6 de enero de 2013

Turrón del duro (fin de fiesta)

"TURRON del duro", así ha querido titular Juan Manuel Castro Prieto la foto con la que felicitaba a sus amigos este Año Nuevo. Si en otras ocasiones la imagen escogida por Castro Prieto había sido lírica y misteriosa, aquí ha optado por la ironía. Tampoco podría ser el suyo, eso nunca, un sarcasmo venenoso. El tamaño de ese esqueleto nos habla sólo de una dosis homeopática de humor para combatir cualquier horizonte tenebroso, teniendo en cuenta que vivimos una época en la que el horizonte lo tenemos todos pegado a la punta de los zapatos, por si queremos darle una patada, como a piedra o a bote de hojalata vacío. 

Foto: Juan Manuel Castro Prieto. Oaxaca, 2004.

8 comentarios:

  1. Así es , sobre el horizonte hay una canción de Raimundo Amador que dice :
    Ay que gustito pa mis orejas
    enterradito entre tus piernas .
    Si soy agua tu me llevas
    si soy parra tu me dejas
    el horizonte es un muro
    que me cabe entre las cejas .
    Chao

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    1. Leo y releo y concluyo que las últimas cuatro líneas solo las pueden escribir muy pocos. Mi admiración y mi sana envidia, Andrés, por esa prosa ligera y precisa, tan suya, que recorre el papel con la fluidez del aceite.

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  2. El pequeño esqueleto gravitando sobre el dulce "Gólgota", cumple divinamente su papel de "aguafiestas";
    aligerando la supuesta tristeza que sucede a las alegrías festivas; exorcizando futuras incertidumbres, y sobre todo, manifestándose como purísima futilidad: Somos esto, parece decir el esqueleto, pero no es para tanto.

    No muy lejos del "turrón duro", podría oirse esta nana:
    "Duérmete niño,
    duerme y reposa,
    y no tengas miedo
    de ninguna cosa".

    Ah, y a propósito, ¿qué es el horizonte?.

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    1. El horizonte es un oricio enorme. En Asturias, donde están los "mejores", les quitamos las púas y también las haches.
      El juego, juvenil, ha sido idea de mi hijo Jose Andrés. Se lo aclaro para que no me ridiculice ni se quite los prismáticos.

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    2. "Son tus dientes confites,
      Turrón tu lengua,
      Tus labios caramelos...
      ¡Quién te comiera!
      ¡Ay, qué alegría!
      Que se ha vuelto tu boca
      Confitería".

      Cantar amoroso (Sección "Requiebros") recogido por Rodríguez Marín. Es el nº 1267.

      http://books.google.es/books/about/Cantos_populares_espa%C3%B1oles.html?hl=es&id=0Niw324ktcUC

      Con búsqueda. Cómo si no, voy a sacar yo aquí el turrón (1 solo resultado).

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    3. Del griego ορίζοντας "orizonta": limitar. Ese límite que tiene nuestra vida, ese futuro que nunca llega, esa muerte que nos acompaña desde el nacimiento, esa nada que nos espera acogedora. Bueno y también la punta de nuestros zapatos como dice AT.

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  3. PARA QUÉ SON ESOS TURRONES

    “Evita voces vulgares, mal sonantes, humildes, mal significativas, impertinentes, sin decoro, sin gala, misterio, ni alusión; porque con ellas no menos te infamarás á ti que a la vagueza de nuestra habla, como digamos: A troche moche: Mequetrefe: Chancharras Mancharras: Zipizape: Cochitehervite: Chisgaravís: Chaque barraque: Martin chapinero: Zurcirbullir: Usti ni muste: Ni péname el amor: Todo se lo dijo de pe a pa: Viejo marrullero: Lo guarda con tanto ojo: No salió pié, ni patada: A la pata la llana: Frente por frente: Ainas: Asina: Escarapela: El oro, ni el moro: Torquemada y su asno: Dios dijo lo que será: Come de mogollón: Niega a pie juntillas: Pone pies en pared: A cada triquete: Está emberrinchado: Con sus
    once de oveja: Para qué son esos turrones: (…)”

    28 de los 259 vulgarismos del listado de “El perro y la calentura”, breve “novela peregrina” atribuída durante mucho tiempo a Quevedo pero escrita por su amigo Pedro Espinosa y publicada en Cádiz en 1625. “No es una novela al uso, sino un larguísimo y delirante diálogo entre un perro, Chorumbo, y Calentura (¿la enfermedad?), al estilo de "El coloquio de los perros" de Cervantes, en el que uno y otro intercambian opiniones sobre lo divino y lo humano, aparentemente sin hilo conductor” (Juan Jesús Zaro. http://cvc.cervantes.es/trujaman/anteriores/febrero_11/15022011.htm).

    Tras “Para qué son esos turrones,
    Puesto en la espina de Santa Lucía.
    Tres pies a la francesa.” (...)

    Qué lengua. Qué riqueza de todo tipo. Sobre la marcha, algunos más:

    Mahoma en Granada.
    Dijo el otro.
    Sendos huevos.
    Vaya Vuestra Merced conmigo.
    No se corte conmigo las uñas.
    Tengo mi piedra en el rollo.
    Quien más pudiere lleve el gato al agua. (“Let him who is most able carry the cat to the river”: traducción, aquí literal, de la novela en 1954 por William Carlos Williams y su madre puertorriqueña, difícil empresa; en la portada, dibujado por Fernando Zóbel, el perro Chorumbo).

    Echó el pecho al agua.
    Una luna como en mitad del día.
    Escura como boca de lobo.
    Un chapetón.
    Llegó como mosca muerta.
    Vino como una escopeta.
    En lo negro de la uña.
    En el pelo de la masa.
    Tan negro de bueno.
    Ándase a la flor del berro.
    Anda en tantos andenes.
    No me hinche el ojo.
    Tomó el cielo con las manos.
    Di con él de manos a boca.
    No sé cómo diablos se dice.
    En un zarracatín.
    Están colgadas las calles.
    Puro y parado.
    Vino de rocín a ruín.
    No nació en las malvas.
    No me va ni me viene.
    Antes pegaré la boca a la pared.
    Hasta echar el bofe.
    Meaja en capilla de fraile.
    Derramó el poleo.
    Dijo mil barrumbadas y patochadas.
    Hízolo mil añicos y mil zorrumos.
    Titubear.
    Buen escorrozo tenemos.
    Toda la noche en peso.
    Muy mirlado.
    Se pone papo a papo.
    Plega a Dios que orégano sea.
    Vino a punto crudo.
    Mogigatico.
    Borondanga.
    Tolondrón.
    Mamante y piante.
    Condumio.
    Cambalache.
    El tiesto de Inés.
    Burlaos con Inés.
    Los hijos de Mari Rabadilla.
    La gata de Mari Ramos.
    Allá se lo haya Marta con sus pollos.
    Martajado.
    Repapilado.
    Tirria.
    Desatentado.
    Cuando no me cato.
    Venido que vino.
    Chamuchina. (…)
    258. Trujamán. Y
    259. Harrumaco.

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  4. El sarcasmo es a la ironía lo que un eructo a un suspiro. (Hugo Pratt).

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