20 de septiembre de 2015

Sí, maldita sea

SIENTE uno por Kipling simpatía y admiración. Cierto que es un escritor incómodo de ideas a menudo poco razonables. Al fin y al cabo se le conoció como “el poeta del Imperio” (y cosas peores:” trompetero de Jorge V”), y si por él hubiera sido, Canadá, Australia, Egipto, Irlanda, Sudáfrica, India o Jamaica jamás habrían sido naciones independientes. Pero en sus relatos y poemas siguen latiendo verdades que hermanan a todos los hombres, sin distinción de naciones, países, credos e ideas políticas. 

Conozco a muchos admiradores de Kim, pero Carlos Pujol fue más explícito: era el libro que más veces había leído, más de veinte, y porque es algo que está al alcance de cualquiera, puede uno confesar que no hay año que no haya visto El hombre que pudo reinar, la película de John Huston sobre un relato que Kipling escribió con veinte años. Y si es cierto que hay otros poetas “mejores” que él en lengua inglesa (sólo entre sus contemporáneos: Yeats, Hardy), su poema “Si” es el más memorizado y querido para millones de lectores de todo el mundo.

La biografía de Kipling es en cierto modo una de sus novelas. En la última que he leído, La vida imperial de Rudyard Kipling, cuenta su autor, David Gilmour, una anécdota que no conocía. La celebridad del sexagenario Kipling  no tenía límites (no ya porque hubiera sido el escritor más joven en recibir el Nobel con cuarenta años –vivía aún Tolstoi, que no lo obtuvo–, sino porque se le conocía y leía en todos los confines del imperio), y a partir de un momento prefería el automóvil al transporte público. Sobre todo desde que “una vez le acusaron de saltarse la cola en la estación de Etchingham, y Kipling le dijo enojado al vendedor de billetes: «¿Se da usted cuenta de quién soy yo?». El hombre le respondió a gritos: «Sé quién es, maldito Mr. Rudyard Kipling, y ya puede volver a su cochino puesto en la cola como todo el mundo”. Conociendo a Kipling, creo que él mismo, pasada su furia, se reiría de buena gana de su estupidez y de la magnífica respuesta del ferroviario, a la altura de alguno de sus personajes. Lo contrario de aquellos que a diario, sobre todo en las instancias públicas, y al fin y al cabo sin el talento de Kipling, tratan de saltarse la cola de las responsabilidades, victimándose y amenazando de una manera tan patética como ridícula: “¿Es que no sabe usted con quién está hablando?”. Sí, maldita sea.

3 comentarios:

  1. ...Y aparcan en el carril bus, y se llevan por delante una moto de la policía municipal, y eso no es lo peor, sino que después aspiran a ser alcalde de la ciudad. (Claro que eso ya, incluso en esta corrala, era demasié y no resultó.) Sí, es así, maldita sea.

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  2. John Huston ha glorificado a grandes escritores, es el director que más obras maestras firmó en la historia del cine, el hombre que pudo reinar es excelente, además cuenta con Sean Connery, el actor europeo con más carisma desde Richard Burton.
    Creo que a Tolstoi no le dieron el Nobel porque en vida era célebre en Rusia, pero no era leído en Europa, el mismo Chejov fue reconocido como un grande décadas después de su muerte, los grandes en vida han sido Dickens , Julio Verne y cuatro más ( antes de que llegará la Industria del Libro )
    Kipling es un imprescindible, una leyenda de la Literatura

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    1. Lo que dice Manuel Lombelle respecto a Tolstói no es exacto. Copio lo que Gabriel Zaid cuenta al respecto, en un artículo publicado en "Letras Libres": "Nadie propuso a Tolstói para inaugurar el premio de literatura; y, cuando se supo que el honor había sido para Prudhomme, se armó un escándalo. Docenas de escritores suecos protestaron en una carta pública a Tolstói, “venerado patriarca de la literatura contemporánea”. Tolstói la agradeció, aunque en la respuesta dijo también estar contento: se salvó de un dinero que “no puede hacer otra cosa que daño”. La respuesta sirvió para que el año siguiente, cuando sí fue presentado, tampoco fuera premiado". Lo de "venerado patriarca", como se ve, contradice frontalmente lo que él afirma. Incluso en España se le había publicado y era ampliamente leído; en concreto, Ivan Lissorgues, en un artículo que se puede ver en la Biblioteca Virtual Cervantes (http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/la-novela-rusa-en-espana-1886-1910/html/c155ef28-c0eb-11e1-b1fb-00163ebf5e63_7.html), afirma textualmente que "de 1886 a 1910... salen a luz [en España] 126 ediciones de obras de Tolstoi", o que "Las novelas de Tolstoi, Guerra y paz, Ana Karenina, La sonata a Kreutzer, Resurrección y las obras que, entre confesionales y ensayísticas, definen lo que se suele llamar el tolstoísmo son las que suscitan mayor interés y en muchos casos sorpresa, admiración y entusiasmo, y también polémicas y rechazos". En fin, Tolstói era ampliamente leído, admirado y discutido ya en vida fuera de Rusia, e incluso en España.

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