3 de junio de 2017

Promesas engañosas

IRRUMPE de pronto con un “he vuelto”. No es un misántropo; sólo tímido. Sus primeras palabras pueden parecernos nerviosas y un poco atropelladas, pero cuando empieza a contar su historia, no hay novelista ni viajero que pueda igualar su encanto misterioso. Pocos, Homero o Mozart,  han estado a su altura. Hablamos, como habrán adivinado, del ruiseñor. 

Nosotros tenemos uno muy cerca de la casa. Llevamos treintaicinco primaveras oyéndolo. El mismo siempre, el que oyó un extranjero en Tracia, minutos antes de cumplirse su sentencia de muerte, el que oyó Keats  en la triste Inglaterra o el pastor que cuida de sus cabras ahora mismo, en un monte cercano. En todo este tiempo, sin embargo, jamás habíamos llegado a verlo, tanto ama el esconderse mientras canta. 

Existe una aplicación con todas las aves de España, su figura, su territorio, su voz. Mientras cantaba el nuestro, yo activé el del móvil. Sucedió lo inesperado. El real interrumpió su canto. Se hizo un gran  silencio, qué silencio. Luego salió de lo más alto y profundo del viejo alcornoque que es su casa, y vino flechado adonde yo estaba, sin miedo, a pecho descubierto, y se posó a menos de un metro, frente a mí. Ha sido la primera vez que lo he visto tan cerca, sin estorbo de hojas ni de ramas. Nos miramos, los dos desconcertados. Él, desconfiado, inquieto, volvía la cabeza a todas partes, buscando lo que no había,  un congénere, y yo, con bastante vergüenza por aquel timo: le había arrancado de la cima del mundo, como quien dice, y distraído de su tarea. Este fue el crimen: por una curiosidad un tanto frívola mía había dejado él de cantar, a cambio de nada. Y aunque fueran unos segundos de silencio, fueron, según se midan, una eternidad. 

El ruiseñor acabó yéndose, claro, dejándonos pensativos. Al rato volvió  a cantar y volvió a sonar el reclamo del móvil, pero esta segunda vez ya no acudió. Al no ser uno un filósofo (Platón en su caverna, con su paloma Kant), aquí, sin entrar en más detalles, deja uno este cuento(que no lo fue; no llega ni a fábula siquiera) sobre  las promesas engañosas a las que siguen frustradas expectativas. El drama de los que enredan por juego o estupidez y el de quienes, a diferencia del gran ruiseñor, vienen a tropezar en la misma burla todas las veces.

   [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 4 de junio de 2017]

19 comentarios:

  1. Lamento ser un pesado, don Andrés, pero no creo que lleven oyendo al cantor *treintaicinco* primaveras. Yo creo que más bien serán "treinta y cinco". Es una lata, sí, pero hay unas reglas.

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    1. El partido con la Juve, ya terminó, amigo, y usted sigue con el marca en la mano mientras se pasea por este blog.
      ¿Volvemos a la impertinencia de la semana pasada? Yo le pediría que desista para que Trapiello no termine cerrando esta página donde algunos vivimos buenos momentos. Tan complicado, tan sencillo.

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  2. "Actualmente la norma académica señala que son también válidas las formas univerbales treintainueve, cuarentaicinco, noventaiocho… (Ortografía de la lengua española, 2010: 670)".

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  3. Lo del ruiseñor me recordó a los que pescan sólo por deporte, pues luego devuelven el pez al mar o al río. Es curioso cómo los seres humanos miramos la naturaleza (a la que también pertenecemos) como si fuese un mero decorado, a veces.

    Cuando niño, yo tenía un galápago en su pecera, con una
    islita de plástico estriada para que pudiera subir sin resbalarse. Pero a veces ponía yo mismo arriba al pobre animalillo, por sorpresa y aunque no quisiera él.

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  4. ¡La belleza!, señores. La de Salinger y su zarapito. Que no nos distraiga pues la ortografía, que no es una mandarina, como decían los impostores de mayo.
    Y qué decir de los pájaros en la oscuridad, qué de verlos dormir en "un árbol de noche" o en alguna parra de las que tenían las caseteras que cuidaban los pasos del ferrocarril. Yo alumbré sus pechugas con mi linterna y los vi interminables veces aquellos veranos perennes que nunca olvida y ya inexorablemente han pasado.
    Yo he tenido a la vez una suerte (un sueldo cada fin de mes) y una desgracia (la de trabajar en la morgue marciana de un departamento universitario) y lógicamente le debo mucho a los pájaros. Esto les sugiero pues desde aquí a mis inefables colegas de departamento universitario, a los que aún no hayan caído en ello: si al entrar en los Consejos (donde suele haber de todo, no digo que no, pero donde nunca se dio la paradoja de Abilene) te pones de este lado de la mesa en la sala de profesores, en el otoño adelantado y la primavera entrante se pueden ver por la hilera de ventanas de enfrente las estimulantes pasas migratorias de ánades y avefrías en formación de punta de flecha; se las ve ir y venir de aquí para allí por encima de la sierra, lo que siempre reconforta la imaginación mientras se va respetuosamente desgranando y consumiendo con la excitante alegría de vivir que impera siempre entre nosotros el acta científico-burocrática del día. Tengo que reconocerlo: la cobardía de un sueldo.

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  5. Un texto precioso, lleno de poesía, como tantos suyos, Sr. Trapiello. Gracias por seguir publicando.

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    1. Suscribo su opinión, Asunta, el artículo se lee con verdadera delectación. En estos tiempos de plomo y miseria aún se agradecen más las palabras templadas que ayudan a soñar unos minutos.

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  6. El curioso parlante6 de junio de 2017, 0:26

    "Ruiseñor amoroso cuyo canto
    no hay roble que no deje enternecido,
    ¡oh, si tu voz cantase mi gemido!
    ¡Oh, si gimiera mi dolor tu canto!

    Esperar mi desvelo osara tanto,
    que mereciese por lo bien sentido
    ser escuchado, cuando no creído
    de la que es de mi amor hermoso encanto.

    ¡Qué mal empleas tu caudal sonoro,
    cantando al alba y a las flores bellas
    cantas tú, oh, ruiseñor, lo que yo lloro!

    Acomoda en tu pico mis querellas,
    que si las dices a quien tierno adoro,
    con tu voz llegarás a las estrellas."

    Pedro de Quirós

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  7. Creo que este es un buen lugar, un lugar propio y adecuado, para recordar ahora a Ignacio Echevarría, que era un hombre valiente que ha puesto su valor al servicio del bien. Y nada humano hay más admirable. Su familia estará desolada, pero acompañada en su tristeza del mejor orgullo familiar. Nada les compensará de su ausencia; pero se verán al menos escoltados por ese sentido del dolor (`pace´ Ferlosio) que da el reconocerse en el bien y el valor de uno de los suyos, entre tanta muerte insignificante, esas sí, sin razón ni significado.
    Como ha dicho oportunamente Max Lacruz, "su gesto generoso nos honra a todos, y desmonta el relato de la Yihad de la decadencia de Occidente". Este recuerdo ahora aquí aspira a ser un grano de arena en el inmenso arenal de admiración y de reconocimiento. Descanse en paz Ignacio Echevarría, sí.

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    1. Buena intención la suya, Felipe. Solo que si en este espacio incorporamos tragedias tal vez fuera oportuno recordar la de los 305.000 accionistas del Popular, expoliados por los forajidos conchabados. Dirá usted que no hay nada como la muerte y simplificará mi alegato. Pero debería pensar que de esos 305.000 más de uno y de diez acabarán encontrando antes o después la muerte tras el inmenso disgusto y problema que les ha supuesto ser despojados de los ahorros de toda una vida. A veces, Felipe, se muere poco a poco. Ah, y asociar la bolsa a los especuladores es un comentario de taxista en el que espero que usted no incurra.

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  8. Carlos Serna. Taxista9 de junio de 2017, 9:15

    Suscribo el homenaje a Ignacio Echeverría, un hombre con agallas y coraje de los que vamos necesitando contra el yihadismo. Un hombre valiente que se la juega y no duda en intervenir defendiendo a un policía agredido, apuñalado.
    La expresión "comentario de taxista" es no solo ofensiva, sino estúpida e irreflexivamente ofensiva. Habrá taxistas imprudentes como los hay serios y comedidos. Y lo siento mucho, pero la Bolsa es el territorio natural de la especulación, uno de ellos. Ese sitio en el que se pueden ganar 50.000 euros en un minuto sin haber creado ni un mínimo de bienes o servicios, o sea, riqueza productiva real. Si eso no es especulación, que venga Dios y lo vea. Ningún taxista sostendría semejante tontería.

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  9. En cuanto se empieza a hablar llegan las complicaciones, sí. Para no sentir nunca vergüenza, no hay cómo quedarse callado. Estoy lleno de buenas intenciones, pero, a pesar de eso, sé que el tamaño real de mi moralidad no es muy grande, la tengo pequeña. Y sin duda que, a base de azar e injusticia, se muere también poco a poco; no me gustaria estar en la piel de uno cualquiera de esos accionistas.
    No incurro, ciertamente, en ese error populista, aunque reconozco que numerosas veces me sale también el taxista.
    En todo caso: ¡qué pegajoso resulta centrarse tanto en el adentro de las personas!

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  10. Estefanía Herrero10 de junio de 2017, 10:51

    IRRUMPE DE PRONTO, empieza el artículo. Pero solo se puede irrumpir "de pronto", no se conoce otra manera. Siempre, naturalmente, que se sepa lo que significa irrumpir.

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    1. Lleva razón. La expresión es de de la misma naturaleza que los "entró dentro" o "salió fuera" que leemos tantas veces en Cervantes. Por ejemplo, usted ha irrumpido en este blog de pronto, cuando nadie lo esperaba, ni falta que hacía.

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  11. Miss Obdulia Kensington, abandonaba el cuadro de Chagall a las doce cuarenta y cinco de un siete de Brumario. Con un aro en la diestra y una serpentina desenvuelta en la siniestra entró en el café y se sentó al lado del hombrecillo, que no se recató y le palpó la entrepierna y la parte alta de los muslos. Ella avanzó el labio inferíor y gimió un poco. Pagó y se fueron. El conserje se hizo el distraído y tendió el llavín al pasante bordelés. Cuando la penetró con vehemencia insospechable, un aroma a aceite de linaza invadió el cuarto y el cubrecama se tiñó de añil, magenta, verde vejiga, siena tostada, bermellón. Se secó con el fleco de un visillo, se vistió y bajó al rezongando al cuarto de equipajes en consigna. Pagó un plus por las sábanas arruinadas, tomó un taxi y pidió a la Gare du Nord. Nunca más haría caso a los anuncios por palabras. Cuando fue a los lavabos advirtió que tenía la mano izquierda manchada de dos complementarios que se habían empastado en la bragueta en un violeta desvaido. Cara, en fin, la promenade a la Ville Lumière.

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  12. Qué bien le comprendo, Felipe. Sucede mucho en este blog, y creo que en todos. Usted escribe con nobles intenciones, con actitud constructiva, pero hay siempre un cierto número de comentaristas al acecho, intentando buscar aristas en aquello a lo que usted tuvo buen cuidado de quitárselas. Es muy desalentador y muy desagradable. Especialmente en su caso, donde no se trata ya de lo que ha escrito, sino de lo que podría haber escrito, pero no lo hizo. Inaudito.

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    1. Las nobles intenciones pueden resultar inoportunas en tiempo y lugar. Eso, y no otra cosa, he pretendido acentuar con mi comentario. Con todos los respetos, no encuentro asociación posible entre el pobre Echeverría y el ruiseñor aludido por AT, como para enlazar comentarios.
      Quizá lo desalentador sea toparse en los blogs con gente que, como usted, no lee bien y deduce agresividad inexistente.

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    2. Efectivamente, señor, admito que hay escasa relación entre el heroico Echeverría y los ruiseñores, salvo la belleza de los comportamientos de ambos. Mi enhorabuena a usted que, en cambio, acierta a encontrar la sólida relación entre los accionistas, o rentistas, y los ruiseñores. Sin dejar de lado a los taxistas.

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