12 de abril de 2015

Silencio, se insulta

NO ha puesto uno nunca los pies en un estadio de fútbol. Si se hubiera terciado, supongo que habría ido. Esto por dos razones: porque seguro que he estado en sitios infinitamente peores y porque si le gusta a uno ver las caras de las gentes y oírles decir cosas, y asistir a sus conversaciones sin llamar la atención, no tendrá uno nunca más a mano un catálogo de tipos y caracteres mejor surtido. Ha visto uno, claro, como todo el mundo, estadios de fútbol y partidos de fútbol en televisión, pero me aseguran que les sucede a los grandes estadios lo que a las pirámides de Egipto: no es lo mismo tenerlas delante que en una postal. 

Los que sí han estado hablan de lo mucho que impresiona oír gritar a treinta, cuarenta, ochenta mil personas a la vez en un recinto cerrado. Al parecer los gritos enardecen de tal manera a la gente que acaban gritando allí hasta los mudos. En televisión esos gritos no se oyen bien. Se percibe el fragor del rugido, como el de la plaga de hormigas en Cuando ruge la marabunta, pero los de la televisión están aleccionados y empastan el sonido para que no se oigan las cosas que dicen. Estas son, según leo estos días, sumamente ofensivas e injuriosas para los jugadores, cosas que a menudo no tienen que ver con el deporte, sino con  su familia, raza o circunstancias personales. Ha oído uno también a algún entrenador defender el derecho de sus jugadores a decirles a los contrarios cosas del tipo “me estoy follando a tu madre” si vienen a cuento, porque “lo que se dice en el terreno de juego queda en el terreno de juego”. Es más o menos el mismo argumento de quienes creen que lo que se dice desde la grada se queda en la grada.

Fernando Rodríguez Lafuente, socio del Madrid, recuerda de niño oír gritar a su lado, en el Bernabeu, cada domingo, a un señor de aspecto respetable enormidades tremebundas y pedir acto seguido excusas a su padre, en atención a la infancia allí presente: “Ustedes comprenderán, es que... me pongo”. Se ve que muchos creen que el insulto que se profiere con cincuenta mil personas más en un estadio no es ni insulto, sino un desahogo barroco, suntuario. Lamento no haber ido nunca a un estadio, pero no sé si le quedan a uno ganas de hacerlo. Y no por la perspectiva de tener que aguantar a un energúmeno al lado, sino por el peligro de convertirme en otro, y no recordar luego nada a la salida.

  [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 12 de abril de 2014]

14 comentarios:

  1. Simplius Simplicisimus13 de abril de 2015, 1:47

    El caso más grave es el de una grada bética que ha insultado repetidamente a la ex mujer del máximo goleador ( imputado en un gravé delito por agredirla ) . Por el futbol se mata por motivos pueriles, ponerse en contra de un grupo violento que anima al equipo es antipopular para un presidente, lo condena, lo lamenta, se avergüenza y llora por el daño que le hace al equipo , pero que es un desafortunado canto que espera cese.
    El futbol necesita una regeneración democrática y de valores, no olvidemos que la mayoría de los niños sueñan con ser futbolistas .
    Un Estadio tiene que ser capaz de ofrecer un espacio en el que los niños puedan ver tranquilos el partido, que sea capaz de acoger a las familias. El futbol también es sentimiento y los políticos y corruptos que han llevado el dinero de equipos históricos acabaran en la cárcel, al fin y al cabo es el deporte del capitalismo, el único que saca a millones de estadounidenses a la calle para celebrar que ganan partidos en los Mundiales, el que más contacta con el patriotismo

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  2. Quédese tranquilo. He visitado estadios y pabellones viendo un buen número de partidos y distintas situaciones y jamás, repito, jamás he insultado a nadie desde una grada.
    Ahora que también le digo que siempre he estado en franca minoría.

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  3. http://hemeroflexia.blogspot.com.es/2012/10/nacionalbalompedismo.html

    “NO ha pisado uno nunca un estadio, pero he visto algunos partidos de fútbol por televisión. Tengo entendido que no es lo mismo, y que la diferencia entre una y otra cosa es parecida a la que existe entre una foto de las pirámides y verlas en el Cairo. (…)”.

    De un comentario anónimo del mismo día: “(…) En alguno de sus libros autobiográficos cuenta don Elías Canetti cómo en los años 20 alquiló un apartamento muy cerca del Estadio del Rapid de Viena para oír los rugidos de la masa en días de fútbol; los años 30 y 40 harían innecesaria tal fuente de inspiración (…)”.

    Todo vuelve y todo se va, Marita.

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  4. Miles de niños se inician en la actividad deportiva practicando fútbol en el equipo de colegio y participando en competiciones infantiles, donde a menudo los padres se comportan cual energúmenos en un estadio de primera división. Insultan al árbitro, arremeten contra los jugadores del equipo contrario, y se enfadan con sus propios hijos cuando no se aplican al juego con suficiente dureza. En el horizonte ilusorio de muchos está la idea de que su hijo triunfe en el fútbol profesional, sea un nuevo Iniesta o Ronaldo que les saque de pobres (papá sería su representante, al modo del padre de Messi, con derecho a suculentas comisiones). Y así es como se educa (es un decir) en los constructivos valores del deporte a una parte de los niños de España.

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  5. En 2009 asistí por última vez a un partido de mi equipo, que ese día jugaba contra el Real Madrid. Como todas, presume la afición de mi equipo de ser la mejor del mundo, la más noble, etcétera, etcétera, pero me desagradó tanto la violencia ambiente que percibí ese día, que me juré que nunca más volvería a poner los pies allí, y hasta el momento, 6 años después, he cumplido. Recuerdo en especial a un idiota en primera línea del campo, encaramado a la valla y golpeando durante todo el partido el plástico duro que protegía el banquillo del Madrid, al tiempo que escupía barbaridades que agradecía no tener que escuchar. Estuvo así durante todo el partido, ante la indiferencia de guardas jurados, policías... mientras yo me preguntaba si era la clase de tipo con la que podías cruzarte por la calle yendo solo y de noche. Daba miedo.

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  6. Tampoco debe extrañarnos que existan tantos energúmenos, si aceptamos que una parte de la sociedad ha convertido los estadios en la versión actualizada del circo romano. Sin olvidar, por supuesto, el esfuerzo constante de los medios de comunicación para conferir al fútbol un protagonismo que no le corresponde. Da mucha pena resignarse a que la mitad de los telediarios se dedique a chismes y chorradas relacionadas con este deporte. Pero, como nos dijo Pirandello: "Así es si así os parece".

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  7. El Fútbol es un arte, pero es un error considerar que los futbolistas tengan status de estrella del celuloide. Con el mundo de la publicidad hemos topado, Cristiano gana 60 millones de euros, 45 de ellos son en publicidad , en vez de coleccionar cuadros : coleccionan Bugatti, Ferrari, McLaren , carros guapos de siete cifras, también colecciona joyería y relojes, todo lo que compra se revaloriza. Cristiano manda a su peluquero al museo de cera , cada vez que cambia de peinado, es muy celoso de su imagen, un megalómano ( casi todos lo son ) .
    Estos " fenómenos " solo se emparejan con modelos, salvo excepción y ahí viene la tragedia de CR7 que ha estado a punto de hundir al Real Madrid, la modelo Irina ( pareja del portugués ) prueba suerte en Hollywood, allí conoce a un maromo exótico de ascendencia samoana , nada menos que Dwayne Johnson ( protagonista de Hercules, un hombrón que gana más que Ronaldo , Ronaldo al lado de él parece un muñeco; el caso es que pasó lo que pasó ( menos mal que Ronaldo es como Bisbal: se enamora rápido y ya tiene una modelo nueva( había cola ). A lo que voy, un futbolista no puede tener status de estrella de Hollywood.
    DEP el escritor Galeano, honró al fútbol con sus escritos, no en vano es uruguayo y eso es mucho ser. Yo cuando escribo de fútbol prefiero tirar de cotilleo y ser un poco superficial, no deja de ser un juego, pero los aficionados nunca cambiamos de equipo.

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  8. Muchas gracias por expresar de manera tan clara y acertada lo que una minoría silenciosa pensamos... Aquello de que "la masa cocea" de Ortega parece ajustarse en este caso...

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  9. No nos pongamos demasiado intelectuales y estupendos con los viscerales forofos deportivos, cuando todo un presidente Rajoy acaba de insultar indirectamente a aquellos ciudadanos poco inclinados a reelegirlo, considerándolos "personas no normales", en uno de sus alardes de demócrata.

    En cuanto al post, suelo encontrar elegante la disolución del "yo" en aras del indeterminado "uno" ("uno cree", "uno suele pensar",...). Nadie, que yo sepa, hacía mejor uso de este "uno" que Francisco Umbral. Pero confieso que no me agrada el uso del "uno" en este post. Se trata de un "uno" proliferante, y abusivo. Le parece a UNO que revela ciertas dificultades de expresión, especialmente cuando se combina con la primera persona común y ordinaria, " he estado".

    Con todo, no dejan de ser percepciones subjetivas, si se admite el pleonasmo.

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  10. Es lamentable que algunos seres humano sean "así".Y ya no sólo el fútbol, sino en un pabellón de basket también he visto la alteración de ciertas personas e insultos al árbitro etc, aunque se da mucho más en el fútbol. Se lo toman como un "desfogue", como que todo vale, y es que realmente parece que como hay fútbol en la ciudad, todo vale, pues ese día, al menos antes, la policía no ponen multas si los coches estaban mal aparcados.
    El fútbol además es un deporte, pero también lo que en sir le rodea una mafia, y una gran competitividad que genera , por ejemplo en el caso de los niños (ó niñas), dónde muchos padres creen que su hijo va a ser una estrella, etc....Lo veo desproporcionado, una exageración, dónde ya me parece que han perdido el Norte. Y también me da como pena, ver que la gente es capaz de unirse para el fútbol e incapaz de asociarse para otros temas más de interés común y vitales para las personas...Me llama la atención.

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  11. Señores, todos ustedes me asombran, tanto AT como casi todos los comentaristas. ¿Ustedes han visto alguna vez el programa de TV de los sábados La SextaNoche? Yo no sé lo que se grita en los estadios porque no soy futbolero, pero los hinchas tendrían que ser auténticos cracs del insulto, de la mala leche y de la vesania para acercarse siquiera al nivel de depravación con el que los políticos se injurian, se desprecian, se calumnian y se envilecen en dicho programa. Con un agravante: no actúan, como el hincha, enardecidos por la muchedumbre que anima y arropa.

    O sea, señores, que NADA de los estadios. Es el país de cabo a rabo.

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    1. Es el país, supongo. El embajador de Francia en España nos caló bien cuando en una entrevista reciente en el diario El País señaló, como cosa que le desagradaba, el sectarismo imperante. Más que argumentar y tratar de convencer, lo que se busca por estos pagos es la aniquilación del contrario.

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  12. En televisión han instaurado la bronca como diversión, diversión malsana. Reagan dijo : que nadie piense que a políticos llegamos los más listos, esos se quedan en el camino dedicándose a trabajos mejor retribuidos.
    El futbol es un bálsamo para los niños de todos los continentes. Para los que viven en campos de refugiados o en zona de guerra, no solo les permite soñar, sino que les aporta mucha esperanza y ganas de aprender, para no avergonzarse de no saber leer y escribir si llegan a algo en el difícil mundo del futbol. La gran fuerza del futbol es ese vinculo infantil que se produce en el aficionado, lo que te lleve a buenos recuerdos de la infancia es positivo

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  13. Los leones de San Mames comen gambas, ¡ Aupa el Atlhetic !

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