28 de junio de 2014

Santiago González y una crónica antigua

ES Santiago González uno de los periodistas y analistas políticos más inteligentes que escriben en España. Miren su blog, si acaso no lo conocen. Algunos de los inteligentes, muy pocos, podrían tal vez comparársele, pero ninguno en el finísimo sentido del humor con el que suele tratar incluso los asuntos más serios. En ese terreno no tiene rival en parte ninguna, ni siquiera en Bilbao.
La vida, con sus olas, ha querido reunirnos. Yo creía que no nos habíamos visto nunca, pero él, tan memorioso, recordó la presentación de El buque fantasma en la librería Herriak el 24 de abrir de 1992: "Yo entonces hacía una columna de negritas en El Correo y escribí una, que te envío, sobre aquella presentación. Ya no me acordaba, pero quien te presentó, José Antonio Urrutia, a quien también conocí ese día se me acercó a decirme que él era amigo de Patxo Unzueta y tal. Hicimos una amistad que duró hasta su muerte hace un par de años".
No recordaba uno nada de aquella presentación ni de otras parecidas. Sí que me llevaban de ciudad en ciudad y que había de fingir mucho entusiasmo por donde íbamos. La novela recibió las peores críticas. Ramón Gaya (lo ha contado uno otras veces, presumiendo), para animarme, me dijo: "La novela está bien, pero no te vayas a creer que es una obra maestra, porque ese maltrato sólo lo reservan para las obras maestras". 
Trataba, creo que por primera vez en las novelas españolas, de la demencial militancia antifranquista en los últimos años del dictador. Ni que decir tiene que me enorgullezco de esas críticas y de haber irritado a los más tontos de entonces, algunos, por suerte para todos, todavía en activo (saludos, compañeros). Les pareció una insolencia que en el libro se dijeran cosas como que las monjitas de la caridad habían hecho más por los pobres del mundo que todos los soviets juntos y que había sido una suerte para todos que no hubiésemos podido sacar adelante ninguna de nuestras revoluciones de juguete. Naturalmente la reacción de los estalinistas, maoístas y trotskistas fue la de rezar mucho pidiendo a Hegel que les mantuviera viva la fe en la filosofía de la historia, y gracias a ello muchos siguen todavía en activo, como podemos ver (saludos, camaradas). No es infrecuente tampoco que los camaradas vayan de la mano de los compañeros, si acaso no son los mismos en muchos casos.
Leo ahora, casi veinticinco años después, aquella divertida crónica de Santiago González (sigue en racha un cuarto de siglo después). No recuerdo haberla leído entonces y siento una grandísima gratitud hacia el escritor que era él y más aún, si cabe, al que es hoy.
* * *
Balsa de náufragos
El último Plaza Janés de novela, Andrés Trapiello, presentaba esta semana su libro, "El buque fantasma", en el sótano de Herriak. A la caída de la tarde coincidían en la librería los compradores rezagados y los más madrugadores de los asistentes. Fueron los primeros el concejal Angel Ortiz AlfauJosé F. de la Sota y Mari Feli Maizcurrena.
Poco a poco fueron llegando los habituales y alguno que otro que a fuerza de habitual es crónico: Iñaki Ezquerra y Emiliano Serna, antiguo gerente de la casa; José Gurrea e Iñaki Uriarte; el lingüista José Borja, Santiago Torres, Jesús Leciñana y el abogado Antonio Damborenea, que hizo en el coloquio una encendida exaltación de Proust y de la necesidad de leer "En busca del tiempo perdido"; la que fuera secretaria de "El Desván"Irene González y, naturalmente, José Luis Merino.
Presentó al autor José Ignacio Urrutia, un ingeniero que abandonó un día su profesión por la pasión de la escritura. Fue la suya una presentación apasionada y larga. Durante cuarenta y cinco minutos hizo una disección implacable de la novela, aunque algo caótica y quizá por eso lejanamente inteligible para quienes aún no la habíamos leído. Es verdad que al empezar atribuyó a Merino la tarea de moderador: " me cortas cuando te parezca" aunque por lo visto, a Merino no le pareció.
Trapiello es de León, la provincia española con más escritores por kilómetro cuadrado. Era, pues, bastante fácil predecirle un final de novelista, aunque ha ejercido otros oficios relacionados con la literatura: autor de cuatro libros de poesía, ha sido  director de la editorial "Trieste" y entre su labor como editor hay que destacar la edición de la poesía de Rafael Sánchez Mazas y  Unamuno.
Durante toda la presentación mantuvo una expresión inmutable: brazos cruzados, cabeza ladeada y una sonrisa de perversidad ingenua, que cuadra a la perfección a su aspecto de pitagorín, de chico relisto y algo trapisondista, como diría un personaje de su novela. Tras la intervención de Urrutia, Trapiello explicó en pocas palabras el quid de la cuestión, el viaje de memoria a su propia militancia antifranquista de los primeros setenta y definió su buque fantasma como un acicate del recuerdo, una invitación a plantearse preguntas peliagudas del estilo "¿qué era yo y qué soy ahora?"
Al final, todo tuvo un toque algo proustiano. Quedó claro que perdimos el tiempo, aunque tampoco ahora ponemos mucho empeño en recuperarlo. Quizá por eso, con el copetín no sirvieron magdalenas. 
                                                     Santiago González (El Correo, 26-4-92)
* * *
"En el libro que dediqué al zapaterismo, Lágrimas socialdemócratas, que tiene un componente de ajuste de cuentas con el propio pasado y con la memoria de izquierdas", acaba diciendo Santiago González en su carta, "quise citar una de aquellas intervenciones asamblearias que tanto explican el cuerpo de doctrina real de nuestra izquierda y el lenguaje del protofeminismo: «Andrés Trapiello cuenta en El buque fantasma cómo en la Universidad de Valladolid de los años setenta el feminismo militante apuraba la copa de la igualdad hasta las heces. Un estudiante, un vasco exaltado, arenga a sus compañeros de asamblea a salir en manifestación: «¡Todos! A la manifestación vamos todos. Nada de rajarse ahora. Se ha votado, ha salido  mayoría y tenemos que ir todos. ¡Todos! El que se raje, maricón”. Protestaron algunas feministas porque les pareció discriminatorio: De acuerdo, se enmendó Txiqui. El que se raje, (o la que se raje, debió añadir) maricón o puta»."
Saber que aquella novela, que tanto distinguieron compañeros, camaradas y compañeros camaradas, está citada casi veinticinco años después en el libro de Santiago González, viene a confirmarle a uno que la vida nos da siempre mucho más de lo que le damos y de lo que merecemos.
Edición de bolsillo, 1997. Dibujo de la cubierta : Pelayo Ortega. Lleva esta edición un epílogo especialmente escrito para la ocasión y sin dejar de pensar en compañeros, camaradas y camaradas compañeros. 




20 comentarios:

  1. De aquella época sigo pensando que había mucho confundido creyendo que por el mero hecho de ser antifranquista era automáticamente un demócrata, cuando en realidad tan altos galones son muy difíciles de conseguir. Si habláramos con franqueza reconoceríamos que aún hoy la mayoría practicamos una democracia de salón convencidos de que con cuatro chillidos y esporádicos baños de multitudes nos alejamos del nefando pecado.

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  2. Tanta guerra, tanto muerto, tanto refugiado, tanto parado, tanto muerto de hambre, tanta injusticia, tanta rabia, tanto miedo, tanto dinero, tantos blogs, tantas redes, tantos media, tantos medios... Existen ya tantos medios que los principios y fines están desapareciendo.

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  3. Y aun se olvida usted de lo más grave: ¡tantos anónimos!

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    1. Para protegerme del pestilente anonimato me camuflo con el estiercol del anonimato.
      Permítame la intromisión. Modere los comentarios, no acepte los anónimos (ni este); tal vez, sólo los que halaguen. Siempre son molestos y groseros para el lector, no tanto por lo que puedan decir como por lo que significa no dar la cara ni siquiera detrás de un seudónimo.

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  4. Fue hace más de veinte años cuando leí El buque fantasma. No sé cómo ni por qué llegó a mis manos, acaso una casualidad, tampoco importa; pero cada vez que oigo ese nombre inevitablemente me acuerdo de los alcaravanes llamando a Alfanhuí. Al-fan-huí, al-fan-huí, al-fan-huí. Y entonces ese nombre, El-buque-fantasma, se queda silencioso conmigo como se quedaba en el aire el nombre de Alfanhuí al perderse los alcaravanes.
    Fue el primer libro que leí de Andrés Trapiello, y desde aquel día, al leer un poema suyo, un diario, qué sé yo, cualquier cosa que leo de AndresTrapiello, siento que tengo los ojos amarillos como los tienen los alcaravanes y que su vuelo simple y dulce me acompaña. Ayer no más...
    (Pablo A. Sande García)

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  5. Qué manía la de los más nominados contra los menos: contra los partidarios de la escasa o nula nominación quizá sobre todo. ¿Tantos anónimos lo más grave? Podría ser al revés.

    El buen anonimato, bien entendido y extendido, o sea, educación y respeto más de verdad, amigo sufridor de anónimos malvados, ¿no cree usted que habría ayudado por ejemplo a obstruir la excesiva nominación, la mucha repetición de nombres y apellidos, naturales o políticos, en el Tribunal de Cuentas? Copio la carta al director de Mario Martín Lucas, en EL PAÍS de hoy mismo (con la esperanza de que su nombre esté a la altura del anonimato utópico):

    « VÍNCULOS FAMILIARES EN EL TRIBUNAL DE CUENTAS

    En las ediciones de EL PAÍS del pasado día 24 se reseñaba, de forma oportuna, la excesiva concentración de vínculos familiares dentro de la plantilla del Tribunal de Cuentas, institución esencial en el buen devenir del funcionamiento democrático a través del control del dinero público. Pues bien, en ese ente que debe emitir imagen ejemplarizante para los españoles, más de 100 empleados son familia entre ellos, algo más del 14% de los mismos. A esta cuestión llamativa de por sí, se une el hecho de que este tribunal es uno de los organismos públicos españoles que mejores sueldos paga a sus empleados: en torno a 3.000 euros de media. Hay vínculos de todo tipo: consejeros, miembros del comité de empresa, conocidos políticos que tienen entre la plantilla del tribunal a esposas, primos carnales, cuñados, concuñadas, hijos, sobrinos, hermanos, nueras, yernos e incluso a amigos de la infancia; también hay parejas sentimentales y hermanas de éstas. Todos ellos, con seguridad, han pasado por el pertinente tribunal opositor para valorar sus méritos, pero el resultado final es sorprendente para la sociedad española, sobre todo en momentos de crisis como éste y cuando más de seis millones de personas buscan un empleo. En toda la Administración Pública es deber obligado cuidar las formas y las apariencias, pero en entes como el Tribunal de Cuentas, fiscalizador necesario del dinero de la cosa pública, hay que aplicar la famosa frase de Julio César: “La mujer del César tiene que ser honrada y parecerlo.” ».

    ¡Tremendo! “¡Caramba Hombre Auxilio Ocho!”, decía una hija mía con pocos años y mucho absurdo. El diccionario: «tremendo –da. (Del lat. “tremendus”, part. fut. pas. de “tremĕre”, temer, tener miedo). » RAEL.

    Y la WIKIPEDIA: « El participio pasivo de futuro termina en “-ndus, -nda o –ndum” y expresa una acción pasiva del futuro: “laudandus”, ‘para ser loado’ o ‘el que ha de ser loado’. También se usa esta forma junto a la conjugación del verbo “sum” para indicar obligación de una acción en el futuro: “consilium capiendum est mihi”, ‘tengo que tomar la decisión’; “delenda est", ‘ella ha de ser destruida’»

    Así pues, “tremendus”: ‘para ser temido’ o ‘el que ha de ser temido’, llámese Pablo Sebastián o de cualquier otra manera.

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  6. Mire, yo escribo con mi nombre y me hago responsable de todo cuanto escribo. Usted prefiere sin embargo el anonimato para decir no sé muy bien qué. Creo que debería buscar el blog de un anónimo e intervenir en él, o ni siquiera: si le parece que el probema es que ya hay muchos blogs, no escriba usted en ninguno.

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    1. Muchas gracias por su atención. Sí, mejor solo veinticuatro sílabas: Existen ya tantos medios / que los principios y fines / están desapareciendo.

      ALMT

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  7. Buena crónica la de este señor, la novela la tengo pendiente de leer. Aunque se aparte de lo que aquí se trata, quisiera preguntarle si tiene en mente un libro que trate el tema de las tres España, lo pregunto porque se lo he oído comentar en diversas ocasiones. Un saludo

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  8. A veces, si nos identificamos en los comentarios nos dicen que nos queremos buscar un espacio o competir con el escritor, poner el nombre sería una especie de vanidad. Creo que se puede escribir sin firmar si no son comentarios ofensivos, identificarse con nombre y apellido en el foro es un acto de confianza y buena fe pues las personas no se conocen. Hace tiempo no leía a Santiago, pero hay que darse una vuelta por su blog porque en general sus entradas son excelentes. Con los blogs pasa que vamos también cambiando de lecturas por temporadas, la fidelidad, sobre todo cuando son blogs sobre política es difícil. La realidad cruda es agotadora. Anónima Irresponsable García.

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  9. Feliz domingo, Andrés. Dejo mi cometario a la entrada de hoy en el blog de Santiago González. También para ti iba dirigido: «Buenos días. Me alegra mucho, Don Santiago, saber de ese recíproco reconocimiento. A los dos les tengo por referente digno de admiración. A los dos les sigo a diario desde hace algunos años. Sus palabras me mantienen el ánimo reflexivo en posición de salida. Gracias a los dos, y que duren sus escrituras y les dure la confluencia.

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  10. Estoy de acuerdo en que el anonimato es licito si se opina con respeto. Y tambien los pseudonimos o nicks. ¿O no?

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  11. Lo son. Pero al ser este almanaque una casa particular, preferiría uno que todo el mundo escribiera con su nombre, por lo mismo que no dejamos entrar en nuestra casa a encapuchados. Y ya digo, siendo particular, no hay mucho más de que hablar. Ahora, si alguien prefiere el anonimato seguramente deberá ser mucho más estricto: a un encapuchado se le dejarán decir menos cosas que a alguien a quien conocemos, al no saber con qué intención las dice.

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    1. En eso estoy de acuerdo

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  12. Su almanaque no puede ser una casa particular. Por ahora es público. No tiene puerta con mirilla, taquilla o cerradura. Llevando al límite su deseo de “particularidad”, en su blog, estrictamente, solo deberían figurar familiares, amigos y colegas (“conocidos, saludados…”) que en él sin embargo casi nunca aparecen.

    Las intenciones y la capucha del que entra en su almanaque son muy distintas de las del delincuente que pueda subir las escaleras hasta su piso, delincuente que de acceder a su casa no le pedirá a usted permiso para decir todas sus cosas. La capucha del anónimo, en cambio, es de palabras, tejido bien particular, ahora sí. “A un encapuchado se le dejará decir menos cosas que a alguien a quien no conocemos al no saber con qué intención las dice”. ¿Quiso decir “alguien que SÍ conocemos”? Si es así, leer bien las intenciones en las caras no siempre es posible: usted debe saberlo mucho mejor que yo

    Nóminos (poco o mucho) y anónimos todos, menuda legión de encapuchados. Desde el maléfico trol al místico fiki que para ser todos quiere ser ninguno, de muy variado pelaje también los anónimos. Sin demasiadas estrechuras para la libertad y el buen humor posibles, dejémonos decir, y recibir, muchas cosas.

    Gracias de nuevo por su atención.

    ALMT

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  13. Público, pero no un servicio público, como los taxis. quiero decir que el derecho de admisión sigue siendo de este pobrecito hablador que gusta hacerlo con su nombre y a cara descubierta.

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  14. Contra ese echarnos “palante y parriba” de vez en cuando. Con su permiso.

    EN nuestra juventud “servicio público” sonaba mucho mejor que “derecho de admisión”.

    ***

    «ESTA [mi desconfianza] es tal, que desde pequeñito dieron en llamarme por apodo “Niporesas”; apodo que pasó a ser apellido, así como hay apellidos que pasan a ser apodos. Todo el mal de mi desconfianza está en vivir yo más de lo pasado que en lo presente.» (LARRA, El pobrecito hablador, “Carta de Andrés Niporesas al Bachiller”).

    ***

    NOMBRES son Antonio [“¡Oh Guadalquivir! (…), ¡qué bien sonabas!”], Manuel, Paco, Pepe, Ana, Anónimo, ALMT, Antonio Luis Martínez Tapia, o Anónimo Ligeramente Más Trabajador. Con nula o poca nominación y cara desconocida en la mayoría de los casos, qué más dará el nombre. Dará más el hombre: lo que dice, lo que escribe; cómo lo dice, escribe y hace.

    ***

    A no ser entre encapuchados, qué complicada la complicidad humana. Elijan y cuiden bien sus capuchas.

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    MUCHÍSIMO más y mejor sí podríamos hacer algo juntos: abandonarnos al anonimato secular de la propia lengua. Perfectamente democrática, usted la conoce muy bien: cuidado con las piscinas. O sea, mucha salud.

    ***

    Gracias.

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    1. Usted cansa... cansa mucho.
      Dicho sea con todo respeto desde el anonimato.

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    2. Usted poco, casi nada, ¡bendito sea usted!

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