6 de noviembre de 2016

Caídas libres

EL resultado del referendo que debía aprobar o reprobar los acuerdos de La Habana para poner fin a medio siglo de guerra con las Farc ha sumido a muchos en el mayor desconcierto y desconsuelo. Contra todo pronóstico, los colombianos han rechazado los acuerdos. Los partidarios del ‘no’ han ganado a los del ‘sí’, y el expresidente Uribe se ha impuesto al presidente Santos, a quien endulzaron su derrota con un premio Nobel de la Paz.

En España algunos preguntaron: ¿qué habría ocurrido aquí si se hubiera presentado un acuerdo parecido para los terroristas de Eta, a saber, impunidad, un sueldo durante dos años, escaños parlamentarios garantizados...? 

Dejemos a un lado estos hechos relevantes: Eta ha sido derrotada policial, política y judicialmente; las Farc no. Eta era una banda terrorista; las Farc, un ejército bien pertrechado y con saneados ingresos del narcotráfico al que no han podido derrotar ni siquiera los trescientos mil soldados de las Fuerzas Armadas del mandato de Uribe. Los paramilitares, un ejército tan temible, sanguinario y corrupto como las Farc, fueron amnistiados con Uribe en pactos no menos injustos que estos, y los territorios donde ha vencido el ‘sí’ están sometidos a las Farc, y al contrario, el ‘no’ prepondera en zonas alejadas del terror, hecho que no es ni paradójico.

La primera reacción de los gerifaltes de las Farc, incluso de su soldadesca (y acaso muchos hayan votado ‘no’ viendo la arrogancia con que se han conducido durante el proceso, tratando de presentar los acuerdos como un empate, cuando ha sido una derrota ideológica en toda regla, y sus crímenes como algo “que ninguno pudimos evitar”), ha sido decir que ellos están dispuestos a seguir negociando... Y ahí es donde Uribe acaso tenga razón: si las Farc están dispuestas a seguir negociando, es que las negociaciones se habían cerrado en falso. ¿Y ahora? Como antes del referendo, tiene uno sus dudas, y las dudas nos llevan de nuevo a preguntar al amigo Héctor Abad. Teme él lo peor, no barrunta nada bueno. Ya ni siquiera se trata de los acuerdos, sino de referendos y plebiscitos: la gente parece sentir un placer irracional arrojándose al vacío, ayer en Inglaterra, hoy en Colombia, mañana en Trump, algo que podríamos resumir con sarcasmo como “caídas libres”.

    [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 6 de noviembre de 2016]

2 comentarios:

  1. En los referendos se decide a menudo pensando que, aunque uno vote con las tripas, los demás lo harán con la cabeza. Así que uno puede permitirse una pequeña travesura. Y al final tanta travesura da lugar a un resultado que muchos de quienes votaron traviesamente no deseaban en el fondo. También en las elecciones se da ese fenómeno (voto testimonial animalista, o al partido de los jubilados, o a la marea verde o blanca o...), pero, al repartirse mucho los votos "irresponsables", las consecuencias no son tan determinantes como en un referéndum donde sólo hay dos opciones: sí y no.

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  2. Me sorprende que cuando habla de las Farc nunca utiliza el adjetivo terrorista. ETA es (no era) una banda terrorista y las Farc también. La cuestión relevante es si se hubiera derrotado a ETA (aunque todavía no se ha disuelto ni entregado las armas) de haberse firmado un acuerdo similar al que pretendía Santos con las Farc. No es verdad que los paramilitares en la época de Uribe fueran amnistiados en pactos no menos injustos. Le aconsejo que lea, supongo que ya lo ha hecho, la estupenda entrevista de Cayetana AdT a Uribe: http://www.elmundo.es/internacional/2016/11/06/581db89ce2704e6a658b4689.html

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