11 de septiembre de 2017

Medio artículo de costumbres

NO sabemos quién estuvo detrás del diseño de las cubiertas de los Episodios Nacionales de Galdós, que empezaron a publicarse en 1872 y siguieron apareciendo hasta 1912. Probablemente su autor. Es uno de los grandes logros tipográficos  por su sencillez, audacia y antelación. Vistas una vez, no se despintan de la memoria: a sangre, una bandera de España, roja, amarilla, roja, en franjas verticales, sobre las que están impresos el nombre del autor y el título de la obra.  Las cuarentaiséis cubiertas son diferentes y las cuarentaiséis son iguales. Se hicieron tiradas de miles de ejemplares, difundidos en España e Hispanoamérica, y su popularidad fue tanta, que hicieron rico a Galdós. En aquel tiempo todo el mundo las reconocía. Todos, excepto los anarquistas que tras descubrir unos ejemplares durante el registro de una casa, en la guerra civil, se llevaron a su dueño por creerlo un peligroso monárquico. Los soldados republicanos que ocuparon en los primeros meses de la guerra la casa de nuestro amigo Ramón Gaya y su mujer Fe, situada en el frente del Manzanares, la saquearon al hallar entre los libros de su biblioteca algunos de San Juan de la Cruz,  Santa Teresa... y de los Episodios

Galdós, en Sabadell, hoy, va a tener de momento más suerte que Larra, Bécquer o Calderón de la Barca (“parte del modelo pseudo-cultural franquista”), porque al no tener una calle en ese pueblo, las almas bellas que ocupan su ayuntamiento no se la podrán quitar. Lo mismo la tiene, en cuyo caso miel sobre hojuelas: otro más al talego. A Antonio Machado se lo llevaron detenido también por sospechoso españolista y anticatalanista, pero de momento han dejado que se vaya. Antes, no obstante, le han advertido: “Ojito con lo que haces, que te tenemos controlado”. A día de hoy no se sabe la suerte que correrán las calles que llevan el nombre de Moratín, don Juan Valera  o Garcilaso (este además fue soldado del ejército español, duro con él). Así hasta cien calles. Uno, que anda estos días releyendo a Larra, se imagina el mucho provecho que habría sacado él de todos estos esperpentos nacionales. Pero a mí, con ni la mitad de su talento, este artículo de costumbres ya no me da para más. Sólo difiero de Larra en una cosa: escribir en España no es llorar. Escribir en España es, hoy por hoy, para troncharse de risa (y no echar gota). 

   [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 10 de septiembre de 2017]

3 comentarios:

  1. Curiosa simetría la que se origina entre Cataluña y Madrid. Mientras por aquellos pagos se dedican a defenestrar a insignes escritores por el mero hecho de ser españoles, en la capital nos afanamos en desmontar las placas de las calles referidas a la perfidia franquista. Sea un ejemplo verdaderamente paradójico el homenaje que en las últimas fechas se pretende, sustituyendo al repulsivo Capitán Haya por un alma pura como es la de "El poeta Joan Maragall".
    Tan ociosos nos encontramos que descubrimos diversión en el juego de distorsionar la memoria de la historia enfrentando a los malos de ayer con los buenos de hoy. Yo me pregunto si esa historia, dentro de unos años, no nos acabará defenestrando a todos por frivolizar mientras la época de las rebajas se prolonga.

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  2. Somos los otros catalanes. Los que no vamos a manifestaciones y nunca colocaremos ninguna bandera en el balcón. Somos tranquilos, tolerantes, trabajadores, pacíficos, discretos y amigos de nuestros amigos. Queremos tener salud, dinero, amor y trabajo, como todo el mundo. Creemos en la familia y en el esfuerzo personal y no en la donación y subvención para conseguir las cosas. Amamos la paz y la libertad, aborrecemos la corrupción, la violencia, el abuso de poder, la manipulación y la mentira.



    Somos bilingües sin complejos, hacemos zapping sin problemas por todas las opciones, y ya no recordamos si la película de ayer la vimos en catalán o en castellano.



    Nos gustan los deportes y animamos igualmente a Nadal, Ferrer, Alonso, al Barça, al Español y a la Selección, y nos da igual si el gol lo mete un catalán o un manchego, mientras ganemos la copa de Europa o el Mundial. Por respeto no pitamos el himno de España, ni ningún otro.



    Estamos bastante hartos del 'procés' y del politiqueo en general por tanta mentira. Votamos al menos malo, o por descarte. Aborrecemos a quienes fomentan las fobias entre territorios, sean del color que sean, de aquí o de cualquier otro sitio para ganar cuatro votos, mantener la poltrona y seguir llevándoselo calentito a cuenta de todos.



    No creemos que la independencia sea la solución a todos nuestros problemas: no somos tan ingenuos, más bien la política de confrontación y sus lideres son parte del problema. ¿Por qué está todo tan crispado? ¿No tendrían que trabajar todos para sacarnos de esta crisis, dejarse de historias y no confrontarnos unos contra otros? Creo que muchos pensamos así, pero no se nos ve ni se nos oye, somos LOS OTROS, y aunque saben que estamos nos ignoran por no pensar como ellos.



    Tras el próximo fracaso del 1-O habrá ¡nuevas elecciones autonómicas! Informad a todos los que formamos parte de LOS OTROS, a vuestros conocidos, a los indecisos, a los que piensan que esto no va con ellos... que de nuestro voto depende que Catalunya siga siendo feudo de unos cuantos que basan su discurso en el odio a los demás pueblos de España, adoctrinando en las escuelas a nuestros niños y difundiendo propaganda y mentiras en TV3 y en los otros medios comprados con subvenciones pagadas con nuestro dinero. Exijamos que los constitucionalistas lo sean por encima de los intereses de sus partidos.



    Vamos a demostrar a quienes lideran el 'procés' que en el mundo somos catalanes y españoles. Vamos a demostrarles que no nos hemos creído la vil mentira de que 'Espanya ens roba' cuando los únicos que nos han estado robando son ellos: nuestros recursos, nuestro dinero, nuestro orgullo y nuestra dignidad, intentando hacernos sentir inferiores y de segunda.



    Vamos a decirle a ellos y al mundo que ya basta de muestras de odio, intransigencias y amenazas de sanciones para quien no colabora o piensa como ellos.



    Vamos a frenar esta aventura que solo nos ha traído y traerá más pobreza económica e intelectual y más crisis a pesar de que nos prometan el paraíso.



    Porque amamos Catalunya, porque amamos España, porque queremos seguir siendo europeos...



    ¡¡¡VIVA CATALUNYA!!!



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  3. "¿Pero qué ha pasado desde entonces para que grandes colectivos hayan vuelto al sueño de la Patria y las viejas mandangas, esas que ignoraron o de las que se rieron descaradamente los cachorros de la generación de los ochenta? ¿Por qué gran parte de Cataluña y el País Vasco español se reconocen en el imaginario carlista? Yo no tengo tres explicaciones, sólo una. Durante el nuevo período octolústrido (desde finales de los 70 hasta la actualidad) la desinformación minuciosa ejercida por nacionalistas, socialistas y la izquierda involucionaria mantuvo viva una fantasía que ha resultado devastadora, que nada había cambiado y el verdadero poder seguía en manos de los franquistas de siempre. Ese espantajo ha permitido, por ejemplo, que ETA siguiera asesinando hasta el año 2010, o que el nacionalismo y la izquierda involucionaria sigan considerando España como sinónimo del estado franquista y no reconozcan ni sus símbolos ni su legitimidad. Si el Estado (y todos sus productos, incluidos los culturales) sólo sirve cuando gobiernan los nuestros, no sirve nunca." (Perroantonio, http://www.chopsuey.es/)

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