13 de noviembre de 2016

Bienes escasos

Acaba de celebrarse un importantísimo congreso de geógrafos de todo el mundo y la primera conclusión a la que han llegado es desoladora, pero no desconocida: el planeta se ha transformado mucho más de 1950 a nuestros días que lo que había hecho desde el siglo XIII a 1950. Agua, carbón, petróleo y recursos energéticos, especies animales desprotegidas y minerales codiciados... Estos son algunos de los bienes escasos que suelen ocupar las páginas de los periódicos o los minutos televisivos. Aquí hablaremos de otros bienes que tal vez estén en relación directa con el despilfarro de los que acabamos de citar. 

El mayor bien y el más escaso en las obesas y ruidosas sociedades del primer mundo, incluso en las rurales, es el silencio. No oír otro sonido que el nacido directamente de la naturaleza. Recuerdo que en el pequeño burgo donde viví mi infancia nos despertaba el canto de los gallos, y el perfume de los huertos y prados se apoderaba en otoño de sus calles, y poniendo atención podían incluso oírse las fases de la luna. Sí, el planeta es otro muy diferente al que conocieron treinta generaciones humanas. Han bastado sólo dos para desfigurarlo por completo. Algunas veces lo ha formulado uno de este modo: España, sus pueblos  y caminos, sus ciudades y sus gentes, fue cervantina hasta el Plan de Estabilización de 1959. “¿Qué se hicieron?”. Después vino esto.

El silencio (¡un día sin oír ningún ruido que no manara de los cuatro elementos en estado puro, fuego, aire, agua y tierra!) llegará a ser privilegio sólo de reyes y señores feudales como lo fueron en sus siglos las músicas concertadas. Y bien escaso será poder vivir acompasados con el sol y las estrellas, ser velados durante el sueño por un ruiseñor y despertarnos con la alondra. ¡Noches sin vatios! Otro bien escaso, ente nosotros, es el hambre, un hambre que va más allá del pan. Entiéndase bien esto: levantarnos de la mesa no saciados, no tener a nuestro alcance todo aquello que una vez obtenido ya nos sobra, no desear nada que no necesitemos, para no despilfarrar lo que no necesitábamos, no destruir los alimentos que no pudimos comer. “Lo malo es que no sabemos para qué sirve la sed”, decía Machado, pero más triste que sed sin agua es agua sin sed, vida sin deseo y un planeta sin suelo ni cielo.

   [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 13 de noviembre de 2016]

4 comentarios:

  1. No pocos de los que en los ochenta tuvimos relación directa o indirecta con el alcalde Tierno Galván nos reprochamos un viernes sí y otro sábado también haber aplaudido aquella entrega de Madrid al votante joven dispuesto a convertir la ciudad en un homenaje al decibelio alcoholizado, pues no otro objetivo se perseguía con aquella insensatez que medrar en las urnas al precio que fuera. Claro que, y lo confesamos sinceramente, ha hecho falta dejar de ser jóvenes para reconocerlo.

    ResponderEliminar
  2. Cientos, quizá miles de pueblos de España van a quedar en situación de abandono y desolación cuando mueran, dentro de poco, sus ya escasos pobladores, casi todos ancianos. La España rural se acaba. Aunque tal vez haya gente joven y desempleada o descontenta con su vida urbanita dispuesta a irse a aquellas casas, que nadie ocupará, y a cultivar esas tierras en plan agricultura de autoconsumo. Ojalá se haga algo. Pero tendrán que organizarse pues, si tienen hijos, ¿cómo escolarizarlos?, ¿cómo llevarles al médico?... Alguien tendrá que ayudar desde la Administración. Pueblos de Castilla, aldeas de montaña alejadas de núcleos urbanos... no deberían ser pasto del completo abandono.

    Sandra Suárez

    ResponderEliminar
  3. Quizá el silencio escasea porque el espacio habitable es poco también, y estamos hacinados. De modo que para encontrar el silencio (donde sea) hay que moverse un poco.

    "Despiértenme las aves
    con su cantar süave no aprendido,
    no los cuidados graves
    de que es siempre seguido
    quien al ajeno abritrio está atenido".

    Según los expertos, el armonioso canto de un pájaro está formado por sílabas, como el lenguaje de un humano.

    Y a la hora de graznar, no hace falta decir quién es peor...

    ResponderEliminar