ACASO lo más sensitivo y colorista de la literatura de Rafael Sánchez Ferlosio se encuentre en sus pecios, que son en su obra como el vértice sentimental de sus colosales y helados icebergs. Dedicó uno de ellos, publicado en la revista Poesía, a los evocadores nombres americanos: "(ESTACIONES PARA UN FERROCARRIL DE VÍA ESTRECHA AMERICANO). Punta Álvarez, Chozas Nevadas, Yacuacá, El Peligro, La Encontrada, Batallón, Benito Cárdenas, Renteros, Cruzalobos, Corrales de Don Jacinto, San Antonio de Bohí, Minaquemada, Garrido, Garridito, La Rayana, Cerro Fusiles, Santa Cruz de Araracha".
Entre ellos debiera figurar también La Oculta, tanto o más poético, desvelado en un correo ayer mismo por nuestro amigo Héctor Abad. Venía de pasar unos días en Tierra Caliente (nombre que tampoco es manco): "Mientras tanto te mando la foto del lago de La Oculta, en mis montañas, que antes estuvo lleno de nenúfares, aunque no es agua quieta, por sus entrañas baja una quebrada, y ahora se ve así, oscuro, ominoso, y es el sitio donde nado, y donde hace unos meses saqué del fondo un ahogado... Es un sitio hermoso, fuerte, misterioso, donde se ahogó un poeta nadaísta que no sabía nadar (Amílkar U), un seminarista, un viandante, y este último que yo saqué, un conductor de autobús... En ese lago sediento de ahogados es donde me gusta nadar (...) La novela que estoy escribiendo ahora se llama ***, y su protagonista, más que personas, es esta tierra, este lago, el sitio que fue de mis bisabuelos, y que mis hermanas y yo todavía conservamos. Ahora el lago queda en la finca de dos de mis primos, los Ceballos Abad, pero yo sigo subiendo allá como si todavía fuera de mis bisabuelos. La Inés, la finca en tierra caliente donde pasamos la navidad, sigue siendo de mis hermanas y yo, y queda a unos 20 minutos a caballo. Es una región feraz, llena de pájaros, de mariposas, de árboles, de ríos. Te mando la foto del paisaje que se ve desde La Inés: se trata de los farallones de La Pintada, a los que mi abuelo, Antonio Abad, llamaba, "las tetas de doña Quiteria", y vaya a saber quién era doña Quiteria. Abrazos".
Y qué suerte tener un amigo tan fino, caballero del punto fijo en aquel hemisferio que nos envía estas vistas para nuestro particular mundinovi, para este ancho pasaje de los panoramas, mientras llega esa novela a la que bastará ser sólo la mitad de El olvido que seremos para ser memorable.
Y qué suerte tener un amigo tan fino, caballero del punto fijo en aquel hemisferio que nos envía estas vistas para nuestro particular mundinovi, para este ancho pasaje de los panoramas, mientras llega esa novela a la que bastará ser sólo la mitad de El olvido que seremos para ser memorable.
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| 1, Lago de La Oculta. 2, Cauca (Farallones), y 3, Las Tetas de Doña Quiteria (Fotos de H.A.) |





