son inteligentes  y que “a la gente no se la engaña con cuentos”, pero lo cierto es que acaba yendo Vicente adonde va la gente, es decir, que mucha gente, si toca apocarse, se apoca.
Del debate televisivo “a cuatro” (Pp Psoe, Ciudadanos y Podemos), fueron excluidos Iu y Upyd, y del debate “a dos”, mejor ni hablar. Jamás ha visto uno tanto embolismo y ramplonería en la política española.
Se presenta uno en estas elecciones en compañía de Fernando Iwasaki, de  Fernando Savater y unos cientos de personas más a las que muchos ven como a unos panolis. Sólo les falta sacar medio euro del bolsillo y dárnoslo de propina, como a los aparcacoches, por los servicios prestados: sentar a Rato en un banquillo, renunciar a las cuotas de poder y privilegios en cajas de ahorro, televisiones públicas y órganos judiciales y reguladores, no tener un solo corrupto en nuestras filas, pedir la supresión de los privilegios de los territorios, y la igualdad de la sanidad y la educación para todos...
Uno, claro, no cree que votar a Upyd sea inútil (quién va a seguir luchando de verdad contra la corrupción, quién va a recordarnos que la democracia no son sólo números y que la política no debería estar en manos de los cuentistas, como decía Platón, sino de los filósofos, los de verdad, no los de “la ética de la razón pura” y los de las asimetrías euclidianas), pero cuando alguien vuelva a decirnos, por enésima vez, que el voto a Upyd es un “voto inútil”, le preguntaré qué entiende él por “utilidad”, y de qué le ha servido hasta hoy haber “votado útil” tantas veces a partidos que luego demostraron ser perfectamente inútiles.

Supongo que se nos ve un poco quijotescos y muy solos. Es cierto. Y también que se nos quiere tener lejos o mejor, ni vernos ni tenernos. Pero aquí seguimos, pidiendo el voto inútil, el que se deposita en la urna sin taparse las narices ni mirar hacia otra parte, como les sigue sucediendo al parecer a tantos, si es verdad lo que te confiesan bajando la voz cínicos o avergonzados. Y sí, esto es lo que creo que diría hoy don Quijote: “Solitarios del mundo entero, uníos”.

   

13 de diciembre de 2015

La revolución tranquila

NOS gusta tener cosas materiales en propiedad: una casa hipotecada (y el millón de cachivaches con que llenarla), un coche (pagado con hartas penalidades), cien  electrodomésticos (inútiles muchos, como ese cuchillo eléctrico que no sirve ni para la mantequilla), viajes  (a confines absurdos)... Se citan estos ejemplos, entre tantos, porque hasta hace no mucho en las ciudades casi nadie era propietario de la casa en que vivía, y la gente iba en tren o coche de línea a los sitios, se las apañaba con un cuchillo de Albacete y raramente se desplazaba a ninguna parte como no fuera en viaje de bodas o a un entierro.  Acaso por ser las nuestras unas generaciones que nacieron y se criaron en un mundo en el que no había de casi nada, como en España, o en el que la guerra había destruido casi todo, como en Europa, se despertó en muchísimas gentes este deseo loco de poseer. Pero acaso esto esté cambiando. Lo cambiarán los jóvenes, porque las cosas, ¿quiénes, si no, van a cambiarlas?

Oímos durante dos horas las canciones que había elegido para nosotros. Fue prodigioso. Músicas de todas las partes, de todas los estilos, de todas las épocas: Madeleine Peyroux, Grant Green, Kourosh Yaghmaei... Cuando nos puso  al corriente de lo que era Spotify y, de paso, Netflyx, y señaló su ibook (de este invento, en cambio, ya han llegado noticias a mis oídos), advertí que acaso esta generación sea la llamada a devolvernos al lugar de la desposesión, que es precisamente el que aconsejan los sabios todos que en el mundo han sido, desde los pitagóricos a los cuáqueros que ahora mismo, mientras escribo, estarán llevando un poco de consuelo y algunos remedios materiales, estos en verdad necesarios, a gentes que nada tienen, en parte porque algunos lo tenemos todo.

Con menos se vive mejor, más es menos y la mitad de lo que tenemos o pudiéramos tener, nos sobra: he aquí lo que tratan de decirnos algunos jóvenes. Viven en casas alquiladas, a menudo tan pequeñas que apenas cabe en ellas su bici; no tienen coche y a su ropa tampoco le dan mucha importancia. Los más hábiles se fabrican sus propios muebles o arreglan los viejos y únicamente les queda por descubrir que viajar ha de ser un premio merecido, no un derecho indiscriminado. Ellos han empezado a cuestionar, pues, el consumo y el binomio “sagrado” consumo=crecimiento. Son alegres y son felices (más o menos).  Su revolución es, como se ve, tranquila.

     [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 13 de diciembre de 2015]

9 de diciembre de 2015

Díptico rastrero (El Rastro en la FMarch)

HOY, jueves10 (y El Mundo, también hoy, publica esta entrevista), da uno una conferencia en la FMarch de Madrid, a las 19:30, creo, y el día 15, martes, otra, a la misma hora. Un díptico rastrero. La primera, "El Rastro. Conocimiento y deseo", se anuncia con estas palabras: 
"Walter Benjamin definió como las rebabas de la Historia, hechos y deshechos, objetos, obras, papeles que quedaron a trasmano, rotos o abandonados, y que acaso por ello, por haberse mantenido a salvo de la sobreexposición, muestran más claramente que otros la verdadera naturaleza de lo sucedido. Si como decía Benjamin la cultura está constituida por documentos de barbarie, no hay nada, por pequeño que parezca, que no sea la prueba de un crimen.
En tales residuos, que pasan en el Rastro de la consideración de basura a la de tesoro en transiciones veloces, reside acaso como en ningún otro documento el conocimiento del pasado y el deseo de la reconstrucción utópica de ese pasado, no desde luego en tanto que barbarie, sino en tanto que paraíso"
La segunda, la del 15, "El Rastro en sesenta imágenes", se anuncia así: 
"Asiduo visitante del Rastro madrileño desde hace cuarenta años, Andrés Trapiello ha hecho a lo largo de los últimos quince más de dos mil quinientas fotografías de las que ha seleccionado sesenta, destinadas a un libro futuro y representativas cada una de ellas de lo que en el Rastro comparece cada domingo. Ellas le permitirán a lo largo de sesenta minutos un recorrido por la genealogía del Rastro de Madrid (su historia y los diferentes autores que se han ocupado de él, así como un breve repaso por otros rastros célebres y los autores que han hablado de ellos) y su morfología: el deseo, el caos, la sorpresa, la memoria, la muerte, la melancolía, la muerte, el engaño y la mentira, la verdad, el rescate o resurrección, el final, lo originario, la insistencia, etc.".


Foto: AT.

7 de diciembre de 2015

Esto es rarísimo

ESTO de la memoria es rarísimo. Unos aseguran recordar lo que no han leído y otros no podemos recordar lo que hemos escrito. Hace poco Rajoy convocó  a Pablo Iglesias para tratar del “problema catalán”. Iglesias le llevó de regalo Juan de Mairena con una dedicatoria, unas palabras de Machado (“Para dialogar, preguntad primero, después escuchad”), y le instaba a “releerlo”, gran escarnio este acaso, ya que Rajoy tiene fama de no haber leído en su vida más que el Marca. Al final se demostró, sin embargo, que Iglesias tampoco lo había leído, porque de haberlo hecho se habría encontrado con estas otras palabras: «De aquellos que dicen ser gallegos, catalanes, vascos, extremeños, castellanos, etcétera, antes que españoles, desconfiad siempre. Suelen ser españoles incompletos, insuficientes, de quienes nada grande puede esperarse».

Como este artículo no va de españoles incompletos, que cada cual piense lo que quiera de las palabras de Juan de Mairena. Y el otro caso de memoria rara: Jorge Luis Borges decía que prefería leer el Quijote traducido al inglés que en español. Rosa Chacel se lo oyó en Buenos Aires. Rosa Chacel nos contó incluso lo que le dijo: “No me extraña; se le nota a usted en la prosa”. Creímos, como Rosa Chacel, que aquella había sido otra boutade de Borges. Sin embargo, hace seis meses y a raíz de publicarse mi traducción del Quijote al castellano actual, comprendí que Borges llevaba razón: el Quijote que él leyó de niño, en un inglés de su tiempo, le encantó; cuando lo leyó en el castellano del siglo XVII, una lengua que ni hablaba ni entendía del todo, le decepcionó... He repetido en entrevistas y conferencias esta idea como si fuese original mía. Hace una semana una amiga a quien se los recomendé hace muchos años, leyó uno de los ensayos de Unamuno, de 1905,  del que ni me acordaba que yo mismo había escrito, hace treinta. Dice en él Unamuno: “El Quijote gana traduciéndolo, y si ha sido mejor sentido fuera de España que en ella misma  (principalmente en Inglaterra y Rusia) se debe en buena parte a que no ha podido empañar su belleza la preocupación del lenguaje”, que no se entiende. Esta jurisprudencia me habría venido bien, qué duda cabe, para algunas controversias recientes, pero ahora sólo hablamos de lo rara que es la memoria, que a unos les lleva a presumir de lo que no han leído y a otros a pasar por alto lo que han escrito.

    [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 6 de diciembre de 2015]

4 de diciembre de 2015

Seré duda (cubierta y solapa)

YA en las librerías.


Quieren ser los títulos de este Salón de pasos perdidos más o menos significativos. En el de Seré duda, inspirado en el argot deportivo (“Josito será duda para el partido de la próxima semana”),  se alude a una determinación y a una fatalidad, tanto a una experiencia como a un deseo. La experiencia nos dice que la vida es y será una duda permanente, sólo resuelta en parte, y que las certezas, si son de ley, nos llevan a nuevas dudas. El cartesiano “pienso luego existo” no es en el fondo sino un “pienso luego dudo” y aun un “existo en tanto que dudo”. 
“Escribo estos libros para hablar de las cosas pequeñas. Si me sucedieran grandes cosas, las contaría como si fuesen pequeñas, por eso los lectores de estos libros creo que siempre han disculpado que hable de las pequeñas como si fueran grandes”, asegura su autor en uno de los prólogos que vienen aquí. Nuestras dudas son también del tamaño de nuestras certezas. Acaso por ello le haya sido posible a su autor seguir adelante con esta novela en marcha, tan decidido e indeciso.
“Seré duda” no es, pues, más que la aceptación de la vida, de todo cuanto viene en ella, y el deseo y la determinación de seguir viviendo sin renunciar a lo que nos mantiene vivos: el combate de nuestras incertidumbres y la esperanza de resolverlas un día. Y a grandes dudas, grandes esperanzas. Así lo sugiere la ilustración de cubierta, una de las últimas de su autor, Ramón Gaya: una jaula vacía y el pájaro que permanece a su lado sólo para recordarnos que al fin es libre.


3 de diciembre de 2015

Debates, UPyD y un misterio bien claro

HOY aparece en la sección de Cartas al director de EPaís esta:

Querría que alguien nos explicara, a mí y a los millones de españoles que votamos en las últimas elecciones a IU y UPyD, quién y por qué ha decidido “sacar” a estas dos formaciones políticas de los debates electorales y desde cuándo en una democracia se da más valor a una encuesta que al voto depositado en una urna y acreditado con dni. Entendería que se nos diera una respuesta compleja, tratándose de una pregunta tan sencilla. Ahora, resulta más difícil aceptar la callada por respuesta que se nos viene dando en todas partes donde lo preguntamos.— Andrés Trapiello. Candidato de UPyD al Senado.

29 de noviembre de 2015

Elogio de todo lo viejo

 ERA costumbre inveterada de ciertos aristócratas ingleses dar sus zapatos recién hechos a sus criados, a fin de que estos domaran su horma y les dotaran de esa pátina adecuada, noble, que sólo proporciona el uso. Pasado un tiempo, los zapatos, domados, volvían a él. Se publicó hace años una fotografía de Carlos, príncipe de Gales. Aparecía sentado en su sillón preferido, un viejo Chester aculatado y decrépito.  Sólo se entendía aquello como un rasgo del dandismo de su dueño, vestido para la ocasión de una forma impecable .

Podríamos dividir a la gente  en dos grandes grupos, los partidarios de lo viejo y los partidarios de lo nuevo. Aquellos a los que gustan las cosas viejas, y aquellos otros que sólo quieren las nuevas. El fanatismo de lo nuevo llevó a muchos curas, en los años sesenta del siglo pasado, a vender las tallas y tablas góticas de sus iglesias, que sustituyeron por otras modernas, acordes con su interpretación del Concilio Vaticano II. El furor de lo nuevo llevó también a muchos, por esos mismos años, a cambiar sus viejas, grandes y venerables casas, en los cascos viejos de sus ciudades, por chalets sin otra ventaja que una piscina, un trozo de césped y media docena de arbolitos.

Hasta hace unas semanas hubo en la calle Libertad, de Madrid, un negocio de reparación de electrodomésticos. Llevaba abierto no se sabe los años. Era tan angosto que apenas cabían en él dos o tres personas. En los estantes de las paredes se hacinaba toda clase de cafeteras, ventiladores, ollas exprés, aspiradoras, planchas, secadores de pelo y mil objetos más, a menudo  obsoletos y de marcas desaparecidas del mercado hacía medio siglo. No se sabía cómo, los mecánicos se encargaban de conseguir las piezas de recambio, o adaptar otras, y casi siempre proporcionaban a aquellos trastos moribundos otros veinte o treinta años de vida. Quienes llevaban a aquel mechinal sus viejos cacharros eran conscientes de que por muy poco dinero más, podrían acaso tener otro nuevo. ¿Por qué, pues, preferían cargar con su vieja tostadora hasta allí? Sin duda porque a menudo las nuevas son no sólo peores, sino que acabarán averiándose antes que la vieja. Y esto vale también para la ropa. ¿No duraba antes un abrigo toda la vida? Y por supuesto para las patrias. Le pasa a lo nuevo lo que, según Bernardo Soares, le pasa al entusiasmo: es  una ordinariez y cosa de nuevos ricos.

     [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 29 de noviembre de 2015]

28 de noviembre de 2015

En un solo tomo

ACABA de llegar a las librerías este libro, que reúne por primera vez las dos novelas cervantinas con este prólogo.
 * * *
No recuerdo exactamente cuándo fue la primera vez que pensé en escribir una continuación del Quijote, hace ya quince o más años. Sí sé, en cambio, que no se lo dije a nadie, ni a amigos ni a editores, únicamente a mi mujer. Quería que se juzgara esa obra sólo al final, ya escrita. En cuanto a mi mujer, despejadas las primeras dudas acerca de mi salud mental, recuerdo que sólo alguna vez, de tiempo en tiempo, y viéndome trabajar con tanta ilusión en aquella empresa quijotesca, me decía con una vaga inquietud: “¿Estas seguro de lo que vas a hacer? ¿No tienes miedo de lo que puedan decir?”. La verdad es que pocas veces he estado tan seguro de algo y pocas he tenido menos miedo de lo que pudieran decir. Y no tanto porque confiara mucho en mí o tuviese una alta opinión de mis facultades de escritor; en absoluto. No me considero nada especial, pero tampoco he visto a nadie más generoso que Cervantes con aquellos que nos hemos acercado a sus obras de una manera amistosa, y estoy por decir que no he leído, oído o visto jamás ni un solo folleto, artículo, ensayo, poema, teatro, cine, ópera, tebeo, novela o tratado sobre él o sus obras que no contuviera algo valioso, de buena ley, incluso los más torpes y académicos de ellos tienen algo. Yo sabía que a poco que me dejara contagiar de su espíritu todo resultaría fácil, fuesen los resultados mejores o peores.
Sólo un libro me ha dado más satisfacciones, mientras lo escribía y después, que Al morir don Quijote: El final de Sancho y otras suertes. Aún me lo pasé mejor en este, dueño del tono, más libre y sabiendo que el susto que produjo en algunos Al morir don Quijote habría desaparecido.
Al tono me ayudó mucho la traducción del Quijote al castellano actual. La empecé precisamente a la par que Al morir don Quijote y la terminé un año después de acabar El final de Sancho. Ese Quijote traducido tampoco produjo demasiadas polémicas, exceptuando alguna que otra frase: “crimen de lesa literatura”, dijo alguien el mismo día que lo presentábamos en la Residencia de Estudiantes y de una manera a todas luces melodramática. Me supo a poco. Lo cierto es que ni siquiera he sido muy original. Los libros, cuando no se entienden, se traducen, y antes que el Quijote se tradujeron Shakespeare, Dante o Montaigne a sus lenguas modernas correspondientes, y entre nosotros el Poema de Mío Cid, El Libro del buen amor o La Celestina. Y en poemas épicos o novelas, ¿qué decir? ¿No es la Eneida continuación y secuela de la Ilíada?
En estas dos que tienes por primera vez en un solo volumen (fueron concebidas y escritas como dos partes de la misma obra) se cuentan las historias que les sucedieron a todos esos personajes al morir don Quijote, a quien no he tocado yo un pelo en su tumba, quiero decir, ni un hueso, tal y como pidió Cervantes que no se le tocara, al contrario de lo que les ha sucedido a los suyos propios. En lo demás he tratado de hacer las cosas lo más cervantinamente que he podido, sin olvidar nunca que mi propósito y mi deseo fueron desde el principio que después de leer este libro mío volvieras corriendo al Don Quijote de la Mancha, que siempre será el origen.
                                                        

Madrid, 27 de septiembre de 2015

Cubierta de Guillermo Trapiello

22 de noviembre de 2015

Sólo sexo

Cruising es el término inglés que define la actividad de buscar sexo en lugares públicos, como parques, playas o descampados”, define Wikipedia. Cruising cuenta con una aplicación para móvil, igual que Tinder y Gringer, al servicio de quienes buscan relaciones sexuales bajo techado, pero no menos improvisadas. Ayudados por un gps, que favorece en primer lugar la localización de los copulantes, esa actividad se resume en lo que antiguamente se decía, de un modo tosco, “aquí te pillo, aquí te mato”, seguido de un “si te he visto no me acuerdo”.

La publicación de La vida sexual de Catherine M. fue un gran escándalo en Francia hace quince años. Su autora, Catherine Millet, relataba sus relaciones sexuales, copiosísimas y a dos, a tres, a cinco, a quince bandas,  con mujeres, con hombres, con jóvenes, con viejos, con conocidos, con desconocidos, en el parque de Boulogne, en su casa, en una iglesia, en un cementerio... El libro fue, pues, anuncio de lo que hoy está al orden del día. El cruising de Madrid se practica en el Retiro, en la Casa de Campo y en el primer vagón de la línea 1 de metro (no puedo aclarar si es operativo en ambas direcciones o sólo en una), y Tinder y Gringer funcionan en todo el mundo. 

Cuando yo era joven empezó a hablarse de la “relajación de las costumbres”. Incluía esa relajación los besos en público o que las mujeres dejaran de llevar velo en la iglesia. Los más carcas clamaban alarmados y furiosos contra las relaciones prematrimoniales: “¿Pero qué van a dejar entonces para el matrimonio?”. No sé el número de personas que buscan esos contactos fortuitos ni si se trata de algo sociológicamente significativo. Seguramente yo ahora para los partidarios de esa manera de relacionarse seré uno de aquellos viejos carpetovetónicos que nos censuraban por irnos a vivir en pecado con nuestras novias. Pero sé que si al sexo se le quita el amor (que nada tiene que ver ni con clérigos ni con jueces), se le está privando de lo mejor que tiene, por breve que sea la relación. ¿Cómo puede nadie abrazar a quien no ama, y quién querría deshacer ese abrazo, si de verdad está amando? Por eso es cuestión de tiempo que digamos: de aquellos polvos estos lodos. “El sexo, si es bueno, es sucio”, decía Allen, y tiene razón probablemente, pero también es cierto que en el sexo con amor no hay sucio ni limpio, sólo sexo.

    [Publicado en el Magazine de La Vanguardia  el 22 de noviembre de 2015]

15 de noviembre de 2015

Al senado

HOY recoge El País la noticia, y estas fueron mis palabras a Juan José Mateo, periodista que se ocupa hoy de política nacional, y autor durante diez años, en el mismo periódico, de memorables crónicas tenísticas.

"Yo no soy un político ni sé gran cosa de política, pero me honra aparecer de escudero de Savater, un don Quijote en toda regla. Él representa la política ilustrada de Unamuno, Ortega y Azaña. Jamás se arredró ante las embestidas de Eta y de los nacionalistas, y sus tesis se han visto confirmadas: los gerifaltes de Hb llevan seis años en la cárcel y los nacionalistas vascos no quieren oír ni hablar de independencia. ¿Alguien lo ha olvidado? En cuanto a Upyd, es el partido con el que se inició en España la idea de regeneración democrática, la lucha contra la corrupción y la reforma constitucional que hoy llevan en su programa todos los partidos. Por otro lado, a Rosa Díez, acaso la mejor parlamentaria que hemos tenido en España estos años, le han hecho escraches en Madrid y Barcelona los sujetos y sujetas más despreciables, todos ellos en alza y en algunos casos con mando en plaza. Si he decidido dar este pequeño paso, es sólo para eso. Yo ya sé que no voy a ser nunca senador de una cámara cuya disolución pedimos por inoperancia y duplicidad, pero sí puedo recordar a otros que sería una injusticia que Upyd acabara desapareciendo, como tantos parecen propiciar".

Heliotropo

UN día cualquiera, a finales de los años sesenta del pasado siglo, una joven silba, mientras espera en una parada de autobús, unas notas del Tannhaüser. Cerca de donde ella está, otra joven, desconocida, la oye y se acerca a ella silbando una segunda voz. Fue el inicio no sólo de una gran amistad, sino de uno de grandes los grupos (si se puede llamar grupo sólo a dos) del pop español. La primera de aquellas jóvenes, la wagneriana cabría decir, se llamaba Carmen Santonja. La que se acercó silbando, Gloria van Aerseen. Al revés nunca habría tenido lugar esa escena. De haber sido Gloria van Aerseen la que silbaba, Carmen Santonja probablemente no se habría acercado a ella, tal era su timidez. Gloria acaba de morir, Carmen lo hizo hace catorce años.

Aquel fue el germen de Vainica Doble (para entonces Gloria tenía más de treinta años y cuatro hijos), y unos años después, 1974, llegó su primer disco, producido por el poeta  José Manuel Caballero Bonald y con Pepe Nieto como arreglista, Heliotropo. No había ni un solo músico de la movida madrileña, desde Carlos Berlanga al Zurdo o Kikí de Aquí, que no  tuvieran a las Vainica en la mayor consideración por aquel primero y hasta entonces único disco. Todas sus canciones, escritas en estado de gracia, son un portento de finura, suma de letras insólitas, melodías bellísimas y una voz, la de Gloria, que su biógrafo Marcos Blanco Gendre llamó con toda exactitud “mercurial”: “Nadie ha cantado como ella lo hizo. Jamás”. Al conocer la noticia de su muerte, buscamos Heliotropo para despedirnos de ella, de ellas, oyendo algunas de sus canciones, a solas, como cosa nuestra íntima. Y no en un cd sino en el viejo vinilo, por estar más cerca. Y allí, de su puño y letra, nos tropezamos  sendas dedicatorias, una de Gloria y otra de Carmen. Nos dio un vuelco el corazón. ¿Cómo es posible que hubiéramos olvidado algo así? Deben de ser de 1980: “Para Andrés, Miriam y lo que venga”, se lee en la de Carmen. Ha empezado a dar vueltas el disco. Se oyen las “Coplas de un iconoclasta enamorado”, una de las declaraciones de amor más apasionada y fascinante jamás escrita (youtube). Hay algo en la música que hechiza, nada iguala su capacidad de evocación de un tiempo pasado. Nos decimos: 1974, Franco vivía aún y España era bastante siniestra, pero allí estaba Vainica Doble, construyendo la parte más luminosa y risueña de nuestros recuerdos.  

   [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 15 de noviembre de 2015

13 de noviembre de 2015

DQuijote noche, nueva edición

ACABA de llegar a las librerías esta nueva edición de la traducción del Quijote. Se distingue de las que han ido apareciendo desde junio en el formato, algo mayor (se mantienen la encuadernación de tela y el papel semibiblia, pero no el cuerpo de letra, que ha aumentado un poco). 
Esta lleva la primera de las cubiertas que hizo Guillermo Trapiello, que a nosotros nos gustaba mucho también, aunque preferimos la otra, más luminosa. Es una edición limitada (a estas Navidades) y única (no volverá a editarse), pensada para regalo.
Que tenga una vida larga y corta, quiero decir, que se la recuerde siempre y que se agote pronto.


9 de noviembre de 2015

Una carta a JLGM, con réplica

Querido José Luis:

Acabo de ver tu diario del domingo, donde te encebollas por enésima vez con el asunto de mi traducción del Quijote, subiendo el tono con ese "completo disparate" y "poco ducho corrector de estilo". A cualquiera que se le diga que hablas de los pronombres enclíticos, no lo creería.

Que tu nota lleve fecha del 3 de noviembre, pero que se haya publicado el 8, habiendo entremedias un viernes (santo) 6, día de mi intervención en la presentación que tú me pediste que hiciera de tu libro, con lo que allí sucedió, no es sino la confirmación de que no necesitas años para vengarte ni para mentir (o no contar toda la verdad) ni para el pellizco de monja: para dar el cambiazo te bastan a ti un par de días.

Te dije este sábado, respondiendo tu carta, que yo ya te había "perdonado" lo del viernes, que no "olvidado", (como citas (mal) en tu libro, malditas comillas); te lo digo, porque creo que me acordaré siempre de lo bien que me lo pasé esa tarde. ¡Tenemos incluso una grabación del acto!

Sigue bien, cuídate y no cambies por nada del mundo.

Por cierto, te decía hace un par de meses que no sabía si enviarte o no el nuevo tomo del Salón de pasos perdidos. No lo haré y le pediré a los pretextos que no lo hagan tampoco. Sabiendo el mucho gusto que te dará escribir de él, a tenor del aperitivo que anuncia la nota del 3 de noviembre, he pensado que es mejor que cada cual se pague sus propios vicios. Sé que lo entiendes.

No dejes de llamarme si vienes alguna otra vez por aquí. Seguro que para entonces no estaré tan liado como lo estoy estas semanas.

Un abrazo

A.

* * *

EL diario hay que enviarlo días antes al periódico, amigo Andrés (para la ilustración). La nota del viernes corresponde al próximo domingo.

Un abrazo

JLGM

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NO sabes lo tranquilo que me quedo sabiendo que acudías a la presentación con esas finezas tuyas en la cartera, ya preparadas, para darme las gracias por leerme tu libro, idear la presentación, cruzar Madrid en taxi y dedicarte dos horas, una de ellas, casi entera, hablando de alguien cuyo lema, como dije allí, no es el guilleniano "el mundo está bien hecho", sino "yo estoy bien hecho". Esta es una suerte que no se tiene todos los días.
Y si vas a escribir del asunto, atención con las comillas, que sueles usar algo a la ligera. Como aquí hay una grabación, y dos docenas de testigos, no te costará ponerlas bien.

Sigue bien

A.

8 de noviembre de 2015

Trigo limpio

CUANDO usted lea este artículo ya se habrán olvidado las palabras de Antonio Cañizares, arzobispo de Valencia, que lo inspiraron: “Esta invasión de emigrantes, de refugiados [sirios, afganos, armenios, kurdos], ¿es todo trigo limpio o viene con mucha mezcla? Viene con mucha mezcla, y en todo caso, dentro de unos años, dónde quedará Europa? No se puede jugar con la identidad de los pueblos. ¿Vienen solamente porque son perseguidos? Muy pocos vienen perseguidos, muy pocos”.

Tiene razón el señor obispo.   Tampoco sabemos si Cañizares es trigo limpio. ¿Es trigo limpio Cañizares o viene con mucha mezcla? Desde luego en la iglesia católica no todo es trigo limpio. Cada día conocemos nuevos casos de curas a quienes se imputa un exceso de celo con los monaguillos. Esas declaraciones xenófobas del obispo, coincidieron con la divulgación de la historia de Rivesaltes, el campo que acogió a miles de refugiados republicanos españoles de la guerra civil a los que Francia consideró poco menos que bandidos y malhechores. Como es sabido Francia, al acabar la guerra civil española, recluyó en campos a miles de refugiados, a los que su gobierno y un número considerable de franceses trataron de un modo vejatorio y miserable. Ellos se hicieron la misma pregunta: ¿son todos estos republicanos trigo limpio? 

Por supuesto que no. Entre ellos se hallaban quienes habían cometido durante la guerra crímenes atroces, robos, actos execrables de los que jamás darían cuenta, convencidos de que la derrota y el exilio les exoneraba de cualquier responsabilidad moral y penal. Pero lo importante no fueron esos cientos o miles de criminales republicanos (en España quedaban cientos, miles de criminales franquistas, que gozaron de la misma impunidad gracias a la victoria), sino la inmensa mayoría, víctimas inocentes perseguidos por la guerra, la muerte, la barbarie y el hambre. ¿Qué más persecuciones se necesitan? Cuando los obispos empiezan a mostrar su preocupación por la identidad de los pueblos hay que echarse a temblar (o ponerse a rezar). No, señor obispo. El trigo limpio es un mito, como la limpieza de sangre y la identidad de los pueblos, más allá del rh, las jotas que bailen y los rezos que hagan. Lo que caracteriza al ser humano es su dignidad y su derecho a una ciudadanía, algo que, por suerte, no se expende ni en sinagogas, mezquitas o catedrales.

   [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 8 de noviembre de 2015]

2 de noviembre de 2015

Ay, Portugal...

LOS portugueses son tan discretos que incluso para declarar el amor que sienten por su país lo hacen de una manera afligida, delicada: “Ay, Portugal, por qué te quiero tanto...”. En cientos de fados está esta misma idea: ¿qué fatalidad nos lleva a amar un país como este que, desde Alcazarquivir, parece haber ido de derrota en derrota? ¿De dónde le nace esta pena tan profunda que representa como nadie el rey don Sebastián? 

Pocos sentimientos más conmovedores que esa fatalidad que les lleva a una especie de hospitalaria desesperación, cuando tienen que vivir en su país, o a una saudade insalvable cuando han de hacerlo lejos de él. De eso hablan sus fados, eso se preguntan sus íntimos soliloquios: “Ay, Portugal, por qué te quiero tanto...” Si dejaran hacerse portugués en alguna oficina, iría corriendo. No hay vez que no llegue uno a Portugal, que no nos preguntemos: ¿y por qué no nos pareceremos más a los portugueses? ¿Por qué hemos de ser tan ruidosos, folloneros y entusiastas? ¡Con cuánta solicitud hemos visto estos días a taxistas, camareros, comerciantes y hoteleros hablándonos castellano! ¡Cuánta ilusión ponían en hacerlo correctamente! Cuando se les preguntaba dónde habían aprendido a hablarlo tan bien, decían risueños: hablándolo, por el gusto de hacerlo... Así que nos quedábamos un poco abochornados por no saber corresponder en su lengua, tan hermosa, a tantas atenciones espontáneas, movidas a menudo sólo por el deseo de agradar. 

La idea de una federación ibérica, formada por Portugal y España, es antigua, muy anterior incluso a la de la Unión Europea. Desaparecidas hoy las fronteras entre nuestros dos países, sólo quedan un puñado de abandonadas casamatas y dependencias aduaneras en ruinas. Cuando cruza uno la Raya de Portugal, los alcornocales, encinares y olivares que dejamos en Extremadura o en el Alentejo, según el sentido de la marcha, nos confirman que seguimos en un mismo país. ¿El mismo? No, desde luego. El suyo está formado por gentes discretas, silenciosas, generosas, pacientes, y, sí, melancólicas, pero joviales. Algo más pobres, pero mucho más nobles. Han llegado a un punto de refinamiento tal (no en vano están emparentados con Inglaterra y con Oriente) que han hecho suya la enseñanza de Bernardo Soares: “El entusiasmo es una ordinariez”. Lo saben desde hace siglos.

    [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 1 de noviembre de 2015]

26 de octubre de 2015

¿Eres feliz?

¿QUÉ habrán pensado los paraguayos de la encuesta Gallup, según la cual ellos serían, pese a vivir en uno de los países con mayor injusticia, corrupción y desigualdad, los seres más felices de la tierra? ¿Qué pensaremos nosotros? ¿Deberíamos emigrar al Paraguay?

En cuanto se conoció la noticia, muchas gentes trataron de dilucidar algo tan paradójico, aclarando en primer lugar qué se entiende por felicidad y computando los factores que la aumentan o disminuyen. Las conclusiones a las que parecen haber llegado son: a/ no hay una sola clase de felicidad,  b/ es relativa y c/ es circunstancial. Dos de las preguntas que se les hicieron a los paraguayos y que les llevaron a lo alto del pódium fueron estas: “¿Se sintió bien descansado ayer? ¿Fue tratado con respeto durante todo el día ayer?”. Las demás eran parecidas, y para mí casi siempre desconcertantes, porque conozco a personas que descansan mal y son felices y muchos nos sentimos maltratados por los políticos (principalmente aquellos que confunden la política con estar cómodos o ser felices), y pese a ello somos aceptablemente felices. La primera pregunta no tendría, pues, el mismo sentido hacerla en el Puerto de Santa María o en Calcuta, y las respuestas a la segunda serían muy diferentes en Noruega y en Mali.

Este verano el CIS dio a conocer una encuesta sobre el Quijote. Los resultados eran desoladores: ocho de cada diez españoles no lo han leído y de los dos que aseguraban que sí lo habían hecho, sólo un 16% pudo decir el nombre de don Quijote (Alonso Quijano) y menos de un 10 el de Dulcinea (Aldonza Lorenzo). No sé por qué la última pregunta de aquella encuesta era esta: “¿Se siente usted feliz o infeliz?”. Y los resultados eran aún más desalentadores. Sólo un 11% de los españoles se declaraba enteramente feliz, en tanto que más de un 70% se declaraba infeliz, en diversos grados (aunque no creo que fuese por no haber leído el Quijote). ¿Son en verdad los paraguayos tan felices, somos los españoles tan infelices? ¿Tendrán algún valor esas encuestas o serán únicamente parte de estadísticas recreativas? Porque “no, no venimos a ser felices ni desdichados, sino a cumplir con nuestro deber”, decía Nietzsche. Y no porque la felicidad no exista o sea inalcanzable o dañina de algún modo, sino porque a ella sólo se llega, precisamente, cumpliendo con nuestro deber, “dichosos si logramos saber cuál es”.

     [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 25 de octubre de 2015]