Diario español, lo subtitula Max Aub. Has vuelto a él buscando un pequeño dato, como quien entra en un viejo reñidero de gallos, cerrado hace años, abandonado. Y has tenido que salirte de allí al poco, un tanto incómodo e impaciente, sin comprender la pasión que movió tantas peleas, tantas apuestas. Y lo que buscabas, quizás lo encontraste y no lo reconociste, porque nada se parecía a lo que recordabas, excepto el argumento del libro, que el tiempo ha vuelto aún más triste. Es un libro sobre el que llueve siempre. La queja trae descrédito, leemos en el Oráculo manual. Sí, en la queja siempre llueve sobre mojado. El autor repite tal argumento con esa insistencia de algunos ciegos, convencidos de que nadie les oye porque no ven a nadie: “¿Qué hay de lo mío?”.
30 avril 2011
La gallina ciega
29 avril 2011
Los más vendidos (topmanta, una foto)
28 avril 2011
¿Adónde vas?
Decíamos, a propósito de Comandante Durán, que a menudo la emoción sólo la hallamos en los pliegues. Extraño personaje, decíamos también, o extraña manera de presentárnoslo en la biografía de Javier Juárez, condenándolo a arrastrar para los restos ese “comandante” que Gustavo Durán llevó tan sólo unos meses de su vida, a sus treinta años, y que trató de quitarse de encima a toda costa los otros treinta que le quedaban por vivir. Acaso el biógrafo se haya visto inerme ante silencios fosilizados al cabo de tantos años: sí, no debe de serle fácil a nadie preguntar a unas hijas por la homosexualidad declarada de su padre, amante de un hombre que acabaría siendo por azares de la vida tío de ellas, o de quien llegó a ser un funcionario del gobierno de los Estados Unidos por su antiguo estalinismo o sobre su responsabilidad en los crímenes del terrorífico SIM durante la guerra civil española. O, algo más sencillo, las verdaderas razones por las que alguien deja una labor de creación cuando ni siquiera ha dado frutos medianamente en sazón. ¿Realmente alguien puede creer que Rimbaud deja de escribir poesía porque quiere dedicarse a la venta de armas y esclavos o, salvando las distancias, que Durán deja la música sólo por servir a la República Española? Con todo, la biografía de Juárez, en los pliegues, nos ha regalado alguna historia extraordinaria. Citábamos el otro día la crónica de la visita de Durán al manicomio de Ciempozuelos, para visitar a su madre, a finales de 1934. A mediados de 1939, el 6 de julio, un amigo de Durán, el músico Enrique Casal-Chapí, le escribe, con la amargura de la derrota, una carta, en la que nos tropezamos con el más hermoso retrato que nadie haya hecho jamás de España, y que por extraño conducto nos remite a aquel “Yo no digo mi canción sino a quien conmigo va”.
Casal-Chapí habla en pasado, como quien marcha al destierro:
“España era el país maravilloso en el que la gente podía decirte:
–¿Adónde vás?
–A ningún sitio.
–Entonces te acompaño”.
27 avril 2011
De un chat
Ayer, en El País, hizo uno un chat, del que extracto algunas respuestas. Debiera tener en esta página, al margen del blog, un lugar donde se pudiesen ver estas cosas, noticias, entrevistas, reseñas linkadas. Para eso en principio es una página web, pero mis habilidades técnicas son limitadísimas. Tal y como uno lo entiende, un blog, como casi todo, debiera ser, más o menos, el lugar en el que uno habla de todo el mundo menos de sí. No puede uno andar por la vida de hombre-anuncio de sí mismo. Hubo ciento veinte preguntas, de las que le dio tiempo a uno a responder una veintena, por orden de llegada. Pedí que me enviaran el resto a mi correo, para responderlas tranquilamente en casa, pero la persona que moderaba el asunto vio, como lo vi yo, cómo desaparecían en el ciberespacio, sin posibilidad de recuperación. O sea, que quien más quien menos tiene también sus limitaciones. Las respuestas completas se ven en http://www.elpais.com/edigitales/entrevista.html?id=7962. Aquí van algunas, con mínimas correcciones.
Hace un par de semanas compré Apenas sensitivo en el Rastro por diez euros. En mi lugar, ¿hubieras tenido tan pocos escrúpulos? (Moltisanti)
Creo que yo también vi ese ejemplar, que estaba sin sobrecubierta y deteriorado. O sea, que pagó mucho por él, desde mi punto de vista. Por eso se lo agradezco más.
¿Cuál es el origen del titulo Apenas sensitivo? (Darío Jaramillo)
El poema de Rubén Darío "Lo fatal" ("Dichoso el árbol que es apenas sensitivo, / y más la piedra dura porque ella ya no siente..."). El título, provisional, como tantos, vino a confirmarse en una visita a La Villa delle Ginestre en Torre del Greco, donde Leopardi trató de mejorar su salud. En aquella casa había un reloj de sol, cuya leyenda latina decía Sine sole sileo (Sin sol me silencio, o Sin sol me callo, o En silencio sin sol). A la palabra sileo se le había caído la e, como si hubiese empezado a dar ejemplo por sí misma. Había algo irónico en esa coincidencia... fatal.Todas esas cosas, de una manera oscura,confirmaron el título. Me gustaba el tono irónico que puso en esas palabras Darío. Porque la ironía es la cortesía de la literatura, como la claridad es la cortesía del filósofo.
¿Tienes alguna opinión formada sobre el "género" del microrelato? (Mateo)
Creo que la literatura ha tenido desde la antigüedad tanto éxito porque debe de ser de los pocos sitios donde el tamaño no importa. Aunque si le soy sincero, el género de los microrelatos ese no suele gustarme mucho. No sé qué me pasa, que a la mitad de uno de esos cuentos me aburro y lo dejo, incluido el famoso de Monterroso, que jamás he podido acabar, como me ha sucedido, por cierto, con el Ulises de Joyce.
¿Has leído algún autor de la generación Nocilla? (Darío)
No.
Buenas tardes Andrés, ¿suele escribir desde el lado emocional? (Caleta)
Lo que se sabe sentir se sabe decir, es frase de Cervantes que me gusta repetir, y la literatura que no nos emociona, que no nos conmueve, ¿puede tener algún interés? Sólo lo que nos conmueve, nos hace mejores, de una u otra forma. Hay otras formas, claro, que nos mejoran sin conmovernos especialmente (la filosofía o la ciencia, por ejemplo). Pero hablábamos de poesía.
¿Para cuando otro libro de poesía? Leo y releo "Un sueño en otro". Cada mañana, un poema suyo me sirve de bálsamo. Gracias por emocionarnos. (Oñivenis)
Gracias. Y cada vez que ocurre un hecho parecido, con esos poemas o con otros, de poetas mejores o peores, grandes o pequeños, el mundo gira de otro modo. Como gira de otro modo para el niño cada vez que logra levantar en la playa una casa de arena que desaparecerá con la marea. Mientras está en pie ese montón ordenado en forma de castillo de arena, su mundo es inexpugnable. Lo paradógico es que los poetas nos ocupamos de la mareas, las altas y las bajas, y de la hermana luna, que las rige. Y comprendo que no son estas cosas para hablarlas así, en un chat, aunque de eso trata también la poesía, de dar testimonio de nuestra intimidad en un mundo que se avergüenza de la belleza o la combate.
25 avril 2011
Misterioso Durán
Misteriosa y novelesca, sin duda, fue la vida de Gustavo Durán, primero músico, luego teniente coronel del ejército republicano durante la guerra civil y finalmente diplomático internacional. Hemingway, que le dio un papel estelar en Por quién doblan las campanas, lo tuvo siempre por héroe, pero Javier Juárez, su biógrafo y panegirista, no deja de mencionar algunas sombras: en cuanto a su condición de músico, Aldolfo Salazar le escribió a Falla diciéndole que Durán sólo era un plagio de Ernesto Halffter (la música en realidad sólo fue un episodio tan prestigioso como irrelevante de su juventud), y en cuanto a su condición de combatiente, Juárez alude (sin entrar en detalles) a las acusaciones de que fue objeto Durán por su actuación en la guerra, encuadrado en las filas de Partido Comunista, en el siniestro SIM (que dirigió a las órdenes directas de Orlov) o en su evacuación a finales de marzo del 39.
Pero ninguna de esas cuestiones históricas son el objeto de estas líneas. Como en tantas vidas, a menudo hallamos en sus pliegues íntimos lo más valioso. En este, Durán relata a sus hermanos la visita que acaba de hacer a su madre en 1934 en el manicomio de Ciempozuelos, donde la había recluido su padre, con escasos y discutibles diagnósticos y con el único propósito, al parecer, de despejarse el camino que lo iba a unir a otra mujer más joven. La esposa acabaría demenciándose por completo en el frenopático. Un drama galdosiano. Durán relata a sus hermanos, en una carta conmovedora, ese encuentro, después de años sin verla. Le atormentan los remordimientos por no haber sabido atajar una decisión que empieza a considerar tan injusta como fatal:
“Al preguntarle yo en qué pasaba el día, me contestó: Por la mañana paseo por el jardín. Después voy a comer (me dijo lo que comía cada día). Por la tarde zurzo y coso (porque ahora el “tío José” [el marido que la ha internado] se ha vuelto muy económico y me obliga a reparar mi ropa… Pero no me importa, me entretiene el hacerlo), y luego ceno y me voy a dormir.
“Al preguntarle que a qué hora se dormía y a cuál se despertaba, me contestó: no me preocupo; Dios me duerme y él me despierta. Eso, como tantas cosas, es asunto de él y no mío.
“Me enseñó un zurcido que había hecho en un pañuelo, y como yo le dijera que antes lo hacía mejor, me dijo: “Es que antes era Petra Martínez quien bordaba y cosía, y ahora es una loca. Para ser hecho por una loca no está mal.
Le pregunté si iba a misa, por saber si su obsesión religiosa era tan grande como hace años. Hasta hace poco, me contestó, me entretenía ir a rezar, ahora he visto que eso es cosa de gente sensata (transcribo literalmente las palabras).
“¿Hablas con los demás?, ¿tienes alguna amiga aquí?, le pregunté. Ninguna, no hablo con nadie, me dijo; nadie me entiende. Mi nombre es “Me dejó mi Dios”, y no lo entienden”.
Al lado de este coloquio de resonancias cervantinas y en el que parece cristalizar la voz de Nietzsche, todo lo que se lee en la biografía de Juárez resulta insustancial, literario y pequeño.
Por cierto, el “tío José”, padre de Durán, se suicidó cuando los nacionales que entraron en Madrid le llevaron la noticia falsa de que su hijo había muerto. Su madre, que pasó la guerra en el manicomio, ajena a ella y a todo negocio humano, jamás llegó a enterarse de esa noticia ni de otras relacionadas con su célebre hijo.
Sí, para uno hay tanta o más guerra civil y más verdadera en ese episodio familiar, que en "la otra", que estaba esperándole.
El beso menos pensado
No hay que perder de vista nunca los asuntos importantes. Por ejemplo, la primavera. Se pueden perder unas elecciones, podemos perder nuestro trabajo, incluso la razón, pero sería muy grave perder una cualquiera de las primaveras que nos ha tocado en suerte vivir.
Cada año sucede de la misma manera, pero en éste acaso haya sucedido de modo más imprevisto, teniendo en cuenta lo largo, intempestivo e intratable que ha resultado el invierno. Cada año, sí, se diría que de las ganas que nos entran para verla de nuevo, llegamos a temer que se haya olvidado de nosotros, y pase de largo. En realidad este temor es manifestación de otro más íntimo: terror de que la primavera no nos encuentre aquí cuando ella llegue. Y cuando llega, ¿no nos sorprende siempre, como si de un año para otro se nos hubiese olvidado lo maravillosa que es? Nos avergüenza incluso secretamente nuestra falta de fe o nuestra impaciencia. Pero no, nadie que haya vivido una primavera podrá olvidar ninguna otra en el futuro: cómo de la noche a la mañana se llenan los árboles de minúsculos brotes que se despliegan en hojas como papiroflexia, la brisa trenzada en nuestras sienes como pámpanos de vid, el estar en casa con las ventanas abiertas, la hierba que los jardineros empiezan a segar, el gorjeo enloquecido de los pájaros... ¿De dónde han salido tantos?, nos preguntamos. Por no hablar de la primavera en el campo, donde se bordan las orillas de ríos, estanques, albercas y regatos con un millón de margaritas blancas, y el balar de los corderos y el soñoliento bordón de las abejas libando en flores tan pequeñas que ni siquiera tienen nombre.
El buen tiempo le ha sacado a uno de casa y le ha llevado a un banco de la Plaza de París. A un lado está el Tribunal Supremo, al otro la Audiencia Nacional. Nada de lo que sucede en la plaza parece tener en cuenta lo que tan graves tribunales estarán juzgando. Los que están dentro no pensarán en lo que sucede fuera. Hace años esta plaza conoció mejores tiempos, llena de mendigos y vagabundos. La policía los ahuyenta, acaso porque son el mayor alegato contra la justicia que se imparte a dos pasos. A falta de mendigos vino una pareja de adolescentes. Ni siquiera tenían veinte años. Parecían haber hecho novillos. Estaban contentos, hablaban en voz alta, reían por todo, como los gorriones. Ni siquiera repararon en mí, con tenerme a un metro. De vez en cuando interrumpían su cháchara y empezaban a besarse con cuánta seriedad y aplicación, apasionadamente pero sin ninguna concupiscencia. Cuando se cansaban, volvían a reírse, a hablar, él se levantó, se fue, volvió con dos bollos, los comieron, se besaron se nuevo para no desperdiciar ni uno de los granos de azúcar que les habían quedado en el bozo, volvieron a reírse. De pie, a unos metros, unos escoltas veían como yo esa escena con una sonrisa en los labios. Pero sin tomársela a broma, sin chacotas, comprendiendo que puede uno perderlo todo, pero no la inocencia que vuelve a nosotros, no sabemos cómo, cada primavera. ¿Qué podría haber más importante que ella, que los besos de esos jóvenes? ¿Las elecciones, el trabajo, la razón?
[Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 24 de abril de 2011]
20 avril 2011
Sincretismo solanesco
Viendo las procesiones de Semana Santa hoy, creeríamos que a Gutiérrez Solana se le hubiesen mezclado el Viernes Santo y el Entierro de la Sardina en una misma estampa.
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