1 de agosto de 2016

El arca de Noe

¿HA sido una coincidencia que  Gran Bretaña, patria de Darwin, vaya a dejar la Unión Europea al mismo tiempo que en Williamstown, Kentucky, esté ya lista una réplica del arca de Noé, costeada por Ken Ham, apologeta de las doctrinas creacionistas que niegan cualquier teoría que excluya la mano directa de Dios en la creación del mundo y la evolución de las especies? Dicho con menos palabras: ¿se avecina un nuevo diluvio universal? “La crisis de la política es universal, tenemos que replantearnos todo”, dijo Michelle Bachelet, presidenta de Chile,  a propósito del Brexit, y Juan Carlos Monedero, el Noé del lenismo español, trató por su parte de calmar las aguas siete días después de haber perdido más de un millón de votos: “Pablo Iglesias será el próximo presidente de gobierno”. Que en medio de todo el señor Ham haya querido tener lista el arca es bastante razonable, aunque de poco nos servirá a quienes no tengamos un acreditado pasado de buenos cristianos, porque el señor Ham será muy estricto. O sea, lo de siempre: “Vinieron los sarracenos y nos molieron a palos, que Dios ayuda a los malos cuando son más que los buenos”.

¿Y sabemos como es el arca de Kentucky? La mayor construcción naval en madera de todos los tiempos,  un estadio y medio de fútbol de larga y alta como una casa de siete pisos. Con ser tan grande la barca y con ser tan firme la fe de su armador en demostrar que la Biblia es el único texto histórico fiable, parece que no ha sido posible meter en ella todas las especies vivas y han tenido que contentarse con treinta parejas disecadas. La razón de ello es que necesitaban muchos más cuartos de baño que jaulas, habida cuenta de que esperan un millón y medio de visitantes al año. 

Si es verdad eso que dicen (Dios aprieta, pero no ahoga) las probabilidades de que acabe uno yendo un día a Williamstown son parecidas a que se cumpla la profecía de Monedero. Lo más llamativo de todo el asunto ese del Arca es, sin embargo, esto: en caso de un diluvio, nadie garantiza que pudiera navegar. Más o menos como lo de Iglesias. Al contrario, es seguro que ni siquiera flotara. Un referéndum ha cortado las estachas que mantenían a Gran Bretaña unida con Europa, y empieza a alejarse a la deriva. Mientras, Ken Ham grita desde Kentucky: ¡Primero las mujeres y los niños!

        [Publicado el 31 de julio de 2016 en el Magazine de La Vanguardia]

2 comentarios:

  1. Estacha y no amarra, como sugiere alguien; de buque pequeño, Inglaterra, a buque grande, Europa. Europa sigue su camino, Inglaterra a la deriva.

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  2. nunca saldría del rio Missisipi, por su volumen necesita una quilla que chocaria con el fondo marino de acceso a los Lagos Superiores, por tamaño tampoco podrían caber en el canal de acceso a las compuertas de los diferentes canales. Tampoco podrían eludir las cataratas del Niegara si querrían avanzar hasta San Lorenzo y llegar al Atlantico.
    Yo construiria ese barco en Atlantic City o en Tampa.
    Todos estos a votar a Trump, lo de Ham parece digno del que asó la manteca

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