17 de abril de 2016

Breves variaciones sobre Cervantes

1,
Las Cervantas

Así se llama en una información judicial a las mujeres que viven con Cervantes en Valladolid,1605: las cervantas. Incluye a sus hermanas, Andrea y Magdalena, su sobrina Constanza, su hija Isabel. Incluso su esposa, Cataliza de Salazar, que ha vuelto a vivir con Cervantes después de una separación de años, queda incluida en ese mote vejatorio. ¿De donde procede ese calificativo, qué se quiere insinuar con él? Al propio Cervantes se le moteja de ciervo en algún soneto que ha empezado a circular por entonces, es decir, de cornudo. No tienen, pues, buena fama esas mujeres que han tenido que vivir de las más o menos nutridas indemnizaciones de los hombres que prometieron casarse con ellas e incumplieron su palabra. No son desde luego tampoco buenos tiempos para las mujeres que quieren vivir emancipadas. Cervantes siente, no obstante, simpatía por ellas, principalmente por aquellas que no se arredran ante esos ultrajes que jueces, nobles y clérigos no siempre amparan. En labios de la hermosa Marcela, uno de los personajes más fascinantes del Quijote, oímos un grito que sólo tres siglos después sería habitual en las calles de Londres, entre las sufragistas: “Yo nací libre”. Marcela además es una mujer que prefiere la soledad a tener que aceptar a la fuerza el matrimonio: “Yo nací libre, y para poder vivir libre escogí la soledad de los campos”, dice, y nadie podría decirlo mejor hoy mismo.

2,

"Yo nací libre"

No hay obra de Cervantes donde no aparezca una gran mujer. Es celebérrimo en tal sentido el personaje de Marcela (en el Quijote), acaso la primera heroína feminista de la literatura. Si don Quijote había declarado “yo soy quien soy” (lo más difícil de saber en esta vida), Marcela, con su famosa frase, no le va a la zaga: “Yo nací libre, y para poder vivir libre escogí la soledad de los campos”. Marcela, muchacha bellísima (en Cervantes casi todas lo son), cansada de los pretendientes que se la piden en matrimonio a su tío, ninguno de su gusto (pues no gusta ella tampoco del matrimonio), decide, vestida de pastora, llevar vida retirada cuidando de su rebaño. Los pretendientes encuentran injustificables sus desdenes, pues entienden que la mujer ha de doblegarse al fin y al cabo a un varón. Grisóstomo, uno de los desatinados que así piensa, llega incluso a quitarse la vida. El razonamiento de Marcela es, sin embargo, tan implacable como demoledor: Nadie puede imponer a nadie amar a quien no ama (“Te quiero por hermosa: me has de amar aunque sea feo”, dice ella con mucha gracia), y forzarle a vivir con quien no quiere es hacerle desgraciado. “El cielo hasta ahora no ha querido aún que yo ame por destino, y el pensar que tengo que amar por elección está de más”, dice Marcela, y nadie que quiera ser libre puede decirlo mejor.

3

El Quijote más allá de Cervantes

Hace tres semanas una alumna del instituto Blas Infante de Córdoba le preguntaba a uno en el curso de una charla sobre estos asuntos: ¿Con quién se identifica usted más, con don Quijote o con Sancho Panza? No es una pregunta fácil de responder, porque siéndonos personajes, ambos dos, sumamente simpáticos, con ninguno de ellos se identificaría nadie. Quien escogiera ser don Quijote, sabría a qué se expondría
 su señor de la melancol de la muertee y sabio que ha gobernado lasmo:
 entre todos.ptado la medalla de honor de: golpes, burlas, hambres, escarnios, sólo tolerables estando un poco loco y por una buena causa, traer un poco de cordura a este mundo. Claro que la cordura tampoco le libra a Sancho de golpes, burlas, hambres y escarnios, teniendo también él una causa noble para soportarlos: ganarse la vida.
Con quien uno de verdad se identifica leyendo el Quijote, le dije a aquella muchacha, es… con Cervantes, con su manera de ver las cosas y presentárnoslas.
El primero en plantear de un modo radical esta cuestión fue Unamuno, siempre tan radical: don Quijote fue una creación que excedió con mucho a su creador, casi nunca, decía él, a la altura de la misión que tenía don Quijote en esta vida: remover la conciencia de los hombres, y arrancarlos del deplorable sentido común, ese que está hecho sólo de lugares comunes. Y siguiendo su razonamiento llegó a afirmar lo que muchas gentes creen también: Cervantes, sin el Quijote, no habría pasado de ser un autor del montón, más o menos.
Estando uno de acuerdo con Unamuno en tantas cosas  de su apasionada Vida de don Quijote y Sancho, no podría estarlo en ese punto. En realidad creo que a Unamuno le sobraban un poco todos, don Quijote, Sancho, incluso Cervantes (“¿Qué me importa lo que Cervantes quiso o no poner allí y lo que realmente puso? Lo vivo es lo que yo allí descubro, pusiéralo o no Cervantes”, llega a decir). Lo que nos seduce del Quijote es precisamente la mirada compasiva de Cervantes, su humor, su finura, su amor por los planos oblicuos (aquel “di toda la verdad, pero sesgada” de que habló Emily Dickinson) y el respeto con que habla de la realidad, sin el menor resentimiento, él, a quien la vida dio tantos motivos para ser un resentido. Y claro, esa manera de decirnos que las cosas de esta vida no están resueltas jamás en el blanco o el negro, sino en los grises. Sin salirnos del Quijote: don Quijote puede acometer algunos actos de cuerdo (la defensa de Andrés, el muchacho al que azota su amo) sólo si está loco, y otros de loco (soltar a los galeotes) que deberían acometer los cuerdos, lo mismo que Sancho se hace el loco (sosteniendo que una albarda son jaeces), para beneficiarse de algo por las mismas razones por las que su amo quiere beneficiarse de una vacía llamándola yelmo sólo porque esta loco, por no hablar del momento en que un loco como don Quijote llega a ser sublime (en su discurso de la Edad dorada) y Sancho, entre sus insulanos, alguien que deja en pañales al gran Solón. Quiero decir, que si Cervantes hubiera escrito esta novela en el siglo XIX y hubiese sido francés, habría dicho: “Don Quichotte, c’est moi… et Sancho aussi”.

y 4

Una carta

Querido Javier: esta es la cita,
sin dudarlo: Q1, 18 (fue lo que citó el rey de ahora en su coronación, aunque no completa la cita, completa tiene mucha más miga, aplicada a la situación actual):

–Has de saber, Sancho, que no es un hombre más que otro, si no hace más que otro. Todas estas borrascas que nos suceden son señales de que pronto ha de serenar el tiempo y han de ­sucedernos bien las cosas, porque no es posible que el mal ni el bien sean durables, y de aquí se sigue que, habiendo durado mucho el mal, el bien está ya cerca.

Habla don Quijote, pero por boca de Cervantes.
Cito por mi traducción (has de saber, por sábete, y presto, por pronto, etc.)
Un abrazo
A.

    [Tres de estos textos se publicaron en El País (BabeliaEl País Moda) estos días atrás; el otro no sé dónde]

12 comentarios:

  1. Si Rocinante tuviera ruedas se llamaría Desmosedici,¿ ¿Unamuno?, sin Cervantes no habría un Lope ni un Galdos ( escritores 2 y 3 del escalafón español) no habría un Kafka, ni un Borges, ni un Gabo ( los 3 grandes del XX), tampoco habría un Charlot, ni Picasso.
    Cervantes no escribió el Quijote como homenaje patrio, es la obra cumbre de la Literatura mundial,hecha con una intuición serena y profunda de la realidad.
    Cuando el poeta Heinrich Heine ( que tradujo el quijote al alemán) leyó que el Sansón Carrasco había derrotado al Quijote en Barcelona, el hombre se echó a llorar ( según cuenta el grandioso Dostoievski). Nadie derrotó al Quijote, su caminar es infinito y nos ayuda a visionar el futuro, por eso nunca muere, fue la obra de un hombre honesto y muy valiente, una valentía perdida.
    Sobre gustos hay mucho que decir, pero la realidad es la que es y no por mucho madrugar: tempranece más madruga. Tengo a Unamuno por gongorino, no por ser español se es cervantino, ni tampoco cervantista, que no es lo mismo.

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  2. Maravilloso post. Yo también soy una enamorada de Cervantes y de su mirada a la humanidad.

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    1. Ana, genial, genial. Es genial que seas una enamorada de su mirada, genial.

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  3. ¿YO SOY QUIEN SOY? YO SÉ QUIÉN SOY.

    “En esta plática [con Pedro Alonso] es cuando Don Quijote pronunció aquella sentencia tan preñada de sustancia, que dice «¡Yo sé quién soy!»”. Los signos de exclamación los añade Unamuno. De su “Vida de Don Quijote y Sancho” (I Parte, Capítulo V), unas cuantas páginas comentan la expresión.

    “Sí, él sabe quién es y no lo saben ni pueden saberlo los piadosos Pedros Alonsos. «¡Yo sé quién soy!» ―dice el héroe, porque su heroísmo le hace conocerse a sí propio. Puede el héroe decir: «yo sé quién soy», y en esto estriba su fuerza y su desgracia a la vez. Su fuerza, porque como sabe quién es, no tiene por qué temer a nadie, sino a Dios, que le hizo ser quien es; y su desgracia, porque sólo él sabe, aquí en la tierra, quién es él, y como los demás no lo saben, cuanto él haga o diga se les aparecerá hecho o dicho por quien no se conoce, por un loco.” (…)

    Obdulio Méndez

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    1. Ah los héroes, los dioses y las tumbas… Miguelas, Migueles, Cervantas, Cervantes… “Dios se jugó a los dados el universo con el diablo y perdió la partida.” (JLGM). Sí.

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  4. El escritor necesita a veces dar con una idea que le permita sacar lo mejor de sus capacidades, de su potencialidad creadora. Los personajes de Don Quijote y Sancho fueron esa idea, ese hallazgo, que nos dio al mejor Cervantes. Hace falta un gran literato detrás, pero sin la idea mágica el milagro no sucede. Con frecuencia esto sólo ocurre una vez en toda la vida del escritor (Saint-Exupéry y su Petit Prince sería otro ejemplo).

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  5. Si crees que vas a morir: tienes más miedo a la muerte que a Dios, ese es el sueño imposible de Cervantes.
    También hay otro sueño imposible, que se da por nuestra condición y que asusta a quien lo sufre, nunca se puede olvidar, sucede cuando una persona sueña que ha matado a otra.
    Si Cervantes no hubiera combatido en una guerra y sufrido prisión duradera, no habría tenido el poder necesario para ser el mago de la Literatura y del Arte,era muy versátil, conocía el mal como nadie.

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  6. Efectivamente, como ya ha señalado un lector, Don Quijote no dice "yo soy quien soy", sino "yo sé quién soy", concretamente en el capítulo V de la primera parte. Copio entera su réplica:

    "Yo sé quién soy —respondió don Quijote—, y sé que puedo ser, no solo los que he dicho, sino todos los Doce Pares de Francia, y aun todos los nueve de la Fama, pues a todas las hazañas que ellos todos juntos y cada uno por sí hicieron se aventajarán las mías".

    Y otra curiosa errata: "vacía", por "bacía".

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  7. Muy valiosas para todos los quijote-adictos, estas variaciones. Escuece mucho, duele imaginar al genial manco sufriendo menosprecios, tal vez escarnecido por causa de la conducta amatoria de sus "Cervantas". Duele tanto como los puntapiés recibidos por Mozart, o su vida precaria acosado por las deudas y sus humillantes súplicas en pos del vil metal. No es pródiga la Naturaleza en dar estos talentos, y cuando aparecen, los rodea de amarguras y vejaciones que también sufrimos de forma vicaria, siglos después, quienes los amamos.
    ¿Qué les pasó a los españoles, qué drástico hado sufrieron, para que fíen su honor, desde hace siglos, en lo que hacen con su cuerpo las mujeres de su casa? ¿Habrá algún historiador brillante capaz de explicarlo? Algunos aseguran que esta desgracia radica en la influencia de la Iglesia católica. Pero no. Ahí tienen a la muy católica Francia en la que la amante y el amante son instituciones sabidas y algo más que toleradas, sin caer nunca en este ensañamiento ibérico con el más perdonable de los pecados, por corresponder a la más violenta de las tentaciones. Ensañamiento tanto más cruel si se considera el casi infinito elenco de personas que discurren por la vida de cada cual, muchas de ellas tan atractivas y deseables que la renuncia a las mismas constituiría una injustificable pérdida y una inaceptable mutilación, lo que equivale a decir que el "estado de ciervo" y el de cierva son, sencillamente, el estado natural de cualquier ser humano que se niegue a amputar la seducción y a cercenar aquellas emociones de donde extraemos (una gran parte de) la fuerza para seguir vivos.
    Gracias, AT, por el magnífico post.

    Horacio Céspedes

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  8. Don Miguel forjó su leyenda a base de hazañas y le llevamos en el ADN. Tiene muchos fans por el hecho de que estamos hecho de la misma madera que su brazo palo, menudo pirata estaba hecho.
    A don Miguel le respetaba todo el mundo, era el capo de los trapicheos, un intermediario financiero e inmobiliario,también era prestamistas no usurero, entonces no se vivía de los libros aunque los señores vestían de librea.
    Tanto él como las mujeres fueron detenidos con cargos de asesinato, pero les dieron bola a los dos días, a Gaspar Ezpeleta no le mató un sicario de don Miguel, lo mato un delincuente de baja estofa, un muerto de hambre.
    Con todo lo que se ha escrito de Cervantes, más mentiras que verdades, podriamos publicar la biografia más grande del mundo. De la noche a la mañana se habla del Quijote tanto como del Real Madrid, y lo que queda porque somos legión los que hablamos de esto sin ponernos coloraos.

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  9. Después de tantos estupendos y razonados comentarios, mi opinión será modesta, pero sincera y entusiasta. Además de mostrar mi admiración constante por tus escritos, tan serenos, tan humanos, sobre el Quijote, sobre Cervantes, y sobre otros asuntos, quiero manifestar que hay una mujer en el Quijote que me resulta sumamente simpática, y es Dorotea. Por su sentido del humor, por su saber adaptarse a las situaciones y aceptar con una sonrisa (que no se dice, pero que yo imagino) el papel que le toca en el rescate del Loco. Valiente y decidida también lo es. Sé que en la época era un tópico literario la mujer vestida de mancebo en busca de su honor perdido, pero Cervantes la dota de tal realidad y carácter que me hace pensar que habría más de una en la vida real que saldrían por sus fueros a buscar aquello que habían perdido, como parece cierto que había jóvenes imaginativos o melancólicos que se iban de pastores por esos campos de Dios.
    En fin, saludos desde Murcia y enhorabuena por este feliz artículo.

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  10. Cervantes fue un cristiano que quería vivir con suficiencia junto a su familía, siempre con decoro y temor a Dios, sus anhelos representan lo que luego se ha llamado " El sueño americano"

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