4 de junio de 2016

En astillero


Ilustración de Eva Vázquez

Va a hacer cosa de un año que se publicó la traducción del Quijote al castellano actual. Tres meses antes, hablando de ello con Francisco Rico, de cuya edición me había servido para la mía, me preguntó: “¿Cómo has traducido astillero?”. Él sabe bien que es una palabra difícil de traducir. “Estante en que ponen las lanzas, adorno de la casa de un hidalgo, en el patio o soportal”, se lee en el Tesoro de Covarrubias. Le dije la verdad: aún no me había decidido. Durante catorce años lo había intentado al menos de unas veinte maneras diferentes y aproximadas, que dejaban bastante que desear. Me sugirió que pusiera «de los de lanza en su astillero»: le parecía una manera de conservar la palabra original aludiendo a algo directamente relacionado con las lanzas. Por su significación y relevancia y sabiendo que algunos la examinarían con lupa (al fin y al cabo aparece en la primera frase del Quijote, que nos sabemos todos: “En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor”), quería uno afinar lo más posible.
La palabra significa hoy otra cosa y la expresión en astillero parece un tanto oscura en una frase en la que todo resulta claro, “adarga antigua, rocín flaco, galgo corredor”… No sé, resulta vacía y redundante. ¿Dónde, si no, se van a poner las lanzas? Lo más extraño es que tanto la palabra como la expresión en astillero sólo aparezcan en Cervantes y en ese libro. En mi traducción quedó como “de los de lanza ya olvidada”.
Para los grandes anotadores del Quijote, desde Clemencín y Rodríguez Marín al propio Rico, la palabra astillero significa lo que dice Covarrubias, donde se guardan las lanzas, arrinconadas, en la reserva, olvidadas... Estos detalles tienen su importancia, pues del significado de una sola palabra dependería la interpretación de fondo, literaria y filosófica, de nuestro libro más importante: don Quijote habría combatido las injusticias del presente con armas del pasado, grotescas y “mohosas”, poniendo así de relieve lo desigual y meritorio de sus combates.
Hace dos meses conté en una conferencia en Sevilla mis tribulaciones al traducir esa expresión. Cuando terminé, se acercó a mí un hombre discreto en el sentido cervantino, que se presentó con un nombre en verdad galdosiano, José Cabello. Fue él, archivero de La Puebla de Cazalla, pesquisando unos legajos, quien se tropezó con la firma de Miguel de Cervantes en un documento que le acreditaba a este como comisario de abastos. Bajando la voz, para que no nos oyera nadie por si me molestaba que pudieran escucharlo otros, me dijo que quizá todo lo que había dicho yo de la expresión en astillero podría estar equivocado: acababa de encontrar él en el Archivo de Indias un documento, 1595, en el que se decía que cierta cantidad de harina “estaba en astillero”. A falta de algunas comprobaciones, creía que Cervantes habría oído esa expresión, “harina en astillero”, en su reiterado trato con molineros y harineros, significando una harina que quedaba lista para ser utilizada. Acababa José Cabello de levantar una liebre más grande que la que agarra Sancho y que tanto mosqueó a don Quijote.
Un vuelo entre Madrid y Santiago de Chile da para leer el Quijote. Yo me contenté con Miguel de Cervantes: los años de Argel, el libro de Isabel Soler que comenta de una forma casi novelesca la Información de Argel, en la que el alférez Luis de Pedrosa, hablando de una de las intentonas de fuga de Cervantes, dice que el negocio (comprar una fragata para la huida) fue bien y “se puso en astilleros”.
Al llegar a Santiago José Manuel Lucía Mejías, autor él mismo de una excelente biografía de Cervantes, se ofreció con su portátil a hacer de piloto por los fondos que tiene colgados en la Red la Rae. Aparece la expresión en numerosos textos. Suárez de Figueroa, en El pasajero, de 1616, le dice a alguien que “tenéis ya vuestro libro en astillero”, y en La garduña de Sevilla, 1646, Castillo Solórzano habla de quien tenía puesta “en astillero la destilación para que la hiciese el licenciado”… Fue una de esas ocasiones en las que esta justificado decir: “Hmmm...”. Además, si Covarrubias (que sólo menciona astillero como sinónimo de lancera) no se ocupa de la expresión, sí lo hace Gonzalo Correas en su Vocabulario de refranes y frases proverbiales, 1626: “Estar en astillero: lo que no está en perfección, como las naves acabadas de fabricar de madera, sin haberlas acabado de adornar”. ¿Podría extrapolarse esto a cuanto le queda poco para alcanzar su ser?
Además, ¿para qué demonios iba a querer Alonso Quijano todo un astillero para una sola lanza? ¿No le habría bastado con dejarla detrás de la puerta?: “Una lanza tras la puerta, un rocín en el establo, una adarga en la cámara…” dice del “hidalgo en la aldea” en su Menosprecio de corte y alabanza de aldea Antonio de Guevara.
Sí, “de los de lanza en astillero” no sería de los de lanza ya olvidada, sino todo lo contrario, de los de lanza casi lista para ser usada. Don Quijote había madurado tanto ya su locura, que le faltaba poco para hacer su primera salida, ansioso como estaba ya de embrazar la adarga y echar mano de su lanza para arrostrar su descomunal empresa. En realidad, escribiendo Cervantes que don Quijote era de los de lanza en astillero, nos está diciendo tal vez que Alonso Quijano era a la sazón un “caballero en astillero”, o sea, a punto de serlo. Por cierto, en la primera edición del Diccionario de Autoridades, 1726, tampoco se recoge astillero ni la expresión en astillero, aunque sí en la segunda, 1770, pero acaso sólo en atención al Quijote.
¿Qué hacer? Se imponía consultar con Pedro Álvarez de Miranda. Es Álvarez de Miranda el lexicólogo que más sabe de estos asuntos. Acaba de publicar un libro, prodigio de erudición y amenidad, que lleva por título precisamente el de Más que palabras. “No encuentro ningún otro texto en que astillero signifique 'percha o estante para astas o lanzas', lo que es algo extraño”, corrobora. No obstante, “desmontar más de dos siglos de anotaciones del Quijote exigiría una demostración demoledora, de meridiana claridad, inobjetable”, concluye, y la autoridad de Covarrubias le parece “casi inapelable” en ese caso. Y sin embargo… Sin embargo la expresión sigue siendo opaca, nadie, excepto Cervantes, usa la palabra astillero en el sentido que él le da ni la expresión lanza en astillero, y si Covarrubias es mucho, Correas no es manco… Y siendo la expresión estar en astillero o quedar en astillero de uso corriente cabría pensar que Cervantes pusiese en la suya dos sentidos, como si dijera: "de los de lanza en astillero, y nunca mejor dicho", o sea, una lanza que espera en su astillero a ser usada ya.
Por todo ello sugiero a los que tengan ese Quijote que anoten a lápiz en su ejemplar, como he hecho yo en el mío, junto a “de los de lanza ya olvidada”, un “de los de lanza casi a punto” o “de los de lanza ya en capilla”. Incluso, por darle la razón a Rico (lo que más le gusta), “de los de lanza en su lancera”. O mejor: “de los de lanza a punto en su lancera”. Es, diríamos, la solución baciyelmo aplicada a la filología, pues en estas indagaciones que quedan de momento en astillero lo importante es no hacer el ridículo.

   [Publicado en  El País el 4 de junio de 2016]









9 comentarios:

  1. Al hilo de la información que aporta, y teniendo en cuenta primero la cita de Correas y segundo el hecho de que Cervantes hubiera sido un soldado (y los soldados al hablar de armas tienden a la precisión); además de constatar que en todas las guerras y ejércitos hay armas de primera y de segunda, sería posible sugerir que "lanza en astillero" sería un tecnicismo para denotar lanzas malas (por usar una locución actual: algo comprado "en los chinos") (y podemos estar casi seguros de que Cervantes tendría conocimiento de la calidad de las armas y que en su experiencia algún arma de inferior calidad tendría que haber conocido; armas que para un soldado se entienden como una cuasi condena a muerte). Podría encajar en el mismo sentido que "adarga antigua" (vg: arma de inferior calidad).
    Guillermo S. Kurtz

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  2. Jose maria Pereda, uno de los grandes, dijo:
    Los astillerenses no parecen nacidos
    de madre como toda descendencia
    de Adan, si no construidos en roble
    en las gradas de su astillero.
    Ya en 1581 Felipe II, nombro departamento maritimo lo que hoy es una pequeña ciudad.
    " lanza en Astillero": es una lanza hecha en roble pero reforzada con elementos ferricos.no hay mas historia.
    Para que exista un Astillero no solo se necesita un taller de construcion, se necesita bosques de robles y minas de hierro ( en este caso las minas de Cabarceno), pero con la construcion de galeones armados se necesitaba fundir hierro y construir cañones ( este proceso se hizo en La Cavada y Lierganes), aparte de reforzar el casco de los galeones para que hicieran viajes transoceanicos)
    El galeon de Gravina se hizo en el Astillero, el Astillero tambien trabaja en adecuaciones de las naves.
    El astillerense mas ilustre es la leyenda del futbol Paco Gento ( nacido en Boo de Guarnizo, EL Astillero), pero su mayor orgullo es La trainera de Astillero que domino las regatas del Cantabrico, ganando campeonatos de España, de Cantabria , la liga de primera y varias banderas de la Concha.
    Hay un dicho popular: fulanito es mas de Boo que de Guarnizo, cuando dudas de las intenciones del fulano.

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  3. Yo, desde mi más profunda ignorancia en asuntos lingüísticos, siempre interpreté "en astillero", como preparada para ser usada. Haciendo un símil, tener una respuesta"en astillero", sería válido como sinónimo de "en la recámara", "lista, preparada, a mano"

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  4. Yo siempre había entendido por “lanza en astillero”, el arma presta para ser usada. Aunque en la edición de Rico se diga que está “arrinconada u olvidada” yo siempre sospeché lo contrario porque, habiendo perdido el juicio, admiraba a los caballeros fantásticos como el de la Ardiente Espada y él quería imitarlos, como así se propuso.
    El otro día viendo videos sobre bibliotecas particulares, un periodista confesó tener una edición en la cual se decía: “… de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y ALGO corredor”. Una conmovedora errata que otorga al pobre caballo la cualidad de que, al menos, podía darse unos trotes.
    Ricardo Torres.

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  5. Para el mundo en general puede que sea una bagatela, pero para los "lletraferits" el descubrimiento es una conmoción importante. Hemos vivido décadas anclados en el astil y tendremos que cambiar, si todo se confirma, la lanza arrumbada por la lanza preparada y dispuesta. Y todo gracias a personas como José Cabello, que no dejan ostugo sin escudriñar.
    Bienvenido sea el cambio, si nos acerca a la mente de Miguel de Cervantes.

    Horacio Céspedes

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    1. “OSTUGO
      Del lat. vulg. “festūcum”, 'brizna'.
      1. m. rincón.
      2. m. coloq. pizca.”

      Sabiendo e ignorándolo todo entre todos, de sabe Dios qué cabeza José Cabellos todos.

      “… todas esas verdades que vienen a minar la idea que podríamos tener de una verdad única.

      ―Son hormigas ―pensaba yo― cavando, imperturbables, sus agujeros.”

      EDMOND JABÈS (1912-1991).

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  6. Yo, pobrecito de mí, no he conseguido hilar una opinión firme. Cierto es que ayer, sábado, durante un buen tranco me dediqué a pensar/reflexionar sobre el artículo y las consecuencias que tiene la variable léxica sobre la totalidad de la obra. COn todo, me ha resulatod gratificante y la propuesta me ha alegrado el sábado al tiempo que recuperaba cierta fe en la prensa diaria: capaz, incluso, de elevarse sobre el vulgar barullo politiqueto. Andrés, te sales. Un saludo

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  7. El astil es el mango de madera de una herramienta de trabajo o el cuerpo de madera de una flecha o una lanza .Una flecha se compondría de un astil al que se le engarza la punta y la pluma.
    Una lanza de caza es una jabalina, la del Quijote era de duelo y muy desvencijada, sin protección en la empuñadura y puede que sin punta
    El que hace astiles es un astilero, de astillero a astilero sólo hay una l, pero hablamos de madera.
    Poética ilustración, hace 100 años murió Darío, evoca a Klee

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  8. Francisco Javier Jiménez5 de junio de 2016, 23:15

    Andrés, su artículo es precioso. En mi ejemplar de su Quijote, puesto en español de hoy, ya he anotado, a lápiz, esa sugerencia suya para la vieja "lanza en astillero". Me doy cuenta, una vez más, de la gran verdad de su trabajo, por la delicadeza con que esta vez nos invita a mejorar la edición, volviéndola un texto cambiante para todo el que regrese a él, procurando acercarse a su mejor decir sin estropear la finísima página en que se edita. Y así en sucesivos retoques, contando con la diligencia de los discretos lectores, en todos esos libros río.

    La misma delicadeza de sus dedicatorias, efectivamente, hechas por Vd. a lápiz, en la fatigosa caseta del Retiro, que le agradezco cordialmente. Le doy las gracias también por sus entregas del Salón, pues por la palabra lo hacen todo más llevadero. (Y yo me entiendo, aunque no sepa explicarlo aquí.)


    Atentamente,

    Francisco Javier Jiménez



    P. S.: Espero que la "versión" del preste alcarreño Ignacio Calvo, al hojearla alguna vez, le lleven al ánimo un esbozo de sonrisa. Es una versión menor, un puro divertimento, pero a su modo la creo un algo cervantina, pues está hecha con el desenfado de los
    latines torcidos, las gracias y los donaires para los amigos.


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