11 de agosto de 2014

Como fantasmas

EL primero en desaparecer fue un pequeño taller donde se reparaba el calzado. Las zapaterías de viejo eran bonitas. Los zapateros remendones, mal pagados y con una vida triste y oscura,  eran  jacobinos por tradición. No debía de ser el caso de los dos a los que me refiero, abiertamente de derechas en atención al barrio donde llevaban desde 1939, Año de la Victoria. Sus sólidos principios franquistas no les sirvieron de mucho, y cerraron cuando la parroquia prefirió los zapatos nuevos a reparar los viejos.

A la zapatería siguió una lechería. Olía a suero y leche agria. Creo que todavía tenían un par de vacas en la parte de atrás, porque con el de la leche agria se trenzaba ese olor “a establo y madre” del que habló el poeta. Vino después la panadería. El panadero, que trabajó hasta sus 90, contaba muy orgulloso que en ochenta años, los de la guerra civil incluidos, no había cerrado su comercio más que dos días, el de su boda y el del entierro de su señora. Por entonces desaparecieron también una alpargatería, donde además se vendían manufacturas de esparto, fuelles y cestos, un carbonero, un botero, un almacén con toda clase de semillas al detalle o al por mayor, un carpintero de batalla y otro fino, dos ortopedias, una tienda de abalorios y azabaches (en el barrio abundaba la farándula), una bodega que expendía vinos, moscateles y vinagre a granel, una imprenta, varios relojeros. Quedan un guitarrero, un encuadernador, una herborista, un guarnicionero, todos viejos. 

Hace unos minutos se ha encontrado uno el cartel de cerrado en la modesta tienda de ultramarinos donde hemos comprado durante estos últimos treintaicinco años. Aunque fuese cosa temida y anunciada, ha vuelto uno apesarado a casa. Existía el distinguido establecimiento de comestibles finos desde los años veinte del siglo pasado. En el camino me he encontrado a un vecino a quien he expuesto presa del mayor abatimiento el caso terrible. Para consolarme ha recordado que hace cinco o seis años ha abierto aquí al  lado la que está considerada como una de las cinco mejores tiendas del mundo especializada en quesos. No es ningún consuelo, le he dicho. Ya a solas, me pregunto como Villon: Où sont les neiges d’antan? ¿Qué se ha hecho de aquel mundo de entramados de vecindad, pausas y afectos? Apenas recocemos este barrio viejo ni la ciudad. Probablemente nadie nos reconozca tampoco a nosotros, y estemos ya vagando por sus calles como fantasmas.
   [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 10 de agosto de 2014]

8 comentarios:

  1. ¿Qué se ha hecho de aquel modo de vivir en el que no habría tenido sentido una discusión como la que he tenido la tarde de ayer -desapacible y casi fría en esta latitud- con persona de casi obligada convivencia?
    Pues que este necio (no me gusta zaherir a los que me estiman, pero el anonimato me dispensa de la mala conciencia) se empeñaba en mostrarme las innumerables aplicaciones de un teléfono celular que acababa de comprar. Como servidor me mostraba pelín displicente, afeó mi escaso interés por estar al día de las fabulosas posibilidades de mantenerme permanentemente conectado a la Red y de ignorar un montón de aplicaciones más (se pasó un cuarto de hora manipulando fotografías que había tomado en un reciente viaje a Marina d'Or y tratando de mostrármelas) que parecía que el lerdo de mí despreciaba olímpicamente.
    Le contesté que mis aficiones consolidadas me impedían distraer parte del tiempo en aquellas maravillas, y que leer una novela, echar un vistazo a los periódicos digitales (¿sobrevivirá alguno de papel?), escribir en los blogs, escuchar música, pintar de vez en cuando una tela (o un cartón), conversar con los amigos, comer..., hacía del todo imposible que disfrutara de aquellas ventajas sobre las que él peroraba tan acaloradamente. Digo que llegó a acalorarse conmigo, porque -al parecer de él- era refractario a cualquier novedad tecnológica y que era una especie de quelonio a gusto dentro del caparazón.
    Y es que este tipo de imbéciles, no contentos con que les llenen de humo la cabeza, parece que toman por desplante hacia ellos que no se les siga la corriente y que no se deje uno convertir a esa especie de culto cuasi religioso por los cachivaches alucinógenos.
    Que uno será anticuado, pero a mucha honra.

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  2. En la tienda de Pujol un cartel anuncia liquidación por traspaso de su propietario al penal de los chorizos. Una pena, porque el mercado se va quedando con menos embutido.

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  3. Se aniquilaran hasta los recuerdos , ademas en ciudades chicas el comercio de toda la vida tiene que ceder ante las franquicias .

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  4. Se me olvidó decir que (y no se me tome por adulador sin causa) que A. Trapiello posee una prosa inaudita (o se dirá ilegita, no sé) comparada con la que estamos acostumbrados a leer hoy en día. Es de la estirpe de Ignacio Aldecoa y familia, que despliegan un léxico riquísimo y que son capaces de hacer brotar en la mente del lector un escenario de imágenes de una plasticidad magnífica. Lo que no obsta para que difiera de él en ciertos planteamientos suyos referidos a otros campos.
    Felicitaciones, A.T.

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  5. Todos ellos eran de un lugar donde brotaban las flores y donde los niños nacieron para ser felices ( parafraseando la canción de Triana ) . La tecnología nos lleva a un mundo aséptico , si no tocas a una persona es difícil surja el amor , a la vez que impone la desconfianza en quien no sepa nadar y guardar la ropa . Recuerdo un sueño que me llevó a un mundo impoluto , allí uno era invisible
    y en sus blanquecinas calles vi a tres jóvenes corriendo y a un hombre que les perseguía a la vez que les balaseaba , uno de los jóvenes hizo un gesto de haber sido alcanzado , es duro ver un asesinato en directo pero mire al suelo y vi gotas de color azul y me dije " menos mal , estoy en el mundo Facebook , eso sí no salí de mi estupor cuando reconocí en el pistolero agresor al mismísimo Danny de Vito , ver a Danny fue un flash que hizo que me despertara y posibilitó recuerde este alienante sueño . Todo es de color , la mente es un alambique .

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  6. ¡Jejejeje...! Sí, Danny de Vito es capaz de despertar a cualquiera con su aspecto imponente de matón siciliano; en la peli que hizo con Schwarzenegger no sé cual de los dos impresionaba más.
    Un tipo peligroso el tal de Vito.

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  7. Vivos o muertos,
    de Sicilia o Bilbao,
    siempre fantasmas.

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  8. Y siguen cerrando esos lugares llenos de encanto, con sabores y olores. Uno de mis grandes placeres es seguir comprando en un pequeño pueblo el pan de leña, y hacerlo no en el despacho sino en el horno. Que placer más inmenso, abrir la pequeña puerta de madera con una cuerda atada para sujetar el pestillo, entrar y oler el pan cociéndose en el horno. Temo el día en el que esa puerta conduzca a la nada que queda cuando se cierran los pequeños comercios.

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