21 de octubre de 2015

La gloria

HACE unos días, dos personas para mí desconocidas u olvidadas, Juan de la Sota y Blanca Sáinz, enviaron al correo de mi página web esta fotografía que ni siquiera sabía que existiese, recuerdo del día que visité el Pórtico de la catedral de Santiago. De la Sota formaba parte de los equipos que lo restauraban a las órdenes de José María Cabrera, y se ve que hizo esa foto, que le agradezco encarecidamente. Yo no conocía esa ni ninguna otra foto de aquel día, en verdad único. De lo que allí sucedió se dio cuenta en uno de los tomos del Spp. No recuerdo cuál. Corría el año 1993 y yo tenía cuarenta años. No miento si digo que aquél fue el momento en que estuve más cerca de la Gloria. Breve pero memorable.

AT. Pórtico de la Gloria, Santiago de Compostela, 1993.

8 comentarios:

  1. Juan muestra parecido talento al de su padre, el grandísimo arquitecto Alejandro de la Sota, maestro de otros muchos insignes.

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  2. Me recuerdo encaramado en los andamios del arco de Constantino en Roma, cuando lo estaban restaurando. La sensación única de romper la proporción habitual de la obra de arte.

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  3. Manuel Cañedo Gago21 de octubre de 2015, 23:21

    El pasaje al que se refieren estos hechos lo podemos encontrar en "Las cosas más extrañas" (pág. 278). Y en "Do Fuir" (pág. 38) el mismo restaurador le cuenta a A.T. una fascinante historia sobre la catedral de Santiago.

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  4. Es mejor pensar " que joven era" y no " que mayor soy", Solo los sueños conservan el divino tesoro,

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  5. Uno, a medida que va cumpliendo años (y ya anda más cerca de los 60 que de los 50), piensa que tiene más. Más años, más experiencia, más conocimiento (esperémoslo) de las cosas. No que tiene menos. Menos, ¿qué? ¿Que uno ha perdido cosas? También lo ha hecho cuando dejó de ser bebé para pasar a ser niño, y así sucesivamente: para ganar otras. Es decir, ha cambiado. Y, es de suponer (y de desear), lo seguirá haciendo mientras viva. Lo otro, lo de tener perpetuamente digamos 20 años (o 30, o los que sean) lo encontraría uno bastante aburrido, además de francamente patológico. La vida es otra cosa.

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  6. Nada de "recuerdo del día que visité", Cervantitos.

    Recuerdo del día EN que visité.

    ¿Así ha hecho su Quijote? ¿Con estos mimbres?

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    1. La noche que llegué al café Gijón, Francisco Umbral. Esa cuestión quedó resuelta, incluso en sede académica, hace muchos años. Y la verdad, señor anónimo, si usted se larga de mi casa, mejor.

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  7. Uno de los pasajes más bonitos de tus diarios, que releo con frecuencia, una de las descripciones de Santiago que más me han llegado, y del Pórtico de la Gloria, y el encuentro inolvidable con hombre de la zampoña...Saludos afectuosos, amigo Andrés.

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