15 de junio de 2015

La aflicción de un hombre

Acababa uno el artículo de la semana anterior con una cita de Voltaire (“La duda no es un estado demasiado agradable, pero la certeza es un estado ridículo”).  Estaba tomada del último libro de Fernando Savater, Voltaire contra los fanáticos, dedicado al semanario Charlie Hebdo.

Hemos sentido y sentimos una gran admiración por Savater. Nos gusta hasta cuando no estamos de acuerdo con él. Lo digo en plural no por la “mayéstica”, como el papa, sino por creer que lo hace uno en nombre de muchos. Incluso cuando no se está de acuerdo con él, acaso sea mejor, por ser Savater de esa clase de intelectuales (Unamuno, Ortega) que tiene la cortesía de hacerte creer, cuando se le discute algo, que eres más inteligente de lo que en realidad eres. Sin embargo puede llegar a sacar de quicio a sus enemigos (no confundir con adversarios), pues hace que estos se descubran su propia estupidez casi sin darse cuenta, lo cual es muy peligroso. Los tontos declinados en el carlismo (ya sabéis, “Dios, patria y fueros”) no perdonan:  por su culpa Savater ha tenido que llevar escolta media vida y dejar de mostrarse en público en según qué lugares para no cabrear a la jauría.

Hace unas semanas se publicaba en el diario El País una entrevista. Es una entrevista de recortar y guardar. Se la hace el poeta y periodista Javier Rodríguez Marcos. Cuando los poetas hablan con los filósofos podemos esperar “la más aguda nota en el viejo diapasón del mundo”. Habla el filósofo de una pérdida terrible, que lo tiene postrado desde hace tres meses como a Job y puesto al borde de la desesperación. Sin dejar de ser epicúreo ha de recurrir, sin embargo, al estoicismo. Le pregunta el poeta si la filosofía no es capaz de consolarle de la muerte de un ser tan querido, y responde el filósofo que no, que “la razón no detiene el dolor. La aflicción es más fuerte que la razón”. Y añade que él, con su mujer, compartía todo, libros, películas:  “Ahora todo me parece plano, sin eco”. Y ese hombre que habla de sí sin afectación (“una cosa son los grandes filósofos y otra los que acercamos las ideas de los grandes a la gente corriente”), parece buscar en vano algún consuelo. Y ante la posibilidad de que ese hombre decidiera guardar silencio, advertimos asustados  (vuelvo al plural) lo necesario que nos es alguien hablando de todo un poco (como Ortega) y, sobre todo, “contra esto y aquello” (como Unamuno). 

    [Publicado el 14 de junio de 2015 en el Magazine de La Vanguardia]    

7 comentarios:

  1. Andrés Trapiello nos gusta hasta cuando no estamos de acuerdo con él.
    Hoy nos conmueve su texto y estamos muy de acuerdo.
    Victoria

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  2. Seguro que ella querría que superase está aflicción y ese debe ser el punto de partida, en las fotos se les ve muy felices, no me sorprende que le pase esto.
    Supongo volverá a escribir, el talento de un artista supera la infelicidad y puede ser incluso más conciliador, no será el mismo pero seguirá siendo él.

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  3. Chaplin el creador genial que partiendo de la miseria llegó a revolucionar el séptimo arte entrevistó y fue amigo de Einstein, y escribió :
    Sostengo la teoría de que los sabios y los filósofos son unos


    novelistas sublimes que canalizan sus pasiones en otra dirección.
    Esta teoría se aviene muy bien a Einstein, era amable, jovial y agradable. Y aunque sus ademanes eran tranquilos y afables, daba la impresión de que ocultaba un temperamento altamente emocional y que esa era la fuente de donde provenía su extraordinaria energía intelectual.
    Saludos

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  4. Necesitamos personas que nos ayuden a pensar y a dudar. Las llamadas "sólidas convicciones" son a menudo una excusa para no tener que plantearse nada. Una persona como Savater siempre será objetivo de los fanáticos, de ésos que tienen miedo a que la gente escuche, piense y finalmente decida por sí misma. Por desgracia, es fácil callar a estas personas: basta un centímetro de bala. Por suerte, no lo han logrado..

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  5. La solidaridad con el ser humano con ocasión de la terrible pérdida es y debe ser, cómo no, la emoción dominante. Dicho lo cual, pongo la nota discrepante. Creo que Savater es un buen escritor, pero como filósofo yo no he leído nada de él que no hayan dicho antes y mejor Bertrand Russell , A. J. Ayer, G. Moore o George Santayana. Puesto que él se ve a sí mismo como mero transmisor, supongo que mi apreciación es poco criticable.

    Más grave me parece que sea tan reacio a auto-aplicarse la sentencia de Voltaire que dice admirar: "la certeza es un estado ridículo". En ciertos ámbitos éticos y políticos Savater exhibe unas convicciones tan obsesivas y unas certezas tan talibánicas que no le queda otra salida lógica que la demonización del adversario mucho antes de haberlo escuchado y, no digamos, comprendido. Así es precisamente el caso cuando se trata de los nacionalismos no-centralistas, donde su pasión arruina su racionalidad, excelsa en otros temas. Es lástima que haya olvidado que en su juventud defendió las razones de los nacionalistas y que estuvo entre (o muy cerca de) "los tontos declinados en el carlismo". Uno, ya viejo y traqueteado, no ha olvidado sus artículos en Egin con el rumbo aludido. Un certero y radical golpe de timón posterior le abrió las puertas de El País y la gran Prensa, y la posterior elevación a la fama y a la cima de lo políticamente correcto.

    No deseo con esto hacer la menor insinuación de oportunismo. Estoy seguro de que lo guió la más sincera convicción. Pero es una pena que el olvido de "estados mentales previos" por los que deambuló le haya conducido a la actual intransigencia. Seguramente es muy comprensivo con el nacionalismo francés de los tiempos en que los franceses no eran dueños de su destino, a causa de la catástrofe europea bien conocida. Saludos y gracias.

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  6. Pues menos mal que "no desea hacer la menor insinuación de oportunismo", lo que visto su texto es como llamar ciego a uno y añadir a continuación que nada pretende decir acerca de la calidad de su vista. No, mire: Savater ya era bien conocido antes del "certero y radical golpe de timón" al que alude. Él mismo ha contado cómo algún batasuno, cuando todavía no se había convertido en su bestia negra, le dijo con ingenua convicción que siendo él un tío inteligente y majo no comprendía que no estuviera con ellos. Una curiosa incomprensión que acaso, visto lo que dice y cómo lo dice, compartiese plenamente mi tocayo.

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  7. El sábado 20 varios especialistas valoran su libro en Informe semanal

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