16 de junio de 2014

Ruina, desamor y muerte

¿CUÁNTAS películas comienzan en una sala de subastas? Una de las más célebres es Con la muerte en los talones. En todas ellas la escena es parecida: unos personajes, los buenos y los malos, o los malos y otros más malos (los buenos nunca compiten entre sí porque la bondad es unánime) se disputan un objeto raro, un jarrón, una estatuilla, un cuadro, una pitillera. Da igual. El espectador ya sabe que ese objeto es sólo una excusa, un reclamo, el cebo que prende su curiosidad. El ambiente es sofisticado y exclusivo, y la gente que acude a la subasta va elegantemente vestida y alhajada. Empiezan las pujas y a circular por la sala los dólares, yenes, libras esterlinas, euros. Moneda solvente  para lo que tiene tanto de juego, de capricho. Al principio los compradores son prudentes, pero uno o dos minutos después las pujas se disparan, y la codicia de poseer ese objeto parece contagiar al espectador: ya no podrá dejar de interesarse por esa historia. ¿Qué esconde? ¿Crímenes, estafas, secretos inconfesables, la llave del universo?

Acaban de tener lugar las dos mayores subastas de primavera en el mundo del arte. Según los periódicos, la de Sotheby’s resultó mediocre y en la de Christie’s se batieron récords históricos de recaudación. Difícil saber si ese asunto del mercado artístico es serio. Los artistas de una y otra eran los mismos, contemporáneos casi todos, algunos en activo aún. Leemos el precio que han adquirido algunas de las obras, notorias castañas de nuestro tiempo, y le viene a uno a la memoria el crac de los tulipanes, convertidos en artículo de lujo y colección en el siglo XVII: llevaron a la ruina a decenas de especuladores. Es un clásico que se estudia en las facultades de economía como una de las primeras burbujas. 

¿Cuándo se desinflará  la artística? Por temperamento y edad se encoge uno de hombros; tal vez, nos decimos, suceda eso cuando estemos criando malvas todos nosotros. No es fácil decir a alguien que eso que acaba de comprar no vale nada, pero más difícil todavía es que nos crea. Y con todo, sigue uno con interés las subastas. Nos decía una amiga pintora  de quien se subastaba un cuadro en una de ellas, que eso suele pasar, especuladores aparte, por una de estas tres razones y las tres, tristes: porque su dueño necesita el dinero, porque ya no le gusta o porque se ha muerto. Sí, en la película de la vida, la noticia no está en Christie’s o Sotheby’s, sino en todo lo que no sabemos: una ruina, un desamor, una muerte.
   [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 15 de junio de 2014]

2 comentarios:

  1. El universo entero es una llave que Dios perdió.

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    1. ¿Llave perdida,
      El Big-Bang puro sueño?
      Dios nos auxilie.

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