11 de junio de 2014

Muchos y muchas, otros y otras

ESTÁ don Quijote contándoles a Sancho y al primo las visiones de la cueva de Montesinos. Llegado aquel al sepulcro de Durandarte, le dice el mismísimo Montesinos: "Le tiene aquí encantado, como me tiene a mí y a otros muchos y muchas, Merlín, aquel francés encantador que dicen que fue hijo del diablo". 
Y qué duda cabe que si don Quijote creyera en los plurales inclusivos en los que creen los académicos y otros y otras, habría dejado la cosa en "muchos", sin más, pero siendo un caballero que tenía en tanto a las mujeres, empezando por la de sus pensamientos, nunca dejó esas cosas al buen tuntún ni a los sobreentendidos, y menos que a nadie a l*s gramáticos.


Sevilla, 29 de mayo de 2014



3 comentarios:

  1. Entiendo que usted piensa que D. Quijote no cree en los plurales inclusivos y para muestra, un botón. ¿Ha encontrado usted más ejemplos? ¿Existen otras frases que desmientan esto? Yo, buscando un poco, he encontrado una en la que D. Quijote nombra a “los vivos y los muertos” y creo entender que no se refiere solo a los vivos y muertos varones.

    Cuando usted nos hace reparar en esta frase de D. Quijote -y en lo que supone- y no la hace extensiva a Cervantes deduzco que es porque piensa que Cervantes –como los académicos- creía en los plurales inclusivos. ¿Me equivoco?

    En realidad la creencia de los académicos en este asunto es la de todos los que hablan español. Y como prueba aludo a la frase inmediatamente anterior en la que no creo que nadie, al leer “todos”, piense que me refiero solo a los varones.

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  2. En el ejemplo que usted da, los vivos y los muertos, todos entendemos que se está hablando de vivos y vivas y muertos y muertas, porque es lo que suele suceder, que viven unos y otros. Pero en el de la cueva de Montesinos a Cervantes le interesa declarar que allí, además de varones encantados, hay también algunas mujeres, que acaba de citar, y a las que no quiere en absoluto olvidar. Nombrándolas vuelve a hacerlas visibles, no sólo a los varones. Pues de eso de trata, de dar visibilidad a quienes por desidia o costumbre o voluntario o involuntario machismo no se les da.

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  3. “—¿Y ha comido vuestra merced en todo este tiempo, señor mío? —preguntó el primo.

    —No me he desayunado de bocado —respondió don Quijote—, ni aun he tenido hambre ni por pensamiento.

    —¿Y los encantados comen? —dijo el primo.

    —No comen —respondió don Quijote—, ni tienen escrementos mayores, aunque es opinión que les crecen las uñas, las barbas y los cabellos.

    —¿Y duermen por ventura los encantados, señor? —preguntó Sancho.

    —No, por cierto —respondió don Quijote—; a lo menos, en estos tres días que yo he estado con ellos, ninguno ha pegado el ojo, ni yo tampoco.

    —Aquí encaja bien el refrán —dijo Sancho— de «dime con quién andas: decirte he quién eres». Ándase vuestra merced con encantados ayunos y vigilantes: mirad si es mucho que ni coma ni duerma mientras con ellos anduviere. Pero perdóneme vuestra merced, señor mío, si le digo que de todo cuanto aquí ha dicho, lléveme Dios, que iba a decir el diablo, si le creo cosa alguna.”

    Mucha hermosa joven con la señora Belerma desfilando en el capítulo, todas encantadas, y aquí encantados de comer, dormir y leer el Quijote todos nosotros. Pero aparte. Lejos de tan atractiva procesión por mor del morfema de género puñetero. ¿Desatornillamos el engendro un segundo? Lléveme el diablo, ¿no es una abstracción, un fantasma de los siglos? Excluyen las realidades: trabajos, dineros, futuros y demás carreras. El morfema no tiene la culpa de nada. Observemos: ahora mismo, puede ser tan machista y excluyente como feminista e incluyente; depende de nuestras miradas. Aceite, destornillador y todos a la procesión con él.

    ALMT

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