11 de enero de 2013

La Oculta

ACASO lo más sensitivo y colorista de la literatura de Rafael Sánchez Ferlosio se encuentre en sus pecios, que son en su obra como el vértice sentimental de sus colosales y helados icebergs. Dedicó uno de ellos, publicado en la revista Poesía, a los evocadores nombres americanos: "(ESTACIONES PARA UN FERROCARRIL DE VÍA ESTRECHA AMERICANO). Punta Álvarez, Chozas Nevadas, Yacuacá, El Peligro, La Encontrada, Batallón, Benito Cárdenas, Renteros, Cruzalobos, Corrales de Don Jacinto, San Antonio de Bohí, Minaquemada, Garrido, Garridito, La Rayana, Cerro Fusiles, Santa Cruz de Araracha".
Entre ellos debiera figurar también La Oculta, tanto o más poético, desvelado en un correo ayer mismo por nuestro amigo Héctor Abad. Venía de pasar unos días en Tierra Caliente (nombre que tampoco es manco): "Mientras tanto te mando la foto del lago de La Oculta, en mis montañas, que antes estuvo lleno de nenúfares, aunque no es agua quieta, por sus entrañas baja una quebrada, y ahora se ve así, oscuro, ominoso, y es el sitio donde nado, y donde hace unos meses saqué del fondo un ahogado... Es un sitio hermoso, fuerte, misterioso, donde se ahogó un poeta nadaísta que no sabía nadar (Amílkar U), un seminarista, un viandante, y este último que yo saqué, un conductor de autobús... En ese lago sediento de ahogados es donde me gusta nadar (...) La novela que estoy escribiendo ahora se llama ***, y su protagonista, más que personas, es esta tierra, este lago, el sitio que fue de mis bisabuelos, y que mis hermanas y yo todavía conservamos. Ahora el lago queda en la finca de dos de mis primos, los Ceballos Abad, pero yo sigo subiendo allá como si todavía fuera de mis bisabuelos. La Inés, la finca en tierra caliente donde pasamos la navidad, sigue siendo de mis hermanas y yo, y queda a unos 20 minutos a caballo. Es una región feraz, llena de pájaros, de mariposas, de árboles, de ríos. Te mando la foto del paisaje que se ve desde La Inés: se trata de los farallones de La Pintada, a los que mi abuelo, Antonio Abad, llamaba, "las tetas de doña Quiteria", y vaya a saber quién era doña Quiteria. Abrazos".
Y qué suerte tener un amigo tan fino, caballero del punto fijo en aquel hemisferio que nos envía estas vistas para nuestro particular mundinovi, para este ancho pasaje de los panoramas, mientras llega esa novela a la que bastará ser sólo la mitad de El olvido que seremos para ser memorable.


1, Lago de La Oculta. 2, Cauca (Farallones), y 3, Las Tetas de Doña Quiteria (Fotos de H.A.)

5 comentarios:

  1. De los pecios de Ferlosio el que mas me gusta es "Alfanhui" y de Héctor Abad me parecen muy aclaradores sus artículos sobre la política colombiana y venezolana, sus novelas las desconozco, pero leído el texto de la carta reproducida parece de lo mas sugerente.

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  2. RAFAEL SÁNCHEZ FERLOSIO, "La hija de la guerra y la madre de la patria". Destino, 2002. [De "PECIOS", la 2ª parte]

    «("Antisócrates") “Conócete a ti mismo”; ¡sí, hombre, como si no tuviera uno otra cosa en que pensar!

    ("Siempre mañana...") Si pasara ya el futuro de una vez, empezaríamos a tener tiempo de hacer algunas cosas.

    ("Retroactividad – glosa a Walter Benjamin") El destino es un invento de la desventura, como el pecado es un invento del castigo y el juez un invento del verdugo.

    ("Colapso") El argumento se quedó parado y sobrevino la felicidad.

    ("El Quijote") Toda estética es una antigua ética. (He aquí otra de las cosas que adivinó Cervantes.)

    ("Para Rosa Rossi") Anoche he sentido una fuerte emoción al leer, citadas en un libro, estas palabras de Teresa de Ávila: “En lo que he vivido he visto tantas mudanzas, que no sé vivir”. El pobre pícaro de aquellos tiempos creía que en la mudable confusión, en la ruidosa y agitada sinrazón de cuanto le rodeaba, aprendía a vivir, adquiría lo que hoy llaman “experiencia del mundo”. A semejanza de él, el marginal del siglo XX que aprende a bandeárselas y logra, siquiera sea precariamente, “salir adelante” dentro del medio dado, proclamando que “la calle le ha enseñado todo lo que sabe de la vida”, toma por experiencia lo que al igual que el “savoir-vivre” de su contrafigura, el burgués acomodado, no es más que claudicación ante “la lógica de las cosas”, o sea cruda "adaptación", que viene a ser exactamente lo contrario que "experiencia", pues adaptar y acostumbrar la mirada al “mundo como es” es, a la vez, cegarla para ver “cómo es el mundo”. Con su “no sé vivir”, Teresa de Ávila expresa el extrañamiento del mundo y de la vida, el sentimiento de alienidad, de distancia y de vulnerable desnudez con respecto al medio dado, sentimiento de intemperie, que es justamente el solar raso sensiblemente receptivo a la experiencia. Hoy, lo mismo que en el siglo XVI, en todo “saber vivir”, ya sea de siervos o de señores de la calle, hay objetivamente como una especie de coágulo obstructor, de indisoluble trombo circulatorio de estolidez o de encanallamiento.

    ("Antipícaro") No dejes que la vida ni la calle te enseñen nunca nada; esas sucias y ruidosas maestras, llenas de astucia, vileza y confusión.

    ("Como el Tour") ¿De quién es esa vida que necesitan decir que “continúa” o hasta que “debe continuar” cada vez que alguien se ha muerto?

    ("Ortegajos: 'el proyecto vital'") Mundo feliz aquel en que los niños no entendiesen ni aun remotamente la pregunta capital del verdadero corruptor de menores: “Y tú, ¿qué quieres ser de mayor?”.

    ("Giorgio de Chirico citado por Sánchez Robayna") Et quid amabo nisi aenigma est?

    ("Premio Pulitzer o El deber de informar") Siempre hay un hijo de la gran puta capaz de esperar horas al suicida indeciso en la cornisa del rascacielos para poder fotografiarlo en el aire un instante antes de estrellarse contra el suelo.

    ("Un alma buena") Mi padre [Rafael Sánchez Mazas] me contó cómo yendo una vez en un metro atestado hasta el extremo humanamente posible de apreturas, sus ojos se encontraron con los de un cura pequeñito que venía al lado de él, aún más agobiado y sudoroso que todos los demás a causa de la inferioridad de la estatura, y que mirándole con una sonrisa llena de dulzura y de soportación le dijo: “Así cupiéramos en el paraíso”. Aquel corazón piadoso estaba dispuesto a aceptar que la Eterna Bienaventuranza fuese un lugar tan oprimente e incómodo como aquel vagón de metro con tal de que todos los hombres se salvaran.

    ("Paisaje para Demetria") Por el lomo de la alta pared del huerto coronada con cascotes de botella venía andando esta tarde un gatito, sin cortarse».

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    1. (...) "y tú, ¿qué quieres ser de mayor?".

      Y cuando, desconcertado, el niño iba a dar cierta respuesta, fue abducido por un gran agujero negro.

      No pudo saberse qué pasó luego.

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    2. Gatito místico y visceral a un tiempo.

      Fusión de gravedad y gracia.

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  3. "(Última ratio,1) El ojo de la Razón tiene en el fondo un punto ciego por el que entra la noche. Ese nadir es la aporía de una Razón completa."

    "(Última ratio,2) Que una Razón que pretendiese ser completa se trocaría toda ella en sinrazón acertó a adivinarlo la sabiduría talmúdica al establecer la norma judicial de que cuando un acusado recibiera un veredicto de culpabilidad por unanimidad de votos sería ipso facto declarado inocente."

    "Pecios", Rafael Sánchez Ferlosio.

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