21 juillet 2018

Elogio de JMBonet

LA destitución de Juan Manuel Bonet, director del Instituto Cervantes, es la prueba del carácter sectario de cierta izquierda cultural española y desde luego de este Partido Socialista, que ha llegado al poder de la forma que conocemos y después de mentir sobre la convocatoria de elecciones generales. Nadie, absolutamente nadie, ha podido negar estos dos hechos: Bonet ha sido un gran director del Cervantes, acaso uno de los mejores, y su gestión, lo mismo que al frente del Ivam, del Reina Sofía o del Cervantes de París, ha sido un modelo de solvente pluralismo y tolerancia. Y se comprende que los entrantes no hayan querido ni siquiera agradecerle públicamente los servicios prestados para no tener que reconocer su incuestionable competencia y la altura a la que ha dejado el listón. ¿Por qué le han cesado, pues? Porque la izquierda narcisista ha tendido a creerse culturalmente superior, haciendo gala de su supremacismo sin el menor fundamento, tal y como sucedió durante tantos años al imponer la posverdad (avant la lettre) de que, durante la guerra civil, los mejores  escritores se sumaron al Frente Popular.
No quieren intelectuales libres, independientes y ecuánimes. Los quieren de partido, obedientes, disciplinados (el primer cometido del actual Cervantes será llevar a cabo lo que Sánchez anunció cuarentaiocho horas antes de la renovación del Instituto: poner el catalán y el eusquera al mismo nivel que el castellano, tal y como probablemente le habrán exigido sus nuevos socios de gobierno, bildutarras y bildutorras). 
Ni siquiera  han tenido el decoro o el cinismo de velar sus propósitos, y se ha sabido que la vicepresidenta Carmen Calvo estaba detrás de esa destitución. ¿Qué razones ha dado? Bonet podía haber seguido al frente del Cervantes tal y como han hecho los directores del Reina o del Prado en los sucesivos cambios de gobierno, siguiendo la llamada política de buenas prácticas. El actual ministro de Cultura, siguió al frente del Reina Sofia cuatro años, con el gobierno Aznar, y lo hizo sin que le temblaran ni su conciencia política ni la vergüenza torera (no es un buen ejemplo, porque este ministro aborrece lo taurino). De modo que todo se asemeja, una vez más, al penoso "quítate tú para ponerme yo" y a la vuelta a las malas prácticas.
A Bonet apenas le han dejado tiempo para desarrollar su programa. En apenas un año había cambiado los aires de una institución anquilosada y montado unas cuantas exposiciones modélicas,  como suyas, entre ellas las de Aub, Barea y Leopoldo de Luis. Eran expresión de su talante, el suyo sí de hombre moderado, dialogante e integrador, que jamás ha tenido en cuenta, ni en sus proyectos personales ni en los públicos, si los creadores, escritores o artistas fueron o no de izquierdas o de derechas, ni cuáles fueron sus ideas políticas. Raramente se ha visto nada parecido cuando la izquierda ha llegado al poder, al menos en cultura; su sectarismo se lo estorba.
De momento este cambio innecesario (innecesario porque Bonet era un gran director y la institución funcionaba como nunca) prescinde de una persona de la que hoy sólo cabe repetir algunos de los elogios que llenan las redes sociales. Un sabio, un gestor inteligente y trabajador infatigable, "el mejor cartógrafo de la cultura contemporánea", generoso y desinteresado, y un hombre bueno en el sentido machadiano de la palabra. ¿Por qué Carmen Calvo ha prescindido de él? Dicen que la cara es el espejo del alma, pero debiera darnos, además, las otras, las verdaderas razones por las que lo ha cesado, si se atreve.

16 juillet 2018

Antes de la función

EL ingenio mal traído, o sea, alambicado o recalentado, carga. Sólo se hace tolerable cuando no es contrario a la naturalidad. Stendhal lo detestaba incluso más que la retórica (ya saben, decir corcel por caballo), porque era francés y en Francia el ingenio es como la mantequilla: todo se guisa con él. “¿Te consideras un hombre inteligente?” es una de las preguntas de cierto “cuestionario Bolaño”, bastante tonto, enviado a varios escritores, y publicado ahora en libro, Escritores al desnudo, junto a las respuestas del clásico “cuestionario Proust”. “¿Comparado con quién?”, responde Savater, quien antes, a la pregunta “¿Qué le impulsa a levantarse por las mañanas?”, había respondido a la altura de Oscar Wilde: “La llegada de la asistenta”.

Si al ingenio se le ven las costuras, es insufrible, pedante o banal. O sea frío. Por el contrario, es impagable cuando no renuncia a cierta intimidad. “¿Cómo le gustaría morir?”. “No me gustaría morir”, responde Juan Bonilla. Y a la pregunta “Si tuvieras que matar a alguien, si no tuvieras otra opción, ¿a quién matarías”, Savater respondió: “¿Vale suicidarse? Así los mato a todos”. En siete palabras todo un tratado de filosofía moral.

Junto a ese libro se ha publicado uno de aforismos de Ramón Eder, Palmeras solitarias. En él los hay admirables. “El buen aforismo es el que dice más de lo que parece, no el que parece que dice más de lo que dice”, nos advierte desde el principio. Y podríamos añadir: y si no te arranca una sonrisa al momento, como una película de Chaplin, malo, y si resulta ingenioso, peor, porque el buen aforista huye del ingenio del mismo modo que el petimetre recurre a él: “Cuanto más conozco a los hombres, más me gustan las mujeres”... Me acordé de Pavese: “La mujer es un hombre de acción”. Sigue uno leyendo y marcando con un lápiz algunos: “Sin ilusiones no se puede vivir sin tristeza...” Y se queda uno pensativo hasta caer en la cuenta: lo que salva al ingenio, ese que tanto detestaba Stendhal, es que al bueno no se le nota que sea ingenio. “Qué elegante vas hoy”, le dijo Alfonso XIII al marqués de Vilallonga. “¿Sí? Pues si el señor lo ha notado, no debo de ir tan elegante”. El ingenioso, como el falso dandy, es presuntuoso, sólo espera que se levante el telón, y saludar. Y antes de la función, claro.

   [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 15 de julio de 2018]

12 juillet 2018

Puigdemont extraditado

ALEMANIA decide extraditar a Puigdemont sólo por malversación. Al Capone cumplió condena únicamente por evasión de impuestos. Pero todos sabían.

8 juillet 2018

Listados

ME gustan los listados, como a todo el mundo. Basta que le pregunten a uno qué diez películas, qué tres ciudades, qué cinco músicos son sus preferidos, para que repase mentalmente todas las películas que ha visto, todas las ciudades en las que ha estado o todos los músicos para tratar de ser lo más justo con ellos y consigo mismo, consciente de que la elección dirá de él tanto como de aquello que ha elegido. Esta clase de ejercicio de sinceridad tiene únicamente un valor personal. Lo malo es cuando se juntan las desideratas de varias personas y se trata de deducir de la suma de todas algo parecido a una norma. Acaba de suceder una vez más. Un periódico ha publicado “los cien libros de la literatura universal”, tras preguntarle a medio centenar de escritorxs españoles, que han elegido cada uno diez, quinientos en total.

Hay, claro, de todo: desde el que enumera obras maestras absolutas a ese al que se refería con mucha gracia Cocteau: “La gran escultura del Louvre no es la Victoria de Samotracia, para nada, sino una del periodo helenístico, que está en la sala XXI del sótano, la de la columna no, la otra, la que está detrás... ¡Esa sí que es una maravilla!”.  Entre los veinte primeros libros no hay sorpresa, pero no deja de causar extrañeza ver juntos La Ilíada y Madame Bovary o libros que se han leído una sola vez, o ninguna (Gilgamesh, Ulises, De rerum natura, La Divina Comedia, Cantar de los nibelungos), junto a otros de lectura reiterada, como el Quijote.

Como la humildad es hoy una virtud muy celebrada (por políticos de izquierda principalmente), decidí puntear con lápices de colores estas categorías: libros que he leído, que no he leído, que he leído pero de los que no recuerdo nada, que me gustaría volver a leer, que he leído a medias y que no pienso leer nunca. Pero se ve que no es uno del todo humilde ni, ay, ya ni siquiera dialogante, porque abandoné el conteo al tropezarme con La metafísica de Aristóteles justo detrás de los poemas de Carver. Me dije, me harían falta tres vidas para leer esos dos libros y en ese orden. Y entonces me acordé de JRJ, quien no figura por cierto en esa lista (como tampoco Balzac, Baroja ni tantos). Decía: “Para leer muchos libros, comprar pocos”. Yo incluso leo más desde que empecé a vender hace años muchos de los míos al librero de viejo.

    [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 8 de julio de 2018[]

1 juillet 2018

De intrigas y por entregas

NADIE sabe si cuando se publiquen estas líneas, o sea, dentro de unas semanas, seguirá o no en su puesto el nuevo presidente de gobierno, elegido para el cargo hace siete días. Nadie piense tampoco que trata uno de desdeñar su inesperado golpe de mano para hacerse con el poder, tras un birlibirloque que ha dejado  atónitos a la inmensa mayoría de los españoles, incluidos muchos de sus partidarios. Al contrario, al margen de lo que dure en el cargo y de los logros o fracasos por los que será recordado u olvidado en el futuro, lo sucedido a él tiene ya tanto interés como lo que pueda sucedernos a nosotros.

Me digo: he ahí un hombre  del que se piensa que su ambición es muy superior a su inteligencia y del que todos se han reído, incluidos muchos de los que hoy se dirán amigos suyos. Ahí lo tenemos, donde quería él estar. Su empeño y una carambola a siete bandas le han llevado de la irrelevancia a la  notoriedad, el poder y los libros de historia, y en cambio el hombre al que ha desalojado de la Moncloa, que se prometía dos años más de majestuoso crucero en un lujoso Titanic, se ha visto desposeído de él de una manera inesperada e ignominiosa. Sólo  ha sido capaz de soltar, entre sollozos, cuando ya todo era inevitable: “¡Pero está entrando por la puerta de atrás!”. Y era cierto, sólo que la puerta de atrás ha sido también por la que él ha salido de la notoriedad, el poder y los libros de historia.

Qué extraña es la vida. “La fortuna sonríe a los audaces”. La primera vez que oí estas palabras fue a un viejo maestro de escuela, y mucho antes de saber yo que pertenecieran a la Eneida. Por la vida que llevaba y por su aspecto, no parecía que la fortuna hubiera sonreído mucho a aquel anciano. Tampoco se imagina uno al nuevo presidente citando a Virgilio, ni creyendo que lo que le ha sucedido sea cosa de la suerte. Pensará que debe su fortuna a su tenacidad e inteligencia, y así lo pensaría también en su día el cesante, como pensará este ahora que su desgracia  se ha debido únicamente a odios y felonías, lo mismo que pensará el nuevo cuando le llegue su Bruto, quién sabe si dentro de unas semanas. Nadie conoce lo que le tiene deparado el destino, y la vida va tan deprisa que  acaba pareciéndose a un folletín de intrigas por entregas, escrito por un loco, un imbécil o un cínico.

   [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 30 de junio de 2018]