4 de octubre de 2015

Campeonatos

EN mi familia pasamos unos años, los de la infancia del menor de nuestros hijos, haciendo campeonatos. Nos decía él: “¿Cuáles son tus tres postres favoritos?”, o “¿a qué tres ciudades volverías o a qué tres, de las que no conoces, te gustaría viajar?”. Sus preguntas acabaron haciéndose comprometidas: “¿De tus hermanos, a qué tres quieres más?”.

Exacerbó esa clase de pódiums en cuanto aprendió a leer. Como todos los niños en sus primeros pasos por el alfabeto, se pasaba el día leyendo los rótulos de las tiendas, desde la ventanilla del coche. Al principio, entre semáforo y semáforo, caían dos o tres “Zapatería”, “Confitería La Duquesita”, “Alimentación Santos”. El aprendizaje dio paso a exhibiciones abrumadoras, extenuantes, porque no había manera de hacerle callar: en un trayecto mediano podía leer cincuenta rótulos, otros tantos anuncios de las vallas publicitarias y todas las traseras de las camionetas de reparto que se cruzaban en nuestro camino. Cuando  dominó la lectura, vino con su pregunta: “¿Cuáles son tus tres palabras favoritas?”. Desde luego siempre que preguntaba algo parecido era porque él ya había elegido las suyas, después de escrupulosísimos escrutinios. Lo malo es que cada cierto tiempo venía con algunas remociones: “¿Os acordáis de que hace dos meses os dije que mis tres pelis favoritas eran esta, esta y esta? Pues quitad la última, y poned esta: la vi ayer y es la mejor película que he visto en mi vida”.

Con los años la costumbre se atemperó, y para él ya sólo hay “el mejor” o “la mejor”, pero por suerte esos “el mejor” o “la mejor” no excluyen a otros, ya que en el curso de una conversación (durante un almuerzo en un restaurante, por ejemplo), puede mencionar diez vinos o platos que son, cada uno de ellos en particular, “el mejor que he probado nunca”. Eso lo ha extendido a ciudades, libros, edificios, paisajes, personas. Lo más admirable es que todo “lo mejor” está siempre donde él está en ese momento, en su ciudad o en otras, en el rincón extremeño donde pasamos tanto tiempo o en Japón, Méjico, Italia o Madrid, o entre sus amigos. Ha aprendido a ver lo mejor de lo demás sin advertir acaso que lo mejor de lo otro y de los otros es lo mejor de sí mismo, quiero decir, sin darle importancia a eso. Y lo vive con una gratitud inmensa: sabe que  lo mejor lo es en parte porque lo comparte con lo mejor, con los mejores.

    [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 4 de octubre de 2015]

14 comentarios:

  1. Esto me recuerda a mi búsqueda del antónimo de FAVORITO,,,,que no existe y es tan necesario.
    A ver si usted D.Andres consigue que la DRAE lo invente

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    1. La favorita del sultán, acabó siendo repudiada
      De favorito es repudiado, no puede ser otro.

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    2. Todos tenemos un día favorito de la semana. . y uno desfavorito. Esta palabra no existe

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    3. Tenemos el favorito y, con perdón, el más jodío de la semana también. Pero la palabra MASJODIDO tampoco existe.

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    4. La palabra favor tiene otras derivadas que no son sinónimas entre sí, favorecer o entorpecer un negocio. Incluso desfavorecidos es una palabra con mucha enjundia ya que se les compara con grupos que no son favorecidos, la palabra favor ( será por lo que cuesta hacer uno ) es de las más juego da

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  2. ¡Como me gustaban estas instantáneas familiares en el SPP!
    Victoria

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    1. Manuel Cañedo Gago6 de octubre de 2015, 1:16

      Las apariciones de G. en SPP dan mucho juego. Hay un G. que no para de hacer trastadas, pero también hay otro profundo. Por ejemplo, aquel que viendo al Doncel de Sigüenza, dice: "Papá, no está muerto, está dormido de amor". O en otro pasaje, comiendo sandía: "Quiero hacerme un collar con las pepitas porque son negras y valiosas". Y cuando escribe una redacción sobre su soledad en el patio del colegio o una carta desde el campamento de verano, que encoge el corazón.

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  3. La comparación es una especie de enfermedad. Las personas y las cosas valen lo que valen por sí mismas, sin tener que ser comparadas con otras. Además, en rigor difícilmente las cosas pueden compararse: ¿qué plato es mejor: la paella valenciana o la macedonia de frutas? Como toda enfermedad, deberíamos acabar la palabra con el sufijo griego "-pathos". O sea, la enfermedad de comparar o "comparopatía".

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  4. Carisma, el don de la ascendencia en los demás. Muy bonito el escrito.

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  5. lat. CAMPUS, llanura > germ. *KAMP, campo de ejercicios militares > longobardo KAMPHIO, paladín > it. CAMPIONE > esp. CAMPEÓN, NA.

    Campeador a la fuerza en la llanura, triste resulta.

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  6. Hoy muchos niños el primer rótulo que leen, es el luminoso de Google, es algo preocupante, ya que la nanotectología estoy seguro actúa sobre el ADN y la evolución.
    Hoy es noticia el Nobel a unos que han descubierto que los neutrinos tienen masa, dicen que atraviesan nuestro cuerpo y paredes de acero de miles de Km. de grosor, pero lo importante es saber que hay particulas cósmicas que sí se quedan en nuestro cuerpo, y que entran en el ramal de nuestro ADN,, de hecho se empieza a creer que la inteligencia surge de estos rayos del Universo, somos productos del espacio y del tiempo y de ahí que la nanotecnologia y la conquista del espacio son el futuro evolutivo del hombre.
    Quien no se ha preguntado alguna vez ¿ seré un extraterrestre?, el tiempo lo dirá, pero es posible y será un hecho de futuro, es la cara oculta del hombre. Lo que hoy es ficción, mañana es verdad

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  7. En cambio a G no se le planteó ninguna duda cuando a la hora de elegir entre ser arq, arq o arq, decidió ser arq. Y estoy con él.

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