29 de enero de 2013

Desde el ala oeste

HA llegado a mi ventana, desde el ala oeste de la casa, este escrito de Miriam Moreno, a propósito del libro de Miguel Á. Hernández-Navarro, al frente del cual figura el título de "El tiempo pleno":

Hagamos lo que hagamos, estemos donde estemos, no nos está permitido desentendernos del tiempo, el bien más escaso. Se diría que siempre estamos pendientes de la hora, que no encontramos un lugar donde sentarnos a charlar tranquilos y disfrutar de un poco de la estabilidad arrancada por el ser humano a la naturaleza. A veces recurrimos a la archisabida “time is out of joint”, pero no lo decimos como el lamento de Hamlet, sino más bien como la constatación de lo que no se puede cambiar o sencillamente como el pretexto para zanjar el asunto y pensar en otra cosa. Y es que no deja de resultar paradójico que, a medida que la naturaleza se ha ido convirtiendo en un entorno cada vez más dominable y expoliable, los asuntos humanos se aceleran y escapan al control, como si el ser humano se hubiera quedado obsoleto, incapaz de gestionar tanta complejidad. ¿Cuándo se disparó todo esto? ¿Cuándo nos creímos la ficción del tiempo moderno, esa línea de pura abstracción y mera cantidad vacía que nos deja sin aliento? Quizá nunca hemos sido tan conscientes de que algo falla en nuestra percepción del tiempo. Reinhart Koselleck apunta hacia la genealogía del concepto de Historia, pero es Walter Benjamin el que dio con la clave para concebir el pasado de otro modo y salir de la inercia del tiempo lineal por medio de la memoria. Su crítica al progreso plantea una noción de tiempo que es destrucción, pues la historia se hace a base de ruinas, de catástrofes y acumula tanto sufrimiento que nos obliga a recordar la deuda con el pasado. Así pues lo pasado no está cerrado y sigue activo. De este modo, frente al tiempo lineal vacío y deshumanizado, la memoria es algo vivo que llena el tiempo y lo humaniza. El diagnóstico benjaminiano en torno a la experiencia moderna es una referencia crucial para comprender la cultura contemporánea. Su incidencia en el campo de los estudios teóricos y filosóficos se ha extendido a la esfera del arte y la escritura.  El pensamiento de Walter Benjamin insiste. 
De eso trata Materializar el pasado. El artista como historiador (benjaminiano) de Miguel Á. Hernández-Navarro, editado por Micromegas. Un libro recomendable porque en sus páginas hay un recorrido por las nuevas estrategias artísticas que gravitan básicamente en torno a Sobre el concepto de Historia. Con un ingente material bibliográfico el texto se puede leer como las “instrucciones de uso” para una mejor comprensión de esta corriente en la que memoria e historia están entretejidas por imágenes y objetos que activan un tiempo cargado de condensaciones. Hacer memoria es mostrar las historias individuales que han quedado ensombrecidas como si fueran sobras de la historia o ruinas de la barbarie desatada en el siglo XX. Por lo tanto, podemos hablar de un “arte de historia” que es “contratiempo”,  que dice lo que la historia calla. Materializar el pasado destaca algunos trabajos de escritores y artistas que abordan la Guerra Civil española.  Sus propuestas alternativas al relato heroico hacen hincapié en que antes de olvidar el trauma hay que hacer el duelo y sacar a la luz: desenterrar. El artista o el escritor son aquí como el trapero que recoge los deshechos materiales de la historia y hace montajes con objetos de propiedades humanas, que transmiten afectos y neutralizan la inmaterialidad de las imágenes contemporáneas. Ahora bien, no se trata de hacer de la nostalgia un fetiche, ni de una fascinación acrítica por el pasado, sino de una poética del fragmento y de la ruina como actos de resistencia a la aceleración del ciclo de producción y consumo. 
Theodor W. Adorno escribe al comienzo de su Teoría estética: “Los clichés del resplandor de reconciliación que el arte hace irradiar sobre la realidad son repulsivos; constituyen la parodia de un concepto del arte, un tanto enfático, por medio de una idea que procede del arsenal burgués y lo sitúan entre las instituciones dominicales destinadas a derramar sus consuelos. Pero sobre todo remueven la herida misma del arte. Este se ha desvinculado inevitablemente de la teología y de la palmaria exigencia de la verdad de la salvación.”
¿De qué está hablando Adorno cuando señala la herida del arte? ¿Será quizá porque en las obras artísticas ya no caben las altas pretensiones ni las grandes palabras? ¿Es una herida mortal? Seguir el hilo de estas preguntas nos alejaría del tema. En realidad he traído a colación esta cita para exponer algo que da que pensar al leer el libro de Hernández-Navarro. Me refiero a la coincidencia de estos artistas al extraer las consecuencias de los textos de Benjamin. Se diría que sus obras además de desempeñar una función social, tienen una dimensión íntima y personal que nos recuerda un idea que creíamos ya obsoleta: la de salvación por el arte. Ciertamente este arte de historia se sitúa a años luz del idealismo, pero también de la alergia a los afectos. Precisamente por eso no huye de lo real, sino que saca a la luz y hace visible la dimensión irrepresentable del trauma, como un sobresalto con efecto de shock que cura la amnesia. Esta “débil fuerza mesiánica”, al activar el instante propicio a las posibilidades de cambiar el presente, alude a cierta idea de redención, de salvación. En este instante el pasado ya no es una carga sino una fuerza que llena el tiempo y lo transforma. El arte de historia toma posición pero no se limita únicamente al activismo político porque despierta en nosotros la autenticidad del tiempo pleno. Hagamos memoria, pues.


8 comentarios:

  1. El carácter lineal del tiempo, tan asumido como una segunda piel: El reloj, el calendario, los trabajos, los descansos (programados para que sean trabajos también). La trampa de la idea de progreso, fundamentada en esa aparente linealidad, nos agobia y nos constriñe.

    Parece que sólo a través del arte puede el tiempo aquietarse y recobrar una cadencia más humana y más propia.

    ***

    “La obra de arte más perfecta y aterradora de la humanidad es su división del tiempo.

    Leer mientras se oye el tictac del reloj, lectura responsable. Leer con todos los relojes parados, lectura feliz.

    Cuando lleva mucho tiempo sin leer algo sobre los dioses, se inquieta.

    El futuro se gusta demasiado, pero de nada le vale.

    No pierde el tiempo, lo estrangula, tan pletórico estaría si lo aprovechase.

    ¡Cuántas palabras gastamos, y Cuán pocas son nuestras!

    De cuando en cuando lava los jirones de su vida.

    Las ígneas ruedas de las estrellas en Anaximandro y su paroxismo en Van Gogh.

    El tiempo que regala es demasiado valioso para ser vendido.

    Desea la existencia de las personas que ama, pero sin su presencia ni sus ocupaciones.

    Criaturas que viven en un tiempo intermedio que discurre paralelo al nuestro, penetrándolo sin rozarlo como si hubiera sombras de tiempo que por sí solas conformasen un mundo.

    Desea instantes que ardan el tiempo que arde una cerilla.

    Sílabas que eran moneda corriente hace cien mil años.

    Las cornejas sobre el trigo amarillo le hacen sentir la vida con más fuerza que ninguna otra cosa.

    La importancia de un espíritu debe medirse por el número de años que es capaz de perder.

    El futuro siempre es falso: influimos demasiado en él.

    Le habría gustado venir al mundo en cualquier época, una y otra vez, y, a poder ser, cada vez para siempre.

    Ninguna escritura es lo suficientemente secreta para que el hombre se exprese en ella con veracidad.

    Deberíamos obligarnos a no pensar en varios años, para que todas las partes rezagadas de nuestra persona den alcance a la avanzadilla”.

    Hemos empleado mucho tiempo en echarle una mano a la vida, por decirlo de algún modo. Tal vez fuese tiempo perdido. Pero no puede ser de otro modo. La ligereza es, sin duda, felicidad.
    Me inclino ante la pesadumbre.”

    ELÍAS CANETTI, EL SUPLICIO DE LAS MOSCAS, ANAYA& MARIO MUCHNIK

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    1. LA CREACIÓN. "Cuando era noche, estaba la luz metida allá en una cosa grande, de donde después salió. Y aquella cosa comenzó a amanecer y mostrar la luz que en sí tenía y dando luego principio a crear cosas en aquella primera luz. Las primeras que creó fueron unas aves negras grandes a las cuales mandó, al punto que tuvieron ser, fuesen por todo el mundo echando aliento o aire por los picos, el cual aire era todo lúcido y resplandeciente. Con que habiendo hecho lo que les mandaron quedó todo el mundo claro e iluminado como está ahora." CHIBCHA.


      "Lo único que realmente le consuela son los mitos. Su corazón ya sólo se alimenta de mitos. Posee un gran acopio de mitos desconocidos, su elixir de vida. Cuando se agoten los mitos, morirá."

      ELÍAS CANETTI, EL SUPLICIO DE LAS MOSCAS, ANAYA & MARIO MUCHNIK.

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    2. "NO SIRVE DE NADA; uno puede cantarse coros a sí mismo, admirar a caníbales, estar doscientos años bajando por el tronco de un árbol al que antes había trepado; uno puede encerrar al mes como a un loco, en inofensivas cruzadas ir en peregrinación a Palestina con toda una quincallería en el cuerpo, escuchar a Buda, amansar a Mahoma, creer en Cristo, vigilar un capullo, pintar una flor, malograr la aparición de una fruta; uno puede ir también detrás del sol, así que éste se dobla; enseñar a los perros a maullar, a los gatos a ladrar, devolverle todos los dientes a un centenario, cosechar bosques, regar calvas, castrar vacas, ordeñar bueyes; uno puede hacerlo todo con excesiva facilidad (termina uno tan rápidamente con todo), aprender la lengua del hombre de Neanderthal, cortar los brazos de Shiva, quitar de las cabezas de Brahma los Vedas que están anticuados, vestir los Vedas desnudos; impedir que en los cielos de Dios canten los coros de ángeles, espolear a Lao-Tse; incitar a Confucio a que asesine a su padre, arrebatarle a Sócrates la copa de cicuta; quitarle de la boca la inmortalidad..., pero no sirve de nada, no hay nada que sirva para nada, no hay nada que hacer, no hay más pensamiento que éste: ¿CUÁNDO SE DEJARÁ DE ASESINAR?".

      A falta de bastardilla, últimas palabras en mayúscula.

      Sí, también Canetti. Estos judíos...

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  2. Conozco algo de las obras de López Cuenca, Francesc Abad y Barbi. De los dos primeros encontré interés en el testimonio sobre los horrores vividos en Málaga y Barcelona durante la guerra civil. Y del gallego Barbi algunos experimentos sobre "materiales" de la costa que poco me impresionaron.
    Poco más puedo decir. Tal vez esta ignorancia me haga pensar que la búsqueda de nuevos caminos solo encontrará alternativas a través de la fotografía. Lo digo, sobre todo, recordando los muchos años que lleva el arte sacando punta al lápiz sin conseguir la trascendencia que persigue. En realidad casi siempre se ofrece un collage de un collage. Y eso puede ser el eco de una frustración expresiva.

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  3. Escribir la historia no es el objetivo del arte aunque forme parte de un género literario , cinematográfico o fotográfico ( dependiendo de que mano meza la cuna ) . Un gran artista es aquel cuya impronta no pierde emoción con el paso de los siglos , es el que consigue que su obra ejerza de bálsamo para cualquiera que tenga un estado de ànimo receptivo . El artista busca ser premonitorio no cronista y por supuesto realizar su vocación , la cual es adictiva ya que un artista ( sea cual sea su nivel ) no puede vivir sin los escalofrios que produce hacer algo que resulte artístico , el subidón de adrenalina .
    Me ha gustado este articulo , un poco dificil pero hay que mojarse y creo doy en el clavo ,
    Saludos

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  4. Tengo que leer a Benjamin , he visto que estuvo crionizado hasta 1994 que su obra resucita
    WB: " las palabras y las imagines nos sirven de trampolin al espiritu "
    El caso es que Max Ernts le hacia portadas de su libro, era amigo de Bretch , admirado por Borges,uno de los padres del surrealismo .
    WB: el surrealismo se ha dedicado a restablecer el dialogo en su verdad esencial
    Por cierto fue victima del franquismo y murió de una sobredosis de morfina en España , creo que Berlanga se inspiró en Benjamin para su obra maestra Calabuch
    chao

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  5. "Leer hasta que las pestañas, de cansancio, suenen levemente".

    Qué gracia. Esa línea, quién sabe si suena mejor en español que en el alemán original. Gran lector don Elías.

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  6. javier, me has vuelto a engañar hace más de un mes y sigues después de años sin abonarme las facturas por la venta de mis cuadros que cobraste en su día ni devolverme mis dibujos. Sabes mi dificil situación, ya espero cualquier acción de tu cinismo e hipocresía.

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