15 de mayo de 2016

Una humillación más

POR las fechas en que se celebraba el cuarto centenario de la muerte de Cervantes, José Jiménez Lozano, premio Cervantes él mismo, publicaba un artículo. Anunciaba en él que probablemente fuese el último, así lo querían el señor Montoro y la señora Báñez, ministros de Hacienda y de Trabajo respectivamente. De hacerlo, se quedarían estos con la mitad de su pensión. Dicho en otras palabras: la ley le condena a ser pobre y a sus lectores a no volver a leer una línea de uno de los escritores más finos, libres y sagaces con que cuenta hoy España. 

¿Y por qué este desaguisado? En España, a diferencia de la mayor parte de los países europeos, las rentas del capital no son incompatibles con las pensiones, pero sí las del trabajo. Un jubilado español puede seguir cobrando íntegra su pensión y, por ejemplo, los alquileres de cien pisos de su propiedad, si los tiene, pero un escritor no, si los derechos de autor o el dinero de sus artículos o conferencias sobrepasan la cantidad de nueve mil euros al año, pese a que su jubilación no es una gracia que le concede el Estado, sino un derecho que se ha ganado a pulso con sus cotizaciones a lo largo de su vida.

Los escritores, periodistas, profesores y muchas otras gentes han mostrado su indignación, como es natural,  porque al “escribir en España es llorar”, de Larra, hemos de añadir ahora un “y sin pañuelo”, porque no tendrán dinero para comprarse uno. Hemos oído que este disparate está en vías de solución, y le alegraría a uno que así fuese, pero esa esperanza no acaba de hacernos olvidar lo principal: ¿A quién se le ocurrió poner en marcha esta última vejación? “¿Cómo es que a un hombre tal no lo tiene España muy rico y sustentado por el erario píblico”, recordaba Jiménez Lozano citando al licenciado Márquez Torres que visitó a Cervantes en su casa. Y añadió lo que dijo entonces, no sin cinismo el caballero francés que le acompañaba: “Si la necesidad le ha de obligar a escribir, quiera Dios que nunca tenga abundancia, para que con sus obras, siendo él pobre, haga rico al mundo”. Vamos a menos. En tiempos de Cervantes, un escritor, porque era pobre, había de seguir publicando hasta el mismo día de su muerte. Hoy un escritor ha de dejar de hacerlo, si quiere seguir pasando hambre, quiero decir conservando su pensión y ser un muerto en vida. 

    [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 15 de mayo]

23 comentarios:

  1. Es llamativo, pero pronto desaparecerán los derechos de autor, el gran lobby así lo quiere y se basa en aspectos morales, como el derecho de acceso de los desamparados a la cultura por medio de un Internet gratuito para ellos, hay una confluencia de intereses
    entre los nuevos magnates y lo más pobres, alguien tiene que pagar el pato.

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    1. Aspectos morales? Eso es un hanacronismo.

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  2. Esto debe de formar parte de eso que llaman "el disparate nacional".

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    1. No, esto forma parte de eso que se llama "gobierno del PP". No se escabulla por la tangente costumbrista.

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    2. Es una suerte tenerle a usted de policía de este blog, así evitamos que se nos "escabulla" nadie, y menos por la tangente costumbrista, pecado reaccionario donde los haya. Y por cierto, no he votado al PP en mi vida. Que tenga un buen día, y feliz desahogo.

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    3. La izquierda siempre ha defendido a la cultura, sobre todo a sus paniaguados del cine, que en su mayoría nada tienen que ver con los papeles de Panamá.

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    4. Yo supongo que lo de los "paniaguados del cine" tendrá que ver con el viejo tópico de las subvenciones; que algunos reaccionan no a la razón o a los hechos, sino a los tópicos. Pongo aquí enlace a un artículo que convendría que algunos leyesen: http://www.eldiario.es/escolar/grandes-mentiras-cine-espanol_6_183791641.html. Y cito un párrafo de dicho artículo:

      "El cine está mucho más subvencionado en España que en otros países"

      "Falso. Los 50 millones de euros españoles contrastan con las ayudas públicas al cine de Reino Unido (120 millones), Alemania (340 millones) o Francia (770 millones). Si España destaca, es justo por lo contrario: porque las subvenciones son ridículas comparadas con el apoyo que recibe este sector en el resto de Europa. Y porque es casi el único país de la UE donde el cine paga el máximo tipo de IVA, en vez de un tipo reducido por su interés cultural".

      De sobra sé que los hechos no importan a ciertas mentalidades, que son, como Borges dijera de una conocida suya, "inaccesibles a la realidad". Pero queden aquí para quien quiera verlos.

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    5. Rectifico: Borges no hablaba de "inaccesible", sino de "invulnerable a la realidad". Eso, como digo, le pasa a más de uno.

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    6. Vuelva a rectificar, pero desde el principio.

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    7. No tengo inconveniente alguno, aunque le rogaría que, para evitar nuevos errores, me explicara concretamente lo que en su opinión he de rectificar. Gracias.

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  3. A quien en este país gane escribiendo -y siendo leído- más de 9000 euros al año habría que darle un premio honoris causa y redimirlo de todo impuesto.

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    1. Certero comentario. Tenga usted en cuenta que contratar canal para ver partidos es irrenunciable.

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  4. Quizá sea una visión algo romántica, no sé, pero puede que un escritor pasando un poco (un poco...) de penuria llegue a escribir mejor y más sinceramente que otro que lo haga siempre desde una poltrona más mullida y cálida.

    Bastante patético, por cierto, leer la refriega entre anónimos que escriben más arriba.

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    1. No acierto a entender qué tiene que ver escribir más "sinceramente" con tener más o menos dinero en la cuenta corriente. Según su tesis, Proust debía de escribir fatal.

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  5. vivimos en un país de cosas ilógicas que sería imposible enumerar aquí y que tengamos que escoger entre la pensión y poder seguir haciendo lo que mejor saben es ilógico. en fin, espero que se pueda solucionar

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  6. Hace poco se detuvo a unos jubilados que se habían dado al bingo en tele club de un pueblo, las timbas eran de perra gorda pero se olvidaron de tributar, supongo que fue un chivatazo exagerado. El bingo apenas llegaba a 2 euros de premio, los veteranos pasaron mucho miedo, estaban matando el aburrimiento pero libres de perversión alguna
    El hambre agudiza el ingenio pero también descoyunta al mejor bailarín.( Valentin el descoyuntado fue un famoso bailarín del Moulin Rouge, amigo de Picasso )
    La mejor herencia que puede dejar un escritor son libros sin editar, lo que daría lugar a la Era del postumismo ilustrado o Edad de Oro del póstumismo.
    Dentro de 50 años: lo que ahora nos parece injusto, parecerá muy injusto, sino mal vamos.

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  7. No creo que esto ocurra en ningún otro país de Europa ni en EEUU ni en Canadá. No son tan cafres. Si cortas un árbol podrás coger fácilmente los frutos que tenga, pero te quedarás sin árbol. Creo que me explico.

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  8. En EEUU en 1936 Roosevelt creó el Proyecto Federal de Arte, dentro de un gran proyecto para combatir el paro durante la gran depresión, con el cual empleó a 10000 artistas en paro hasta el fin del proyecto en 1943( con la Guerra se acabaron los fondos)
    En el proyecto intervinieron artistas con precariedad económica de todas las disciplinas, los más conocidos son Jackson Pollock y Willem de Kooning. Fue una idea genial, digna de uno de los hombres más decisivos de la Historia.

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    1. Roosvelt fue decisivamente negativo para España.Informese

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  9. Buenas tardes, Andrés. Me gustaría leer el artículo de JJL al que se refiere en el suyo. ¿Recuerda dónde se publicó? Gracias.

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    1. Gracias. Y gracias a Domingo Vallejo por traerlo.

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  10. Artículo JJL:La Razón, 17-abril-2016

    Un hombre acabado

    José Jiménez Lozano

    Este artículo quincenal, que he venido firmando desde hace algunos años en LA RAZÓN, puede muy bien ser el último, porque una ley para gente de letras jubilada me otorga la absoluta libertad de escoger entre seguir escribiendo y percibir la mitad de mi pensión, si los emolumentos pasan de nueve mil euros al año, o bien recibir la pensión entera, pero escribir con cálculo y medida para no pasar de esa cantidad fijada como producto permitido a mi trabajo.

    Éste es un invento muy desconcertante, y realmente siniestro para escritores con pensiones bajas o muy bajas, que tendrán prohibido su propio trabajo para completarlas, y verán frustrada su vida sin el sentido del honor de la escritura que tenían, y por el que, a veces, han pagado un alto precio. Y es invento, desde luego, que nos lleva a la melancólica conclusión de que el Estado parece incapaz de ver a los escritores de papeles o de libros de otro modo que como «ingenieros de almas», según pensaba el señor Stalin, para conformar a los ciudadanos en una sola mente, y como absolutamente prescindible el trabajo intelectual literario y periodístico, u «oficio de gente sentada», ya sospechosa desde antiguo por los malsines del Santo Oficio. Pero ya parece haber llegado la hora final para esa gente literaria, como para los fotógrafos ambulantes. Todo el mundo tiene ya su cámara y seguramente su provisión intelectual y estética, y un escritor, por decisión estatal hombre acabado, no debe perturbar tal situación. Hará mejor en preocuparse de su subsistencia, pero por otros medios que aquellos para los que él cotizó, y la ley le aseguraba una pensión.

    En una de las novelas de la señora P. D. James, uno de sus personajes, una escritora que atestigua en el caso de un asesinato, dice a la policía que ella escribe novelas rosa porque tiene treinta y dos lectores y no quiere defraudarlos, y la sargento comenta luego a su jefe que está maravillada de lo que es la fidelidad de un escritor, aunque, en España, tendría que haber pensado si el Estado se lo permitiría. Y entonces es cuando el escribidor se percata de que es como un superviviente en una sociedad como la muestra que ha consagrado el utilitarismo como el único valor moral y que, desde los tiempos del señor Dewey, considera que es llenar de telarañas las mentes infantiles o adultas con algo más que con el conocimiento del entorno, como a los gatos.

    En aquel tiempo, se dio el primer ataque a las que es costumbre llamar «humanidades», que son únicamente el uso normal y serio del yo personal y de la razón humana; y el señor Bravo Murillo resumió un poco reciamente el asunto para los españoles, diciendo que «lo que aquí necesitamos no es gente que piense, sino bueyes que trabajen», y hoy se añadiría que fueran competitivos. De manera que parece haberse pensado que los escritores exitosos no necesitan pensión y los demás, como no han triunfado, han de atenerse a la consecuencia, como no válidos para la competitividad.

    Y, dando vueltas a estos asuntos, me he acordado, de repente, de que el señor Miguel de Cervantes mucho tenía que ver con estas de confiscaciones, tasas y permisos para escribir, porque fue «escritor muy célebre, pero sin favor alguno», como dice Mayans y Síscar.

    Don Francisco Márquez Torres, capellán del arzobispo toledano Sandoval y Rojas, amigo de Cervantes, cuenta que en una reunión de diplomáticos del séquito del embajador francés, en la que salió el nombre del escritor, Márquez dijo que era «un viejo, soldado, hidalgo y pobre» y ellos respondieron: «¿Cómo a un hombre así no le mantiene España?». Pero otro de los reunidos añadió: «Si es la necesidad la que le obliga a escribir, plegue a Dios que no tenga nunca abundancia para que él, pobre, enriquezca al mundo». Lo cual es muy ingenioso, pero en el caso de Cervantes y en el de todos los demás, muy injusto y muy terrible.

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