2 janvier 2020

Tasando votos

Estos artículos se escriben y publican con semanas de diferencia. Cuando se escribió este no pensaba uno que cuando se publicara iba a tener esta actualidad: ochocientos cincuenta mil votantes catalanes, un 3,61 %, han anunciado que trabajarán codo con codo con Pedro Sánchez y desde el Parlamento para acabar con los derechos de todos los españoles y del Estado de derecho ("volveremos a intentarlo" han reiterado después de que la primera intentona haya llevado a la cárcel a los cabecillas). Cuando Upyd pidió el cambio de la Ley electoral ninguna de las dos mayorías le hizo caso. En su día también lo pidieron las de Unidas Podemos, pero seguramente pensarán que ya no hay ninguna necesidad de cambiarla, toda vez que que con menos votos que nunca van a obtener una vicepresidencia y cuatro ministerios.


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HACE bastantes años un escritor de mi tierra publicó un célebre artículo que se titulaba más o menos ˝En Babia”, cuyo resumen es este: “Mientras yo estoy aquí en Babia (una de  las comarcas más bellas de aquella región), ahí tenéis a los escritores de Madrid trepando por la cucaña, zancadilleándose y atropellándose en pos de prebendas, premios, honores...”. Yo era entonces uno de esos “escritores de Madrid”, bastante solitario y, desde luego, sin prebendas, premios ni honores, y me llamó mucho la atención aquel artículo, porque a su autor,  más joven que yo, ya le habían dado, desde Madrid, claro, una cantidad considerable de premios y rosas naturales en atención a que vivía en Babia (naturalmente se trasladó a Madrid en cuanto tales beneficios se lo permitieron). 

Cuando se redactó la ley electoral a la que aún nos atenemos, se tuvo en cuenta a todos aquellos que vivían en Babia, lo que hoy ha dado en llamarse la España vacía o la España vaciada, validando la división en provincias del siglo XIX. Ello dio carta de naturaleza a una desigualdad ya secular: en Madrid son necesarios 180.000 votos para obtener un escaño, y en Soria bastan 45.000, o sea, en proporción de uno a tres. Se trataba así de paliar el ostracismo de las zonas menos pobladas y más aisladas, del que se han beneficiado de paso regiones en absoluto despobladas u orilladas, como las provincias vascongadas y catalanas, entre otras.

El caso es que algo ha cambiado radicalmente desde entonces: gracias a internet hoy todos estamos igual de conectados y los billetes de avión de León a Bolonia o Frankfurt pueden costar menos que los de Madrid a Valladolid en tren, y el parque móvil ha aumentado tanto que la movilidad de la población recuerda mucho la boca de un hormiguero. Quiero decir que los que hasta ahora estaban en Babia  saben y viajan tanto o más que los que no tenemos otra que quedarnos en Madrid, a a menudo con cara de panolis por “las cosas que hemos visto”, que decía Falstaff. Así pues, tal vez ha llegado el momento en que el voto de una o un babieco, soriano, vizcaíno o geronés (saludos, amigos) valga tanto como el mío (con perdón). Y lo digo no por egoísmo, sino por humildad: en absoluto se siente uno tres veces más inteligente, premiado ni generoso que ninguno de ellos.

    [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 29 de diciembre de 2019]

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