27 de noviembre de 2016

Humanidades populistas

SORPRENDE a algunos que el populismo haya salido en España de la universidad. Una de las primeras cosas que suelen denunciar los estudiantes es la mala calidad de la enseñanza que reciben. En mis tiempos al menos, ancien régime de verdad, puro y duro, lo más gracioso era ver que quienes exigíamos una mayor calidad en la enseñanza, tratando de movilizar a los estudiantes para llevarlos a la huelga, nos pasábamos la vida en la cafetería, metidos de hoz y coz (y nunca mejor dichas ambas palabras) en la agitprop, sin abrir un solo libro. Las carreras técnicas y cienfícas son, claro, de otra naturaleza, y en ellas todo es más sencillo: dos más dos son cuatro. En una carrera de letras (Literatura, por ejemplo, lo que yo conozco algo mejor), es al revés, hemos de desconfiar de las soluciones (lo peor de una solución si se la busca es que se la encuentra, dice Ferlosio). Si las carreras técnicas o científicas resultan imprescindibles en el progreso y bienestar humanos, y miden su importancia por criterios de eficacia, ¿para que sirven las humanidades? La mayor parte de la gente ni siquiera sabe a ciencia cierta qué encierra esta palabra y qué queremos decir con ella: ¿filosofía, lenguas muertas, poesía y literatura, finas artes?

No pretendía uno hacer hoy aquí su defensa (¿para qué sirven, si no podemos probar su eficacia?), sino de cómo los criterios de eficacia han acabado contaminando aquello cuya utilidad está fuera de toda duda, aunque no pueda probarse. Sí, sabemos que son útiles para pensar, pero eso parece insuficiente o peor, peligroso. Aunque a alguien se le ha ocurrido que podría probarse si no su utilidad sí su popularidad, preguntando a los alumnos, dándoles voz y voto, coz y voto, podríamos decir también. A ningún futuro ingeniero se le preguntaría si le parece bien o no estudiar resistencia de materiales. A uno de letras puede invitársele a confeccionar el temario de la asignatura y después a evaluar a sus profesores. La plaga, que empezó en universidades norteamericanas, parece estar llegando a Europa. Y algunos profesores, desde luego, se prestan al reseteado (¿quién puede resistir la tentación de ser considerado guay por sus jóvenes alumnos?): la cultura de tapas o los criterios de género en el comic han sustituido al estudio de la obra de Pirandello o del conde Lucanor. Decimos que el populismo sale hoy de la universidad, y no lo decimos todo. Sale de allí, sí, porque llevaba allí ya mucho tiempo.

   [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 26 de noviembre de 2016]

8 comentarios:

  1. Para empezar, lo que yo quisiera es oír o leer una definición practicable y coherente de lo que es el populismo. Hoy por hoy no la he encontrado. Y me refiero, claro está, a una definición útil y que discrimine, es decir, que no sea aplicable a la totalidad de las políticas o de los dirigentes políticos. No parece que sea tarea fácil.

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    1. A mí, ésta que copio me parece razonable y útil:

      "El rasgo más característico del populismo es la construcción de la idea del «pueblo» como agente histórico, depositario de las virtudes sociales de justicia y moralidad y responsable del cambio social, confrontado a «otro» que impide el desarrollo del destino del pueblo".

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    2. Esto está copiado tal cual de un editorial que puede ver ahora mismo en El País:

      "es populista quien despliega un discurso antielitista en nombre del pueblo soberano. En otras palabras, quien sostiene que el pueblo virtuoso ha sido víctima de una élite corrupta que ha secuestrado la voluntad popular. Y lo es, en fin, quien se arroga la potestad de determinar quién pertenece a cada una de esas entidades: quién es gente, quién es casta. De ahí que el contenido de esos contenedores de indudable fuerza simbólica no se encuentre prefijado (...) De hecho, cualquiera puede transitar entre ambas, del pueblo a la élite y viceversa, si abraza el ideario populista.

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    3. Perdón: no es un editorial, sino un artículo firmado (por Manuel Arias Maldonado).

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  2. La cara oculta de Lula28 de noviembre de 2016, 0:53

    Hay que reconocer el dominio del idioma de Perón, llamó justicialismo a su concepto de populismo, de tal manera que a su populismo se le llamó peronismo, Peron odiaba la palabra populismo ( le sonaba a ruso ). En cambió se habla de populismo chavista.
    El populismo de derecha es mafia nazi y el de izquierdas también. Un populista es un mentiroso y un ladrón, pero no sabemos de forma academica sus vertientes, es una palabra infame que no tiene una definición honesta

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  3. Precisamente la universidad debería ser el principal agente suministrador de rigor y solvencia intelectual. El rigor es el estudio profundo, exhaustivo y desapasionado (des-emocionado) de las cosas, incluidos los problemas sociales y sus eventuales vías de solución.

    No creo que el método científico de "ensayo y error" no pueda aplicarse a las humanidades. Probablemente no a las artes plásticas, la música y la literatura, pero sí a la economía y a la ciencia política. A estas alturas tenemos ya una dilatada experiencia histórica acerca de los resultados concretos que han producido los diversos sistemas políticos y económicos.

    Oyendo a los líderes de Podemos (Iglesias, Errejón, Monedero...), es obvio que en la facultad de Ciencias Políticas no estudian (al menos no con rigor ni con datos) los resultados prácticos a que han conducido históricamente el marxismo político y el estatalismo económico.

    SANDRA SUÁREZ

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  4. Yo creo que el populismo es un fenómeno que consiste en pensar que los seres humanos somos tablas rasas a partir de las cuales podemos ir moldeando al personal y abriendo caminos de ida (nunca de vuelta) hacia el objetivo. Porque siempre hay "un objetivo". Que el objetivo no existe, o no se puede llegar a él, o está en otro sitio del que pensábamos...; todo eso da igual. La cuestión es seguir el camino al objetivo. Cuanto más tiempo pasa sin encontrar el objetivo, más razones hay para seguir intentándolo, hay que insistir porque el camino es el correcto y el final es bueno.

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  5. "Las carreras técnicas y científícas son, claro, de otra naturaleza, y en ellas todo es más sencillo: dos más dos son cuatro. En una carrera de letras....hemos de desconfiar de las soluciones"

    "Sí, sabemos que son útiles para pensar, pero eso parece insuficiente o peor, peligroso".

    En fin, se denuesta más o menos el cerebro del estudiante de ciencias porque la solución de sus problemas es solo una y basta dar con ella. En cambio los de letras PIENSAN. Creo que tales afirmaciones revelan un ligero desconocimiento de los "otros". Si algo recuerdo con dolor de mi época universitaria son las muchas horas rompiéndome el coco para evaluar el problema en su amplia magnitud y plantear el camino acertado, dentro de los muchos posibles. La calculadora (la que no se equivoca y ofrece una solución única e inmediata) quedaba para el final. A ver si ahora los de ciencias pasábamos una carrera menos divertida que los de letras y disfrutábamos plenamente de la juventud todo el curso, mientras ellos se sacrificaban veraneando de junio a mayo. A lo mejor fue así y la memoria me traiciona.

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