8 de noviembre de 2015

Trigo limpio

CUANDO usted lea este artículo ya se habrán olvidado las palabras de Antonio Cañizares, arzobispo de Valencia, que lo inspiraron: “Esta invasión de emigrantes, de refugiados [sirios, afganos, armenios, kurdos], ¿es todo trigo limpio o viene con mucha mezcla? Viene con mucha mezcla, y en todo caso, dentro de unos años, dónde quedará Europa? No se puede jugar con la identidad de los pueblos. ¿Vienen solamente porque son perseguidos? Muy pocos vienen perseguidos, muy pocos”.

Tiene razón el señor obispo.   Tampoco sabemos si Cañizares es trigo limpio. ¿Es trigo limpio Cañizares o viene con mucha mezcla? Desde luego en la iglesia católica no todo es trigo limpio. Cada día conocemos nuevos casos de curas a quienes se imputa un exceso de celo con los monaguillos. Esas declaraciones xenófobas del obispo, coincidieron con la divulgación de la historia de Rivesaltes, el campo que acogió a miles de refugiados republicanos españoles de la guerra civil a los que Francia consideró poco menos que bandidos y malhechores. Como es sabido Francia, al acabar la guerra civil española, recluyó en campos a miles de refugiados, a los que su gobierno y un número considerable de franceses trataron de un modo vejatorio y miserable. Ellos se hicieron la misma pregunta: ¿son todos estos republicanos trigo limpio? 

Por supuesto que no. Entre ellos se hallaban quienes habían cometido durante la guerra crímenes atroces, robos, actos execrables de los que jamás darían cuenta, convencidos de que la derrota y el exilio les exoneraba de cualquier responsabilidad moral y penal. Pero lo importante no fueron esos cientos o miles de criminales republicanos (en España quedaban cientos, miles de criminales franquistas, que gozaron de la misma impunidad gracias a la victoria), sino la inmensa mayoría, víctimas inocentes perseguidos por la guerra, la muerte, la barbarie y el hambre. ¿Qué más persecuciones se necesitan? Cuando los obispos empiezan a mostrar su preocupación por la identidad de los pueblos hay que echarse a temblar (o ponerse a rezar). No, señor obispo. El trigo limpio es un mito, como la limpieza de sangre y la identidad de los pueblos, más allá del rh, las jotas que bailen y los rezos que hagan. Lo que caracteriza al ser humano es su dignidad y su derecho a una ciudadanía, algo que, por suerte, no se expende ni en sinagogas, mezquitas o catedrales.

   [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 8 de noviembre de 2015]

3 comentarios:

  1. Cuidado con el OPUS y las finanzas, a quien se le ocurre poner a uno del OPUS a controlar los dineros, dicen que le dieron el cargo por su cara bonita. El caso es que este curón español está en las mazmorras del Vaticano, y también está implicada una joven, que no descartó sea su novia. Vamos que el del Opus aparte de escaldado puede acabar excomulgado, no creo llegue a cumplir pero le han puesto el cartel de traidor.
    La iglesia dicen que se ha quedado y posteriormente especulado, con dudosos testamentos y donaciones populares que cambiaron de destino.

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  2. A menudo da la impresión de que la Iglesia está (se sitúa ella misma) justo en el sitio opuesto, o sea, en las antípodas de donde debería estar.

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  3. Hay dos realidades simultáneas: tan cierto es que las palabras del obispo son de una inoportunidad y torpeza imperdonables, como el hecho de que no poca cizaña se está colando entre el muchísimo trigo limpio de los pobres refugiados.
    Otras simultaneidades son, por ejemplo, advertir que el tema iglesia es un estribillo más recurrente que nunca cuando se acercan las elecciones, y la constatación de que quienes más abominan de ella son, al mismo tiempo, los que más se preocupan de estar atentos a sus errores. Debe ser que hasta lo divino excita tango como lo humano. El día que sepamos criticar con igual ecuanimidad a todas las organizaciones nos habremos hecho un poco mejores, tanto como leyendo el Quijote con sosiego

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