5 de septiembre de 2016

El nombre de las calles (y 2)

SE decía en la primera parte de este artículo que ante el cambio de nombre de algunas calles de Madrid nadie había protestado. Pues no. Hubo gentes a favor y en contra.  Los caballeros legionarios, sus amigos y parientes (un colectivo que según ellos agrupa a ¡“cien mil personas”!) dirigieron un suplicatorio a la alcaldesa para que no se le quitara el nombre a la de Millán Astray, uno de esos personajes que hacían las delicias de Valle Inclán cuando este buscaba modelos para sus esperpentos. ¿Y qué razones aducían estos cien mil hijos de la Legión? El papel secundario de Millán Astray en el levantamiento militar y en la guerra; el haber fundado él una institución ejemplar, cuya marcha nupcial es bien conocida (“Soy el novio de la muerte, mi más fiel compañera”, etc.); el no haber disparado su grito (“Viva la muerte! ¡Muera la inteligencia”) contra Unamuno, como sabemos, sino a otro de los catedráticos presentes, Francisco Granados, cosa mucho más justificada; y, en fin, por el “valor militar” de alguien a quien describen como un intelectual que hablaba francés y era socio del Ateneo, o sea, un liberal. Sólo les faltó añadir que era un pacifista, ya que sus campañas en las guerras coloniales del Norte de África, con las que hizo carrera, se resolvieron casi siempre en derrotas, y cuando fueron victoriosas no sirvieron para nada. Pese a ello, hay cien mil personas en España que considerarán una gran injusticia despojarle de su calle.

Y en parte tienen razón. Si no se la hubieran dado, ahora no se la quitarían. A la mayoría de los que tienen una, a los cien años les viene grande. Por eso le gustan a uno tanto los nombres  antiguos de las calles. Hablábamos de la del Desengaño. Otra de mis preferidas, en Madrid, es la Costanilla de los Desamparados, a dos pasos de donde vivió y murió el desamparado Miguel de Cervantes. O la del Barquillo, donde estuvo en tiempo la casa de Tócame Roque; o la de Válgame Dios, tan machadiana... Parece que aquella manera poética de poner nombres a las calles, no volverá. Sea. Pero hagamos de ellas al menos espejo de la ejemplaridad, y confiemos en que dentro de un siglo, cuando nadie recuerde ya a Millán Astray, alguien agradezca vivir en la Avenida de la Inteligencia o en la de los Cuatro Vientos, como también se llamaba originalmente esa calle, nombre mágico donde los haya.

   [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 4 de septiembre de 2016]

13 comentarios:

  1. Y la calle Melancolía. Y la calle de la Amargura. Y el bulevar de los Sueños Rotos. Pero también el barrio de la Alegría. Y, sobre todo, no se me olviden de la muy cómica Rue del Percebe.

    ResponderEliminar
  2. Enrique Moral, el concejal socialista de cultura que presidió el pleno de enero de 1980 en el que se aprobó el cambio de nombre de 27 calles explica los motivos de la iniciativa: “Nuestra propuesta no era una vendeta. Con perspectiva, pienso que nuestro criterio fue muy razonable”. ¿Por qué solo incluyeron aquellas 27 calles? “Una lista de todas aquellas que tengan algún tipo de relación con el régimen sería casi interminable. Elegimos las 27 más características, con una vinculación más directa con el franquismo y que, además, estaban enclavadas en los ejes fundamentales de la ciudad”.
    Encontramos tan convincentes estas palabras de Moral como el hecho de aprovechar aquella época de estreno de la democracia para sanar el escozor de viejas ampollas, máxime tratándose de personajes tan directamente implicados con la guerra civil. No obstante, resulta curioso que alguien tan destacado como Yagüe se salvara de aquella piqueta. Tan curioso como homenajear ahora torpemente al Teniente Castillo, cuyo único mérito fue ser asesinado en vísperas de la sublevación franquista, igual que otros cuyo nombre, en cambio, se ignora. ¿Cambio de sombras?
    Por cierto, hablando de Yagüe, estudios recientes (excluyo a Pío Moa) niegan que la cifra de los apiolados en su terrible carnicería en Badajoz alcanzara la cifra de cuatro mil que a los cuatro vientos propagó por aquel entonces el sensacionalista y frívolo reportero Jay Allen. Que la República ganó la guerra de la propaganda tampoco lo discute ya nadie. Y parece que la partida continúa.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Copio aquí lo que respecto al tema de Badajoz y Jay Allen dice el historiador Francisco Espinosa:

      "Allen, aunque yerre en detalles de segundo orden, no sólo da noticia de la huida de Puigdengolas, del intento falangista de acabar con la vida del gobernador civil Granados, del fatal destino de diversos dirigentes civiles y militares pacenses, del asesinato de los hermanos Pla o del saqueo a que fue sometida la ciudad, sino que confirma la matanza inmediata de cientos de personas, el uso de la plaza de toros como uno de los escenarios de la masacre, la persistencia de la represión tras la marcha de la columna de la muerte y, muy importante por el momento en que fue hecha la denuncia, el inadmisible trato dado por el Gobierno portugués a cientos de refugiados, entregados de inmediato a los fascistas de Badajoz y, por tanto, a una muerte segura.

      Habrá -hay a estas alturas- quienes insistan en negar cualquier validez al testimonio de Allen, pero parece conveniente traer en su ayuda al terrateniente y ganadero salmantino Lisardo Sánchez, uno de los mayores propietarios de Badajoz. Muy preocupado por el destino de sus hijos y de sus propiedades se dirigió a la ciudad extremeña el mismo día 15 de agosto, en cuanto tuvo noticia de su ocupación, y permaneció allí varios días moviéndose por la ciudad sin cortapisa alguna. En sus escritos contó sin problemas que los bombardeos sufridos por la ciudad desde el día 7 habían sido tan intensos «que en casi todas las calles de Badajoz habían caído bombas». ¡Pero cómo ha quedado Badajoz!, escribió. Además añadió: «Es algo horrible ver a los muertos a montones por la calles. Tres días han tardado tres camiones en limpiar las calles de cadáveres, a pesar de colocarlos en posición vertical para poder transportar más al cementerio, donde eran quemados en imponentes montones». Tres camiones llevando muertos al cementerio durante tres días ¿Cuántas pilas de cadáveres como las que filmó Brut llegaron a formarse entre el 15 y el 17? Menos mal que en este caso la visión dantesca de una ciudad fantasmal sembrada de horror y muerte por los africanistas no vino del comunista Neves o del amigo y defensor de la República que fue Jay Allen".

      Tenga cuidado JC, no vaya a ser que, con la excusa de "excluir a Pío Moa", excluya de paso también la realidad. Que Jay Allen fuese "sensacionalista y frívolo" es una opinión que sin duda Pío Moa aprobaría. No es esa la opinión del propio Espinosa, del Instituto Cervantes (que en sus páginas acoge repetidamente datos suyos, y los comenta favorablemente), y de mucha otra gente que podría citarle. Lo importante no es quién ganara la "guerra de la propaganda"; que ya han pasado tres cuartos de siglo, oiga. Lo importante es la realidad. Y en Badajoz (como en Málaga, como en Figueras o Guernica, como en tantos otros sitios) se cometió una atrocidad y un horror, por parte de los "nacionales". Y eso no es propaganda: son hechos, tristísimos hechos.

      Eliminar
    2. Observando lo informadísimo de su comentario, polemizaría con usted sobre las palabras que Allen dirigió a Louis Fischer referentes a lo contemplado con horror en plaza de toros de Badajoz: "Vi la arena cubierta por una capa de quince centímetros de espesor de sangre humana negra y reseca...". No sigo, me recuerda a las crónicas del antiguo Pueblo.
      Además ni tenemos derecho a aburrir a este respetable foro con el campeonato de atrocidades ni es correcto por parte de usted irrumpir a pelear con las gafas de sol puestas.
      Como siempre, quien discrepa con la izquierda recibe alusiones infantiles enrabietadas. Lo peor ese ese "oiga" que me dedica desde el embozo, eco inconsciente de la oratoria rajoyana. Y hablando del corruzzzto, de momento me sigo bañando en su playa del Silgar, con algunas algas estos días de mareas vivas, pero nunca tan sucias sus aguas como las de la charca verde.

      Eliminar
    3. Curioso... afea Vd. cosas a su interlocutor que bien podría afearse a sí mismo: "ni tenemos derecho a aburrir", pues Vd. lo hace bastante a menudo, empezando por su comentario inicial; "ni es correcto por parte de usted irrumpir", ¿pero no es eso lo que generalmente Vd. hace?; "alusiones infantiles enrabietadas", pues yo veo una réplica con fundamento, independientemente de estar o no de acuerdo con ella; etc.
      Hágaselo ver, no dé más la tabarra, por favor, don JC.

      Eliminar
    4. Sólo un mínimo detalle: a mí me importa bien poco que alguien "discrepe de la izquierda"; yo mismo lo hago a menudo. El problema no es ése, sino discrepar de la realidad, o sólo querer ver de ella los aspectos que pueden favorecer o confirmar nuestros prejuicios. Cito, de la entrada de la wikipedia relativa a la "Represión franquista": "Según distintos informes coincidentes, España es el segundo país del mundo en número de desaparecidos cuyos restos no han sido recuperados ni identificados, tras Camboya".

      Eliminar
  3. Bueno, el nombre que más me gusta es el de 'Los Cuatro Vientos', es misterioso [para mí] y se une a esas otras que tan bien apuntas. Un saludo y gracias por el punto de vista.

    ResponderEliminar
  4. El nombre que más me gusta es el Paseo de los Tristes de Granada, no es el nombre real, pero así se le llama. Por cierto, es uno de los paseos más bellos que he conocido

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Se le llama así, quizá, por ser por donde subían los fallecidos al cementerio, pero no es muy seguro. El nombre, por cierto, es precioso.

      Eliminar
  5. José María Bergés7 de septiembre de 2016, 14:42

    ¿La cuestión es si Yagüe fue responsable de cuatro mil asesinatos, de la mitad o de un cuarto de dicha cantidad, o si, por ser responsable de la cantidad que fuese de asesinados, merece o no ser recordado con el nombre una calle? ¿Cuál sería si no el umbral de asesinatos por debajo del cual puede alguien tener su nombre en una placa? Todos nos avergonzamos de que haya quienes rindan homenaje, dedicándoles plazas o parques, a terroristas cuyo legado a la postieridad es el asesintato de otras personas, sean éstas cuantas sean.
    A lo mejor va a ser cierto que es mejor dejar todo como está, dándolo por imposible, si seguimos distinguiendo si son o no de izquierdas los asesinos, los asesinados, los que reclaman el derecho a recuperar los restos de sus familiares enterrados en vete a saber qué cunetas o los que piden que no se rinda homenaje en el callejero a personas cuyo recuerdo no merece ser honrado.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No me haga preguntás retóricas. Tan en contra estoy de que Yag*ue tenga una calle que, tal como he dicho, no comprendo que hasta ahora no lo hayan excluido.
      Otra cosa es la manipulación cuantitativa de la barbarie para buscar el empate con el otro amplificador.
      Igual que es manipulación ignorar que en el verano del 36 en Madrid se estaba asesinando a setenta personas diarias. Si tenemos en cuenta que su población se ha multiplicado por cinco, me cuesta trabajo imaginar que hoy se liquidaran trescientas cincuenta personas en el barrio de Salamanca y Chamberí, hasta un total de ocho mil civiles.
      Creo que todavía hay margen para incorporar otros 27 nombres en las próximas elecciones municipales.

      Eliminar
    2. José María Bergés9 de septiembre de 2016, 10:32

      ¿Si son preguntas retóricas, por qué las contesta?
      Lo que no termino de entender es que acabemos haciendo recuento de víctimas. Ahora en Madrid (¿y tú más? ¿y tú otro tanto?). No creo que a nadie en su sano juicio se le haya ocurrido proponer que se honre con el nombre de una calle el recuerdo de la Brigada del Amanecer.

      Eliminar
  6. Bueno también es de justicia rehabilitar y la Legión hace una labor humanitaria sin precedentes, se puede llamar calle Héroes de la Legión.
    Ahí está Von Braun, que de nazi pasó a la NASA, que suena muy fuerte para dar nombre al primer cohete tripulado a Marte.

    ResponderEliminar