1 de mayo de 2016

Ciencia, responde

HACE unos meses leímos una noticia fabulosa: “La mejor manera de llegar a nuestro cerebro es a través del torrente sanguíneo con nanorobots, así que podremos aprender idiomas con tan sólo tomar una pastilla”. Aunque se le escapen a uno los detalles exactos que nos llevarían hasta esas píldoras logóteras, la seriedad del vaticinio queda acreditada por el científico que lo formulaba, Nicholas Negroponte, fundador junto a Jereme Wiesner del Media Lab del Instituto Tecnológico de Massachusetts. Hace más de 30 años, Negroponte (gran nombre para un alquimista) se subió a un escenario armado con un puñado de papeles amarillentos y un proyector de diapositivas y lanzó algunas predicciones acerca de cómo sería el futuro cercano gracias a los ordenadores. Habló de pantallas táctiles, libros electrónicos y teleconferencias, “tres cosas que sonaban a ciencia ficción y que hoy están en el bolsillo de cualquiera gracias a los smartphones”.

Por los mismos días, y a petición de algunos activistas, la alcaldesa de Madrid prometió plantearse en su ciudad la promulgación de una ordenanza que prohibiera en la capital de España los circos con animales y la exhibición de animales en cautividad (ignoro si tal ordenanza alcanzaría a los que viven en el zoo, ya que algunos de estos gozan de mucha más libertad de movimientos y desde luego mayores atenciones en lo que se refiere a alimentación y confort que algunos racionales de los que viven en las ciudades modernas. Y de las carreras de caballos no digamos nada para no dar ideas).

¿Existe algún nexo entre una y otra noticia? Aunque sea de una manera oscura, yo sé que sí. Por un lado, la ciencia avanza a la mayor velocidad; por otro, a la mayor velocidad también, se destruyen cosas que contribuyeron a la felicidad de muchos. Sería estupendo poder aprender todas las lenguas sin pasar por el penoso trabajo de estudiarlas, pero una vez sabidas, ¿de qué y con quiénes podríamos hablarlas? ¿No estamos cada día más solos? Se lo pregunto a nuestra perra en una lengua para la que no hay perspectiva de píldoras, y ella me entiende. Lleva la perra su collar y si la paseo por la calle, va atada a una cadena. Vive en cautividad. ¿Y no es cautividad la nuestra, se preguntaba el Segismundo de La Vida es sueño? Ciencia, responde.

   [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 1 de mayo de 2016]

7 comentarios:

  1. El mayor de los artes es conseguir que una persona viva más y mejor, por eso hay docenas de miles de robots realizando cirugías imposibles para un humano. De momento sabemos que se colapsan en las catástrofes nucleares pero serán necesarios para sacarnos del laberinto. Sin no desarrollamos un cariño autentico hacia los animales, que nos ayudaron en nuestra evolución, difícilmente conseguiremos crear robots que nos ayuden a vivir en paz y con ética, tiene que llegar el día en que una persona solo pueda disponer de lo necesario.
    Hoy menos cautivos que antaño, en la conservación de la Naturaleza y las especies podemos sacar el niño que tenemos dentro y demostrar que tenemos corazón.
    Sería espeluznante ver a un niño chico apretujando un periquito ,y a un adulto acariciando un lince, pero si para salvar al lince necesitamos domesticarlo la cosa cambia.
    En ningún sitio dejan circos con animales, es de cajón, pero el problema es el toro de lidía, hay que mirar desde el punto de vista de conservación de la especie, no como tradición o negocio ( que son razones a las que casi nadie se atiene ).
    Claro que somos cautivos, y más que seremos, nos acabaran implantando un nano robot que rebele nuestras intenciones y vigile nuestros sueños, y quien sabe si actuará de verdugo cuando fallen las neuronas.

    ResponderEliminar
  2. No creo que aprender una lengua sea un trabajo tan penoso, si hay interés, curiosidad, constancia y se emplea el método adecuado. Todo proceso de aprendizaje de cualquier cosa puede resultar enriquecedor y hasta creativo, y en el camino se pueden llegar a adquirir otros muchos conocimientos inseparables del idioma que se estudia. Al menos mi experiencia es positiva a este respecto. Con esas pastillitas de nanorobots te pierdes todo eso que es abrirle la puerta a una nueva lengua, como viajes, lecturas y otras vivencias que se derivan de lo puramente humano.

    ResponderEliminar
  3. Los Negroponte parecen nigromantes, ellos se definen como visionarios y socráticos. Nicolas es hermano de John, leyenda viva de la CIA, y polémico ex embajador al servicio de los presidentes republicanos( desde Nixon a Bush hijo)

    ResponderEliminar
  4. Lo obvio es que todo progreso implica un retroceso. En vez de esas píldoras de aprender idiomas, hace mucho tiempo debió implantarse el estudio del Esperanto en todos los colegios e institutos del mundo. La torre de Babel se habría derrumbado.

    Sí: todo avance técnico es retroprogreso. Con Internet podemos ver infinidad de películas y series, pese a lo cual... Pese a lo cual yo echo de menos los cines de sesión doble.

    ResponderEliminar
  5. Si lo ve negro ponte en lo peor.

    ResponderEliminar
  6. Aquella mala copia de Aristóteles que fue Tomás de Aquino lo dejó claro, y los católicos no hacen más que repetirlo: el sufrimiento animal no tiene importancia ni trascendencia, ya que los animales fueron creados para servir al hombre.
    Así las bestias cumplen su función en esta vida: divertir a unos desgraciados zangolotinos que nunca aprendieron, ni aprenderán, la dignidad ni la belleza de los animales ni, en general, de la creación. La creación es solo una gran carpa donde van a divertirse los que no dan para más. Bastante castigo llevan, la verdad.

    ResponderEliminar
  7. Cuando el boxer de mi mujer aparece asustado en el cuarto de estar y mira alternativamente el monitor de mi pc y el maldita televisor encendido, se decide sin la menor duda por echarse a dormir con la cabeza hacia otro lado. Deduzco que le interesan más las humanidades que la ciencia.

    ResponderEliminar