13 juin 2014

Marilyn Monroe

AUNQUE se publiquen en este almanaque muchas fotografías hechas o aparecidas en el Rastro, no acostumbra uno a adornarlas de literatura. Sin el contexto, esta no se entendería del todo.
Apareció entre unas cuantas fotos pornográficas, todas ellas del tamaño aproximado de un naipe, unas más pequeñas, otras más grandes, siempre en blanco y negro y de los años cincuenta. Mujeres desnudas, o medio desnudas, que miraban con una gran salacidad. Muchas eran gordas con tetas como tinajas y unos muslos sólidos, irrebatibles. Otras en cambio parecían haber salido del hospital esa misma tarde, y se les notaba la tisis en las ojeras. En aquellos años no se estilaba depilarse, y los pubis de la mayoría, asilvestrados y tenebrosos, causaban un miedo infantil, como algunos barracones de feria. Habría lo menos una veintena de mujeres, de cuerpo entero, posando, unas levantaban el brazo y se les veía un gran felpudo negro en la axila, otras se cogían las ubres y parecía que quisieran darte con ellas, otras ponían unas nalgas descomunales en primer plano y se las miraban desde atrás como quien ofrece una bandeja llena de pasteles calientes; todas parecían ya muy emputecidas. Lo extraño es que, aunque fuesen de las tiradas, no se parecían en absoluto a las de Solana, de esas que miran y te están diciendo: tengo el corazón intacto. No, eran de las nihilistas, de las que te dicen: soy un caso perdido, y a mí qué.
Mucho antes de acabar de ver el montón y cuando ya lo iba a dejar sobre la mesa, apareció esta foto. Es una copia original, valga el oxímoron, de los años cincuenta también. Me alegro de habérsela arrancado a aquel tristísimo serrallo. Ahora no sé qué hacer con ella. Si fuese una mariposa, la dejaría volar de nuevo. Sabemos todos que ya entonces Marilyn Monroe caminaba deprisa hacia su cita con la muerte y que lleva muerta medio siglo, y sin embargo sigue siendo frágil como una mariposa. 




12 juin 2014

Tréboles de cuatro hojas

SABER que podemos registrar imágenes fugaces en cualquier momento y en todo tipo de circunstancias ha hecho de nosotros transeúntes atentos, testigos de realidades tanto más poéticas cuanto más frágiles. Incluso aunque queden registrados de una manera deficiente. Vendrían a ser digitaciones en las paredes de la caverna, algo que da testimonio del mundo y de nosotros. Así este sobre, tan Schwitters, destinado a Vogue y encontrado en la acera de Recoletos a media noche, o ese camión con el que compartimos un semáforo, camino del Rastro, y que esparcía sus trinos por la limpia madrugada de Madrid. Tréboles de cuatro hojas.

Puerta de Toledo, 7 de Junio de 2014

Recoletos, 10 de junio de 2014





11 juin 2014

Muchos y muchas, otros y otras

ESTÁ don Quijote contándoles a Sancho y al primo las visiones de la cueva de Montesinos. Llegado aquel al sepulcro de Durandarte, le dice el mismísimo Montesinos: "Le tiene aquí encantado, como me tiene a mí y a otros muchos y muchas, Merlín, aquel francés encantador que dicen que fue hijo del diablo". 
Y qué duda cabe que si don Quijote creyera en los plurales inclusivos en los que creen los académicos y otros y otras, habría dejado la cosa en "muchos", sin más, pero siendo un caballero que tenía en tanto a las mujeres, empezando por la de sus pensamientos, nunca dejó esas cosas al buen tuntún ni a los sobreentendidos, y menos que a nadie a l*s gramáticos.


Sevilla, 29 de mayo de 2014



10 juin 2014

Tres eran tres, y un aviso


PERSEGUÍA mariposas a puñetazos. A tal extremo llegaba su resentimiento.
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LEER los posos del té está al alcance de cualquiera. Lo difícil es leerlos con la taza llena.
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Si das con Wagner, relájate y goza.
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AVISO: Por razones técnicas andrestrapiello.com estará fuera de servicio unos días. Como suele decirse: disculpen las molestias quienes accedían a este blog a través de esa página


"Pentagrama" o más bien  tetragrama de Estas son las mañanitas. Foto: Mar Fierro, 2014



8 juin 2014

Crímenes oportunos


EL crimen gusta mucho. Nada como un buen asesinato para sacudir a una sociedad de su apatía: El asesinato como una de las bellas artes, escribió  De Quincey y, sí, el pueblo, que tiende a ser barroco, se perece por el teatro; eso explica su amor a las grandes puestas en escena y ninguna lo es tanto como un crimen y su escenario.  ¿Quién no recuerda aún el nombre de Puerto Urraco?

Puede una sociedad estarse fosilizando, indiferente a problemas acuciantes y gravísimos como la corrupción de sus políticos y banqueros o el descrédito de tantos gobernantes,  pero basta un bonito asesinato para que todo el mundo parezca revivir: en apenas minutos empiezan a circularse fabulosas teorías, móviles, sospechas. No hay nadie en la comunidad donde ha ocurrido ese crimen que no crea estar en el secreto de los hechos. Una vez más el crimen ha despertado de su modorra a la sociedad, aunque sólo sea de modo pasajero y para hundirla en una atmósfera estupefaciente, donde todos parecen hallar un placer inaudito en intoxicarse e intoxicar a todos con calumnias, insidias, fantasías y una variada muestra de noticias falsas verosímiles y verdaderas, pero inverosímiles.

Ha ocurrido en León: dos mujeres, madre e hija, con la complicidad de una tercera, asesinan a una cuarta, persona principalísima allí. Aunque quede lejos de la consideración de un crimen perfecto, según la preceptiva de la novela negra, no dejan de concurrir en él algunas circunstancias si no novelables, sí extrañas. La víctima, por lo que uno ha leído y al igual que la de Crimen y castigo,  no ha suscitado grandes simpatías, pese a ser persona de gran relevancia social y política, o precisamente por ello (¡y las cosas que saldrán a relucir en el juicio: causarán espanto!). Tampoco de las victimarias se sabe mucho. Que estas alentaran la venganza durante más de dos años tiene atónitos y desconcertados a los psicólogos forenses. En cuanto al móvil, la mera inquina, es tan gótico que hace de este atropello algo aún más absurdo y cruel. Bien, ¿qué sucederá? La víctima ha acabado en el cementerio, las asesinas están en la cárcel y pasada la primera impresión, la sociedad volverá a una apatía que la mantiene apartada de los problemas acuciantes y gravísimos, a la espera de otra muerte que dé apariencia de vida a vidas que no merecen tal nombre, mientras otros, especialmente oportunistas, les escriben su triste novela.
   [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 8 de junio de 2014]

La carrière

ES una lástima que cuando las asociaciones de eventos y protocolos pusieron el grito en el cielo, y aun el gritito, por cierto artículo mío a propósito de los protocolistas de la Generalidad (que siguen haciendo hacer el ridículo cada dos por tres a su jefe Artur Mas, como hemos visto ayer en su último donde dije dije, digo Diego a propósito de su asistencia a la proclamación del Príncipe como Rey de España), es una lástima, decía, que no conociera uno este artículo de Ortega, "Memorias de Mestanza", publicado en Buenos Aires en 1940. 
Llego a él por Jordi Gracia, quien señala en su libro sobre el filósofo que siendo un escrito ficcionado, en pocos lugares habrá dejado de sí Ortega uno de sus más acabados autorretratos, en el momento en que la figura del intelectual se había desacreditado por completo tras la guerra civil.
Ortega se distinguió por no arredrarse ante ningún tema (de forma sobresaliente, como en su prólogo al libro sobre la caza del conde de Yebes, o ridícula, en el que le puso al de Victoria Ocampo, hablando de la mujer y de las mujeres) ni ante nadie (trató de corregir a Einstein), pero no podemos asegurar que tuviera sentido del humor. Y sin embargo, es capaz de hacernos sonreír muy a menudo. Lean:
"Para mí lo más sorprendente en Mestanza es que hombre de tal calidad, de mente tan densa, fuese diplomático. Tal vez se trata, por mi parte, de una injusticia respecto a ese oficio. Pero debo confesar la debilidad que me hace sentir angustia y una atroz melancolía cuando en una comida me encuentro sentado junto a un diplomático. «He aquí –pienso– dos horas de mi vida, total e irremediablemente perdidas. Voy a oír una serie de anécdotas que no tienen nada que ver entre sí ni con la realidad de cosa alguna, noticias vagas sobre países que no parecen estar en el mapa, e ideas equivocadas sobre todo». El giro popular español que habla de «tomar el rábano por las hojas» parece la definición de la diplomacia. Estos hombres de la carrière son el universal casi. Son casi elegantes, casi aristócratas, casi funcionarios, casi inteligentes y casi donjuanes. Pero el casi es el vocablo de la ausencia. A veces, sin embargo –recuérdese el caso de Stendhal–, la carrera diplomática es el mejor antifaz que un hombre distante de los demás hombres puede elegir para circular entre ellos sin que sospechen los ricos hontanares de espíritu que llevan dentro".
Dejando de lado ese "hontanares de espíritu", que no podía faltar, no es difícil sostener, como tantas veces Gracia en su libro, que cuando Ortega es bueno, es muy bueno.
Lo sentimos por la asociaciones de eventos, etc. y las escuelas de Altos Estudios de Protocolo y Rendivús.

Rastro, 11 de abril de 2014

7 juin 2014

La rosa no cansa

SIEMPRE le ha gustado mucho a uno esto que le decía a JRJ su madre: "Hijo, la rosa no cansa".
Todo lo contrario de la actualidad. Está deseandito uno (ver la entrada donde se hablaba de este gerundio) que se pasen las latosas turbulencias del presente, para volver al trabajo en el silencio de otros días. Nada tan firme ni valedero como la costumbre. Y de lo contrario, se teme uno que no vamos a tener otro remedio que abdicar. Claro que siendo pobres, no tenemos qué ni en favor de quién, y no vamos a gritar precisamente ahora, cuando hay tanta gente gritando. 
Además las rosas no hacen tampoco ruido. 
Bueno, sí, por dentro. 

6 de junio de 2014